Se ha convenido en celebrar los 3 de diciembre el día del discapacitado. Permítaseme este homenaje. Es que a mí, en lo personal, el destino me ha concedido el privilegio de participar de dos categorías. La de una persona con un problema -pierna ortopédica- , que hace lo posible por igualarse a sus prójimos y así brindarse a los demás, y la de un hombre público, que le ha tocado en honor ocupar numerosos cargos públicos por elección popular. No se asusten, suponiendo que voy a formular una larga perorata, sentimental y lacrimosa, buscando despertar la conmiseración de todos hacia un sector desprotegido, desfalleciente, endeble, desconsolado, sector que al exponer sus cuitas lo haría a la espera de prebendas, dádivas y ventajas. No. Rindo homenaje a los discapacitados en cuanto son en la sociedad un sector que, si bien necesita ser tratado con ciertas diferencias por el evidente hecho de ser diferente, también está dispuesto a ser socialmente útil y a dar de sí cuanto su condición humana -imagen y semejanza de Dios- le permita brindar a los demás. Preexisten en nuestra sociedad, en la historia y en el mundo hombres y mujeres que han conseguidos enormes lauros a pesar de sus impedimentos y dificultades y entre ellas merece mención especial Helen Kéller, ciega, sorda y muda que gracias a su tesón superó sus limitaciones hasta llegar a ser una escritora que dejara a la humanidad el testimonio de lo que el esfuerzo puede, y Anthony Hopkins, físico, matemático, cosmógrafo, que ha llegado a los primeros planos de la ciencia del mundo a pesar de sufrir una parálisis que afecta a todos sus miembros, a todos sus miembros pero no a su cerebro ni a su voluntad de interpretar y ampliar las ciencias del cosmos. Pido pues un homenaje y un constante acercamiento a los discapacitados. Pero no sólo a los ilustres discapacitados de los que sólo he hecho una ligera mención, sino a todos aquellos, que desde desconocidos rincones y superando cualquier inconveniente se esfuerzan permanentemente en superar sus males, en ser útiles a los suyos y en dar a la sociedad lo máximo que sus posibilidades les permiten. A los discapacitados que no se quedan en actitud llorosa ni compungida sino que se yerguen demostrando todo el valer de su condición humana. Para ellos, para los que luchan desde las condiciones más adversas, vaya este sencillo homenaje.
Se ha convenido en celebrar los 3 de diciembre el día del discapacitado. Permítaseme este homenaje. Es que a mí, en lo personal, el destino me ha concedido el privilegio de participar de dos categorías. La de una persona con un problema -pierna ortopédica- , que hace lo posible por igualarse a sus prójimos y así brindarse a los demás, y la de un hombre público, que le ha tocado en honor ocupar numerosos cargos públicos por elección popular. No se asusten, suponiendo
que voy a formular una larga perorata, sentimental y lacrimosa, buscando despertar la conmiseración de todos hacia un sector desprotegido, desfalleciente, endeble, desconsolado, sector que al exponer sus cuitas lo haría a la espera de prebendas, dádivas y ventajas. No. Rindo homenaje a los discapacitados en cuanto son en la sociedad un sector que, si bien necesita ser tratado con ciertas diferencias por el evidente hecho de ser diferente, también está dispuesto a ser socialmente útil y a dar de sí cuanto su condición humana -imagen y semejanza de Dios- le permita brindar a los demás. Preexisten en nuestra sociedad, en la historia y en el mundo hombres y mujeres que han conseguidos enormes lauros a pesar de sus impedimentos y dificultades y entre ellas merece mención especial Helen Kéller, ciega, sorda y muda que gracias a su tesón superó sus limitaciones hasta llegar a ser una escritora que dejara a la humanidad el testimonio de lo que el esfuerzo puede, y Anthony Hopkins, físico, matemático, cosmógrafo, que ha llegado a los primeros planos de la ciencia del mundo a pesar de sufrir una parálisis que afecta a todos sus miembros, a todos sus miembros pero no a su cerebro ni a su voluntad de interpretar y ampliar las ciencias del cosmos. Pido pues un homenaje y un constante acercamiento a los discapacitados. Pero no sólo a los ilustres discapacitados de los que sólo he hecho una ligera mención, sino a todos aquellos, que desde desconocidos rincones y superando cualquier inconveniente se esfuerzan permanentemente en superar sus males, en ser útiles a los suyos y en dar a la sociedad lo máximo que sus posibilidades les permiten. A los discapacitados que no se quedan en actitud llorosa ni compungida sino que se yerguen demostrando todo el valer de su condición humana. Para ellos, para los que luchan desde las condiciones más adversas, vaya este sencillo homenaje.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com
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