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 Por JORGE LOBO ARAGÓN.

 

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Todos estamos obligados a socorrer las deficiencias físicas, congénitas o adquiridas, de nuestros semejantes. Es un deber de solidaridad, exigido por la naturaleza. Lo sentimos en forma inexcusable con respecto a nuestros familiares, por más que a veces se conviertan en una carga y nos ocasionen esfuerzos, molestias, sacrificios más o menos onerosos.

Aun cuando no mantengamos responsabilidad sobre la suerte del otro, la religión nos impulsa hacia él, por el mero hecho de ser un prójimo, con el que nos une la caridad. En el uso corriente, la caridad suele confundirse con limosna. Al confundirla, se rebaja a protección humillante a la más excelsa de las virtudes. Es que la caridad es la que mejor expresa el señorío del hombre sobre el dolor y la suerte. Y, más allá del plano afectivo, en el de la estricta justicia, la recuperación de un semejante, hermano o impedido con alguna deficiencia es un objeto del bien común, cuya custodia se confía a los gobernantes y se encuentra amparada por garantías constitucionales.

La solidaridad con el “incapacitado”, por lo tan­to, no puede circunscribirse al concepto de la beneficencia, ni siquiera cuando lo incluya, pues está ligada al interés público y no es algo que se obtiene pidiendo sino algo que se tiene el derecho de reclamar. “Cuando el que recibe da, la idea de favor desaparece”.

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PrisioneroEnArgentina.com

Septiembre 14, 2018

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2 thoughts on ““…Dar…”

    • Alicia Perdriel
    • posted on September 14, 2018

    La pura verdad.

    • Nuna Quilla
    • posted on September 14, 2018

    Se puede, usted es un hombre que lucha día a día. Un ejemplo que admiro!¡!Nuna Quilla

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