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 Escribe Carlos Españadero.

 

Nuestra dirigencia política se ha desarrollado con una vocación de ilegalidad constante.
Cuando era joven, era corriente saber que los cuarteles eran frecuentados por dirigentes políticos que consideraban necesario el “golpe de estado”. O éramos invitados a reuniones muy “coquetas” donde se producía un acercamiento personal. Para ello nos alababan con hermosas palabras y más que todo, describían terribles desgracias que podían suceder a nuestro país si no aceptábamos que había que derrocar al gobierno. Y leves insinuaciones a nuestra falta de valor cuando manifestábamos nuestro desacuerdo. Por supuesto no se necesita ser hombre de derecho para percibir que estaban proponiendo una ilegalidad. Pero ilegalidad existe cuando se hace y no cuando se habla.
Como nunca fui un militar importante, tuve la suerte que salvo en tertulias amigables donde se expresaban opiniones que definían una mirada de simpatía hacia el golpe de estado, no veía más.
Gracias a Dios. Para “tocar” a algún militar, lo normal era de jefe de unidad (teniente coronel o coronel, cuando no algún general). Yo hablo cuando era subteniente y hasta capitán.
Mi obsesión era el trato con mis subalternos, entre los cuales existía una gran cantidad que eran soldados. Y estoy seguro, que a través de ello aprendí lo que es mi pueblo. Anualmente conocía entre 150 a 200 soldados, y más profundamente hasta teniente a unos 50. Y en ellos veía una pintura de lo que es nuestro pueblo.  Y aprendí a amarlo. ¡Cuántos diálogos sostuve con ellos que me enseñaron cosas! Y conste que no era un superior que saliera del reglamento.
Mi teoría era que, con mis subalternos, el reglamento, pero con sentido humano. Para mis superiores, el reglamento que no solo me obligaba, sino que me defendía. Para el militar en la paz, el reglamento es la ley militar. No está escrito en broma ni para que se lo burle. Está para ser cumplido.
Nuestra dirigencia política noto, se educó con otras normas. Le ley es algo formal. La cumplimos si nos conviene. Si no la burlamos. Y si así no se logra nada, se la viola, eso sí con un racimo de argumentos ideológicos donde la democracia, la libertad, la dignidad y otras yerbas son manoseadas con hermosas palabras.
Los tiempos cambian. Y con ello los “caballitos de batalla”. Las hermosas palabras están de moda o cambian con otras nuevas más sensibles para la población. Hoy el culpar a los derechos humanos, de toda la ilegalidad que late dentro de ellos.
Dentro de este marco, se ha puesto de moda la frase: “política de estado”. ¿Qué es eso? Si bien no hay una definición indiscutible, podemos intuir que apunta a evitar los enfoques divergentes de sectores políticos que confrontan violentamente contra otros. Y si vamos a la expresión ideológica es muy bueno.
Argentina es un país fracturado, con una dirigencia política incapaz de buscar un sentir común como nación. Entonces se mantiene un quiebre permanente de su frente interno. Basta ver en economía la lucha entre “los capitalistas” y los “nacionalistas” (que desarrollaría en otra oportunidad). Esto conlleva que, por la vía democrática, los gobiernos cambian y sea una línea u otra necesita tirar abajo lo que hizo el otro. ¿Y la población que decide por el voto? Ante las dos líneas que hacen un buen “marketing”, la ciudadanía parece que alternativamente les da oportunidad para que encontremos el país deseado. Pero si observamos las expresiones de su voto, interpreto que se inclinan más a las ideas “nacionalistas” que a las “capitalistas”. Pero ambas albergan aspectos muy negativos, en los cuales la corrupción quiebra toda esperanza.
