El primer combate en el monte tucumano

En febrero de 1975 comenzaba la "Operación Independencia" contra la guerrilla.
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Por Jorge Martínez

Por Agustín de Beitía

A comienzos de 1975, en Tucumán, la guerra revolucionaria iniciada una década antes por las bandas guerrilleras dio un salto cualitativo.

Desde el año anterior el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Mario Roberto Santucho había apostado una “Compañía de Monte” para operar en la provincia norteña con la intención de separarla del resto del país y buscar el reconocimiento internacional del territorio seccionado. En respuesta a ese desafío, el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón tomó la decisión a fines de 1974 de eliminar la amenaza. Por decreto ordenó a las Fuerzas Armadas la misión de “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos” en la zona. Nacía así la “Operación Independencia”.

Hace 44 años se libró el primer combate de aquella campaña. Fue el 14 de febrero de 1975 en el río Pueblo Viejo, unos 60 kilómetros al sudoeste de la capital provincial. Un Equipo de Combate (EC) del Ejército compuesto por unos 60 hombres, de regreso de una misión de exploración bordeando el curso de agua de oeste a este, se topó con una columna del ERP de entre 20 y 30 insurrectos que parecía retirarse del sector de norte a sur.

Al frente del destacamento militar iban un cabo 1° y el Teniente Rodolfo Richter. Más atrás avanzaban el jefe del EC, capitán Juan Carlos Jones, y el Teniente 1° Héctor Cáceres. No era habitual ese orden de marcha, con los cuadros en posición tan avanzada. Pero el Ejército lo había dispuesto así para desmentir la propaganda del ERP que acusaba a los oficiales de esconderse en la retaguardia para exponer a los soldados.

Eran cerca de las 17 de una tarde calurosa y húmeda cuando Richter, quien al igual que Cáceres era paracaidista y “comando”, divisó un guerrillero al frente. De inmediato se lanzó a perseguirlo haciendo fuego con su fusil. Pero en la veloz carrera no percibió a un segundo subversivo oculto que le disparó un escopetazo por la espalda. Gravemente herido, Richter quedó tumbado, pidiendo auxilio. Detrás de él marchaba Cáceres. Richter pensó que, al verlo herido, esperaría el momento oportuno para acercarse. Pero Cáceres no esperó. Sin dudarlo se arrojó cuerpo a tierra al lado del oficial herido mientras arreciaba el tiroteo entre las vanguardias de las dos formaciones. Ese indudable acto heroico tuvo un alto precio. Un disparo de FAL hirió a Cáceres en el hombro, atravesó el omóplato y fue directo al corazón. El teniente 1° emitió un quejido y quedó muerto. Tenía 29 años y se convirtió en el primer oficial del Ejército con aptitud de “comando” caído en combate. El enfrentamiento fue intenso pero breve. Ante el despliegue del Ejército y el apoyo de helicópteros, los guerrilleros se replegaron dejando dos muertos sobre el terreno. Los militares habían sufrido un muerto, y tres heridos, uno de ellos, Richter, de extrema gravedad. Había recibido diez perdigones de escopeta: dos fueron al pulmón, uno pegó en la columna y los demás se alojaron en otras partes del cuerpo. Por causa de esas lesiones quedaría paralítico para el resto de sus días. Tenía entonces 26 años.

Richter

Santucho

Martínez de Perón

Cáceres

Jones

Gabetta

Así terminó el primer combate en el monte contra la guerrilla de izquierda. El heroísmo del capitán post mortem Héctor Cáceres cayó en el olvido, mientras que cuatro de los oficiales que se batieron ese día de hace 44 años hoy están presos, acusados de presuntos delitos de lesa humanidad por acciones posteriores. Richter, en tanto,  permaneció en el Ejército hasta 1991, cuando con el rango de teniente coronel se retiró para dedicarse al estudio y la docencia universitaria.

Con mucho esfuerzo, y después de atravesar exigentes programas de rehabilitación, el impetuoso “comando” pudo recibirse como licenciado en ciencia política, para luego ser ayudante de cátedra y profesor. Escribió además dos libros, uno en coautoría con el ex miembro del ERP, Carlos Gabetta, en el que estampan sus visiones discrepantes sobre la violencia setentista.

Richter no reniega de su pasado militar, al que recuerda con el orgullo de haber pertenecido a un Ejército que tenía una misión que cumplió con coraje y eficacia. Su inquietud está dirigida más bien a los derrotados que, con obstinada laboriosidad, no dejan de reescribir la historia del interminable conflicto de los años ’70.

“El problema -se lamenta- es que un día venga un tipo y me diga: ‘Rodolfo, vos te caíste en la bañadera, estás en la silla de ruedas porque te caíste en la bañadera, vos no combatiste nunca, no existió la Operación Independencia’. Y a eso van. Me están cambiando la historia y no quiero que cambien la historia que yo viví”.

 

Martínez y De Beitía son los autores de “El otro demonio”, cuyo capítulo 7 está dedicado al Teniente Coronel Rodolfo Richter.

