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naranjoPor Hugo José Naranjo.

Pensándolo bien…

¿Qué tiene que hacer un chico de 16 años, a las cinco de la madrugada, en las inmediaciones de la Ruta Panamericana, después de bailar en Pachá?

hijo2¿Qué tienen que hacer todos nuestros hijos adolescentes, de 12 a 19 años, en boliches donde se fuma, se bebe alcohol, se estropea el oído, se gritan insensateces y en cualquier momento se muere en la humareda de un incendio, o a manos de los desalmados que abundan a esas horas?

La clase media argentina, tradicional reserva de talentos que ha producido a *Domingo F. Sarmiento, a Juan B. Alberdi, a Juan B. Justo, a René Favaloro, a Luis Sandrini, a Ricardo Lorenzetti, a Gerardo Sofovich*, debe buscar en sus entrañas y lanzarse a una profunda mutación.

De vuelta al estudio, el trabajo, el ahorro. Como ha sido siempre, antes.

Los adolescentes no tienen ninguna necesidad de bailar. No es uno de los derechos humanos. La prueba está en que, si se le impide dormir a una persona, enloquece y muere…

“En cambio, se lo deja sin bailar y sigue contento y feliz. No ocurre nada”

Si los *teenagers* –adolescentes- quieren reunirse, pueden hacerlo en las casas de familia, como ha sido siempre. Con la música bajita, porque los vecinos descansan. Sin fumar ni beber. Hasta las doce de la noche.

Y después, a dormir…

¿Cuál es el problema?

Dormir es sano y necesario, porque mañana hay que levantarse a las 08hs para jugar al rugby, o al hockey, o al fútbol, o repasar una materia. Como ha sido siempre y como sigue siendo en países serios como Canadá, Japón o Inglaterra…

hijo4¿Que la industria de la noche es un negocio lícito y produce ganancias importantes?

Perfecto, que los señores de la noche hagan su negocio, como hasta ahora. No obstante, sólo para adultos. Que llegan en su auto y, si quieren, con su chofer. Por mí pueden emborracharse hasta quedar catatónicos, sino entre cuatro paredes y siendo mayores de 21 años.

En la calle y manejando…

“NO”

Nuestros hijos no deberían alquilar una Combi, en realidad, la pagamos nosotros, para llegar al boliche a las 00:02hs de la mañana con la sagrada misión de *enloquecerse de risa* hasta las 05 y media. Es una locura. Es tentar a la desgracia. No lo permitamos.

La verdad que no confesamos es que nuestros hijos de 15 años salen de noche y beben aunque esté prohibido, porque existen *salones de fiestas* que son discotecas encubiertas, y en nuestro medio es fácil burlar la ley.

Sobre todo si los padres no sabemos decir que *no*, cuando nuestros encantadores osados nos rezongan que *todos tienen permiso*, *todos van*, *todos lo hacen*, *soy el único macarse*, *soy la única pavita*.

Entonces, todos los viernes y sábados hay un cumpleaños, una despedida, un fin de curso, un recital, una fiesta del colegio tal o del liceo cual. En compendio, los adolescentes borrachos y circulando por las rutas hasta el amanecer.

Los *viajes de egresados* son un invento perverso. Primero, los chicos no han egresado de ninguna parte. Apenas concluyen de terminar malamente un año, y deben rendir materias. No están egresando. No tienen por qué viajar. Y menos a Bariloche u otros sitios, lejos del control de sus padres, con el exclusivo propósito de producir aturdimiento, ebriedades, desórdenes sexuales y destrozos en los hoteles…

¿Cuál es la idea y quién la instaló?

La verdadera fiesta de egresados es, originariamente, un hecho institucional, se trata de un acto en el cual los alumnos que terminan su secundario presentan a sus familias, reciben sus diplomas, se despiden del colegio y, a veces, bailan. Todo supervisado por el rector y los profesores…

*Punto*

hijo3La nocturnidad adolescente es una creación siniestra que lleva la marca argentina en el orillo, porque ninguna sociedad del mundo la permite. Ni los católicos, ni los socialistas, ni los neoliberales, ni los protestantes…

¡No hablemos de los islámicos!

Mediante la nocturnidad, hemos establecido que los jóvenes se van de sus casas, después de descansar un rato, *a las dos de la mañana*. Llegan como pueden a las proximidades de una discoteca.

