Todo sea por la Revolución

Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado (Y agravarlo)
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fabian1Por Fabian Kussman

En vísperas de la revolución de Fidel Castro en 1959, Cuba no era ni el jardín del Edén que más tarde sería relatado una y otra vez por las vagas y tendenciosas remembranzas de muchos exiliados cubanos, ni el peor círculo del infierno que muchos partidarios de la revolución dispersan. Cuba era -antes de los tiempos del dictador Castro- uno de los países más avanzados y exitosos de América. La Habana era una ciudad brillante, dinámica y llena de oportunidades. La economía del país se veía beneficiada por la venta de azúcar a los Estados Unidos en la primera mitad del siglo, la economía del país había crecido notablemente impulsada por la venta de azúcar a los Estados Unidos. Cuba ocupaba el quinto lugar en el hemisferio en ingresos per cápita, tercero en expectativa de vida, segundo en propiedad de teléfonos y automotores por ciudadano además de estar en la primera posición en cuanto al número de televisores por habitante. Con el 77%, la tasa de alfabetización fue la cuarta más alta en América Latina. Cuba ocupaba el 11º lugar en el mundo en número de médicos per cápita. Muchas clínicas privadas y hospitales proporcionaron servicios para los pobres. La distribución de los ingresos de Cuba se comparaba favorablemente con la de otras sociedades latinoamericanas. Una próspera clase media tenía la promesa de prosperidad y movilidad social.

En 1948, once años antes de la Revolución, se convirtió en una especie de Broadway internacional ofreciendo espectáculos teatrales de alta calidad. La explosión artística era llamativa y con expresiones políticas de todo tipo. Hacia mediado de la década del cincuenta, Cuba no era un territorio desarrollado y las riquezas no se distribuían necesariamente de manera equitativa -tampoco se han distribuido así durante el período marxista-leninista-, pero en 1958 sólo el 14% del capital total invertido en la isla era norteamericano. El 62% del principal soporte de la economía -la industria azucarera-, era propiedad de cubanos.

Un año antes de que Castro asaltara sus principales ciudades, Cuba tenía una población cercana a los seis millones cuatrocientos mil habitantes. En sus hospitales había treinta y cinco mil camas (una cama cada 190 habitantes, mientras en países con mejor desarrollo se encontraba una cama cada 200 habitantes) con un médico cada mil habitantes, solo superada por en América Latina por Uruguay (1 cada 860) y Argentina (1 cada 760). En ese mismo año, un empleado industrial ganaba aproximadamente seis dólares cada jornada de ocho horas. En Estados Unidos ese mismo salario se retribuía con 16 billetes. En Noruega (Posicionada en el sexto lugar en este rubro) otorgaba seis dólares con diez centavos a sus trabajadores. Ese año, unas novecientas escuelas del gobierno impartían clases a unos cien mil estudiantes. Tres universidades subvencionadas por el estado y otras tres privadas prestaban servicios educativos a más de veinte mil alumnos. La tasa de analfabetismo rondaba el 18%.

Para los extranjeros en general y los estadounidenses en particular, Cuba era sinónimo de juegos de azar y juegos de azar se refería a la vida glamorosa en los casinos. Estos se empezaron a desarrollar en la Isla en los 1920 con el crecimiento del turismo. Después de varios altibajos en las siguientes tres décadas, despegaron a mediados de los cincuenta, cuando Batista y sus socios, junto a americanos de dudosa reputación, utilizaron los recursos de los bancos de desarrollo estatal y los fondos de pensiones sindicales para construir hoteles, con sus correspondientes casinos, como el hotel y casino Capri, como el Riviera, y el Havana Hilton.

Si bien el mundo de los casinos en Cuba recibió amplia cobertura en los medios de Estados Unidos, jamás fue un tema importante en los medios de la Isla ni en la conciencia de los cubanos. Aparte de los turistas estadounidenses, que eran los clientes principales de los casinos, solo un pequeño número de cubanos – blancos de clase alta y media alta – jugaban en esos lugares.

El atuendo requerido por los casinos, así como el mínimo de las apuestas, excluía a la mayoría de los cubanos, aunque es cierto que un número relativamente pequeño de trabajadores oriundos se ganaba la vida trabajando en esos centros, o en los hoteles y cabarets donde generalmente estaban situados.

Igualmente, exagerada era la importancia económica que EE.UU. atribuía a los casinos y al turismo de la Isla. En 1956, un buen año para el turismo, el ingreso de ese sector fue solamente de 30 millones de dólares, a duras penas el 10 por ciento del monto de los ingresos de la industria azucarera en el mismo año.