 


Envío y colaboración: DRA. ANDREA PALOMAS ALARCÓN


PrisioneroEnArgentina.com

Febrero 12, 2019


 

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3 thoughts on “El primer combate en el monte tucumano”

    • Jorge
    • posted on February 13, 2019

    “La Subversión”
    “…Cae un avión…Era la hora…
    Hubo una guerra subversiva. La nación corrió el peligro de ser tomados por grupos armados capaces de organizarse y emprender acciones conjuntas de profundo alcance. A esta organización no la demostraron en los secuestros que les aportaban gruesas sumas con las que con holgura cubrían sus cuantiosos gastos, pues las técnicas empleadas eran comunes a las de las bandas simplemente delictivas. Demostraron su capacidad militar en los asaltos a los diversos cuarteles y, sobre todo, en su ocupación de las serranías tucumanas. La subversión emplea distintas tácticas. La más generalizada es la gramsciana, basada en copamiento de las conciencias mediante el adecuado empleo de técnicas aportada por la psicología freudiana. Otra era la lucha urbana, para la que se necesita el apoyo de fuertes sindicatos adoctrinados. Y otra la guerrilla rural, con la que Fidel Castro obtuvo el triunfo en Cuba y con la que Ernesto Guevara fracasó en Bolivia a pesar de su dedicación, tal vez coraje y experiencia. Para la guerrilla rural la subversión halló un magnifico escenario en los cerros tucumanos. La espesura de la vegetación permite que un grupo de carpas de campaña quede perfectamente oculto. Se dispone en todas partes de agua para beber sin necesidad de salir a lugares poblados. Pueden caminarse largas distancias sin dejar rastros, aprovechando los arroyitos. En lugares apropiados, desde un árbol elevado se observa al enemigo sin ser visto. Sin duda durante el gobierno de Isabelita Martínez la subversión se fortificó. El cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba y jurisdicción sobre Tucumán decidió hacer una inspección aérea, y allá fueron en un avión bimotor. Su jefe, General Enrique Salgado, el jefe de una brigada de infantería, General Ricardo Muñoz, con varios oficiales. Trece en total. En Tucumán lo levantaron al jefe de policía, mayor Roberto Biscardi y, por falta de espacio, lo dejaron al Teniente Coronel González Navarro que gracias a esa circunstancia salvaría su vida. Así el avión fue derribado por los subversivos el domingo 5 de enero de 1975 a las diez de la mañana mientras inspeccionaban esos bosques. Cayó en la selva, cerca de la angostura, a un kilómetro y medio del camino que conducía a Tafí del valle. Para no alarmar a la población se habló de un accidental choque con el cerro viajando a salta. A la ceremonia de recibir los ataúdes acudió la Isabelita. El comandante del ejército, general Leandro Amaya, dijo: El ejército se pone de pie, presenta armas. Era la hora. Hoy recorriendo la ruta a mi Tafí del Valle puedo apreciar con nostalgia y contrariedad un lugar dejado, casi abandonado. Una parcela como los paisanos del lugar levantan sus santuarios al gauchito Gil o a la difunda correa. Se llama el Apeadero General Muñoz. Terreno que sirve de homenaje a aquellos militares. Con enorme tristeza me viene a la mente el concepto general de que los ciudadanos son iguales. Bien vale la pena modificarlo separando dos clases. El ciudadano común y los Héroes de guerra. Los que han jugado su vida por la patria y se merecen todos los honores, todos los privilegios, todas las atenciones, todas las desigualdades a su favor. Oficiales y soldados que cumpliendo con su deber defendiendo a su patria la han perdido la vida por protegerla. La expusieron ante el enemigo. Su distinciones, es una obligación nacida de la más elemental decencia. Seríamos unos canallas despreciables regateando esa consideración. Honrar a los que nos defendieron es la mínima política de conservación y de defensa.

    Dr. Jorge B. Lobo Aragón
    jorgeloboaragon@gmail.com
    #tucuman
    #argentina
    #militar
    #subversion

  1. Pego un oportuno comentario que encontré en la web para entender porque están presos los camaradas de Kussmann. Mis saludos para usted

    El “genocidio” de los uniformados

    La idea de exterminio silencioso y sin trascendencia pública, tal como lo hicieron los nazis, de un grupo de la población argentina como lo son los profesionales uniformados y civiles relacionados, fue una acción que no se hizo ni se ejecuta al azar, sino que respondió y responde a la voluntad de destruir a un determinado sector de la población, un grupo sumamente homogéneo, bien diferenciado e indubitablemente identificado.
    El grupo perseguido, hostigado y martirizado está integrado por aquellos argentinos que formaron parte del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, las Policías Provinciales, la Policía Federal, el Servicio Penitenciario Federal y los Servicios Penitenciarios Provinciales, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional y funcionarios civiles en actividad, durante el Gobierno Militar del Proceso.
    Los ejecutores de esta persecución genocida, son los funcionarios ideologizados y bien pagos del Poder Judicial de la Nación Argentina identificados como integrantes de una corporación mafiosa autodenominada Justicia Legìtima, que integran la Justicia Federal. Están apoyados financiera e ideológicamente por los terroristas subversivos argentinos vivos, los parientes de los muertos y los enemigos permanentes de argentina como el RUGB que apoya financiera a las ONG gestoras de indemnizaciones y pensiones vitalicias que pagamos los argentinos con impuestos. Y como no podían faltar, los ciudadanos argentinos, siempre indiferentes al sufrimientos de sus connacionales.
    La ejecución de este plan criminal no pretende cambiar la actitud del grupo uniformado ni de civiles amigos en relación al orden democrático, sino que quiere “destruir” el grupo, mediante las detenciones arbitrarias, las muertes en las hediondas cárceles argentinas, la negación sistemática de atención de problemas de salud, el amedrentamiento y marginación de los miembros del grupo uniformado que tengan la osadía de ayudarlos, el entorpecimiento permanente de todo lo solicitado y fundamentalmente, negándoles los derechos más elementales de un habitante del mundo, los que paralelamente son concedidos a los delincuentes comunes y a funcionarios políticos korruptos que robaron a mansalva los dineros del Estado.

  2. Cuanta falta haría hoy el coraje y eficacia de hace 44 años, pero pasó mucho tiempo. Mi acompañamiento a las víctimas del terrorismo de ayer y de hoy en las cárceles del país. Cordialmente CLAUDIO KUSSMAN

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