ETCHECOLATZ – BARALDINI Y LOS COBARDES TOGADOS FEDERALES

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  Por CLAUDIO KUSSMAN

CUANDO LOS JUECES SON CAPACES DE VENDER A LA MADRE

Cuando el Covid 19 llegó a las cárceles argentinas, los jueces federales, haciendo gala de una “valentía” sin límite, dieron a diestra y siniestra arrestos domiciliarios a presos “comunes”, entiéndase, asesinos, violadores, narcotraficantes y demás yerbas. Fue, luego que estos se amotinaran en diferentes establecimientos penales llegando a causar grandes incendios en Villa Devoto. Por otra parte, a los septuagenarios, octogenarios y nonagenarios imputados por los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad, prisioneros muy disciplinados, por cierto, se les aplicó la política de estado negándoles la domiciliaria que les correspondía, en nombre de la memoria, verdad y justicia.

 

Baraldini

 

Etchecolatz

Una vez más estos miserables jueces hacían gala de los “atributos testiculares”, de los que carecen, martirizando ancianos enfermos. Así más de cuarenta de estos viejos fueron contagiados por el virus, cuatro fallecieron y entre incomprensibles y reiterados traslados por diferentes establecimientos penales, dos gerontes, fueron llevados a la Unidad Penitenciaria 21, donde van a parar, a veces, aquellos que tienen enfermedades infecciosas. Uno, el Comisario General de la Policía de la Provincia de Buenos Aires MIGUEL ETCHECOLATZ de 91 años de edad y el otro el Coronel del Ejército Argentino LUIS BARALDINI de 82 años de edad. Encerrados en la misma celda, permanecieron aislados en espera de lo que les señale su destino. Ayer a las 4 de la mañana BARALDINI quien presenta un avanzado deterioro físico por efectos del Coronavirus, intentó ir al baño, con la asistencia de ETCHECOLATZ (imaginemos la escena) y ambos terminaron cayendo al suelo. En definitiva, el militar llevó la peor parte y fue trasladado al HOSPITAL MILITAR CENTRÁN, donde tendría que haber estado internado desde que se le detectó el virus. Ahora nuevamente ETCHECOLATZ, vuelve a quedar solo en aislamiento, repitiéndose paso por paso lo que ya le hicieran en la Unidad Penitenciaria 31 de Ezeiza, cuando fue sacado del pabellón 6 y llevado al mugriento pabellón 4. Por supuesto el Servicio Penitenciario Federal, no dio cuenta de este nuevo traslado, a la familia de BARALDINI como sería su obligación, por protocolo y por un mínimo principio humanitario.  Realmente el ensañamiento, la cobardía y la vileza de los funcionarios judiciales, es extrema, debido al aliento que organizaciones radicalizadas de “derechos humanos” (para algunos) le echan en la nuca. Ese es el momento que se enceguecen y son capaces de “vender a la madre” con tal de sobrevivir en el cargo, que tantos privilegios le otorga.


 

Claudio Kussman

Comisario Mayor (R) 

Policía Pcia. Buenos Aires

Agosto 14, 2020

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“No era un hijo de mala madre; era un cobarde, simplemente, y eso es la peor desgracia que puede sucederle a un hombre”

 Ernest Hemingway (1899-1961)

 


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Agosto 14, 2020


 

 

GERMÁN CASTELLI, EL HIPÓCRITA JUEZ FEDERAL QUE DESCUBRIÓ LA “IRRETROACTIVIDAD”

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  Por CLAUDIO KUSSMAN.

CORRUPTOS HASTA EL TUÉTANO

En este territorio llamado Argentina, en donde todo se compra y todo se vende a nivel de los funcionarios gubernamentales, es bien sabido el oscuro conflicto de intereses existente por estos días, entre los tres poderes, en el que se intenta “remover” a 10 jueces federales. Estos habían sido trasladados durante la presidencia de MAURICIO MACRI y solo conforma una fricción palaciega más, entre corruptos, de las tantas en vigencia.  Pero dentro de todas esas idas y venidas se destaca el juez GERMÁN CASTELLI, integrante del Tribunal Oral Federal 7 de Comodoro Py,  uno de los elegidos para la remoción. Este togado tiene a su cargo la causa de “los cuadernos de la corrupción”, cuya principal imputada es ni más ni menos que CRISTINA KICHNER. la vicepresidenta de todos, todas y “todes”. Sobresale, a raíz de una florida e INCREIBLE nota que librara en las últimas horas a ANABEL FERNÁNDEZ SAGASTI, presidenta de la Comisión de Acuerdos del Senado de la Nación, para que: “se inhiba ese cuerpo de proseguir el trámite”. Luego agrega: “Mi actual nombramiento se realizó en estricto cumplimiento de la normativa constitucional, legal y reglamentaria vigente al momento, y que se ha puesto en tela de juicio a través de una maniobra ilegal que incluye la aplicación de normas posteriores, en franca violación al principio de irretroactividad de las leyes”. Ahora bien, resulta que este magistrado “jodiéndose” en la irretroactividad de las leyes, el 10 de noviembre del 2009 como juez federal de Morón decretó la detención del General MANUEL ARRILLAGA y del Mayor JORGE EDUARDO VARANDO, encuadrándolos en los bien o mal llamados delitos de lesa humanidad. Todo había comenzado el 23 y 24 de enero de 1989 (Presidencia de Raúl Alfonsín) cuando asesinos terroristas del MOVIMIENTO TODOS POR LA PATRIA intentaron el cruento copamiento del regimiento de La Tablada. Posteriormente el 28 de diciembre de 2011, también sin tener en cuenta la irretroactividad de las leyes firmó la sentencia que condenó entre otros a los marinos JORGE ACOSTA y ALFREDO ASTIZ. Resulta que este togado uno más entre otros muchos dolosos “tuertos” de la justicia federal argentina, se acuerda que las leyes son constitucionalmente irretroactivas, solo cuando van por él. Es tanta la impunidad para delinquir en su función, que ni siquiera se interesa en disimular empleando otros argumentos de defensa, que no mencionen las aberraciones que él mismo viene cometiendo como reptante togado de la Nación argentina.

Acosta
Astiz
Arrillaga

 

Claudio Kussman

Comisario Mayor (R) 

Policía Pcia. Buenos Aires

Agosto 14, 2020

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“La mediocridad es legítima hija de la corrupción.”

Jorge González Moore (1974-      )

 

 


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Agosto 14, 2020


 

Mario Sandoval, la reforma judicial y la labor de los magistrados federales

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El Profesor Mario Sandoval, directamente desde la Unidad Penitenciaria Federal 34 de Campo de Mayo, deja sus conceptos con respecto a la actualidad nacional centrada principalmente en la reforma judicial. 


Sandoval
Alberto Fernández

 


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Agosto 14, 2020


 

El COVID 19 puso fin al Principado de Hutt River

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Hutt River, un principado autoproclamado, emitió sus propios pasaportes y una vez incluso declaró la guerra a Australia. En los últimos años, sin embargo, se la conoce como una atracción turística peculiar.

Pero el impacto económico de la pandemia de Covid-19, junto con una enorme factura de impuestos, han obligado al principado a anunciar que finalmente se rendirá a Australia. Los orígenes de Hutt River como micronación se remontan a 1970, cuando el difunto príncipe Leonard Casley afirmó que había explotado una laguna legal para crear el principado en una parte aislada de Australia Occidental, a 500 kilómetros (310 millas) al norte de la capital del estado, Perth.

Príncipe Leonard

Ubicado en 75 kilómetros cuadrados de tierras agrícolas, tenía más del doble del tamaño de Macao pero estaba poblado por menos de 30 personas. El principado, aunque no reconocido oficialmente por el gobierno australiano, actuó como una nación independiente. Su gobierno otorgó visas y licencias de conducir, emitió pasaportes y moneda, produjo sus propios sellos, enarboló su propia bandera y, según los informes, operaba 13 oficinas en el extranjero en 10 países diferentes, incluidos Estados Unidos y Francia. Ahora su divertida jornada ha terminado.

Cuando el príncipe Leonard murió en febrero del año pasado dejó una factura de impuestos de 2,15 millones de dólares, lo que obligó a su hijo y sucesor, el príncipe Graeme Casley, a anunciar la semana pasada que el principado vendería sus tierras para pagar la deuda.

“Es muy triste ver a tu padre construir algo durante 50 años y luego tienes que cerrarlo”, dijo Casley. “Son tiempos muy duros desde el punto de vista económico y de la salud en todo el mundo debido a Covid y nosotros también lo sentimos”.

Las micronaciones son entidades que afirman ser estados soberanos pero que no se consideran legalmente independientes, a diferencia de microestados como la Ciudad del Vaticano, que tienen soberanía reconocida internacionalmente. Australia ha generado muchas más micronaciones que la mayoría de los países. En las últimas décadas, decenas de sus ciudadanos han declarado su independencia de Australia y han establecido su propia nación dentro de una nación.

Sin embargo, ninguno es tan famoso como el Principado de Hutt River, también conocido como la provincia de Hutt River, que ha generado titulares en todo el mundo durante los últimos 50 años.

Si bien el príncipe Leonard originalmente decidió separarse de Australia por su desacuerdo con las regulaciones agrícolas, convirtió el principado en una atracción turística única, con visitantes que llegaban para comprar pasaportes, moneda y sellos. Pero, al igual que los destinos turísticos de todo el mundo, el principado quedó vulnerable debido al impacto económico de la pandemia. El turismo era una de las principales fuentes de ingresos de Hutt River, particularmente durante los últimos 15 años, ya que Internet ayudó a difundir su extraña historia en todo el mundo.
Ha estado cerrado a los viajeros desde enero pero, anteriormente, la autoproclamada “Familia Real” de Hutt River hizo un gran esfuerzo para hacer que su micronación intrigara a los turistas. Los visitantes que llegaban a la propiedad eran recibidos por un miembro de la familia, quien primero los ayudaba a obtener su visa de entrada, que costaba US $ 2,50. Para muchos visitantes, el simple hecho de obtener un sello del Principado de Hutt River en su pasaporte hizo que el viaje valiera la pena.

Una vez que se completaba este proceso, un miembro del personal los acompañaba a través de los edificios principales del principado y les explicaba la historia local. Los viajeros podían visitar la oficina de correos del principado para enviar una carta o comprar sellos de Hutt River, luego examinar el Departamento de Memorabilia y la Sociedad Histórica, antes de disfrutar de una comida ligera en sus salones de té. También había moneda. Los visitantes podían comprar y gastar el dólar de Hutt River, que se cambiaba uno a uno por el dólar australiano. Otras atracciones incluían una capilla no confesional y el Santuario Educativo Sagrado de la Princesa Shirley, el nombre de la esposa del príncipe Leonard. Y luego estaba la Royal Art Collection, compuesta por 300 piezas esparcidas por estos edificios, así como un busto gigante del Príncipe Leonard, tallado en roca por un artista canadiense.

Las paredes de estos edificios también estaban adornadas con documentos, recortes de noticias y fotos relacionadas con el principado y su historia, incluida la época en 1977 cuando el príncipe Leonard declaró la guerra contra Australia.

Cuando se enteró de que el gobierno australiano perseguía al principado por los impuestos no pagados, al parecer consultó a su propio gobierno y, en lugar de pagar, decidió declarar la guerra. No estaba claro cómo pretendía librar las batallas, dado que la Fuerza de Defensa de Royal Hutt River no se establecieron hasta 11 años después. Esta fuerza incluía un ejército, una marina y una universidad militar, que desarrollaron manuales de artillería y programas de entrenamiento..

La guerra del príncipe Leonard contra Australia duró solo unos días, y esta descarada demostración de fuerza no hizo nada para disuadir a la Oficina de Impuestos de Australia. La ATO (Oficina de impuestos de Australia) continuó persiguiendo al Principado por facturas impagas, lo que provocó tardíamente su rendición la semana pasada.

Aunque decepcionado, el sucesor Graeme Casley dice que está “muy orgulloso” de lo que logró su padre y espera que su historia sea recordada por las generaciones venideras.

“Tengo tantos recuerdos maravillosos de vivir aquí (en el principado)”, dijo. “Una vez que mi madre falleció (en 2013) pasé cinco años trabajando a tiempo completo junto a mi padre y fue más que una relación padre-hijo, tuvimos una relación de trabajo muy profunda. Lo que creó aquí durante los últimos 50 años es asombroso, es realmente una historia única sobre la que han leído personas de todo el mundo, y no la olvidaremos ahora”.

 


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Agosto 14, 2020


 

España: El caso de las cuentas de Podemos

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La investigación de la Justicia de Madrid sobre la gestión de Podemos ha comenzado a convertirse en una de las historias centrales junto al problema de la pandemia y la fuga del rey Juan Carlos de Borbón.

La Investigación

El titular del Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid ha abierto una causa por los presuntos delitos de malversación de caudales públicos y de administración desleal a raíz de la denuncia presentada a finales de año ante la Guardia Civil por José Manuel Calvente, ex abogado de Podemos, que inicialmente refería unos hechos que él mismo calificaba como blanqueo de capitales, descubrimiento y revelación de secretos, allanamiento informático, financiación ilegal de partido y administración desleal. El magistrado descarta de entrada los cuatro primeros.

Las Sospechas

Iglesias

Básicamente, el juez investiga en qué consistieron y cómo se pagaron las obras realizadas en la sede de Podemos por seis empresas hace unos meses, qué trabajos realizaron para ese partido las empresas de comunicación Neurona y ABD Europa el año pasado y de qué forma se liquidaron y si 50.000 euros de la Caja de Solidaridad del partido, un fondo que se nutre de las donaciones salariales de los cargos públicos, fueron a parar a 404 Comunicación Popular, que era la entidad que los había solicitado, o fueron desviados. 

Las diligencias pretenden aclarar también si algunos empleados y dirigentes de Podemos cobraron sobresueldos camuflados como gastos de desplazamiento sobre sus nóminas oficiales, elaboradas por la cooperativa Kimena, una asociación laboral vinculada al dirigente podemista Rafa Mayoral, y, por último, indagan la actividad empresarial de Juan Carlos Monedero, uno de los fundadores de la organización que, habría podido cobrar algún tipo de comisión por la contratación de empresas de comunicación por lo morados.

