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 Por CLAUDIO VALERIO

Cierto hombre empezó a subir una montaña juntamente con su hija pequeña. Le dijo a ella de ir adelante y que el la seguiría luego atrás. La niña, con gran entusiasmo, quiso mostrar que era capaz de subir sola y presentó mucha disposición  en su caminata. Después de un cierto tiempo, ya cansada, empezó a tener dificultades. En cierto momento ella cayó, lastimándose de forma leve las rodillas y también enseguida tuvo el brazo arañado por algunas espinas de un arbusto. Un poco más adelante ella  cayó y no consiguió más levantarse. Comenzó a llorar y, volviéndose para el padre, pidió que la ayudase. El padre con cariño la tomó en  los brazos y la llevó hasta la cumbre de la montaña. Desde el principio, él no esperaba que ella subiese sola. Según y cómo, Dios no desea que subamos las montañas de la vida solos. Él no espera que atravesemos los áridos desiertos con nuestras propias fuerzas. Sabe que, en determinados momentos, los caminos no serán fáciles para nosotros. En todas las situaciones Él camina junto a nosotros, presto a extendernos  la mano y conducirnos con mucho amor al lugar que deseamos ir. Necesitamos  comprender que  somos flacos y con fallas. Que necesitamos la ayuda del Señor para realizar nuestros sueños y alcanzar  nuestros objetivos. Solos, tendremos muchas dificultades y difícilmente alcanzaremos nuestros propósitos.

Desde la ciudad de Campana, Buenos Aires, envío un abrazo y mi deseo que Dios te Bendiga y prospere en todo lo que emprendas;  y derrame sobre ti Salud, Paz, Amor y mucha Prosperidad.

Claudio Valerio

** Valerius **

 


PrisioneroEnArgentina.com

Junio 30, 2020


 

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