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 Por JORGE B. LOBO ARAGÓN

Cada 13 de junio se conmemora al Escritor, es por eso que a días del acontecimiento, deseo rememorar a los grandes escritores que tiene y tuvo el país a través de todos los tiempos y refrescar frases de José Ortega y Gasset y Leopoldo Lugones como “Argentinos a las cosas” y “La grande Argentina”. Es que el festejo no es casual y se debe a que en esa fecha, pero de 1874, nació Leopoldo y ambos escritores amaban a la Argentina y nos pintaban, ilusionados con un futuro venturoso. Es admirable lo que estos grandes literatos dedujeron de nosotros en el hecho de ir hacía más allá, un aspirar constante y un anunciar que algo va a ser. Pero las virtudes a veces se abandonan con facilidad. En este tiempo de pandemias, encierros y conflictos, es el Estado el que debe convencernos sobre nuestras técnicas y conocimientos,  para  poder explotar y administrar una riqueza intelectual que indudablemente tenemos. En Europa hubo grupos de gente sabia y una juventud ávida por cultivarse, y  de ese empuje nacen las universidades.

Lugones
Ortega y Gasset

Nosotros invertimos muchas veces  el proceso y creamos las Universidades sin tener primero los sabios, y así las “cátedras, los puestos, los huecos sociales surgen antes que los hombres capaces de llenarlos”. A principios de este siglo, un periodista escribió una nota que me llamó la atención. Decía que había observado algo insólito, inexplicable, increíble por lo irrazonable: resulta que a las canchas en las que grupos de muchachos se divertían jugando a la pelota, iba bastante público a pesar de que cobraran entrada para verlos. Mucho más público del que acudía a las bibliotecas, a pesar de que en los centro de culturas, además de no cobrarse nada por entrar, se podía realizar una tarea, estudio, aprendizaje, pasatiempo, instrucción, investigación, de alto valor para el propio interesado. El periodista mostraba el hecho como inexplicable por lo absurdo que resultaba. Ahora lo encontramos perfectamente natural y comprensible a pesar de que el bichito malicioso no deja que los muchachos vuelvan a los estadios. Este siglo, cambalache problemático y febril, nos ha acostumbrado a ver que el hombre no se guía por su raciocinio, por la lógica, sino por las pasiones. Y a pesar de que las pasiones sean apetitos desordenados del ánimo, el hombre de este siglo se las echa encima muy campante, sin siquiera ruborizarse. Una tremenda distancia espiritual nos separa de aquel faraón egipcio que en la puerta de su biblioteca escribiera: “Libros tesoro de los remedios del alma”. Hasta las alocadas y atolondradas pasiones tendrían su remedio entre el tesoro de los libros, fuentes de serena sabiduría y la calidez de los escritores. Las bibliotecas y los escritores se mantuvieron a través de los milenios. Festejemos que los escritores y los libros todavía existen  ya que el paso del tiempo no cuenta para los remedios del alma y el saber. Que esta celebración del día del escritor sea motivo propicio para que recordemos su existencia, para que nos hagamos cargo de nuestra obligación de conservar y amparar a los hombres de letra y para que tomemos conciencia de los aportes de saber que la escritura puede brindarnos. 

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragon

 


PrisioneroEnArgentina.com

Junio 12, 2020


 

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3 thoughts on “Día del Escritor”

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    • Nuna
    • posted on June 12, 2020

    Muchísimas gracias por todo lo que escribe recordando a nuestro gran Leopoldo Lugones. Feliz día del escritor para usted ya que todos los días nos regala alguna historia o nota

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