Las Novedades

Mayoral

¿Es esto nuevo? No del todo. El Tribunal de Cuentas ya detectó en su Informe de Fiscalización de las elecciones del 28-A “gastos por operaciones ordinarias, por importe total de 290.727,41 euros, cuyos conceptos no tienen la consideración de gasto electoral (…) [y que] no han sido admitidos como susceptibles de ser financiados con subvenciones electorales”; aunque eso no supone ninguna infracción, tan solo que Podemos debería asumir el coste con sus propios recursos.

Se trata, según el partido, de “trabajos de consultoría en redes y tratamiento de la información consistentes en la creación y gestión de grupos de whatsapp con militantes, y análisis del comportamiento de competidores, votantes e influencers”. Según el denunciante, ese dinero “pertenece a un contrato con la consultora Neurona”.

La Caja ‘B’

Parece responder a los habituales excesos lingüísticos cuando los conceptos “Podemos”, “dinero” y “juzgado” confluyen en la narrativa de determinados medios de comunicación.

Una ‘caja b’ consiste en un fondo opaco que se nutre de dinero sucio, normalmente procedente de comisiones a cambio de adjudicaciones que realizan instituciones controladas por el partido del que se trate, un caudal que luego este blanquea pagando gastos de funcionamiento y/o lo distribuye como sobresueldos en negro entre sus dirigentes, entre otros destinos que suelen incluir también la distracción de una parte como botín para quienes lo gestionan.

En este caso, el juez investiga cómo algunos dirigentes y empleados de Podemos han gastado una parte del dinero que esta formación ingresa legalmente, y sobre cuyo origen no hay ninguna sospecha en la causa.

Financiación Ilegal

la financiación ilegal no estó en disputa. Sencillamente, no está sobre la mesa. Y no lo está por una cuestión tan simple como fundamental: el Código Penal castiga la recepción de “donaciones o aportaciones destinadas a un partido político, federación, coalición o agrupación de electores con infracción” de la normativa sobre financiación de este tipo de organizaciones.

El delito criminaliza las irregularidades en los ingresos de una formación política, y todo lo que está investigando el juez en este asunto se refiere a gastos, al contrario de lo que ocurrió en asuntos como Gürtel, Filesa o Palau, tramas que llenaron las arcas ‘alternativas’ de PP, PSOE o Convergència.

Los Investigados

Monedero

El juez ha citado para el 20 de noviembre como investigados (antiguo “imputados”) a Juanma Olmo, responsable de Comunicación de Podemos; a la gerente, Rocío Val; al tesorero, Daniel Frutos, y a Andrea Deodato, administrativa del departamento de Compras. También han sido llamados para esa fecha E.C.H. y E.L.H., dos de los responsables de Neurona.

Podemos

La organización política está imputada como persona jurídica desde el 29 de julio, cuando el juez optó por esa figura, en lugar de por otras como la del perjudicado o el acusador, ya fuera particular o popular, para autorizar la intervención de un abogado de los morados en la declaración del denunciante. No deja de ser una medida garantista (y reversible), pese al revuelo mediático que ha generado la decisión.

Víctima

El tipo penal de la administración desleal por el que se ha inclinado el magistrado castiga la conducta de quienes “teniendo facultades para administrar un patrimonio ajeno (…) las infrinjan excediéndose en el ejercicio de las mismas y, de esa manera, causen un perjuicio al patrimonio administrado”. Eso supone que si hay un delito de ese tipo en este asunto Podemos sería, en todo caso, víctima de quien hubiera dado a sus fondos un destino inadecuado.

Por otro lado, el tipo básico de la malversación castiga ese mismo tipo de conducta cometida con fondos públicos, que son el origen del grueso de los ingresos del partido, y la apropiación indebida de los de carácter privado, lo que, en cualquiera de los dos casos, dejaría la formación política en una situación similar.

La Postura

Podemos pide la nulidad de la causa alegando que Calvente quebrantó los deberes de confidencialidad y de sigilo que le imponía su trabajo como abogado al entregar con su denuncia documentos internos del partido, un argumento que a priori parece tener un escaso recorrido judicial, al margen de las eventuales consecuencias colegiales, si hubiera algún delito en los hechos denunciados. Paralelamente, reclama es misma nulidad de la causa alegando indefensión, ya que el juzgado únicamente le ha remitido una parte de la declaración inicial de Calvente.

“El elemento transversal del caso son las sospechas, pero esos hechos, de existir, no serían infracciones penales. En todo caso, podrían serlo de carácter administrativo o disciplinario, aunque tampoco las vemos”, señalaron fuentes de la organización, que llamaron la atención sobre el hecho de que las citaciones de los imputados se producen “sin ninguna individualización de responsabilidades ni de indicios, ni tampoco de tipos penales. No hay sustento jurídico”.

El Denunciante

Calvente

José Manuel Calvente es un abogado que, tras cinco años de trabajo en los que fue responsable de Protección de Datos y de Seguridad, fue despedido de Podemos en diciembre de 2019 tras un conflicto en el partido. Él y otra empleada, Mónica Carmona, mantienen que fueron purgados por investigar supuestas irregularidades internas, mientras que Podemos sostiene que fue cesado por acoso laboral y sexual a otra letrada de la formación política, hechos por los que el Juzgado de Instrucción número 32 de Madrid llegó a abrir una causa que fue archivada hace unos días. Podemos lo sitúa como el asesor que supervisó las obras de la sede.

El Juez

Juan José Escalonilla Morales es el magistrado del Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid, desde el que hace dos años ordenó el archivo de las diligencias en las que investigaba los insultos y amenazas proferidos por varios policías municipales de la capital contra la entonces alcaldesa Manuela Carmena. Ahora ha permitido la personación del partido de ultraderecha Vox como acusación en las diligencias sobre Podemos sin exigirle una fianza.

La Fiscalía

Hasta ahora, poco o nada, aunque en las próximas semanas deberá pronunciarse en el juzgado sobre la petición de nulidad presentada por Podemos y en la Audiencia Provincial de Madrid sobre el recurso en el que la formación morada pide, alternativamente, la nulidad de la causa, su archivo o la suspensión de las diligencias e interrogatorios ordenados por el juez “a la espera de recabar indicios de los que pudiera deducirse la comisión de algún hecho punible”.

 


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Agsto 14, 2020


 

La condena de ocho miembros del grupo Hien Phap en Vietnam

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  Por Morgan Ortagus, portavoz del departamento

El gobierno de Estados Unidos está profundamente preocupado por la condena de Vietnam y la sentencia de ocho miembros de la organización de la sociedad civil Hien Phap en Vietnam a más de 40 años de prisión.

Aunque hemos visto al gobierno de Vietnam tomar algunas medidas positivas en materia de derechos humanos en ciertas áreas de Vietnam durante los últimos años, nos preocupa la creciente tendencia de arrestos y duras sentencias para activistas pacíficos desde principios de 2016. Estados Unidos llama sobre Vietnam para liberar a todos los que han sido detenidos injustamente y permitir que todas las personas en Vietnam expresen sus opiniones libremente, sin temor a represalias.

Las sociedades libres y abiertas de todo el mundo se fortalecen cuando las personas ejercen su derecho a la libertad de expresión. Instamos al gobierno vietnamita a garantizar que sus acciones sean coherentes con las disposiciones de derechos humanos de la constitución de Vietnam y sus obligaciones y compromisos internacionales.

 


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Agosto 14, 2020


 

María

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  Por Kjell Askildsen

Un otoño me encontré por sorpresa con mi hija María en la acera delante de la relojería; estaba más delgada, pero no me costó nada reconocerla.

No recuerdo ya por qué estaba yo en la calle, pero tenía que tratarse de algo importante, porque fue después de que la barandilla de la escalera se hubiera roto, así que en realidad ya había dejado de salir a la calle. Pero fuera como fuera, me encontré con ella, y se me ocurrió pensar: Qué casualidad tan extraña que yo haya salido justamente hoy.

Pareció alegrarse de verme, porque dijo «padre» y me dio la mano. Ella era la que más me gustaba de mis hijos; cuando era pequeña decía a menudo que yo era el mejor padre del mundo. Y solía cantar para mí, por cierto bastante mal, pero no era culpa de ella, lo había heredado de su madre.

«María -dije-, eres realmente tú, tienes buen aspecto». «Sí, bebo orina y soy vegetariana», contestó.

Me eché a reír, hacía mucho que no me reía, imagínate, tenía una hija con sentido del humor, incluso con un humor un poco atrevido, quién lo diría. Fue un momento hermoso.

Pero me equivoqué, qué fastidio que uno nunca consiga quitarse las ilusiones de encima. Mi hija se quedó como embobada y con la mirada perdida. «Te estás burlando de mí -dijo-, Pero si yo te contara…». «Me pareció haberte oído decir orina», contesté. «Orina, sí, y me he convertido en otra persona». No lo dudé ni un momento, era lógico, debe de resultar imposible seguir siendo la misma persona antes y después de haber empezado a beber orina. «Bueno, bueno», dije en tono conciliador, y con ganas de hablar de otra cosa, tal vez de algo agradable nunca se sabe.

Entonces me fijé en que llevaba una alianza y le comenté: «Veo que te has casado». Ella miró el anillo. «Ah, lo llevo sólo para mantener a raya a los pesados». Eso sí que tendría que ser una broma, calculé rápidamente que por lo menos tendría unos cincuenta y cinco años, y tampoco era tan guapa. Así que volví a reírme por segunda vez en mucho tiempo, y en medio de la acera. «¿De qué te ríes?», preguntó. «Creo que me estoy haciendo mayor», contesté, cuando me di cuenta de que me había equivocado una vez más, «conque es así como se hace hoy en día». Ella no contestó, así que no sé, supongo y espero que mi hija no sea muy representativa de los nuevos tiempos.

Pero ¿por qué he tenido hijos como ella, por qué?

Nos quedamos un instante callados, pensé que ya era hora de despedirse, un encuentro inesperado no debe durar demasiado, pero justo en ese momento mi hija me preguntó si me encontraba bien. No sé lo que quiso preguntar, pero contesté la verdad, que lo único que me molestaba eran las piernas. «Ya no me obedecen, mis pasos son cada vez más cortos, y pronto no podré moverme».

No sé por qué le hablé tanto de mis piernas, y ciertamente resultó que no debería haberlo hecho. «Será la edad», dijo ella.

«Desde luego que es la edad -contesté-, ¿qué otra cosa iba a ser?». «Pero supongo que ya no necesitas usarlas tanto, ¿no?». «Si tú lo dices -contesté-, si tú lo dices».

Al menos captó la ironía, diré eso en su favor, y se irritó, pero no consigo misma, porque dijo: «Todo lo que digo está mal». No supe qué contestar a eso, ¿qué podría haber contestado? Me limité a sacudir la cabeza inexpresivamente, ya hay demasiadas palabras en circulación por el mundo, y el que habla mucho no puede mantener lo dicho.

«Bueno, tengo que seguir mi camino -dijo mi hija tras una pausa breve, pero lo suficientemente larga-, tengo que ir al herbolario antes de que cierren. Ya nos veremos». Y me dio la mano.

«Adiós, María», dije. Y se marchó.

Esa era mi hija. Sé que todo tiene su lógica inherente, pero no siempre resulta fácil descubrirla.

 


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Agosto 14, 2020


 

LO MÁS LEÍDO ♣ Agosto 13, 2020

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Las noticias más leídas en PrisioneroEnArgentina.com. Las más comentadas, las más polémicas. De que está la gente hablando…

REINICIO Agosto 10, 2020 00.00 HORAS 
HORA DE CONTROL Agosto 13, 2020 23.23 HORAS

 


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Agosto 13, 2020


 

LA VACUNA ZURDA, EL ALBERTO Y EL VLADIMIR

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Por LUIS BARDIN

 

LA VACUNA ZURDA, EL ALBERTO Y EL VLADIMIR 

Con gesto un tanto impulsivo, no bien se hubo enterado,

felicitando a Putín con gesto muy efusivo

le hizo una florida epístola. Parece quiso decir

con su gesto exagerado: los rusos nos han salvado.

Lo hizo con tanto apuro que quedó descolocado

al saberse que los rusos se habían adelantado:

¡El logro no era seguro! la vacuna comunista

ni al mismísimo Maduro lo puso tan optimista.

No estaba experimentada y unas dudas razonables

a los científicos rusos mostraron irresponsables.

Científicos del gobierno, hasta ellos fracasaron

al no frenar al Alberto de ser ridiculizado.     

 

L.B

 


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Agosto 13, 2020


 

Sheriff de Florida prohíbe a los oficiales y visitantes usar máscaras

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Mientras Florida establecía un récord diario de muertes por covid-19, el alguacil del condado de Marion, Billy Woods, prohibió a sus agentes usar máscaras en el trabajo. Su orden, que también se aplica a los visitantes de la oficina del alguacil, establece una excepción para los oficiales en algunos lugares, incluidos los hospitales, y cuando se trata de personas de alto riesgo o sospechosas de tener el nuevo coronavirus.

Woods

En un correo electrónico al departamento del alguacil, Woods cuestionó la idea de que las máscaras son un enfoque consensuado para combatir la pandemia.

Podemos debatir y discutir todo el día sobre por qué si y por qué no. El hecho es que la cantidad de profesionales que dan la razón por la que deberíamos usar las máscaras, puedo encontrar exactamente la misma cantidad de profesionales que dicen por qué no deberíamos”, escribió Woods en el correo electrónico.

La mayoría de los epidemiólogos y otros reconocidos expertos en salud dicen que las mascarillas y el distanciamiento social son claves para frenar la propagación del nuevo coronavirus, que ha devastado al Estado de la Florida en las últimas semanas. El estado, que ha registrado más de 542,000 casos y más de 8,600 fallecimientos, agregó 277 decesos más el martes; El condado de Marion (que reúne a 300,000 habitantes) también estableció un récord de muertes diarias el martes, con trece. Hasta el momento, 43 empleados de la oficina del alguacil, incluidos varios oficiales de patrulla, y más de 200 presos en la cárcel del condado de Marion dieron positivo por coronavirus.

