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lobo-aragon27272Por Jorge B. Lobo Aragón.

 

Ahora podemos ir a cualquier parte del mundo, teniendo por el estudio de la geografía o por los prospectos de la agencia de viajes, una idea aproximada de lo que hallaremos. En esta semana de descanso mi facultad de desdoblamiento o viaje astral se acentuó. He volado a raíz de mi bilocación a lugares remotos diseminados por el cosmos, describiendo a mis lectores mis distintas visitas o desplazamientos fuera y lejos de mi cuerpo físico. Me he entrevistado con personajes impensables de conocer en esta vida volando a través a través del espacio, las estrellas y constelaciones. En los tiempos del Descubrimiento de América eran vagos esos conocimientos que gracias a mis facultades puedo describir con mayor precisión. Contemplo que en esas épocas todavía se mantenían vivas las leyendas sobre seres mitológicos que habitaban los mares y las tierras encantadas. Fabulosos endriagos, diabólicos faunos, cautivantes ninfas, náyades, nereidas eran motivo de conversaciones diarias. En este viaje astral tuve el privilegio de conocer a mi amigo Don Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Fue el propio almirante el que alcanzó a divisar dos sirenas. Las vio desde lejos pero con suficiente claridad como para advertir que no eran tan seductoramente bellas como se las describía. Compruebo vivamente que los conquistadores enfrentan peligros reales. Indios belicosos, páramos hostiles, ríos con pirañas, fieras como el yaguareté, jejenes, frías cordilleras, selvas bochornosas. Pero lo admirable es poder observar que se armaran del valor no solo para vencer esas circunstancias concretas sino también las que legítimamente podían imaginar como posibles. Es que el conquistador me cuenta que pasó tremendas y fabulosas aventuras. En la América del Norte estuvo seis años prisioneros de los indios. Con una nostálgica sonrisa me comenta que no lo pasó tan mal gracias a que apreciaron sus condiciones de curandero, hasta que pudo escapar entre grandes peligros. También me revela que llegó de España como adelantado del Rio de la plata con una lúcida comitiva y tuvo contratiempos frente a las costas del Brasil. Entonces para ir a la Asunción – la capital que entonces era-, en vez de dar vuelta por el plata se largó a cruzar la selva caminando, desde el Atlántico hasta el Paraguay. Admirado por los apacibles relatos del colonizador me preguntaba conectado con mi cordel luminoso ¿Cómo cruzaría esas espesuras? ¿Tendría que abrir picadas a fuerza de alvar1machetes? Me aseguró que no. Los Guaraníes no eran muy civilizados que digamos, pero me dice que dominaban una técnica para hacer caminos. Limpiaban una picada ancha, que al año ya hubiera estado tapada por la espesura. Para evitarlo sembraban en la picada un pasto que crecía tupido y evitaba que naciera el fachinal y se repoblara el bosque. Le pregunte si tenían esa técnica ¿porque se perdió? Y bueno me contesto predispuesto. Los indios andaban a pies por sus caminos tapizados de pastos. Los españoles trajeron el caballo, la vaca, la cabra, culpables de liquidar el bello tapis de esos senderos. Pude apreciar y visualizar que si bien tuvieron esos pavimentos de pastos, la cuestión es que buena parte de su recorrido lo hicieron aprovechando las vías de agua brindada por los ríos. Me contó con la vehemencia e intensidad de su enorme personalidad sus consecutivas y venideras peripecias. Seguramente sabiendo que estaba en un trance en donde podía olvidar algún detalle Don Alva tomo un papel y me escribió. “1º de Febrero de 1542… “…Yendo por dicho rio de Iguazú abajo era la corriente de él tan grande, que corrían las canoas por él con mucha furia; me embarco y da el rio un salto por unas peñas abajo muy altas y, da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza , sube en alto dos lanzas más, por manera que fue necesario salir de las canoas y sacarla del agua y llevarlas por tierra hasta pasar el salto”. En mi “doble etéreo” con la salida de mi cuerpo me siento atraído en algún modo como un cordel luminoso con semejante hazaña. El ir avanzando por la selva y darse con semejante maravilla es impresionante. Por más que vinieran dispuestos a encontrar portentos de la naturaleza y que los indios, cuya amistad ya había cultivado, se lo contaran de pronto se encontraron con una de las siete maravillas del mundo. Las Cataratas del Iguazú. Como si una gigante pala fuera se hubiera hundido en la tierra se encontró con la garganta del diablo combinada con un tronar espeluznante y ensordecedor que se sumerge en lo más profundo de la asfixia para luego mansamente desembocar en el rio Paraná. Un milagro que jamás olvido y que en sus retinas cansinas todavía puedo reparar como brillan como si fuera una ensueño los reflejos de los monumentales espejos de aguas. En esa magia sin tiempo ni espacio mi amigo con mucha cortesía me saludo y desapareció. Otras aventuras tendrá que sortear de la mano del Creador en su grandiosa magnanimidad. Mi amigo con un guiño de ojos me revelaba que no iba ser el último encuentro. Solamente pude susurrar un Gracias conquistador.

 

Dr. Jorge B. Lobo Aragón


PrisioneroEnArgentina.com

Diciembre 9, 2016


 

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3 thoughts on “Mi Asombroso Viaje con el Conquistador…”

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