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 Por MARÍA FERREYRA KUSSMAN

Me asusté de mis propios pasos. Miré hacia atrás girando sobre los tacos de mis botas como si fuera un artefacto bien aceitado. La luz grácil que nacía de una triste lamparilla que subsistía pendiendo de sus propios cables caía sobre mis espaldas y parecía mojarlas. Los ruidos de la noche inundaban la fría estación de trenes transformándola en algo distinto, que no era malo en su totalidad, simplemente inquietante. La grasa en los andenes, los papeles tratando de ganar vuelo y la asquerosa, maloliente y pegajosa alfombra materializada por sobras de comida, restos de gaseosas y alguna sustancia que preferí no adivinar, hacían que mi andar fuera menos suelto de lo normal. Ese andar, del que tanto hablo, fue interrumpido por una caravana de curiosos animalitos que suelo llamar ratas, pero la gente de la ciudad llama alimañas. Las sombras son parte de la complejidad de la estrategia de la noche y sin pretender ser una experta, adivino el motivo. En las penumbras que la abraza todos somos similares y encontré el mejor ejemplo en la silueta al otro lado del terraplén. Esa persona gris encendió un cigarrillo creo que, para calmarse, no solo para hacerse presente. Me moví unos pasos a la izquierda, allí donde estaba la entrada de los baños y la silueta me imitó. Entré al lavabo y abrí los grifos con los codos. Miré hacia un lado, volví mi vista hacia el otro, sin hallar jabón o algo parecido. De la magia de mi cartera apareció el aullido salvador y deposité en mis palmas unas gotas de alcohol. Salí a los andenes sin refrescar mi rostro y volví a encontrar la sospechosa figura. Sin prisa me alejé de los baños con rumbo al salón principal de la estación. Un desierto con duros bancos de madera y un viejo puestos de diarios y revistas que parecía estar cerrado desde hacia mucho tiempo, (Debo aclarar que estas son mis observaciones y están generalmente basadas en viejas enciclopedias de decoración que alguna vez vi en la casa de mi abuela) o su dueño no era simpatizante de tiempos modernos.

-El tren tuvo un desperfecto -dijo un guarda casi susurrando sobre mis hombros. Me di vuelta y tomé distancia. Su aliento a tabaco era demasiado para mí.

-¿Desperfecto…? -pregunté desilusionada, tratando de comprender si el tren alguna vez había logrado perfección.

-Se descompuso, parece. Pero ya esta enviando otra locomotora, espero. Ya se va a solucionar, pienso. Aunque no va a llegar hasta mañana a la noche, creo -informó el hombre con seguridad.

Dejé atrás el salón y caminé hasta el final del terraplén con destino al estacionamiento de automóviles. La persona en el otro lado del anden me siguió, mientras los sonidos de mis tacos se hicieron más frecuentes y los suyos imperceptibles. Desapareció cuando baje la corta escalera para acceder al lote de vehículos.

La noche siguiente la estación de trenes me recibió con una leve lluvia, pero esta no lavaba la suciedad del establecimiento, solo le daba un poco de aire fresco. La silueta, la silueta siempre estaba allí. Y recorrió mi peregrinación desde el estacionamiento hasta el edificio de viajeros. Antes de entrar pude ver la unidad doblando a unos cuantos metros. La lluvia golpeaba contra la máquina y el vapor estallaba como una olla hirviendo. Cerré la puerta y esperé que se detuviera. Sin perder tiempo y solo portando un pequeño bolso, mi esposo descendió desde el tren uniéndose a la noche. Caminamos hacia el estacionamiento y ahora dos personas al otro lado del andén plagiaban nuestros movimientos. Mientras me contaba de su viaje, mi marido notó mi pesadumbre. Lo detuve sosteniendo su brazo para señalar a los desconocidos, pero las nubes cubrieron la luna y el reflejo del sol se hizo imposible. El murmullo de otros viajeros se adueño de la estación al mismo tiempo que los negocios encendían sus luces exhibiendo vidrieras casi espejadas y trabajadas con un fileteo artesanal que quien sabe cuando tiempo hubo llevado. Sonreí y alenté a continuar caminando. La estación de trenes seguiría allí, con sus noches y sus secretos.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 19, 2020


 

9 thoughts on “MEDIANOCHE EN EL LUGAR”

    • Mario Obrador
    • posted on May 19, 2020

    No entiendo… ¿hay algo que hay que buscar?
    ¿Un jeroglifico?

    • Manuel Cerda
    • posted on May 19, 2020

    Esta piola

    • Mario Obrador
    • posted on May 19, 2020

    No entiendo que paso con el tipo que la perseguia

      • Maria Victoria Funes
      • posted on May 19, 2020

      No es “UN TIPO”

        • Mario Obrador
        • posted on May 19, 2020

        Son dos… y?

          • Anonymous
          • posted on May 19, 2020

          No. Es el espejo, Mario
          se la arruine,,,,

          • Branco
          • posted on May 19, 2020

          Mario: No, las vidrieras eran el espejo

    • Tito Santiago
    • posted on May 19, 2020

    las veces que me he cagado hasta las patas con estas cosas asi similares

      • LA FRIVOLA
      • posted on May 19, 2020

      SI LEES EL FINAL DE NUEVO VAS A CAER

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