 


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Agosto 13, 2020


 

Nightingale

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Florence Nightingale nació en 1820 de padres ingleses adinerados que viajaban a Florencia, Italia. Tanto Florencia como su hermana recibieron el nombre de las ciudades italianas en las que nacieron; su hermana Parthenope nació en Nápoles y recibió el nombre griego de su antigua ciudad. En Inglaterra, los Nightingales dividían su tiempo entre dos casas, Lea Hurst en Derbyshire para el verano y Embley en Hampshire para el invierno. Las dos niñas fueron educadas por su padre y Florence, en particular, sobresalió académicamente. Con respecto al matrimonio y la vida social de sus hijas, los Ruiseñores tenían grandes expectativas. Sin embargo, Florence tenía otras ideas, porque cuando era adolescente en 1837 recibió un “llamado divino” para hacer la obra de Dios, lo que provocó su defensa de las causas sociales y de atención de la salud y finalmente la llevó a establecer la enfermería como una profesión distinta.

El período comprendido entre la última mitad del siglo XVII y mediados del XIX ha sido descrito por el historiador médico Fielding Garrison como la “edad oscura” de la enfermería. Las enfermeras en esos días eran típicamente pobres, no calificadas y a menudo asociadas con un comportamiento inmoral. Los hospitales a los que servían tenían una reputación igualmente baja como inmundos, desordenados y engendradores de infecciones. A menudo se los consideraba simplemente lugares para morir. Así que no es difícil ver por qué la familia de Florence Nightingale, rica y respetable como era, la desanimó de elegir esta profesión “inadecuada”. Pero Florence fue en contra de los deseos de sus padres, rechazó un posible matrimonio y en 1851 se formó como enfermera en Kaiserswerth, Alemania, en el hospital y escuela del pastor Theodore Fliedner para diaconisas luteranas. La escuela de Fliedner fue una de las primeras instituciones para la formación adecuada de enfermeras fuera de las órdenes religiosas católicas. En 1853 Nightingale fue a recibir formación adicional en París con las Hermanas de la Misericordia. Después de su regreso a Inglaterra, Florence asumió el cargo de superintendente del Establecimiento de Caballeros durante la Enfermedad de Londres en 1853.

Florence Nightingale es probablemente la más famosa por su trabajo durante la Guerra de Crimea (1854-1856). Respondiendo a los impopulares informes de los periódicos sobre la horrenda situación en los hospitales del campo de guerra inglés, el secretario de Guerra Sidney Herbert, amigo personal de Nightingale, consintió en permitirle organizar y administrar un grupo de enfermeras para ir a Turquía. El 4 de noviembre de 1854, Nightingale y 38 enfermeras llegaron a Scutari, la ubicación del campamento británico en las afueras de Constantinopla. En un principio, los médicos no daban la bienvenida a las enfermeras entrantes, pero a medida que aumentaba el número de pacientes, se necesitaba su ayuda en el hospital abarrotado, mal abastecido e insalubre. Bajo el liderazgo de Florence, las enfermeras trajeron limpieza, saneamiento, alimentos nutritivos y comodidad a los pacientes. Nightingale era conocido por brindar el tipo de cuidado personal, como escribir cartas a casa para los soldados, que los consolaba y mejoraba su salud psicológica. Su grupo de enfermeras transformó el hospital en un entorno saludable en seis meses y, como resultado, la tasa de mortalidad de los pacientes se redujo del 40 al 2 por ciento. En 1857, Florence regresó a casa como una heroína. Fueron los soldados en Crimea quienes inicialmente la nombraron la “Dama de la Lámpara” debido a la tranquilizadora visión de ella llevando una lámpara para controlar a los enfermos y heridos durante la noche, y el título se quedó con ella.

A su regreso de la Guerra de Crimea, dedicó los siguientes años a la Comisión Real para investigar la salud en el ejército británico. Fueron sus conversaciones con la reina Victoria sobre las condiciones de los hospitales del campo lo que provocó la formación de la comisión. Además, los datos estadísticos y el análisis de Nightingale influyeron fuertemente en los hallazgos de la comisión, lo que resultó en grandes avances de salud pública en el ejército británico.

En 1859, se publicó el libro Notes on Nursing de Florence Nightingale: qué es y qué no es. Basado en el conocimiento adquirido en la escuela en Kaiserswerth y mientras se cuidaba a los enfermos durante la Guerra de Crimea, Notes on Nursing proporciona una discusión simple pero práctica sobre la buena atención al paciente, junto con sugerencias útiles. Según Florence Nightingale, la higiene, el saneamiento, el aire fresco, la iluminación adecuada, una buena alimentación, el calor, la tranquilidad y la atención eran condiciones necesarias para los hospitales y debían ser garantizadas por enfermeras capacitadas. Hoy, dado por sentado, su consejo de sentido común ayudó a transformar los hospitales de casas de muerte a santuarios de atención. Este trabajo se convirtió rápidamente en una introducción clásica a la enfermería y se ha mantenido en publicación hasta la actualidad.

Durante la guerra, se estableció un fondo de suscripción pública para que Florence Nightingale continuara su educación de enfermeras en Inglaterra, y en 1860 se abrió la Nightingale Training School en el St. Thomas ‘Hospital. La educación de los reclutas implicó un año de instrucción ráctica en las salas. , complementado con cursos de conferencias, y seguido de dos años de experiencia laboral en el hospital. Después de graduarse, muchos de los estudiantes trabajaron en hospitales británicos y otros difundieron el sistema educativo Nightingale a otros países.

A través de su trabajo y su escuela, Florence Nightingale es responsable de elevar la profesión de enfermería a un estatus honorable. También escribió alrededor de 200 libros, folletos e informes sobre hospitales, saneamiento y otros temas relacionados con la salud, además de contribuir al campo de las estadísticas. A lo largo de su vida, brindó consejos sobre una variedad de temas de atención médica a asociados de todo el mundo. Aunque enferma y postrada en cama durante gran parte de su vida posterior, Nightingale logró continuar su gran trabajo a través de la correspondencia.

 


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Agosto 13, 2020


 

Tensión en la frontera entre Canadá y Estados Unidos

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A medida que la pandemia continúa azotando los EE. UU., los canadienses se preocupan cada vez más por lo que los visitantes estadounidenses podrían traer consigo al cruzar la frontera.

Construido directamente en la frontera de Blaine, Washington y Surrey, Columbia Británica, el Arco de la Paz es un testimonio de 20 metros de altura de los estrechos vínculos entre Canadá y Estados Unidos. En un lado están inscritas las palabras “Que estas puertas nunca se cierren”, un recordatorio de los casi 8.891 km de frontera no militarizada que separa a las dos naciones. Durante casi 100 años, se han escuchado esas palabras, hasta que la pandemia de coronavirus cerró la frontera de manera efectiva de forma indefinida.

El cierre entró en vigor el 21 de marzo y después de ampliarse varias veces durante el verano, el cierre permanece en vigor hasta el 21 de agosto, aunque la mayoría espera que se vuelva a prorrogar.

Horgan

Si bien el cierre de la frontera ha tenido importantes repercusiones económicas y personales para los millones de personas que viven a lo largo de ella o tienen seres queridos del otro lado, la gran mayoría de los canadienses quieren que se mantenga clausurada. Y a medida que la pandemia se ha extendido por todo Estados Unidos, también lo han hecho las tensiones entre los conductores estadounidenses y los residentes canadienses.

Si bien los viajes no esenciales están prohibidos, los conductores comerciales que entregan bienes y las personas que trabajan al otro lado de la frontera en servicios esenciales pueden cruzar.

Las personas con matrículas estadounidenses han informado haber sido acosadas y vandalizadas sus vehículos, incluso si tienen todo el derecho a estar allí.

Un  arquitecto de Estados Unidos al que se le permitió ejercer su profesión en Canadá durante el cierre, dice que le dijeron que “regresara a casa” , individualizandolo debido a la patente de su automóvil, incluso recibiendo pintadas en el vehículo.

Las tensiones son tan altas que el primer ministro de Columbia Británica, John Horgan, sugirió que los canadienses con matrículas estadounidenses deberían tomar el autobús o andar en bicicleta.

 


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Agosto 13, 2020


 

Fallece otro preso político

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La Unión de Promociones expresa su más profundo pesar por fallecimiento el día Lunes 10 dAgosto de 2020, del Cabo 1° (R) Rubén Héctor ROLDÁN (Policía de la Provincia del Chaco), Preso Político en cautiverio afectado de gravísimos problemas de salud. Es menester expresar que la autoridad judicial competente autorizó enviarlo a Prisión Domiciliaria recién cuando su estado era irreversible.

 

Consecuentemente, ya son 573 (quinientos sesenta y tres) los fallecidos, pertenecientes a todas las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales, Fuerzas Penitenciarias y Civiles; en el marco de este proceso de persecución, venganza y exterminio, donde SE CONTINÚAN REPITIENDO en forma sistemática infinidad de irregularidades jurídicas, instrumentadas en el ámbito de una justicia prevaricadora. 

 

El cuadro de situación, obliga a destacar y considerar los siguientes aspectos:

 

Edad promedio a nivel nacional

 

·         En Penales70 años.

 

·         En Prisión Domiciliaria78 años.

 

Períodos donde se produjeron los 573 fallecimientos

 

·         Fallecidos entre el 10 Dic 83 / 25 May 0320.

·         Fallecidos entre el 25 May 03 / 10 Dic 0755.

·         Fallecidos entre el 10 Dic 07 / 10 Dic 15274.

·         Fallecidos entre el 10 Dic 15 / 10 Dic 19201.

·         Fallecidos desde el 10 Dic 1923 (veintitrés) decesos se han producido desde el día 10 de Diciembre de 2019.

Solicitamos a todos los integrantes de las FFAA, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Policiales y Fuerzas Penitenciarias, a las distintas ONG e Instituciones, a familiares, amigos y allegados en general, a continuar sumándose en apoyo de todos quienes deben enfrentar esta injusta situación, a fin de afirmar, fortalecer e incrementar el planteo de los justos reclamos por acceder a una justicia verdaderamente independiente, imparcial y objetiva, a través del irrestricto respeto por la Constitución Nacional. La continuación de la ardua lucha en su apoyo, por la recuperación plena del estado de derecho y por la reparación del respeto y la credibilidad de las Instituciones de la República, así lo exige.

 

Expresamos nuestras sentidas condolencias a todos sus familiares, compañeros de Promoción, camaradas y amigos, rogándole al Señor, les conceda pronta y cristiana resignación.

Coronel (R) Guillermo César Viola.

Unión de Promociones

 


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Agosto 13, 2020


 

Tata Dios la Única verdad

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“…Había una vez un hombre que mientras dormía soñó que era un pájaro. Cuando se despertó, no sabía si era un hombre que había soñado que era un pájaro, o si era un pájaro soñando que era un hombre…”

Que las mayores luminarias del cielo, el sol o la luna, de pronto desaparezcan o cambien de lugar con tanta naturalidad, son acontecimientos fascinantes que nos indican sobre el misterio insondable de la creación. Este hombre privilegiado por la mano de Tata Dios a través de sus innumerables viajes astrales y su consistente bilocación puede asegurar que el firmamento es una obra esplendida, maravillosa y perfecta. Los Griegos la llamaron “Kosmos, palabra que los latinos transformaron en “Mundus” y que da la idea de lo acabado, de lo absoluto, de lo “Mondo y lirondo”. Es que el universo es un magnifico rosario de  soles,  planetas, estrellas y constelaciones de una grandeza inigualable. Las ciudades y sus luces impiden al hombre apreciar su esplendor como obra fastuosa del Altísimo. Bordado único y perfecto en la que la influencia del hombre por ahora ni siquiera puede estropearla. Es así que Platón y otros sabios a los que durante siglos consideramos y admiramos sostenían que las orbitas eran circulares. ¿Cómo no iban a serlo si el circulo como la creación son las más perfectas de las figuras? En este fantástico fenómeno de desprendimiento espiritual que me ha sido concedido por la mano del Altísimo, puedo recordar, vivir, compartir, y detallar vívidamente los lugares y las personas en donde me desplazo. Mi vuelo astral es como un cordel luminoso y extraordinariamente elástico que ha visto en cuerpo y alma la maravilla del firmamento eternal. Muchos interpretarán que son visiones entre sueños que se presentan en mi imaginación. No obstantes mis observaciones y escritos van demostrando con el tiempo que mis alteraciones y desplazamientos astrales son fruto de algo superior y seráfico. Pocos pueden comprender el privilegio divino de  acariciar o palpar el  infinito por la gracia de Dios. Puedo estar entre las estrellas, las galaxias y los astros con absoluta serenidad e insondable armonía. Trasladarme por el cosmos a través  de las constelaciones a las que todas las noches la vemos en su lugar con la sola variación debida al transcurso del año. Como…de pronto y casi al instante, sin espacio de tiempo me encuentro en mi nido cósmico observando el presagio espectacular de un eclipse. Como…esos fenómenos celestes además están ligados y unidos de manera perenne a los ciclos de la vida y de la naturaleza en su totalidad. Tal vez entre nosotros podemos conocer cómo se produce el portento de un eclipse…la tierra que hace sombra sobre la luna o la luna que se mete entre el sol y la tierra…pero el milagro celeste y espacial que se vislumbra desde lo alto es colosal. El  suceso astronómico y galáctico es una rueda hacia la eternidad…Ya antes de Cristo se podía prever su existencia y la de otros astros como puntos de medición  revelados por los reyes magos en  los meses de luna llena en búsqueda del Señor. Me viene a la mente la cita de Shakespeare en su obra Hamlet…Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía…Como…entender sino por una grandeza excelsa – la mano de Dios – , que este humilde pájaro soñador pueda ver y observar  el todo en su esplendor y magnificencia. Muchos hemos  dibujado a los satélites de Júpiter en una cartulina en clase de geografía…parecen las bolitas que los  changos de antes  en las calles de polvo y tierra usaban para sacarla del  hoyuelo hecho a mano con un dedo en donde había que embocar… Tiempos olvidados en donde la gente, la sociedad y el mundo se preocupaban por lo que sucedía en los planos superiores. Hoy se inquieta y confunde ante la pandemia olvidando muchas veces mirar hacia el cielo que nos clama. En esta  dualidad que me toca vivir, percibo que puede haber cambios en las cosas que se  procura mejorar. Pero ¿Cómo habría de cambiar lo que está supremamente consumado? En este modo aceptado por mi ser, es que puedo avistar nítidamente una estrella de la constelación de “cetus” – la ballena – de altísimas  variaciones en su brillo. La miro, la contemplo anonadado… Maravillosa, admirable “Mirabilis”. Desde mi  morada sideral llego a la conclusión que esta esfera luminosa es por demás variable y de una energía inigualable que la emite en forma de rayos infrarrojos. Es enormemente grande y se halla a unos 250 años luz de la tierra. La ballena mi estrella, como mi amiga la luna, la  miro a mi manera y la concibo similar al imponente cetáceo que surca impasible las profundidades de los mares. Observo que  se encuentra al oeste del “Toro y de Erídano” sus pares…al sur de los “Peces y del carnero” cada vez más visibles. Es que uno naturalmente se aficiona a las cosas altas, elevadas, espirituales. En estos tiempos modernos, invadidos por la luz eléctrica que esfuma los suaves atardeceres y oculta la dulce entrada de la noche, suele muchas veces ignorarse al Universo. Por siglos el hombre ha estado muy atento a sus movimientos. Fijándose  en la inmensidad del espacio se aprendió a conocer el tiempo y su medida. Es la infinitud del espacio, la que me acercó al supremo en el silencio y soledad de mil noches. Es que es casi imposible contemplar el infinito, o tal vez una hermosa cascada, admirar una noche estrellada o deambular por un bosque sin creer que exista un Dios que nos cobija. ¿Acaso una belleza y magnificencia  tan impresionante surge al azar? ¿Qué artista se aleja de su caballete y pincel para volver más tarde y encontrarse por pura casualidad con su lienzo repleto de las imágenes más hermosas y sinceras del mundo? Existe una asombrosa Creatividad, Destreza e Inteligencia detrás del universo, en donde se aprecia el ajuste perfecto de las normas con que Tata Dios rige su funcionamiento. Este orden perfecto, que responde a un plan eterno es el Milagro que será dado a conocer cuando después de las últimas tribulaciones el Rey de los Reyes baje con sus ángeles a dar paz perpetua a un mundo totalmente confundido. Desde mi bilocación profunda puedo reafirmar, con absoluta  templanza que no tengo duda alguna de que Dios Existe y es la única verdad.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

