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¡25 de mayo y la patria!

  Por JORGE B. LOBO ARAGÓN

Celebrando el 25 de mayo de 1810 solemos decir que ese día nació la patria. Es lindo porque resalta el valor de los acontecimientos que iniciarían la guerra de la independencia, pero los hombres esclarecidos que aquel día tomaban iniciativas trascendentes, ¿no tenían patria? es de suponer que sí, que siempre fueron patriotas, muchísimo antes de aquel 25 de mayo. La patria, en su evolución, bien puede cambiar algunas modalidades, por lo que también se dice  que la patria nace todos los días. Pero aun cambiando  leyes, formas de gobierno, separándose o uniéndose, la patria es una continuidad de la que tenemos vivencias amortiguadas conforme nos remontamos a épocas lejanas, lo que es motivo para que sus recuerdos se nos esfumen pero no para que reneguemos de ella. Hay alguna tendencia a suponer que nuestra historia comienza en 1810. Se habla del “primer” gobierno, del “primer” periódico, de las “primeras” escuelas, como si verdaderamente  entonces “naciera” una nación que antes no existía. Pero en la historia, como en la biología, nada nace de la nada. Se organizó un nuevo gobierno, no una nueva patria, debido a que existían  hombres capaces de formarlo y circunstancias que llevaron a eso. Por eso siempre es útil  el conocimiento de toda la historia, no sólo desde un momento en   adelante sino también para atrás.  En otros tiempos los argentinos supimos actuar no sólo con dignidad sino incluso con notable hidalguía y valor. Así se explica que en 1810, cuando la revolución iniciada seis años antes pasaba por peripecias críticas, cuando otros países americanos sufrían fracasos y la revolución era rechazada por las más ricas y populosas provincias argentinas, los representantes congregados en  nuestro Tucumán tuvieron coraje y espíritu elevado para afirmar nuestra vocación por la libertad y la independencia de los reyes de España, de sus sucesores, de su metrópoli y de toda dominación extranjera. Más que realidad era una aspiración, una aspiración tan noble y deseable que nos disponíamos a morir y a matar en los campos de batalla por tras de conseguirla. Un magnífico proyecto. Pasando los años muchas veces vimos que, aunque nos costara esfuerzos y sangre, era una realidad casi palpable, un ideal accesible, una posibilidad cierta y venturosa, no un sueño ni una utopía. Y, en las vueltas que da la historia, aquel magnífico anhelo se va diluyendo, se va alejando, se desdibuja. Lo que un lejano 25 de mayo nos propusimos, ser libres e independientes, ahora parece exceder la medida de una ilusión. ¿Y la culpa de quién es? por supuesto que la culpa no es de este país; la culpa es, simplemente, de nosotros, que no supimos mantener el esfuerzo necesario ni la elevación de miras. Pero no es suficiente con conocer: hay que hacer un sincero propósito de enmienda y ponernos a la tarea de corregirnos, de ser mejores para que la patria de nuestros nietos pueda ser mejor. El 25 de mayo debe ser día de festejo, pero debe servir de recuerdo de que tenemos la obligación de curarnos de las tristes deficiencias que nos caracterizan.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

 


PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 25, 2020


 

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