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El pozo del pescado

En medio del tupido monte norteño. Arboles de sombra generosa y espacios de recogimiento rodean una diminuta construcción con techo a dos aguas, santuario, campana en la cúspide y un altar adelante, confrontando con desordenados bancos de piedra y cemento. La paz del sitio se adueña del ánimo.Los intermitentes  silbidos de las aves se mezclan con el tintinear del agua que cae desde la vertiente. Un vasto  páramo de tono verde que se ensancha caprichosamente  esconde misteriosamente una laguna enmascarada en la vegetación del lugar. El humilde oratorio de San Francisco Solano se realza e ilumina entre esos manchones de verde intenso. Pequeño en tamaño  y enorme en bendiciones envuelve y cobija al visitante. Agradecimientos y ofrendas  de todo tipo engalanan el lugar.


Unos escasos bancos de piedra y cemento colocados en grada esperan al peregrino. Dos campanas más  elevan las oraciones al cielo. Una cuerda que pende desde el campanario de la diminuta capilla incita al recién llegado a jalar de ella y a seguir la vieja costumbre. Los repiques aislados espantan una bandada de loros y  torcazas que levantan vuelo, hasta que se pierden imperceptibles en el espacio azulado. El canto agudo y en simultáneo  de los  reyes del bosque parece escuchar el violín del gran santo que con sus dos cuerdas rudimentarias alimentan el gorjeo  de las aves, negras y amarillas.

 A pocos metros, rodeado de chañares erguidos como copas de árboles con sus pétalos de amarillo intenso, brota el manantial.  De la fuente rectangular de cemento y piedra  aflora el milagro a través de varias cánulas adosadas por la mano del hombre. El agua diáfana de la fuente milagrosa se desborda mansamente para moldear una laguna que se pierde  calladamente entre  la fauna del lugar. Un remanso tapizado de berro con manchones circulares de verde intenso serpentea entre los árboles y se oculta en el tupido monte para alimentar a la población del lugar.  Son las aguas portentosas que el fraile franciscano, hizo surgir de la tierra con sólo hundir su bastón. Tres campanadas seguidas del nuevo convidado hacen volar, a cada rato, a los pájaros que intentan asentarse sobre las ramas de los tarcos verdes que rodean el pozo del pescadoEl campanario de la ermita de San Francisco Solano no deja de sonar en un ambiente diáfano que ayuda a meditar. Así se hacen anunciar los devotos que llegan por primera vez a conocer el lugar donde el misionero franciscano, hace cinco siglos, hincó en tierra su bastón e hizo brotar agua para felicidad de los indios choromoros, agobiados por una larga sequía. Desde entonces el manantial nunca se ha secado. En sus aguas cristalinas los peces nadaban y jugueteaban entre las manos del Santo. Agua fresca y pura. Agua bendita. Aguas Milagrosas. Alivio para creyentes y escépticos. Si alguna vez pasa por trancas – Tucumán –  y desde el monte le parece oír el lejano eco de un tañido sepa que alguien está elevando una oración al Santo…

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

 


PrisioneroEnArgentina.com

Noviembre 11, 2018


 

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2 thoughts on ““…El pozo de los milagros…”

    • R. Ojea
    • posted on November 11, 2018

    Para tener en cuenta en un viaje a esa provincia-

    • Romina Valkis
    • posted on November 11, 2018

    Pregunta capciosa si se quiere… todos estos santos milagreros… no tienen fuerza o influencia suficiente para parar la corrupcion … ? Gracias

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