 


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Agosto 13, 2020


 

MESA PARA DOS

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  Por LORI PEIKOFF

En 1947 mi madre, que se llama Deborah, tenía veintiún años y estudiaba literatura inglesa en la Universidad de Nueva York. Era una chica preciosa, vehemente aunque introvertida, y sentía una gran pasión por los libros y las ideas. Leía de una forma voraz y quería ser escritora algún día.

Mi padre, que se llama Joseph, era entonces un pintor en ciernes, que vivía de dar clases de arte en un instituto del West Side. Los sábados pintaba durante todo el día en su casa o en Central Park y después solía permitirse un pequeño lujo. La noche del sábado en cuestión decidió ir a un restaurante de barrio llamado La Vía Láctea.

La vía Láctea resultó ser el restaurante preferido de mi madre, y aquel sábado, después de estudiar toda la mañana y parte de la tarde, se fue allí a cenar llevando consigo un viejo ejemplar de Grandes Esperanzas de Dickens. El restaurante estaba abarrotado y mi madre ocupó la última mesa que quedaba. Se preparó para toda una velada de goulash, vino tinto y Dickens, y rápidamente perdió contacto con la realidad que la rodeaba.
Media hora después el restaurante estaba tan lleno que sólo se podía comer de pie en la barra. La agotada camarera se acercó a mi madre y le preguntó si podía compartir la mesa con otra persona. Mi madre dio su consentimiento casi sin apartar los ojos del libro.
“Una vida trágica la del pobre Pip” dijo mi padre al ver la gastada cubierta de Grandes Esperanzas. Mi madre levantó la mirada y en ese momento, según ella, vio algo extrañamente familiar en los ojos de aquel hombre. Muchos años después, cuando yo le suplicaba que me contara la historia una vez más, suspiraba y decía “Me vi a mi misma en sus ojos”.
Mi padre totalmente cautivado por la persona que tenía delante, jura hasta el día de hoy que oyó una voz dentro de él: “Esta mujer es tu destino”, e inmediatamente sintió un cosquilleo que le recorría el cuerpo de la cabeza a los pies. Sea lo que fuere lo que mis padres vieron, oyeron o sintieron aquella noche, ambos se dieron cuenta de que había sucedido algo casi milagroso.
Hablaron durante horas, como dos viejos amigos que se encuentran después de mucho tiempo. Más tarde cuando se despidieron, mi madre escribió su número de teléfono en el interior de la tapa de Grandes Esperanzas y le regaló el libro a mi padre. Él le dijo adiós, besándola dulcemente en la frente, después se alejaron, en direcciones opuestas, y se perdieron en la noche.
Ninguno de los dos pudo dormir, incluso después de cerrar los ojos, mi madre sólo veía una cosa: el rostro de mi padre. Y él, que no podía dejar de pensar en ella, se quedó toda la noche levantado, pintando el rostro de mi madre.
Al día siguiente, que era domingo, fue a Brooklyn a visitar a sus padres. Se llevó el libro para leerlo en el metro, pero estaba tan exhausto después de pasar la noche en vela que, tras leer algunos párrafos, le entró sueño. Así que metió el libro en uno de los bolsillos de su abrigo- que había dejado en el asiento junto a él- y cerró los ojos. No se despertó hasta que el tren se detuvo en Brighton Beach, en el extremo opuesto de Brooklyn.
Para entonces el tren estaba desierto y, cuando abrió los ojos y fue a coger sus cosas, el abrigo había desaparecido. Alguien lo había robado, y dado que el libro estaba en uno de sus bolsillos, también se había quedado sin él, lo que significaba que también se había quedado sin el número de teléfono de mi madre. Desesperado, empezó a buscar por todo el tren, mirando debajo de los asientos, no sólo de su vagón sino de los vagones anterior y posterior al suyo. Joseph se había sentido tan feliz de haber conocido a Deborah que no se había preocupado de saber cuál era el apellido. La única referencia que tenía de ella era su número de teléfono.
Mi madre nunca recibió la llamada que esperaba. Mi padre la buscó en varias ocasiones en el Departamento de Inglés de la Universidad de Nueva York, pero nunca la encontró. El destino les había traicionado a los dos. Lo que aquella primera noche en el restaurante había parecido inevitable pasó a ser algo claramente imposible.
Aquel verano los dos se fueron a Europa. Mi madre fue a Inglaterra a hacer un curso de literatura en Oxford y mi padre se fue a pintar a París. A finales de julio, mi madre tenía un descanso de tres días en sus estudios y voló a París, decidida a absorber toda la cultura que pudiese durante aquellas setenta y dos horas. En el viaje se llevó un nuevo ejemplar de Grandes Esperanzas. Después de la triste historia con mi padre, no había tenido la fuerza de volver a leerlo, pero una vez en París y sentada en un restaurante abarrotado, después de un largo día de visitas turísticas, lo abrió por la primera página y empezó otra vez a pensar en él.
Al acabar de leer unas pocas frases, el mâitre interrumpió su lectura para preguntarle, primero en francés y después en un inglés macarrónico, si le importaría compartir su mesa. Mi madre dio su consentimiento y volvió a la lectura: enseguida oyó una voz conocida, que decía:
“Una vida trágica la del pobre Pip”, ella levantó la mirada y allí estaba él otra vez.”

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Agosto 13, 2020

LO MÁS VISTO ♣ Agosto 12, 2020

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Las noticias más leídas en PrisioneroEnArgentina.com. Las más comentadas, las más polémicas. De que está la gente hablando…

REINICIO Agosto 10, 2020 00.00 HORAS 
HORA DE CONTROL Agosto 12, 2020 23.23 HORAS

 


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Agosto 12, 2020


 

Los Pasaportes del Futuro

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En Casablanca (Michael Curtiz, 1942), los ex amantes Rick Blaine (Humphrey Bogart) e Ilsa Lund (Ingrid Bergman) se reencuentran en la ciudad portuaria marroquí donde han huido Ilsa y su marido, Victor Laszlo (Paul Henreid). La mayoría de la gente recuerda la película como una historia sobre el amor durante la guerra y, a primera vista, lo es: la pareja finalmente renuncia a su amor para ayudar a Laszlo, un líder de la resistencia checa, a contrarrestar los nazis. Pero toda la trama de la película, y, de hecho, la condición misma para el reencuentro de Ilsa y Rick, depende de algo mucho más mundano: la búsqueda de documentos de viaje por parte de Ilsa y Laszlo. Los papeles en sí no son mucho para mirar, solo dos hojas dobladas marcadas con la firma de un oficial, pero en la película, como en la vida real, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En la primera mitad del siglo XX, particularmente durante las guerras, muchos viajeros en Occidente necesitaban visas de salida que les otorgaran el derecho a salir de su país. Y durante la Segunda Guerra Mundial, Marruecos, que todavía era un protectorado francés cuando se desarrolla la película, se convirtió en una parada en el camino de los refugiados fuera de la Europa ocupada. Los migrantes viajaron “de París a Marsella a través del Mediterráneo a Orán, luego en tren, o en automóvil, oa pie, a través del borde de África hasta Casablanca”, explica el narrador de la película. Allí, sobornarían a un funcionario, comprarían papeles en el mercado negro o encontrarían alguna otra forma de obtener los documentos de salida y esperarían el próximo barco o avión hacia la libertad. “Los afortunados, a través del dinero, la influencia o la suerte, pueden obtener visas de salida y huir a Lisboa, y de Lisboa al Nuevo Mundo”, agrega el narrador en una escena temprana. “Pero los otros esperan en Casablanca … y esperan … y esperan … y esperan”. Rick’s Café es el local de ginebra donde estos personajes se congregaron, se compadecieron y languidecieron: una verdadera ONU de cócteles con champán y juegos de azar.

Casablanca tiene más de setenta y cinco años. Si se exhibiera hoy, seguramente sería criticada por su nacionalismo moralizador estadounidense, así como por celebrar el dominio colonial francés sin presentar un solo protagonista marroquí. Sin embargo, leída como una narrativa migratoria, Casablanca nos recuerda que los documentos de identificación que llevamos fueron creados no para darnos libertad sino para restringirla. El derecho a la movilidad no es otorgado por el individuo sino por el estado, y el acceso a ese derecho se dicta en gran medida según las líneas de clase. Los pobres, no deseados en el extranjero e incapaces de pagar las visas requeridas, los costos de tránsito e incluso la documentación básica, permanecen atrapados, mientras que los ricos pueden ir y venir cuando quieran. En 2016, un récord de 82.000 millonarios se trasladaron a un nuevo país gracias a las políticas de inmigración diseñadas para atraer a los ultrarricos, esencialmente mediante la venta de permisos de ciudadanía y residencia. Ese año también, políticos populistas de todo el mundo, desde Austria hasta Filipinas, se ganaron a un gran número de votantes prometiendo mantener fuera a la chusma.

Los pasaportes, en otras palabras, se inventaron no para permitirnos vagar libremente, sino para mantenernos en el lugar y bajo control. Representan las fronteras y los límites que los países trazan a su alrededor, y también las líneas que trazan alrededor de las personas. Este es el caso en tiempos de guerra y en paz. Si bien la mayoría de los países ya no solicitan las famosas visas de salida de Casablanca, lo único que lograron con su eliminación fue sacar un garrote del guante burocrático. A medida que las barreras que impiden la salida de la gente se caen, los bloqueos a su entrada se disparan. ¿Y de qué sirve marcharse si no tiene adónde ir?

Si el pasaporte sirvió como símbolo de pertenencia a una nación soberana y, para los más afortunados, como una forma de viajar fuera de ella, dentro de poco las líneas se trazarán alrededor de nuestros cuerpos, en lugar de nuestros países. A medida que los papeles impresos y las tecnologías analógicas están dando paso a intrincados escaneos que pueden identificarnos por los patrones en nuestros iris, la forma de nuestros rostros e incluso mapas de nuestras venas y arterias, ya no somos nuestros papeles; más bien, nuestros papeles se convierten en nosotros.

La paradoja del pasaporte es fácil de olvidar en Occidente, ya que los documentos de los países de América del Norte y Europa otorgan a los ciudadanos acceso sin visa, aunque sea temporalmente, a casi cualquier lugar al que quieran ir. No es sorprendente, entonces, que cuando se trata de vender automóviles, tarjetas de crédito e incluso planes de telefonía móvil, el término “pasaporte” se utilice como sustituto de “libertad”. Un alemán puede visitar 177 países sin visado; un estadounidense, 173; un afgano, solo veinticuatro.