Los “capitalistas” sueñan con las inversiones extranjeras y se baja los pantalones ante el “capitalismo salvaje” cambiando soberanía por una “feliz dependencia”. Los “nacionalistas” es un amplio abanico va desde la idea de crear su propio capitalismo hasta el que quiere hacer la guerra mundial contra el capitalismo internacional. Son miradas muy diferentes. Cada una de estas busca el poder. Y si es diferente de la línea gubernamental que se va, cambia en 180ª todo lo que se ha hecho en el país. Luego una política de estado parece ayudar a evitar los cambios bruscos que al final sea para un lado o para el otro, perjudica a la población. Nuestra Argentina vive en el cambio, y nuestra población (que es lo más importante que tiene una nación) es golpeada por los efectos que no son motivos de preocupación real (es decir de hechos) de nuestra dirigencia. Cada uno cautiva con sus palabras y actúa pensando más en cómo convertir su cargo gubernamental en una tarea laboral cómoda y rendidora.  Y esto se agrava con la tendencia al caudillismo que ha desvirtuado la vida de los partidos políticos. Todo esto transforma a la política de estado en algo no solo positivo sino necesario.
Pero nuestra dirigencia, vocacionalmente ilegalista, quizás por haragana o por usarla a su albedrío, no quiere legislar sobre esto.
Hay que notar que, en un país, las normas de juego son imprescindibles para convivir e incluso para desarrollarse. Y las normas de juegos son las leyes.
Si fuera yo, propondría una ley sobre política de estado que diga que hay que cumplir las leyes y modificarlas dentro de las normas que se establecen para modificarlas. Esa podría ser una buena política de estado.
Pero el problema básico es establecer como se da forma a “una política de estado”. Parecería obvio que hay que legislar sobre esto.
El primer problema es ubicarla en el marco legal. Una política de estado debería ser superior a las leyes. Porque si es igual no es necesaria. Debe ser inferior a la constitución, salvo que se modifique ésta.
En nuestro país hay dos niveles legales: La constitución nacional y las leyes que se deben fundamentar en la constitución nacional. Una ley referida a la política de estado” debería ser superior al mecanismo legislativo para sacar una ley. ¿Por qué? Porque si no una ley modifica otra, y la política de estado puede cambiar según las mayorías, que normalmente son cambiantes. Entonces no hagamos una política de estado, dejamos la ley y basta.
Otra solución es convocar a una constituyente y dentro de la constitución establecer como se establece una política de estado que garantice su continuidad a pesar de cambiar los gobiernos, y también cómo puede ser cambiada, sin necesidad que se convoque a una nueva constituyente. Por ejemplo, imponer que debe ser una ley que debe contar con el 80% de los votos y sea aprobada por un referéndum vinculante. Tanto para ponerla en vigencia como para cambiarla.
Nuestra dirigencia pretende omitir “este detalle”. Y por lo tanto el Dr. Lorenzetti puede establecer una política de estado, o el Dr. Kunkel o mi tía si se le ocurre. No hay norma que limite establecer una política de estado. Puede darle vigencia algún buen periodista con “plafón” sea Víctor Hugo, o Asís, o Laje, o en un programa de debate político periodístico.
En consecuencia, los presos políticos hasta ahora no estamos afectados por ninguna “política de estado” que no tiene vigencia en nuestro andamiaje legal. Solamente estamos sometidos al Poder de la Corte Suprema de Justicia, que, en vez de establecer jurisprudencia sobre su conducta anticonstitucional e ilegal, prefiere asombrarnos por una “política de estado” carente de vigencia en nuestro país, dictada (al modo de una dictadura) por el Dr. Lorenzetti con sus amigos.

