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  Por Michael Rossovich.

De todos los malentendidos que rodean a la muerte, hay uno que se destaca como el más misterioso: que un cuerpo humano perderá una cantidad precisa de peso en el momento exacto de la expiración: un total de 21 gramos. Algunas personas creen que es el peso del alma que deja su anfitrión físico para vivir una existencia etérea en otro lugar.

La idea vino de un médico llamado Duncan MacDougall. A principios del siglo XX, convenció a seis pacientes con enfermedades terminales, cuatro de los cuales sufrían de tuberculosis, para que descansaran y finalmente fallecieran en camas dispuestas sobre balanzas. Midió la pérdida de peso en el tiempo previo a la muerte y luego buscó un aumento notable en la pérdida de peso en el momento de la muerte.

MacDougall

Pero de los seis pacientes, solo el primero perdió 21 gramos (en realidad, tres cuartos de onza, porque MacDougall no usó el sistema métrico). Sin atascarse totalmente en los detalles, hay evidencia de que pesaba más como 24 gramos.

Entonces, ¿qué pasa con los otros cinco temas? Según el informe de MacDougall, uno no era útil porque “las escalas no estaban bien ajustadas y había mucha interferencia de personas que se oponían a nuestro trabajo”. Otro murió antes de que se pudiera ajustar el rayo, por lo que sus datos tampoco sirvieron. Los otros perdieron cantidades variables de peso.

Los hallazgos causaron un gran revuelo, y los científicos argumentaron que cosas como el sudor, los fluidos corporales y otras excreciones hacían que las mediciones precisas del cuerpo después de la muerte fueran difíciles, si no imposibles. Pero MacDougall juró que tuvo en cuenta las variables.

Hoy en día, se acepta universalmente que el tamaño de la muestra fue demasiado pequeño y los resultados demasiado inconsistentes para sacar conclusiones. Los críticos han ofrecido una serie de posibles explicaciones para los resultados de MacDougall, desde mediciones defectuosas hasta un fraude total.

Por su parte, MacDougall advirtió en contra de dar demasiada importancia a sus supuestos resultados y escribió: “Soy consciente de que sería necesario realizar una gran cantidad de experimentos antes de que el asunto pueda probarse más allá de cualquier posibilidad de error, pero si se realizan más y suficientes la experimentación prueba que hay una pérdida de sustancia que ocurre con la muerte y no se explica por los canales conocidos de pérdida, el establecimiento de tal verdad no puede dejar de ser de suma importancia”.

Hasta la fecha, no se ha encontrado tal prueba. Parece que el peso de un alma que abandona el cuerpo aún no se ha determinado.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Agosto 13, 2022


 

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