La adopción y estandarización de documentos de viaje a escala internacional tiene tanto que ver con la tecnología como con la geopolítica. Hasta que hubiera formas de moverse rápidamente por tierra y mar, era más fácil mantener a la gente dentro con muros, fosos, cercas o coacción. Pero a medida que el transporte se aceleró y los países o imperios se volvieron más interconectados por el comercio y la guerra, también aumentaron los controles sobre el movimiento de personas. Es difícil saber exactamente quién era el primer titular del “pasaporte” y dónde se emitió su documento, pero según John Torpey, profesor de sociología e historia en el Centro de Graduados de CUNY y autor de La invención del pasaporte: vigilancia , Ciudadanía y Estado (2000), hay evidencia de que los primeros controles de identidad eran internos, es decir, dentro de un país, provincia o imperio. Bajo el feudalismo en Europa y Rusia, los siervos estaban ligados a las propiedades de sus amos; en la Prusia del siglo XVI, se emitió un edicto policial para evitar que los “vagabundos” obtuvieran “pases” para trasladarse a nuevos pueblos y ciudades. La capacidad de mudarse estaba, como siempre, ligada en gran medida al estatus socioeconómico de la persona, aunque se hicieron esfuerzos para mantener a los trabajadores más calificados (y sus impuestos) en casa. A un aristócrata con pies planos le resultaría mucho más fácil viajar que a un mendigo reclutado.

La institucionalización de los pasaportes por parte del estado se volvió significativa en la época de la Revolución Francesa. Torpey señala que los revolucionarios franceses se opusieron con vehemencia a un decreto de Luis XVI que prohibía a sus súbditos salir de Francia sin los documentos adecuados. Después de la revolución, debatieron si los hombres libres deberían tener algún pasaporte. Algunos estaban a favor de la medida, argumentando que era importante para la cohesión y la seguridad; otros insistieron en que “una revolución que comenzó con la destrucción de pasaportes debe asegurar una medida suficiente de libertad para viajar, incluso en situaciones de crisis”.

Prevalecieron los partidarios de los papeles. Durante los siguientes cien años, los imperios surgieron y cayeron, los ejércitos y las armadas fueron a la guerra, y el reclutamiento obligó a los jóvenes a registrarse para luchar, dejando un rastro de papel de identificación a su paso. Los guardias monitoreaban las fronteras y los puestos de control con prudencia para mantener alejados a los espías y enemigos extranjeros durante los períodos de conflicto; Las políticas de inmigración como la Ley de inmigración de los Estados Unidos de 1924 establecieron límites a la migración según el país de nacimiento del solicitante. A raíz de la Primera Guerra Mundial, burocracias supranacionales como la Liga de Naciones (más tarde, las Naciones Unidas) estandarizaron un régimen internacional de documentos de viaje, visas y permisos. El uso de estos documentos se desarrolló junto con el surgimiento del Estado-nación y el establecimiento de fronteras terrestres físicas y policiales cuya existencia damos por sentada hoy. En palabras de Torpey:

Con frecuencia, los estados modernos han negado a sus ciudadanos el derecho a viajar libremente al extranjero, y la capacidad de los estados de negar viajes sin trabas se ve afectada por el control de esos estados sobre la distribución de pasaportes y documentos relacionados, que se han convertido en requisitos previos esenciales para la admisión en muchos países.

A medida que las guerras trazaron y redibujaron las fronteras nacionales y las poblaciones fueron desplazadas, borradas e intercambiadas, los documentos llegaron a definir el lugar de una persona en el mundo. Los estados de nueva creación, como Austria, Hungría, Yugoslavia y Checoslovaquia, comenzaron a imprimir sus propios pasaportes únicos; se trataba de un ejercicio de construcción de la nación, una necesidad diplomática y una prueba de membresía de un ciudadano, todo en uno. Los ciudadanos de la ex Yugoslavia aún expresan nostalgia por sus viejos pasaportes rojos, con los que “se podía viajar a cualquier parte”, en palabras de un ex-autoestopista.

Pero no todo el mundo encaja perfectamente en estos nuevos mapas: atrapados en el medio estaban los apátridas, que no tenían país ni papeles, y exiliados o refugiados que huían de casa con los documentos equivocados. Casablanca presenta a una joven búlgara lista para cambiar el sexo por una visa; el novelista Vladimir Nabokov pagó un soborno (“administrado a la rata adecuada en la oficina adecuada”) para obtener una visa de salida para él y su esposa para venir a los Estados Unidos. Despojado de su ciudadanía rusa, viajó con un pasaporte de refugiado emitido por las Naciones Unidas. Lo odiaba, y escribió en sus memorias Speak, Memory que era un “documento muy inferior de un tono verde enfermizo”. Muchos otros no tuvieron tanta suerte.

Así como la tecnología contribuyó a la delimitación física del estado-nación con vallas, muros y puestos de control, también da forma a los documentos de identificación que las personas llevaban para mostrar al mundo a dónde pertenecían. Los recortes garabateados a mano con breves descripciones físicas evolucionaron a principios del siglo XX para incluir fotografías, huellas dactilares, alturas, cabello y colores de ojos. En el Reino Unido, familias enteras solían posar juntas; Los sombreros, accesorios y gafas de sol incluso se aceptaron en las imágenes hasta la década de 1920. Estados Unidos le dijo a la gente que dejara de sonreír para la cámara en la década de 1960; En la década de 1970, las fotografías en color sustituyeron a las en blanco y negro. Las falsificaciones y los favores también se volvieron algo más difíciles de lograr. Una cosa es comprarle un papel firmado a un funcionario corrupto (¿o es benévolo?) Que esté dispuesto a ayudarlo. Otra es hacerse pasar por alguien completamente diferente.

Hoy, se rumorea que los días del pasaporte están contados. Los ejecutivos de las aerolíneas y los funcionarios gubernamentales predicen que tan pronto como en 2022, los viajes internacionales serán “un proceso fluido, sin fichas”, libre de identificaciones o tarjetas de embarque, que se basará completamente en escaneos de iris y huellas digitales tomadas en una fracción de segundo y examinadas por una gigantesca base de datos de información al viajero. Con el surgimiento de estas tecnologías biométricas en el contexto de la guerra contra el terrorismo y el resurgimiento del nacionalismo étnico, estamos viendo muros (físicos, legales y retóricos) que se levantan a cada paso. Los muros físicos tienen una parte simbólica en la imaginación populista, dividiendo a los “nativos” de los “otros”, y los controles fronterizos reforzados, la vigilancia y la tecnología de rastreo crean fronteras tan concretas de las que los políticos pueden jactarse. Menos notadas son las líneas que se trazan alrededor de las personas, delineaciones que potencialmente las seguirán de por vida.

Cuanta más información se vincule de inmediato con nuestras huellas dactilares o iris, como dónde vivimos, cuál es nuestra ocupación, quiénes son nuestros padres, si dependemos de la asistencia social o si alguna vez hemos cometido un delito, más motivos hay para una tipo de segregación algorítmica. Gracias a tecnologías digitales duraderas como blockchain, los registros se volverán indelebles, para bien o para mal; nuestras historias podrían volver a perseguirnos décadas después del hecho de un arresto, una quiebra o una deportación. En Automating Inequality: How High-Tech Tools Profile, Police, and Punish the Poor (2018), la politóloga Virginia Eubanks escribe que la administración del bienestar basada en datos en los EE. UU. Terminó siendo un desastre porque las tecnologías que utilizó “no son neutrales . ” Más bien, argumenta, “están moldeados por el miedo de nuestra nación a la inseguridad económica y el odio a los pobres; a su vez, dan forma a la política y la experiencia de la pobreza ”. El “escrutinio electrónico invasivo” de los pobres pronto será el status quo para todos los estadounidenses, señala. Un objetivo obvio del seguimiento biométrico ya serán los sujetos de la “investigación extrema” prometida por Trump: extranjeros, refugiados e inmigrantes.

Cuando se anunció la primera de las prohibiciones de viaje de la administración actual en enero de 2017, la que separó a las familias, abandonó a los residentes durante mucho tiempo y sembró el caos en las terminales de los aeropuertos de todo el mundo, no estaba claro si las restricciones a los viajeros de nueve personas de mayoría musulmana Los países también se aplicarían a los ciudadanos con doble nacionalidad y a los residentes permanentes en los EE. UU. de esos países. Este grupo es una minoría privilegiada, sin duda, y de ninguna manera el más afectado de inmediato por la prohibición, pero planteó una pregunta fundamental: ¿Qué determina de dónde somos todos? ¿Es el color de nuestro pasaporte o el color de nuestra piel? ¿Es donde nacimos o donde hemos vivido principalmente? En términos menos abstractos, ¿sería un sueco iraní o un somalí francés para siempre simplemente iraní o somalí a los ojos de las agencias estadounidenses que controlan la inmigración y las fronteras?

Ya había algún precedente para la prohibición: en 2015, durante la administración de Obama, el Congreso había votado una ley que requería que cualquier persona con vínculos con un país considerado un “riesgo de seguridad” (como Irán, Irak, Siria o Sudán), independientemente de quiénes sean o dónde vivan, para obtener visas adicionales para venir a los EE. UU., en lugar de simplemente ingresar con sus otros pasaportes. La ley sigue en pie. La versión más extrema de Trump en líneas similares finalmente se redujo, después de todo, no afecta a la doble ciudadanía y enfrenta desafíos en los tribunales, pero insinuó que en el futuro, las fronteras en las que nacemos podrían ser imposibles escapar. Las aprobaciones de visa o entrada están determinadas actualmente por sellos de pasaporte, registros de entrada, ciudades de nacimiento divulgadas en algunas (pero no todas) las identificaciones nacionales. Con conjuntos de datos y tecnologías más robustos, habrá menos discreción: las denegaciones se producirían de forma natural.

Esto tiene consecuencias legales y políticas, pero también personales. La recopilación de información biográfica, biométrica, familiar e incluso genética crea legados digitales que son difíciles de deshacer. En China, un país que todavía requiere documentos para viajes internos, escáneres de iris, sensores de movimiento y otras tecnologías aparentemente siniestras monitorean constantemente a su minoría musulmana uigur. Los ciudadanos chinos generalmente son evaluados para visas, hipotecas, escuelas y empleo mediante puntajes de crédito social. Cuando los refugiados de hoy siguen el rastro de refugiados de Casablanca en sentido inverso y viajan desde África, a través del Mediterráneo y hacia Europa, las autoridades recopilan sus datos biométricos y siguen el protocolo de Dublín, según el cual el primer puerto de entrada de un migrante es donde debe solicitar asilo. Cada vez es más difícil desaparecer y empezar de nuevo. Hasta aquí la movilidad, ya sea física, económica o social.

Trazar fronteras alrededor de las personas podría darnos un mundo más ordenado y predecible. Pero a pesar de todos los beneficios prometidos de una experiencia de viaje sin fricciones, puede que no sea más humana. Los pasaportes bien podrían desaparecer en la próxima década, pero serán reemplazados por algo mucho más invasivo: una sombra digital que representa nuestros cuerpos, nuestras familias y nuestro pasado, siguiéndonos como pequeñas nubes de lluvia a todos lados.

 


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Agosto 12, 2020


 

LA SEXUALIDAD Y EL ALMA CONSTITUYEN UNA PAREJA EN UNIDAD…

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 Por CLAUDIO VALERIO

La historia de Shakti y Shiva es una historia de amor… Es la historia de la búsqueda del ser amado dentro de nuestro propio ser. El reencuentro con nuestra totalidad a partir de la unión de los opuestos. La historia cuenta el despertar de Shakti Kundalini, nuestra experiencia material, su ascensión y viaje por los chakras, vivenciándolos y dinarnizándolos hasta, por fin, encontrarse y unirse a su amado Señor Shiva, nuestra consciencia espiritual. Cuenta la tradición que, en la base de la columna vertebral, existe una energía dormida. Esa energía está representada bajo la forma de una serpiente enrollada en el hueso sacro. En su sueño, vivimos en un estado de adormecimiento, de ilusión, llamado Maya. En él quedamos prisioneros de los ciclos kármicos de causa y efecto, ya que, como apenas personajes, estamos totalmente inconscientes de nosotros mismos, como actores de nuestro verdadero papel en la vida… En este estado buscamos solo aquello que el mundo material nos ofrece. Nuestra felicidad está inevitablemente dependiendo de él. Corazones y mentes, alma y espíritu están esclavizados por las sensa­ciones materiales de placer y dolor y las conductas morales basadas en los conceptos del bien y del mal. La seguridad y la estabilidad valen más que la espontaneidad y la libertad. Vivimos prisioneros del pasado, inseguros ante el futuro, perplejos ante el presente y, sobre todo, llenos de miedo ante la sombra de la muerte, que nos persigue, paso a paso, como si fuese el fin de todo. A veces, de manera espontánea o incluso a través de un accidente, esa energía se despierta en seres más evolucionados. No obstante, existen diversas técnicas para su activación que van desde posturas y ejercicios respiratorios o el uso de cristales, hasta prácticas de magia sexual, reteniendo el orgasmo y transformándolo en combustible energético para la iluminación espiritual. Cuando despertamos nuestra serpiente, despertamos la propia energía femenina del espíritu, física, sexual, que es la base de toda la creación en el mundo material e, incluso, de la propia experiencia espiritual. Ese despertar, como en los cuentos de hadas, transforma esa terrible serpiente en una bella diosa, Shakti Kundalini, que asciende por la médula espinal, despertando y desposando a las divinidades que existen en cada chakra. Esos dioses activos significan el buen funcionamiento de los chakras, desbloqueados y armonizados por la propia energía Kundalini. Por fin, al llegar al sexto chakra, a la altura de la frente, entre las cejas, Shakti encuentra dormido a su eterno amado, el Señor Shiva, nuestra consciencia es­piritual. Entonces empieza a danzar para él, y el amor que emana de su danza lo despierta. Él se une a ella en esa danza y los dos, danzando y amándose, se funden en un solo ser, el andrógino, mitad masculino, mitad femenino, realizando así la Boda Mística, donde los opuestos se unen para volver nuevamente a la unidad, o sea, divinidad y humanidad, Cuerpo y Espíritu danzando unidos en un solo ser. Y para terminar la historia, este ser Shiva-Shakti, se transforma en pura luz y, como una espiral de energía, atraviesa el Portal de Brahma, el séptimo chakra en la coronilla, y desaparece en el Infinito, volviendo a la Luz Original. El gran fundamento de este cuento afirma que solo a través de la experiencia llegaremos a nuestra esencia… Solo a través de Shakti llegaremos realmente a Shiva. La energía vital, que corre por el interior de la médula espinal, es el detonante fundamental tanto para desbloquear como para equilibrar todos los chakras horizontales, así como también para encender la llama de la corona espiritual. Vemos, entonces, que se trata de un proceso: el despertar de la Kundalini y su viaje a través de los chakras, uno por uno, hasta llegar a su destino. No se pueden saltar etapas ni chakras. Se ha de experimentar cada peldaño de esa escalera de consciencia que es la columna vertebral. Comenzamos por la base, con el despertar de la energía vital, tomando consciencia del cuerpo y de sus sensaciones. A continuación abrirá el camino para el equilibrio entre lo emocional y lo racional. A partir de ahí abrirá las puertas del corazón y de la consciencia hasta unirse, al fin, a su esencia. No importa si la persona tiene X o Y chakras abiertos, y otros tantos cerrados; lo que importa es la corriente de energía vital uniendo todos los chakras por dentro de la columna vertebral. Entonces estarán armónicamente abiertos y equilibrados entre sí.
Muchas personas presentan un sexto chakra abierto, casi al fin del viaje. Sin embargo, no sirve de nada si tuviera, por ejemplo el primer chakra bloqueado. Toda su creatividad se va por el desagüe del pilón de la realidad. No existe capacidad para manifestarla de modo práctico y concreto en la vida. Otras pueden tener un cuarto chakra bien abierto, el amor en sus manos. Sin embargo, hasta el amor esclaviza si tuvieran, por ejemplo, un tercer chakra bloqueado. La voluntad personal queda sumergida ante las llamadas del sentimiento, y la persona no consigue decir No a nadie, sino a sí misma.