 


Carlos Españadero

PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 16, 2017


 

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11 thoughts on “POLÍTICA DE ESTADO “DE FACTO””

  1. Yo no soy contreras, pero si hubo 5, 10 o 30 mil desaparecidos, algo pasó? mi pregunta es: Sr. españadero, usted cree que si esto que dije es real , hay que juzgar a aquellos que hicieron desaparecer gente y no la pusieron a disposición del PEN? Con respecto a lo otro, estoy de acuerdo. las destrozos de los K con los ddhh fueron y son terribles. Dignos de Castro o Jomeini

    1. Yo no creo que nadie niegue que “cosas raras” pasaron… ahora, pensa que muchos “desaparecidos” no son tal y muchos murieron en combate. Los K quieren hacer pasar como que los guerrilleros terroristas bancados por Cuba eran heroes. Ahi esta el desaguisado. Pusieron bombas, mataron a civiles (Niños entre esos) y en democracia.

    2. Sr. Fl: Le pido disculpa porque dejé sin respuesta esta opinión suya, que respeto. Con referencia a la tiranía y las desapariciones, siempre encuentro alguien que me pregunta porqué no denuncié los crímenes gubernamentales cometidos. Y son preguntas difíciles de responder. Durante la tiranía, ¿donde podía denunciar un crimen gubernamental? Ante un juez que rechazaba habeas corpus por temor o deseo de congraciarse con la tiranía, a un fiscal que estaba en lo mismo?¿En la comisaria de mi jurisdicción donde podía estar los que lo ordenaron o los autores? ¿En el servicio de inteligencia donde me sentía en este orden viviendo en una isla? Le diria que pienso que mi denuncia iba camino a la desaparición en el mejor de los casos y no se hasta donde mi seguridad personal. Alguien opinará que era una buena patriada que me mataran. En realidad un suicidio. Y que solucionaba: NADA. ¿Después de la tiranía a quien iba a ir a denunciar y donde? Por principio mi conocimiento surgía de datos aportados por comentarios dados por compañeros de lucha (camaradas y policías fundamentalmente) que no podría seriamente respaldar. El sentido común me decia que eran ciertas, pero datos globales como que a “Juan Perez” lo secuestraron en un bar de “Villa Kinoto”. Yo he sido investigador. No de policia pero si de inteligencia. Le aseguro que todo es investigable, pero no cuente el tiempo que le demandará. En la policía cada investigador tiene cientos de casos y se inclina hacia el que puede avanzar. Pero este no es el problema. Desde 1983, el Poder Judicial cambió. Pero los que integraron los Tribunales en su mayoria venían con espíritu militante. Hay una frase que me digeron personas de Derecho: “a los militares, ni justicia”. Hubo algunos chispazos positivos como los tribunales que juzgaron a las juntas. Después el fuero Federal especialmente se cubrió de “militancia” que no buscaba hacer justicia sino alguna alcahueteria para detener, humillar, descalificar a un militar o policia. Pero esto se hacia no por los supuestos delitos que hubiera cometido. Lo hicieron porque eramos militares y policias de los años 70. TODOS SON CULPABLES, HASTA EL COCINERO QUE HACIA LA COMIDA. La llegada de los Kichner fue trágica. Como durante la tiranía había enloquecidos que reclamaban a sus subordinados porque no cometieron estas mas acciones que la semana pasada, hoy los fiscales y jueces reciben reclamos porque esta semana condenaban menos militares o policias. Es malo tener jueces militantes. Es malo en el trabajo judicial, lo estén observando la militancia que está en el exterior, para “schracharlo” por ser “favorable” con los delincuentes de “lesa humanidad. Llegamos a un Presidente de la Corte Suprema de Justicia que impone la derogación del artículo 18 de la Constitución Nacional, que modifica la Constitución burlándose del artículo 30 y 31 de la misma. Pero no aplica ese artilugio criminal para los terroristas. Ud. está hablando con un preso a prisión perpetua, que no ha cometido ningún crimen de los que hablamos o de los que no hablamos. Desee el 2003, los jueces y fiscales federales cometen el delito de prevaricato. Y son tan reiterativos que es dificil no decirla prevaricadores. Cuando hacemos una denuncia de un supuesto criminal como de lo que estamos hablando, lo hacemos ante una institución como el Poder Judicial, para que haga justicia. Es decir aplicar la ley vigente y además estudiar las causas por los cuales se ha cometido el crimen. Y estudiar al imputado, en toda su vida. Fijese que resulta curioso descubrir “criminales de lesa humanidad” que nunca cometieron antes delitos semejantes. Ni tampoco después. No son delincuentes seriales. ¿Por qué darles el trato de delincuentes seriales?. Quienes estuvieron en esa lucha, para Ud quizás enfrentamientos veniales, para nosotros una auténtica guerra civil, he visto muchos camaradas que no pensaban como los generales, y evitaron estar en esas circunstancias. A mi no me consta. Me parece imposible. Pero durante la misma escuché que un general citaba por turno a oficiales de su dependencia para asesinar a terroristas presos. Y él estaba presente para actuar en consecuencia si el oficial no queria. Y esto era una tómbola donde podía caer cualquiera. Le repito no son mas comentarios recogidos. Gracias a Díos nunca estuve a órdenes de este general, que si lo hizo fue una bestia que no merecia revistar en el Ejército.Entonces se repite mi pregunta: Durante la tiranía, donde denunciar? Durante la democracia constitucional, donde? Y no tengo derecho a ser un fiscal de mis compañeros en la guerra. Si hubiera existido una Justicia como creo que todos deseamos, podríamos desmenuzar si vale o no denunciar a camaradas. Creo que preferiria que la Justicia con el poder que da el Derecho, los detectara y juzgara con todos los elementos de pruebas reales y severo aplicación de nuestras leyes. Pero a una justicia prevaricadora, conciente que hoy todos estos delitos están prescriptos, pero actuan como si esto no existiera, no entregaria a ningun camarada.

