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lobo-aragon-2Por Jorge Lobo Aragón

.Reflexión.

Era una mañana destemplada, gris, fría; Caminaba por Buenos Aires con un vientito que amenazaba convertirse en garrotillo. Como buen pajuerano advertí que me hacía falta una bufanda. Y andaba – andando de puro gusto, por el simple placer de andar, siempre con mi elegante bastón a cuesta. En medio de elegantes tiendas que ofrecen (en inglés) productos legítimos del primer mundo. Me pregunté: ¿cómo puede haber decaído tanto la industria argentina, que hasta para algo de tan simple elaboración como es una bufanda, haya que recurrir a la importación de los países campeones de la eficiencia competitiva? No pretendía ninguna obra de arte – como esas maravillas que solían tejer las novias juveniles -, sino una simple tira de lana que me abrigara el pescuezo. Siendo Tucumano y viviendo en la Argentina, me pareció lógico y natural comprar una bufanda producida por la industria de los argentinos. Entonces seguí caminando y encontré un reducto de artesanos. Allí me metí. Mucho menos lujoso que los comercios de primera categoría pero con mayor cordialidad. ¿Qué anda buscando? me preguntaban solícitamente en cada puesto al que me acercaba. Hasta que di con el de las bufandas. Compré una, azul (de un azul machazo, no desteñido, como otros azules). Me la puse. Sentí un hermoso calorcito que me caldeó el ánimo. A la noche, al sacármela, vi que tenía pegada una telilla cerca de la punta. Me calcé los anteojos y leí la letra menuda: debajo de la marca decía que era de fabricación china. aragon2En el primer momento me enojé. Me indignaba el hecho de que en la Argentina no haya al alcance del público consumidor artículos hechos en el país, y que hasta para las cosas más simples -caramelos, dulces, conservas, ropa sin complejidades en la elaboración- tengamos que recurrir a las importaciones, manteniendo ocupados a obreros de otros países mientras los argentinos padecemos por falta de trabajos remunerados. ¿Acaso se precisan técnicas muy desconocidas para criar ovejas en el país, esquilarlas y preparar ropa? Los indios diaguitas ya practicaban esa industria, con lana de llamas y sin tener siquiera tijeras y agujas de
acero para la esquila y el tejido. Y después se me pasó el enojo. Vi que al adquirir algo tan simple, como es una bufanda, estaba favoreciendo al pueblo chino. ¿Y qué mérito tiene el pueblo chino para que satisfaga beneficiarlo? Que es un pueblo que lucha, un pueblo que no se ha entregado, un pueblo que aún defiende el trabajo de su gente y se lanza a competir con los amos del comercio mundial. ¡Salud, hermano chino! Que defiendas tu trabajo y que triunfes en la lucha por defender lo tuyo. Lucha en que los argentinos desfallecemos mientras nos quejamos de no tener “puestos de trabajo”, como si los benditos puestos de trabajo fueran un Don de la naturaleza y no un beneficio que cada país debe esmerarse en defender y conquistar. Seguí caminando por las calle de la Boca de tango, de adoquines mojados y de cielo pintado de todos los colores nostalgia y venía a mi mente la célebre frase de Ortega Gasset por favor “Argentinos a las cosas…

2 thoughts on ““Argentinos a las cosas…””

    • @Cloclo_Feliz
    • posted on September 25, 2016

    Tambien comprando cositas importadas de China estamos siendo complices del trabajo esclavo de menores.

    • CLAUDIO KUSSMAN
    • posted on September 23, 2016

    En cualquier país europeo o en EEUU hasta los simples recuerdos autóctonos que solemos comprar para luego llegar a casa y archivar, provienen de China. Por ello muy cierto ¡Salud, hermano chino! pero … y siempre hay un pero, también esclavo chino. Cordialmente.

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