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires) recibe un cordial abrazo, y
mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en
todo; y derrame sobre ti,Salud, Amor, Paz, y mucha Prosperidad, .

Claudio Valerio

® Valerius

 


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Agosto 12, 2020


 

Cleopatra

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Evidenciada su claudicación ante Augusto, solo dos salidas posibles tenía Cleopatra a su alcance: la primera, acceder a su traslado a Roma y ser mostrada como una suerte de trofeo, una exhibición humillante en un paseo triunfal que celebraría al futuro prínceps (primero en el tiempo o en el orden; el primero, el principal, el más eminente, distinguido o noble; el primer hombre, primera persona) como conquistador de Egipto; la segunda, más definitiva todavía, era la muerte. Después de que las tropas romanas tomasen la ciudad de Alejandría en el año 30 a.C., la reina y amante de Marco Antonio se había recluido en su palacio, donde fue sometida a una estrecha vigilancia.

Si bien Augusto —en aquel entonces todavía conocido como Octaviano— le había asegurado que la mantendría con vida, Cleopatra temía ser exhibida como un triunfo en Roma. Por eso cuando sus sospechas comenzaron a tornarse en mucho más que un mero supuesto, la reina del Antiguo Egipto optó por el suicidio. Aquel suceso se registró en agosto del año 30 a.C., el día 12, pero las distintas versiones de las fuentes clásicas —y algunos estudios más recientes— difieren en cuanto al proceder.

Los soldados de Augusto, a quien había enviado una carta sellada en la que probablemente le narrase su decisión, hallaron el cuerpo de Cleopatra con dos ligeras punzadas en un brazo o en el pecho. Estas heridas, desde el principio, fueron interpretadas como la mordedura de un áspid, una culebra venenosa propia de Egipto. “Dícese que el áspid fue introducido en aquellos higos [una cesta] y tapado por encima con las hojas, porque así lo había mandado Cleopatra, para que sin que ella lo pensase le picase aquel reptil”, dice Plutarco en su obra Vidas paralelas, una de las fuentes antiguas.

El historiador griego también recoge otra posible versión de la picadura, que habría sido provocada por la propia Cleopatra al irritar a la serpiente con un alfiler de oro. Sin embargo, en aquella estancia, donde la reina estaba encerrada y acompañada de dos de sus sirvientas, jamás se encontraron signos del reptil. La historia y el arte siempre han representado a la también amante de Julio César siendo picada por el áspid.

“Pero nadie sabe la verdad de lo que pasó”, escribe al mismo tiempo Plutarco, quien da cabida a la historias que aseguran que Cleopatra optó por envenenarse, y no precisamente con una mordedura de una cobra. Esta fuente sugiere que la reina egipcia usó un instrumento, como una suerte de púa o navaja, para introducir el veneno en su cuerpo. Por otro lado, el romano Dion Casio habla de que Cleopatra se valió de una aguja para inyectarse la toxina y Estrabón menciona que habría tomado alguna pócima mortal.

Cleopatra murió a los 39 años, ya conocedora del destino de su amante Marco Antonio —con quien deseaba ser enterrada—: también el suicidio. Los sueños de ambos se habían derrumbado en apenas un año, cuando su flota fue derrotada en septiembre de 31 a.C. en Accio por la perspicacia militar de Marco Agripa, mano derecha de Augusto. Este último, a la postre, acabaría asesinando a Cesarión, hijo de la pareja.

Pero para algunos expertos, ese suicidio inducido por la picadura de un áspid no es más que un mito, un final ficticio para redondear la bonita leyenda de la mujer hermosa que impresionaba a todo aquel a su alrededor. Es decir, Cleopatra se murió como consecuencia de ingerir una pócima o brebaje venenoso. O al menos eso es lo que defiende el historiador alemán Christoph Schaefer.

Según su versión, y citando a Dion Casio, que escribía dos siglos después de los hechos en cuestión, el fallecimiento de la reina egipcia fue “sin dolor”, por lo que no es posible que la causa de la muerte fuese la picadura de un áspid, cuyos efectos son prolongados y dolorosos. Deduce, tras consultar a expertos en toxicología y en venenos de serpientes, que Cleopatra no habría recurrido a esta herramienta natural para quitarse la vida porque la mordedura de esta cobra no siempre resulta fatal.

En cambio, siempre según el estudio del experto alemán, hay constancia de la existencia de antiguos papiros que mencionan que los egipcios tenían conocimientos sobre los venenos —e incluso que Cleopatra llegaría a haber probado uno en una ocasión—. También sospechoso resulta el hecho de que, como mencionan todas las fuentes clásicas, la reina murió al mismo tiempo que sus dos acompañantes, por lo que es probable que hubiesen tomado a la vez la bebida venenosa, formada por opio, acónito y cicuta.

Cómo murió Cleopatra, mujer inteligente, instruida en diversas materias y polítglota, cuál fue la verdadera forma de suicidarse, es una de esas preguntas sobre las que la historia nunca podrá ofrecer una respuesta contundente y unánime. Quizás si algún día encuentran su tumba, este misterio pueda ser resuelto…

 


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Agosto 12, 2020


 

El “Doble Estándar” de la prensa argentina

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Rosario, domingo 9 de agosto de 2020

Sr. Héctor Schamis:

David REY

Tras haber leído su artículo titulado “Presunción de doble estándar” (Infobae), me siento impelido, primeramente, a agradecerle la claridad meridiana que comparte al lector (tan preocupado como) interesado en el tema de marras. Ante el avasallamiento de la confusión en todo orden – en gran medida instada desde los mismos medios de comunicación –, la mirada que propone respecto del caso colombiano resume en un aliciente para todos aquellos que, quizás ingenuamente, seguimos creyendo y apostando por un estilo de vida conforme a los valores de república, democracia, libertad y justicia – valga la redundancia – gracias a los cuales han sabido erigirse nuestras naciones. Dicho esto, no obstante, debo tomarme el atrevimiento de realizar una curiosa observación, acaso la misma de siempre toda vez que la prensa y la intelectualidad argentinas “ponen el grito en el Cielo” por las irregularidades de este orden que ocurren en toda América latina: ¿por qué han callado, entonces, respecto de las que han tenido lugar en Argentina y por las que injusta, inconstitucional e ilegalmente cumplen pena de prisión más de dos mil militares, policías y civiles argentinos en el marco de los mal llamados “Juicios de Lesa Humanidad”? El “doble estándar” que usted, con toda razón, señala en lo que al expresidente Uribe atañe es, en rigor de verdad, apenas una fracción de lo que miles de familias argentinas sufren desde hace más de diez años y que, por cierto, condiciona de manera pérfida el devenir institucional de nuestro país, y sin que prácticamente nadie “importante” hable de ello. Al doble estándar de la Justicia argentina respecto del tratamiento que ofrece a sus imputados podríamos añadirle, por ejemplo, que para perseguirlos y juzgarlos hubo que vulnerar cuanto estamento legal y jurisprudencial exista, desde violar la irretroactividad de las leyes a desoír el mismo dictamen de la absurdamente reivindicada justicia alfosinista, la cual determinó que en los años 70 hubo una guerra contrarrevolucionaria en nuestro país para finalmente condenar a sus responsables. El sesgo (más delincuencial que) ideológico que usted señala en la justicia colombiana aquí se produjo de manera más agravada aún, de tal modo que los integrantes de las organizaciones armadas son vistos y tratados exclusivamente como víctimas, ocupan lugares de poder y, por más disparatado que parezca, han cobrado sumas millonarios en concepto de “indemnizaciones”. Mientras que allá al expresidente Uribe se lo conmina de modo ilegal a un arresto domiciliario, aquí directamente “los viejos” han sido “tirados” sin ningún miramiento en penales cuya deplorable condición habla más mal de los “buenos” que de los malos, tras lo cual se les deniega en gran proporción y sistemáticamente el pedido de prisión domiciliaria ya sea tanto por cuestiones de edad como de salud. Oportuno es mencionar que el promedio de edad de los Presos Políticos Argentinos (como tengo el derecho de llamarlos) es de 70 años de edad. (Mientras escribo esto, me entero que la “justicia” argentina, casualmente, acaba de otorgarle justamente prisión domiciliaria a Sebastián Romero, el violento que estuvo prófugo durante tres años y que buscó la misma Interpol. Se la niegan a los viejos que no se podrían escapar ni al patio y se la dan a uno que verdaderamente constituye una amenaza para el país, y que se suma a los miles de violadores y asesinos que fueron liberados o enviados a sus casas con motivo de “la pandemia”. En cuanto a los procesos llevados a cabo, la cosa no es menos escabrosa, siempre que los mismos – sin exagerar – constituyen verdaderos “circos judiciales” donde se violan absolutamente todas las garantías constitucionales, desde el fotografiado escarnio público a la puesta en escena de falsos testimonios que sería largo detallar aquí; desde el completo ninguneo a los abogados defensores (muchos de ellos agredidos inclusive) a la coercitiva participación de organismos pretendidamente de “derechos humanos” que ofician como verdaderos barras bravas – aunque usted no lo haya visto en ningún lugar en el mundo – nada menos que durante las mismas audiencias. Para su información, señor Schamis, aquí no se cumple comúnmente con la debida imparcialidad con que deben estar investidos los jueces (incluso los hay que son familiares de desaparecidos; otros con demostrada participación en las organizaciones armadas de antaño, mientras que por su parte es dable observar que fiscales, acusadores y demás intervinientes componen una suerte de “club” de amigos a los que sólo les falta compartir “un asadito” antes o después de cada audiencia.

Llegado este punto, no podemos dejar de mencionar la alevosa aportación de la mayoría de los medios de comunicación argentinos, constituidos en verdaderos antros de propaganda setentista abocados exclusivamente ya sea a desinformar como a fogonear la injusticia imperante. A esta altura sería innecesario detallar el lugar que ocupa la política en toda esta historia. Por todo esto, Sr. Schamis, y disculpe esta licencia – fruto de años de hartazgo –, asombrarse de que al expresidente Uribe lo metan preso en base a las mencionadas felonías al mismo tiempo que se soslaya el mil veces más “florido” caso argentino, es como estar alerta por la peligrosidad de un alacrán mientras se duerme rodeado de serpientes venenosas. Desde ya, no desearía adjudicarle a usted el “doble estándar” que predomina en Argentina sobre la cuestión “militares” no sólo en nuestra justicia sino, también, en la adulterada consideración ciudadana. No tome a mal, sin embargo, esta observación ya que me habilita la honestidad intelectual con que usted formuló el artículo sobre Uribe, que confío que será la misma con la que aprecie estas palabras y que, más allá del pensamiento que tengamos respecto de los diversos actores en discusión, le lleve a sostener que la política de “al enemigo, ni justicia” solo ha servido para regar el mundo de odio, muerte y venganza, tal como hace años se ve en Argentina (sin que nadie chille) y como ahora empieza a verse con la figura del expresidente colombiano, injustamente arrestado. Si tiene la osadía, pues, de servirse del “ejemplo” argentino, le aseguro que podrá incluso adelantarse en el tiempo en futuros análisis sobre la situación en Colombia. Sin dejar de valorar el peso de su análisis, por último, sólo me resta decirle que el mismo – tras estudiarlo – sería aplicable en un 90% al caso argentino (acá es más grave todavía); sólo habría que cambiar las palabras “Uribe” y “FARC” por “militares” y “Montoneros” o “ERP”. Es – casi – la misma historia, con la diferencia de que Colombia cuenta felizmente con algo de prensa local, lo que posibilita la existencia de no poca prensa internacional, un factor no menor al momento de presionar por las garantías constitucionales y el respeto a las libertades individuales que cada día son más exiguas en Argentina. Como verá, el devenir de nuestro país se presenta cada día más tenebroso por lo que a cada hora se hacen más necesarios la voz y el compromiso de periodistas, intelectuales, pensadores y quién diablos sea que pueda adelantarse a la tormenta que se nos viene ACÁ antes que en cualquier otro lugar en el mundo. En fin, no se trata de ignorar lo que ocurre en otras partes ya que ahí tenemos un buen espejo en donde mirarnos; pero sí se trata de tener bien presente que, insalvablemente, la caridad bien entendida empieza por casa.

Con la pretenciosa esperanza de haber sido de utilidad, le agradezco el tiempo dispensado y lo saludo cálidamente.

 

NOTA: esta carta fue originalmente escrita para el autor de la editorial «Presunción de doble estándar», Héctor Schamis, publicada en Infobae. Tras agotar todas las instancias en aras de contactar al autor a fin de hacerle llegar mi mensaje y tras no haber recibido ninguna respuesta del medio donde se publicó, procedo a publicarla.