    • Francisco Rubio
    • posted on May 17, 2017

    Como, no decimos que es el mejor país del mundo, con la mejor gente del mundo, que es la mas inteligente del mundo? jaja

    1. Sr. Rubio: No somos lo mejor del mundo. No somos la mejor gente del mundo. Pero no somos lo peor del mundo. Tenemos condiciones, que aún sin dirigentes, podemos compartir la mitad del mundo (ni peor ni mejor)

    • Oscar Sarnari
    • posted on May 17, 2017

    Mas que país fracturado es un circo de locos, sin marcha atras.

    1. Seamos mas optimista. Carecemos de dirigentes competentes. Y un pueblo sometido a contradictorias ambiciones de los primeros.

    • Gustavo Barbari
    • posted on May 17, 2017

    Lo de Lesa es Política de Estado, pero el Estado habla de justicia independiente. En que quedamos?

    1. Sr. Gustavo: Me parece dificil de interpretar su dicho.En este escrito mio, explico que la “política de estado” no existe en nuestro país. Mi tia tiene derecho a decir que es obligatorio comer “guiso de lentejas” todas las semanas. como una “politica de estado”. Claro posiblemente tendría que tener poder para aplicarla. Nosotros tenemos “política de estado” de facto es decir de hecho como un golpe de estado.En vez, la justicia debe ser independiente. Pero no puede legistar (Poder Legistativo) ni ejecutar (Poder Ejecutivo”. Por lo tanto el Presidente de la Corte Suprema es independiente, pero debe cumplir la ley y la constitución nacional. Y su deber es asegurar que los jueces (la justicia) haga cumplir la ley. Es esclavo de la ley. Y es independiente porque nadie lo puede apartar de ese camino. Si legista prevarica.Muchas gracias por su opinión. Disculpe si le resulta discrepante mi afirmación. Carlos Españadero

    • Nina
    • posted on May 17, 2017

    No vivimos en un pais normal y nunca viviremos en un pais normal

    1. Señora Nina: No pìerda la esperanza. Estamos viviendo una época donde “la lucha de clases” y el odio emergente, nos impide ver como iguales a los que no piensan como nosotros. Yo escribo porque deseo ayudar que llegue un momento donde no encontremos una ciudadania discriminadora, calificando a otro connacional. Es una lucha dificil donde todos nos sintamos argentinos, sea de la extracción que sea, y podamos dialogar. Se dialoga cuando hay discrepancia. Esto es lo primero que hay que hacer. Luego construyamos el país que debemos a nuestros hijos. Carlos Españadero

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