Un peso cubano era un dólar estadounidense. Seis dólares pagaban una noche en un albergue transitorio. Tres o cuatro dólares, amanecer con una dama de la noche. En ese entonces, había -solo en La Habana- unos 270 prostíbulos y unas doce mil mujeres que se ganaban la vida como trabajadoras sexuales, que entretenían turistas bajo ciertos ataques de la Iglesia. Pero los turistas no iban a misa mientras que las pecadoras si, y excluirlas del perdón disminuía el diezmo. De esta manera, tanto la curia como la policía apalabrada por los primeros desviaban la mirada a esta profesión ilegal.  El dramaturgo Arthur Miller, basado en lo que le habían contado gente que había trabajado en la industria cinematográfica en la Isla, en un artículo escrito en el año 2004 para el semanario The Nation, describió a la sociedad bajo el Gobierno de Batista, como “irremediablemente corrupta, un lugar predilecto de la mafia, y un prostíbulo para los estadounidenses y otros extranjeros.” Quién se basó en una visita a la isla en 1969 para esgrimir su opinión fue Susan Sontag, en un artículo de la revista Ramparts, describió a Cuba como “un país conocido principalmente por el baile, la música, las prostitutas, los tabacos, los abortos, los centros turísticos, y las películas pornográficas.” ¿Algo había cambiado con la Revolución?

En las primeras décadas revolucionarias bajo el mandato de Fidel Castro, los soviéticos reemplazaron a Estados Unidos en su influencia económica en la isla. Amparada en la retórica de la “solidaridad socialista”, Rusia ofreció millonarios subsidios a la débil economía cubana, manteniéndola a flote en medio de su evidente estancamiento. El grado de dependencia que llegó a desarrollar de sus patrocinadores soviéticos fue evidente después de 1989, cuando al desplomarse el comunismo ruso, terminó la ayuda del Kremlin a la isla y Cuba se vio inmersa en una catástrofe económica conocida con el engañosamente inocuo término de “Período Especial”. Una de las soluciones que se encontró para reemplazar la ayuda de los soviéticos, la de los dólares del turismo extranjero, también revivió fantasmas de humillación que se creían desterrados por el orgulloso gobierno revolucionario. Como contaban los visitantes a los nuevos y relucientes hoteles de Varadero que surgieron en la década de 1990, los cubanos que se veían en esos sitios eran sirvientes, no huéspedes. Algo similar a lo ocurrido en los casinos de la era de Batista. Siempre hay disconformes, con Batista o con Fidel, al igual que ocurre en casi todas las naciones en desarrollo, la llegada masiva a Cuba de turistas de países más prósperos puso en evidencia diferencias y jerarquías incómodas entre visitantes y locales. Además de estos hoteles, los turistas visitan la exótica Cuba para ver cómo se vive bajo el Comunismo, el museo de automóviles en funcionamiento y las jineteras baratas. El Comunismo se vive como se vive en todos lados. Los pobres son más pobres e iguales entre si debido a la hermandad que les brinda esa pobreza. Los automóviles de la época lujosa y corrupta de Batista son los mismos -no réplicas- los mismos que recorren las calles de La Habana o los mismos que se atreven a la ruta entre Mariel y Bauta, más desvencijados, más vencidos. Las damas de compañía cobran los mismos tres o cuatro dólares como hace setenta años. O un kilo de azúcar o arroz, todo sea por la Revolución.

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5 thoughts on “Todo sea por la Revolución”

    • Leonid Pozos
    • posted on November 28, 2016

    Aca no dicen muchos cambios buenos por ejemplo la educación y la salud se volvieron gratuitas y antes no era toda gratuita. Soy cubano y se mi historia.

  1. COMBATIO A UN DICTADOR PARA DESPUES CONVERTIRSE EN OTRO PEOR y a los cubanos le va peor.

    1. Estos sicopatas vienen asi de nacimiento. o la codicia los vuelve asi

  2. murio este satrapa ,que tanto daño causo a su poblacion,miles de deportados,asesinados a cambio de una seuda revolucion ,satrada de derecha o izquierda, satrapa al fin y al cabo igual que el resentido social y tirano del Che Guevara

    • Hora
    • posted on November 28, 2016

    SE MURIO EL FALSO COMUNISTA MUJERIEGO MILLONARIO , SIN EMBARGO MUCHOS LO IDOLATRAN QUE EJEMPLO PARA SU PUEBLO , SENCILLAMENTE ESTE SEÑOR FUE UN BRUTAL DICTADOR QUE BUSCO SU BENEFICIO

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