 

DAVID REY
Periodismo> para periodistas

 

COLABORACIÓN: Dr. Gonzalo Miño

 


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Agosto 12, 2020


 

EN ARGENTINA, REITERADO ATAQUE A LA PROPIEDAD PRIVADA

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   Por FRANCISCO BÉNARD

¡RESISTIREMOS!

La Constitución Nacional garantiza el derecho de propiedad de todos los ciudadanos argentinos o extranjeros en el ámbito nacional. La situación de los propietarios se ha visto amenazada por recientes actitudes del Gobierno Nacional en el famoso caso de la empresa Vicentin, exportadora de granos, que despertó la reacción popular no solamente de quienes viven en la Provincia de Santa Fe, asiento principal de esta, sino en todas las plazas del país.  Fue una clara advertencia al gobierno nacional que acá en Argentina no va a ocurrir el famoso “Exprópiese” que Chávez y Maduro practicaron durante años en la “admirada” Venezuela de Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Así seguiremos, millones de argentinos dispuestos a salir a las calles a defender la República pues es claro que la Constitución Nacional es de la bien llamada República Argentina ignorada por el gobierno kirchnerista. La presión política del pueblo fue tan fuerte que Alberto dejo librada el destino de la empresa a las decisiones propias del Poder Judicial donde la empresa negociaba con sus acreedores y desistió de su expropiación. Deseo también referirme a hechos de muchísima gravedad que están teniendo en el Conurbano Bonaerense en particular, donde el nivel de pobreza está llegando a límites impensados.  La cantidad de usurpaciones de terrenos privados en forma violenta es alarmante. Los usurpadores violentan la propiedad con “hachas”, si bien digo, con ese instrumento para cortar árboles y los verdaderos dueños, los que tienen que pagar los impuestos usan para defender lo suyo “sierras eléctricas” con la que les cortan la luz. Esto de por sí es de alta peligrosidad.  Los usurpadores rápidamente construyen sus casillas de madera y se instalan en forma definitiva. Las escenas que uno puede ver en los medios televisivos no las he visto ni en el África ni en los lugares más pobres de Centro-América. El derecho a la propiedad por estos lares no existe. Es una guerra de pobres contra pobres. Brutal guerra si tenemos en cuenta los medios utilizados. ¿Sierras eléctricas? vale la pena repetir para evaluar la gravedad de lo que acontece. De no ver estas imágenes nadie se lo puede imaginar, son métodos por demás violentos, todo agravado por esta pandemia virósica y el desempleo que llega hasta en zonas próximas a la Capital Bonaerense como es Berisso, por ejemplo.   La policía prácticamente no interviene ante esos peligrosos enfrentamientos. No podemos decir que en estos últimos casos prime el imperio de la ley y de los derechos constitucionales a la propiedad privada, prima la fuerza bruta y la violencia del más fuerte es la que termina imponiendo el derecho a la propiedad.  En el campo y ya en todo el país se ha generalizado la violación a los derechos de propiedad, y sin mayores reacciones condenatorias por parte del Gobierno Nacional. Así se movilizan de sujetos “resentidos sociales “que atacan los “silo-bolsas” que son propiedad privada (sirven para almacenar los granos) y que son una fuente importante de recursos financieros para el propio Estado. Estos delincuentes argumentan que aquellos tienen el objetivo de “especular con el precio del cereal) La propiedad en Argentina se ve así amenazada, pero son muchos los argentinos dispuestos a salir a las calles para garantizar la plena vigencia de la Carta Magna y evitar que ocurra también lo que paso en Venezuela donde se destruyó la economía del agro. Desde las redes sociales se está convocando al pueblo a salir a las calles el próximo 17 de agosto, día del Libertador General San Martin, llenar las plazas de todo el país y juntar no menos de un millón de personas en el famoso Obelisco ratificando la plena vigencia de la Constitución Nacional y obviamente la “inviolabilidad de la propiedad privada” La presencia en el Gobierno Nacional de Cristina Fernández de Kirchner ya con antecedentes de enfrentamiento con el campo por cierto “irrita” a muchísimos argentinos.

Francisco Benard

Abogado

 


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Agosto 12, 2020


 

La Peste que Faltaba

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La peste bubónica o peste negra es tristemente célebre por dejar sin vida a millones de personas en Europa durante la Edad Media. Hoy en día, mucha gente cree que la plaga ya no existe, pero ocasionalmente se encuentra en animales con pulgas que cargan la bacteria.

En la actualidad, las infecciones por esta plaga continúan ocurriendo. La mayoría de los casos humanos en Estados Unidos ocurren en las regiones del norte de Nuevo México, norte de Arizona, sur de Colorado, California, el sur de Oregón y el extremo oeste de Nevada, pero se producen muchos más casos en partes de África Asia y el Sur América.

En este caso, una ardilla es el centro de atención de los funcionarios de salud, pero podría haber más animales infectados con la plaga, por lo que piden precaución. La ardilla dio positivo en Morrison, Denver, y es el primer caso confirmado de peste en el condado de Jefferson este año. Los perros, gatos y ratas también pueden cargar pulgas infectadas.

Los antibióticos modernos son efectivos en el tratamiento de la peste. Sin un tratamiento rápido, la enfermedad puede causar enfermedades graves o la muerte.

La peste negra o bubónica se puede transmitir a los humanos u otros animales a través del contacto directo, incluidas las picaduras de pulgas infectadas.

La enfermedad causada por una bacteria llamada Yersinia pestis, causa síntomas de la peste en humanos que incluyen la aparición repentina de fiebre alta, escalofríos, dolor de cabeza, náuseas y dolor extremo e hinchazón de los ganglios linfáticos, que ocurren dentro de dos a siete días después de la exposición.

El riesgo de contraer peste es extremadamente bajo siempre que se tomen precauciones:

  • Reduzca el hábitat de roedores alrededor de su hogar, lugar de trabajo y áreas recreativas. Retire la maleza, las pilas de rocas, la basura, la leña desordenada y los posibles suministros de alimentos para roedores, como alimentos para mascotas y animales salvajes. Haga su hogar y dependencias a prueba de roedores.
  • Use guantes si está manipulando o desollando animales potencialmente infectados para evitar el contacto entre su piel y la bacteria de la peste. Póngase en contacto con su departamento de salud local si tiene preguntas sobre la eliminación de animales muertos.
  • Use repelente si cree que podría estar expuesto a las pulgas de roedores durante actividades como acampar, caminar o trabajar al aire libre.
  • Mantenga las pulgas fuera de sus mascotas mediante la aplicación de productos para el control de pulgas. Es más probable que los animales que deambulan libremente entren en contacto con pulgas o animales infectados con la peste y puedan llevarlos a sus hogares. Si su mascota se enferma, busque atención de un veterinario lo antes posible.No permita que los perros o gatos que deambulan libremente en áreas endémicas duerman en su cama.

La vacuna no está disponible en los Estados Unidos en este momento. Se están desarrollando nuevas vacunas contra la peste, pero no se espera que estén disponibles comercialmente en el futuro inmediato.

 


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Agosto 12, 2020


 

Alucinación

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Sentado sobre el teclado una fuerte alucinación me encierra en la nada. Como flotando  en un espacio velado y misterioso la imagen de un purpurado se me encima. Apenas puedo razonar ante el misterio y la sombra se desliza sobre un pergamino que revela: “Siempre hay gente con certezas firmes, convicciones profundas y las mantiene”. La figura que se acerca, es la de un noble Señor, al que escucho decir, soy “Mindszenty”. Prestamente mi visión se disgrega y se remonta a un lugar de Hungría. Una aldea de nombre  indescifrable como “Csehi-minszent”, me hace estremecer ante una magnánima silueta. Una augusta figura, como lámpara consagrada, me reclama rememorar su memoria. Como si me  impusiera  reivindicar valores en estos tiempos aciagos para la humanidad. Esa persuasión la puedo  interpretar como “viva” en el añoso papiro que se me desvela. Se llama  “József” me describe, nacido en 1892 y ordenado sacerdote en 1944.  El pliego añejo que se extiende y se eleva hacia el cielo, me  transparenta verdades de un hombre de fe, que hasta en su martirio no lo pudieron doblegar. Me exhorta a defender la Patria, cuando se avecina un sistema Intrínsecamente perverso.  Me señala que si  necesitamos reconstruir, lo hagamos con fervor patriótico, pero no solo en el mundo material sino también en nuestra vida interior. Que en estos tiempos de quiebra, y de pandemia los Diez Mandamientos continúan estando a salvo y con asombroso vigor. Que los eternos Decálogos deben ser piedras angulares de reconstrucción en cualquier sentido. Con mucha fuerza acentúa a los Sacerdotes  y a la Iglesia –como en Garabandal y Medjugorje – a perseverar sobre las verdades eternas, invariables y nunca alteradas por la moda. Que  una nación que reniega de su pasado, que lo olvida o lo desprecia, no merece ver el futuro. Que el pecado destruye a los pueblos y  la lucha del  patriota y del cristiano es la de salvar a su suelo y  la de vencer la impiedad. Que en esas tareas por Dios y por la patria  deben estar íntimamente unidas todas las naciones. Me apunta que “la verdad continua siendo verdad, incluso si pierde su voz”. Que  la “mentira continua siendo mentira incluso si millares la profesan, o la quieren imponer”. Me recuerda  el derecho de un pueblo a exigir y de apartarse de todo lo que estuviese en contradicción con los mandamientos divinos. Que la Iglesia no desaprueba ninguna de las formas más diversas de gobierno siempre que se expongan como las más  adecuadas para servir al bien de los ciudadanos. Llama a todos los pueblos a la oración con una enorme energía purificante de reparación. La sombra del sacerdote se agiganta y aparece nítida la figura del otrora gran cardenal. Es el  mismísimo arzobispo de Esztergom, primado de Hungría, el que tuvo que lidiar con los Nazis y socorrer a más de doscientos mil  Judíos refugiados. El que tuvo desde su fe y valentía irrefrenable que reparar no solo los daños de las bombas sino velar por la restauración de la religión y  las virtudes de la nación húngara. La visión se disipa por momentos y a su lado aparece una mano que sostiene el cartapacio sagrado. Es la palma del Papa Pio XII que lo consagró Obispo. Todos sabemos que dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es de Cesar es una de las más conocidas lecciones de Nuestro Señor Jesucristo. Pero hombres y acciones como  la del cardenal es lo que necesita el Mundo en esta actualidad tan tremenda. Hombres de fe que pueden estar equivocados, pero aún en el caso de equivocarse no dejan de causar admiración con el denuedo con que defienden las verdades de las que están persuadidos. ¿Serán obstinados, tercos?, quizás… Pero enormemente admirables. Por eso  recobrado en  mi postura natural, desde mi computadora a Tata Dios en oración le digo: “Señor, no te adivino. Te conozco. Te entiendo. Te sé amigo y cercano. Cercano como un Hombre…¡El mar de mi poesía está pidiendo con su grito de luces, la vela de tu nombre. Protege Señor al mundo. Preserva al orbe, Cuida a  mi País “Argentina” de este virus feroz, que  solamente tú puedes.

                                                          Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

                                                            jorgeloboaragon@gmail.com

 


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Agosto 12, 2020


 

EL RÍO

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  Por Flannery O’Connor

El niño estaba triste y lánguido en medio de la oscura sala de estar, mientras su padre le ponía un abrigo de cuadros escoceses. Aunque todavía no había sacado la mano derecha por la manga, su padre le abrochó el abrigo y le empujó hacia una pálida mano con pecas que lo esperaba en la puerta medio abierta.

—No está bien arreglado —dijo en voz alta alguien en el vestíbulo.

—Bueno, entonces, por el amor de Dios, arréglelo —dijo el padre—. Son las seis de la mañana.

Estaba en bata de dormir y descalzo. Cuando llevó al niño a la puerta e intentó cerrarla, un esqueleto pecoso con un abrigo largo verde y un sombrero de fieltro le dijo:

—¿Y el billete del niño y el mío? Tendremos que tomar el tranvía dos veces —dijo ella.

Él fue otra vez al dormitorio a traer dinero y, cuando volvió, el chico y ella estaban en mitad de la habitación. Ella estaba mirándolo todo.

—Si tuviera que venir alguna vez a quedarme contigo, no soportaría el olor de esas colillas mucho rato —dijo sacudiendo el abrigo del chico.

—Aquí tiene el dinero —dijo el padre.

Se dirigió hacia la puerta, la abrió del todo y se quedó allí esperando.

Después de contar el dinero, se lo metió en algún sitio del abrigo y se acercó a una acuarela que estaba colgada cerca del tocadiscos.

—Sé la hora que es —dijo ella mirando las líneas negras que cruzaban manchas de colores violentos—. Tengo que saberlo. Mi turno empieza a las diez de la noche y no acaba hasta las cinco de la mañana y tardo una hora en venir en el tranvía hasta la calle Vine.

—Oh, ya veo —dijo él—. Bueno, lo esperamos de vuelta esta noche, ¿sobre las ocho o las nueve?

—Quizás más tarde —dijo ella—. Vamos a ir al río a una curación. Este predicador no viene por aquí a menudo. Yo no hubiera pagado por esto —dijo señalando con la cabeza el cuadro—. Yo misma podría haberlo pintado.

—De acuerdo, señora Connin. La veremos luego —dijo dando unos golpecitos en la puerta.

Una voz apagada dijo desde el dormitorio:

—Tráeme una bolsa de hielo.

—¡Qué pena que la mamá esté enferma! —dijo la señora Connin—. ¿Qué le pasa?

—No lo sabemos —contestó él en voz baja.

—Le pediremos al predicador que rece por ella. Ha curado a mucha gente. El Reverendo Bevel Summers. Quizás ella debiera verlo algún día.

—Tal vez —dijo él—. Hasta esta noche.

Y se metió en el dormitorio y dejó que se marcharan ellos solos.

