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 Por Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

 Por Prof. Gladys Semillán Villanueva

Se viene un tiempo frío y difícil. No es que va a helar. Todavía el invierno está lejos. Pero el Corona asusta como nos angustia contemplar y rememorar la corona de espina con la que el Señor fue Crucificado. Es que la tradición dice que las heladas llegan el día de la Cruz,  el 3 de Mayo en adelante; nunca antes. Y hoy,  25 de Marzo no es el día de la Cruz. Mejor dicho, de la “Invención de la Santa Cruz”, como suele figurar en los almanaques. En estos días de cuarentena y aislamiento he meditado y reflexionado sobre la cruz encontrada. Es que eso de “invención” me suena mal. Si suena mal, la cruz ya existía como forma de castigo, de condena al que mal vivia.Por eso duele más al ver que esa condena en el madero pudiera aplicarse a quien no tenía culpa.  Relacionamos la palabra invento con creación, con producto surgido de la inteligencia, con lucubración más o menos compleja producida por la mente e, incluso, lo inventado puede darnos idea de algo engañoso o falso, nada que ver con la santidad de la Cruz de Cristo.Una palabra puede cambiar su sentido según se la va aplicando y en este caso no fue un invento. Pero resulta que la palabra invento viene del latín “inventio”, que es, sencillamente, hallazgo. A los hallazgos de los sabios les hemos dicho inventos y de ahí que la palabra se cargara de connotaciones ajenas a su origen; la invención de la Santa Cruz es simplemente su hallazgo, el hecho de encontrarla.Entonces estamos ante un acontecimiento que conmueve, Santa Elena se empeñó en hacerlo cristiano a su hijo Constantino, emperador de Roma. Se convirtió, sí, pero necesitó del milagro de ver en el cielo una grandiosa Cruz con el letrero “In hoc signo vinces”.Cuantas veces necesitamos una señal, un acontecimiento que nos de fe que algo está confirmado. Y sucedió…y tenía que ser Elena la que con esfuerzo se fuera encaminando hacia el “HALLAZGO”. Había puesto a su hijo en manos del PADRE y Él marcaba en su destino una gloria inesperada, debía profundizar los misterios de la tierra esa que un cuerpo castigado sin piedad fuera regando su sangre para salvarnos. Sabiendo el final sin odio con una entrega solo propia del hijo de Dios. Elena también se afanó buscando en la Tierra Santa vestigios del paso del Salvador. Con trabajo, pues allí no se había conservado su memoria. El Calvario era un campo lleno de escombros. Oyó a unos viejos -o quizás no los oyó, pudo ser revelación divina- que la Cruz estaba en uno de los huecos del Santo Sepulcro. Hizo cavar y el 3 de mayo del año 326 encontró tres; las de los dos ladrones también. Las tres cruces no tenían señales que indicaran cuál era la del suplicio de Cristo.Allí estaban, eran tres. Acaso para dar más veracidad de la presencia de la Santa Cruz pudo la tierra tapar las marcas de los clavos de la crucifixión y solo mostrarse con un milagro?

Los otros dos crucificados solo estaban atados. San Macario, patriarca de Jerusalén, tocó con las tres cruces a una enferma grave: dos no produjeron efecto, y una la curó en el instante de tocarla. Seña evidente de ser la de Jesús. Santa Elena la hizo cortar en tres partes, para guardar como reliquias en las iglesias de Constantinopla, de Roma y de Jerusalén, y desde entonces se conmemora el hallazgo.Que notable respuesta le dio el cielo a Elena,a su Fe, a su búsqueda, a esa necesidad de tener la presencia de Jesús no solo como creyente de  LA PALABRA, de los hechos que marcaron un camino distinto iluminado, de amor, sino testigo del “hallazgo”, tangible, venerado que compartió sin egoísmo. Como se ve, la Cruz fue encontrada en  esa fecha de Mayo que en Jerusalén corresponde a la primavera.Una primavera que significa renacimiento, nuevas raíces, renovadas esperanzas para iniciar el fortalecimiento del crecimiento en la única verdad, la del Padre. Nosotros finalizamos el verano y transitamos hacia el invierno, pero en el norte argentino, todavía sentimos los calores de la época. Es por eso que siento y entiendo, al igual que el Santo Padre, el Papa Francisco, en su visita a  la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el Crucifijo milagroso, ante el avance del flagelo que se extiende sin límites ni fronteras, que es la  Cruz de Cristo, la fuente profunda de nuestra esperanza. Imploremos al Supremo al igual que hizo Santa Elena, para que en medio de la oscuridad comience a brotar algo nuevo y cese la pandemia.  Para que ante la oración a la Santa reliquia vuelva aparecer la vida, tozuda e invencible. Es tiempo  de aislarse y no  salir, es tiempo de unión y solidaridad y en poco tiempo  va a blanquear la escarcha de la salvación sobre los pastos de todo el orbe. Si es tiempo aún en la soledad del retiro abrir las ventanas dejar entrar el futuro, proponerse buscar en todo la luz, valorar lo que se nos da sin pedir, compartir la alegría, salvar con un gesto una vida y demostrar que el otro nos importa pues ese otro bien puede ser Jesús el crucificado. 

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Prof. Gladys Semillán Villanueva

 


PrisioneroEnArgentina.com

Marzo 27, 2020


 

1 thought on ““Aferrarse a la Cruz””

    • Camila Schneider
    • posted on March 27, 2020

    Que Dios nos ampare a todos y perdone n nuestros pegcados

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