La Mafia. Un pulpo que avanza…

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 Escribe Jorge B. Lobo Aragón.

 

Tucumán- argentina

 

Opinión

 

Sicilia, en medio del Mediterráneo, es punto de paso de los pueblos que crearon nuestra civilización. Isla expuesta a muchos apetitos. La dominan fenicios, griegos, cartagineses, romanos. Caída Roma, la asaltan los bárbaros: vándalos, ostrogodos, longobardos. Cae bajo poder bizantino. Al expandirse el Islam la toman los sarracenos. Vuelven los bárbaros, ahora los normandos. Con los duques de Anjou depende de Francia; luego de Aragón, que integrándola a Nápoles forma el reino de las dos Sicilias. Con el tratado de Utrecht se la cede al ducado de Saboya y luego a Austria; vuelve a manos de los Borbones de España; la ataca Francia; se proclama rey al duque de Génova, la invaden los napolitanos y en 1860 Garibaldi la subleva y la incorpora al nuevo reino de Italia. Con tantas subyugaciones diversas, los sicilianos aprenderían a resistir a sus dominadores. En 1800 el gobierno crea las Compagni d’Armi contra los desmanes de los bandoleros. Garibaldi disuelve esas compañías sin haberse alcanzado ni el orden ni la seguridad; no acatan la disolución y se convierten en mafia. Nace la mafia, con una rígida disciplina fundada sobre el juramento de ayudarse y de no servir de testigos en los tribunales; hacen culto del coraje personal; no discuten las órdenes de sus jefes; evitan cometer robos y asesinatos mientras no se trate de traidores a la organización. Los mafiori tienen dirigentes, los Giovani D’Onori, y los encargados de ejecutar los desafueros, los malandrini. Los malhechores le temen a la mafia más que a los tribunales de justicia ordinaria. Muchos propietarios, por su seguridad personal, se ponen bajo su protección. La mafia no es delincuencia desordenada: significa un orden distinto al aceptado por la sociedad y por las leyes del Estado. Al producirse una masiva inmigración en los Estados Unidos, allá van muchos sicilianos deseosos de sumarse a una sociedad de trabajo y de riqueza. Y se ven marginados; no conocen la lengua (manejan su dialecto; no saben ni italiano), vienen de un mundo de otras costumbres, otros usos; sus ricas tradiciones son menospreciadas. Para sobrevivir, para valer, para hacerse respetar, recurren a organizaciones que reviven la mafia de su tierra.

No sólo ellos: otras minorías raciales y religiosas apelan a medios similares. De modo que la mafia -sistema detestable: delito y crimen organizados y en patota- aparece en el papel de defensora de una minoría desplazada, marginada, detestada por los poderosos. La mafia es una muestra de organización y de eficacia. Ya sin minorías que digan proteger puede seguir funcionando en busca de influencia, de grandes negocios, de poder. En el mundo del consumo abundan los rubros que son negocios substanciosos, empezando por el de la droga. De modo que las mafias no van a desaparecer por falta de minorías que las reclamen. En la actualidad incorporan al ámbito del delito los adelantos de la técnica, el apoyo de profesionales expertos y las sutiles artes para influir sobre la opinión pública. De modo que la lucha contra ellas se hace cada día más difícil. A la justicia ordinaria no se la teme, se la supone inocua (todo el mundo “confía en la justicia”; muchos, en realidad, confían en su torpeza), pero se sospecha que las mafias tienen poder, tienen fuerza y que son duchas en su aplicación. Pero no hay que desesperar. Italia, patria de ricas experiencias políticas y de inteligencias lúcidas y dúctiles, ha comenzado a combatirla y a desplazarla de la dirección de la sociedad que en gran parte ejercía por haber conquistado valiosas posiciones con el apoyo de políticos adictos. No lo logrará de un día para otro, pero sus triunfos pueden ser ejemplos para nosotros. Y ojalá que sus fracasos también sean ejemplos, para que nosotros no los repitamos. Aunque sin minorías que precisen protección, las mafias pueden seguir funcionando ya que han visto la enorme eficacia que les da su organización. En nuestra Provincia una asociación ilícita (el Clan Ale y sus secuaces) con prisión domiciliaria son Juzgados – Megacausa – por La Cámara de los Tribunales Federales. Mafia que dejaron avanzar como un pulpo durante varias décadas y sus tentáculos llegaron a lugares que son insospechados y que parecían inconmovibles. Pero una vez más la prensa se encuentra en estado de constante vigilancia. Eso es bueno y saludable. Pero si la opinión pública no reacciona en contra de ellas sería muy difícil que se pudiera hacer algo por eliminarlas, que es lo que la sociedad necesita para su tranquilidad. Y si efectivamente reacciona tendrá por delante una larga lucha, ya que las mafias no renuncian fácilmente a las conquistas que ella ha realizado, pero lucha que vale la pena librarse pues en ella se juega el destino de la patria de nuestros hijos.

Dr.Jorge B. Lobo Aragón

 


PrisioneroEnArgentina.com

Junio 24, 2017


 

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