Por lo general, están embriagados al arribar a la puerta, debido a la simpática *previa*. En esas largas filas de espera, hay chicas que venden *petes* o *besos por un peso*, para pagar la entrada, otras que exhiben el documento de la hermana mayor para que las dejen pasar, y no faltan los muchachitos que nausean en la vereda o caen desvanecidos. Frecuentemente, se pegan e insultan. A la salida, en la desbandada del amanecer, ocurren las desgracias.

De la juventud del *amor y paz*, sonrisas alucinadas, pies descalzos, un porrito, el sonido de voces y guitarras, el sexo libre, sano y sin violencia, hemos pasado en pocos años a esta cabalgata de barras bravas, haciendo *pogo-punk rock*. Sin embargo, son las mismas edades adolescentes, con las mismas caras puras y cuerpos vírgenes…

¿Cómo fue?

¿Cómo hicimos la metamorfosis de *una chica moderna* a *un gato*?

Naturalmente, a la madrugada, los padres yacen desmayados en sus camas. Hoy día se trabaja mucho. No se les puede pedir a papá y mamá que arranquen el auto o pidan un taxi a las 06 de la mañana para salir a campear a los hijos e hijas por los inmensos bailables del conurbano…

*Físicamente, no pueden*

Se ha creado así un mundo aparte, un universo de adolescentes completamente separados de sus familias. *El mundo del alba es uno*, *el de la noche es otro*. Los chicos viven de noche y duermen de día. Duermen en el colegio, en la playa, en la iglesia y en sus casas. Duermen, duermen, duermen. Cuando despiertan, se sientan frente a la computadora, frotándose los cabellos, a leer disparates, o se aferran al celular para enviar mensajes de texto donde todo se escribe *sin hache y sin acento*.

Cuando nosotros no estemos…

¿De qué van a vivir estos adolescentes, que a los treinta años todavía están meditando sobre *cuál es mi verdadera vocación*?

¿Cómo se ganarán el pan, vendiendo drogas?

Hemos hecho un estropicio. Nosotros, los padres de clase media.

Dicen que toda persona tiene derecho a poseer un sueño. Yo, por de pronto, tengo el mío. Una juventud sana, que salga del ruido, la noche, la droga, la ignorancia y lo *divertido*…

“Que se entregue al día, al silencio, al estudio, al deporte, a la cultura, a la familia”

Alguno me dirá que éste es el mismo ideal de *Mi hijo el dotar*, que escribió Florencio Sánchez en ‘1.930.

Sí, es lo mismo…

¿Alguien tiene una idea mejor?

Dr. HUGO JOSÉ NARANJO.-

 

-WILLIAMJAMESSIDISUSA-

“Doctorado honoris causa, Máster y MBA Nacional e International”

“Executive en Dirección de Proyectos y Empresas”

*NO CREO EN EL DESTINO, PORQUE NO ME CONSENTIRÍA CONTROLAR MI VIDA*

*El filósofo enamorado de la vida*

“He sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo, ahora no indago en las estrellas ni en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre”

http://www.radiolacumbre.com

https://prisioneroenargentina.com/#!hugo-jos-naranjo/cjnn

*Prohibido cortar y pegar en la web, los ensayos, narraciones, y cartas, usando la pertenencia de mis bibliografías, según la ley 11.723, régimen legal de la propiedad intelectual, y decretos modificatorios*

3 thoughts on “Hijos de la Noche”

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    • CLAUDIO KUSSMAN
    • posted on October 4, 2016

    Ya es tarde, la noche que está desde que “Buenos Aires es la ciudad que nunca duerme” antes era delimitada por la autoridad y disciplina familiar. Luego vino: “No quiero para mis hijos lo que me hacían en mi casa a mí” Cambiamos y ahora los “chicos” salen al coto de caza que es la noche y los padres quedan en casa protegidos con rejas, puertas blindadas, alarmas, y cuanto elemento de seguridad pueda haber. Luego llega la hora de los lamentos, pero como dije, ya es tarde. Realmente soy un dinosaurio.

    • Pato Gurivic
    • posted on October 3, 2016

    El tema es un flagelo muy rekevante al que nos embarcamos con los ojos cerrados. Cuando algo le pasa a nuestros hijos drogados, borrachos, etc. le hechamos la culpa a la policia sin detenernos a pensar un segundo en nuastra labor como padres. Algo hemos hecho mal o el niño/a en cuestión nos salió pelotudo de la placenta? Yo creo que no. Para Baruch Spinoza, verdad?

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