El niño pequeño la miró en silencio, con la nariz y los ojos húmedos. Tenía cuatro o cinco años. Su cara era alargada, con la barbilla prominente y los ojos, medio cerrados; estaban a gran distancia uno del otro. Parecía mudo y paciente, como una oveja vieja que espera que la saquen.

—Te gustará este predicador —dijo ella—, el Reverendo Bevel Summers. Tienes que oírlo cantar.

La puerta del dormitorio se abrió de pronto y el padre asomó la cabeza y dijo:

—Adiós, chico. ¡Que te diviertas!

—Adiós —dijo el niño pequeño, y saltó como si le hubieran disparado.

La señora Connin le echó otra mirada a la acuarela. Luego salieron al vestíbulo y llamaron al ascensor.

—Yo misma podría haberlo pintado —dijo ella.

Fuera, la mañana gris estaba bloqueada a ambos lados por los edificios vacíos y oscuros.

—El día va a aclarar más tarde dijo ella—. Ésta es la última vez que podremos tener una predicación en el río este año. Límpiate la nariz, cariño.

El niño empezó a restregarse la nariz con la manga, pero ella lo detuvo.

—Eso no está bien —le dijo—. ¿Dónde tienes el pañuelo?

El chico se metió las manos en los bolsillos y fingió buscarlo mientras que ella esperaba.

—Algunas personas no se preocupan de cómo te mandan a la calle —murmuró a su propia imagen que se reflejaba en el espejo de la ventana de una cafetería.

Se sacó del bolsillo un pañuelo de flores rojas y azules, se inclinó y empezó a limpiarle la nariz.

—Ahora sopla —dijo.

Y el niño sopló.

—Te lo dejo prestado. Guárdatelo en el bolsillo.

El chico lo dobló y lo guardó en su bolsillo cuidadosamente. Caminaron hasta la esquina y se apoyaron en la pared de una farmacia para esperar el tranvía. La señora Connin se subió el cuello del abrigo, de manera que rozaba con la parte de atrás de su sombrero. Sus párpados empezaron a bajar y parecía que se podía quedar dormida contra la pared. El niño pequeño le apretó un poco la mano.

—¿Cómo te llamas? —preguntó ella con voz soñolienta—. Sólo sé tu apellido. Tenía que haber preguntado cómo te llamas.

El chico se llamaba Harry Ashfield y nunca antes se le había ocurrido cambiarse el nombre.

—Bevel —dijo.

La señora Connin se separó de la pared.

—¡Qué coincidencia! —dijo—. ¡Ya te he dicho que así es como se llama también ese predicador!

—Bevel —repitió el chico.

Se quedó mirando al niño como si se hubiera convertido en una maravilla para ella.

—Ya verás cuando te lo presente —dijo—. No es un predicador normal. Es un curandero. Sin embargo, no pudo hacer nada por el señor Connin. El señor Connin no tenía fe, pero dijo que por una vez iba a probar cualquier cosa. Tenía retortijones en la barriga.

El tranvía apareció como un punto amarillo al final de la calle desierta.

—Ahora está en el hospital —dijo ella—. Le han quitado un tercio del estómago. Yo le digo que le tiene que dar gracias a Jesús por lo que le han dejado, pero él dice que no le tiene que dar gracias a nadie. ¡Dios mío! —murmuró ella—. ¡Bevel!

Se acercaron a las vías del tranvía.

—¿Me curará? —preguntó el niño.

—¿Qué te ocurre?

—Tengo hambre.

—¿No has desayunado?

—No tuve tiempo de tener hambre —dijo el chico.

—Bueno, cuando lleguemos a casa nos tomaremos algo los dos —dijo ella—.

Yo también tengo hambre.

Se montaron en el tranvía y se sentaron unos pocos asientos detrás del conductor. La señora Connin puso a Bevel sobre sus rodillas.

—Ahora sé un buen chico y déjame dormir un poco. No te muevas de aquí.

Echó la cabeza hacia atrás y, mientras el niño la miraba, fue cerrando gradualmente los ojos y abriendo la boca. Se le veían unos pocos dientes largos y dispersos, algunos de oro y otros más oscuros que su cara; empezó a silbar y a soplar como un esqueleto musical. No había nadie más en el tranvía, sólo ellos y el conductor, y, cuando el niño vio que ella estaba dormida, sacó el pañuelo de flores, lo desdobló y lo examinó cuidadosamente. Luego lo volvió a doblar, se desabrochó una cremallera del forro del abrigo y lo escondió allí. Poco después se quedó dormido.

Su casa estaba a unos ochocientos metros de donde los dejaba el tranvía, un poco detrás de la carretera. La casa era de cartón alquitranado, con un porche delante y el tejado de chapa. En el porche había tres niños pequeños de distinta estatura con las mismas caras pecosas y una niña alta, que tenía en el pelo tantos rulos de aluminio, que su cabeza brillaba como el tejado. Los tres niños los siguieron dentro y rodearon a Bevel. Lo miraban en silencio, sin sonreír.

—Éste es Bevel —dijo la señora Connin quitándose el abrigo—. Es una casualidad que se llame igual que el predicador. Estos niños son J. C., Spivey y Sinclair, y la chica del porche es Sarah Mildred. Quítate el abrigo y cuélgalo en la perilla de la cama, Bevel.

Los tres chicos lo miraban mientras el niño se desabrochaba el abrigo y se lo quitaba. Observaron cómo lo colgaba en la perrilla de la cama y luego se quedaron mirando el abrigo. Dieron la vuelta bruscamente, salieron por la puerta y tuvieron una reunión en el porche.

Bevel echó una mirada a la habitación. Era parte cocina y parte dormitorio. La casa tenía dos habitaciones y dos porches. Cerca de su pie, el rabo de un perro de color claro se movía arriba y abajo entre dos tablas del suelo, mientras se rascaba la espalda con la pared. Bevel saltó sobre él, pero el perro tenía experiencia. Y se retiró antes de que los pies del niño lo pudieran alcanzar.

Las paredes estaban llenas de fotografías y de almanaques. Había dos fotografías redondas de un hombre y una mujer viejos, con las bocas caídas, y otra fotografía de un hombre cuyas cejas eran dos matas de pelo enormes que se juntaban encima del caballete de su nariz; el resto de la cara sobresalía como un acantilado desnudo del que uno podía caerse.

—Ése es el señor Connin —dijo la señora Connin apartándose un momento de la hornilla para mirar su cara con él—. Pero no está muy favorecido.

Bevel se apartó del señor Connin para mirar una fotografía en color que había encima de la cama de un hombre que llevaba puesta una sábana blanca. Tenía el pelo largo y un círculo de oro alrededor de la cabeza. Estaba serrando una tabla mientras algunos niños lo miraban. Iba a preguntar quién era, cuando los tres niños entraron otra vez y le hicieron una señal para que los siguiera. Pensó arrastrarse debajo de la cama y agarrarse a una de las patas, pero los tres niños permanecían allí esperando, pecosos y callados, y un momento después los siguió a cierta distancia fuera, al porche, y luego a los alrededores de la casa. Empezaron a andar por un campo amarillo de maleza hasta que llegaron a la pocilga, un cuadrado de tablas de alrededor de un metro y medio, lleno de cochinitos, donde tenían la intención de meterlo. Cuando llegaron allí, se dieron la vuelta y lo esperaron en silencio, apoyándose en la valla de la pocilga.

Venía muy despacio, chocando deliberadamente los pies como si tuviera problemas para andar. Una vez le pegaron en el parque unos chicos desconocidos cuando su niñera se olvidó de él, pero no sabía que le iba a pasar algo esta vez, hasta que no terminó todo. Empezó a percibir un fuerte olor a basura y a oír los ruidos de un animal salvaje. Se paró cerca de la pocilga y esperó, pálido pero obstinado.

Los tres chicos no se movieron. Parecía que les había pasado algo. Miraban por encima de su cabeza como si estuvieran viendo venir algo detrás de él, pero el niño tuvo miedo de volver la cabeza. Las caras pecosas de los chicos estaban pálidas y sus ojos estaban inmóviles y grises, como vidrio. Sólo sus orejas se movían un poco nerviosamente. No pasó nada. Finalmente, el chico que estaba en medio dijo:

—Nos podría haber matado.

Y se dio la vuelta, abatido y destrozado, y se sentó en las tablas de la pocilga, con las piernas colgándole y mirando al interior.

Bevel se sentó en el suelo, aturdido pero con alivio, y les sonreía a los chicos.

El que estaba sentado en la pocilga lo miró severamente.

—¡Eh, tú! —dijo al momento—. Si no quieres subir a ver estos cerdos puedes levantar esa tabla de abajo y mirarlos por ahí.

Parecía que al decirle eso le estaba haciendo un favor al niño.

Bevel no había visto nunca un cerdo de verdad, pero los había visto en un libro y sabía que eran animales pequeños y gordos de color rosa, con rabitos rizados, las caras redondas y sonrientes y corbatas de lazo.

Se inclinó hacia delante y tiró de la tabla impacientemente.

—Tira más fuerte —dijo el niño más pequeño—. Está podrida. Sólo tienes que quitar ese clavo.

Arrancó un clavo largo y rojizo de la madera blanda.

—Ahora puedes levantar la tabla y meter la cara en… —empezó a decir una voz tranquila.

Ya lo había hecho, y otra cara gris, húmeda y poco afable le estaba empujando. Lo derribó y arremetió contra él mientras arrastraba la cara bajo la tabla. Le dio un bufido y volvió a embestirlo de nuevo haciendo que rodara. Lo empujó por detrás enviándole hacia delante y él comenzó a correr chillando por el campo amarillo, mientras el animal le seguía.

Los tres Connin observaban lo que estaba ocurriendo sin hacer nada. El que estaba sentado en la pocilga colocó con el pie que le colgaba el tablón en su sitio. No desapareció de sus caras la expresión severa que tenían, pero se suavizaron un poco, como si parte de su maligna necesidad se hubiera visto satisfecha.

—A mamá no le va a gustar que el cerdo se haya escapado —dijo el niño más pequeño.

La señora Connin estaba en el porche de detrás de la casa y cogió a Bevel en brazos cuando llegó a las escaleras. El cerdo corrió bajo la casa y se calmó, aunque seguía jadeando. El niño gritó durante cinco minutos. Cuando por fin se calmó, ella le dio el desayuno y dejó que se sentara en sus rodillas mientras se lo comía. El cerdo subió los dos escalones del porche trasero y se quedó fuera, mirando el interior, con la cabeza gacha y hosca, a través de la puerta de tela metálica. Tenía las patas largas y joroba y le faltaba un pedazo de oreja.

—¡Fuera de aquí! —gritó la señora Connin—. Ese cerdo se parece al señor Paradise, el dueño de la gasolinera —dijo—. Lo verás hoy en la curación. Tiene un cáncer en la oreja y siempre va allí para mostrar que no le han curado.

El cerdo se quedó mirando un rato más y luego se fue lentamente.

—No quiero verle —dijo Bevel.

Caminaron hacia el río. La señora Connin iba delante con él, los tres chicos detrás, y Sarah Mildred, la chica alta, detrás de todos para gritar si alguno de ellos se salía a la carretera. Parecían el esqueleto de un viejo barco con dos puntas puntiagudas, navegando lentamente por la orilla. El blanco sol del domingo les seguía a cierta distancia, subiendo rápidamente a través de una espuma de nube gris como si quisiera adelantarlos. Bevel caminaba en el lado de fuera, agarrado de la mano de la señora Connin y mirando un barranco naranja y violeta que bajaba del pavimento.

Se le ocurrió que había tenido suerte esta vez de haber encontrado a la señora Connin, que lo iba a sacar a pasar el día fuera en vez de hacer lo que hacían las niñeras normales, que sólo se sientan en tu casa o te llevan al parque. Se descubren más cosas cuando sale uno de su casa. Había descubierto esa mañana que lo había creado un carpintero que se llamaba Jesucristo. Antes, siempre había pensado que había sido un médico que se llamaba Sladewall, un hombre gordo con bigote amarillo que le ponía inyecciones y que se creía que se llamaba Herbert, pero esto debía ser una broma. Solían bromear mucho donde él vivía. Si hubiera pensado en eso antes, hubiera creído que Jesucristo era una palabra como “oh”, o “maldito”, o “Dios”, o quizás alguien que les había engañado en alguna ocasión. Cuando le preguntó a la señora Connin que quién era el hombre de la sábana blanca del cuadro que había encima de la cama, ella lo miró un rato con la boca abierta. Luego dijo:

—Es Jesús.

Y se quedó contemplándolo.

Después se levantó y cogió un libro de la otra habitación.

—Mira aquí —dijo abriendo el libro por la primera página—. Era de mi bisabuela. No me desharía de él por nada en el mundo.

Puso el dedo debajo de unas letras marrones de la página manchada.

—Emma Stevens Oakley, 1832 —dijo—. ¿No es algo que merece la pena conservar? Y todas las palabras son la verdad del evangelio.

Pasó una página y le leyó el título: “La Vida de Jesucristo para Niños Menores de Doce Años”. Luego le leyó el libro entero.

Era un libro pequeño, marrón claro por fuera y con los filos de oro, y con un olor como a masilla vieja. Estaba todo lleno de dibujos, uno era del carpintero haciendo salir una piara de cerdos de un hombre. Eran cerdos reales, grises y con apariencia poco afable, y la señora Connin dijo que Jesús los había sacado todos de ese hombre. Cuando ella acabó de leer, lo dejó que se sentara en el suelo para ver los dibujos otra vez.

Justo antes de irse a las curaciones, el niño se las había arreglado para meterse el libro dentro del forro del abrigo sin que ella lo viera. Esto hacía que el abrigo le colgara más de un lado que del otro. El niño iba distraído y tranquilo mientras caminaban y se salieron de la carretera para meterse en un largo camino sinuoso de arcilla roja que iba entre hileras de madreselvas.

Empezó a dar saltitos locos y a tirar de la mano de la señora, como si quisiera irse corriendo y agarrar el sol, que iba delante de ellos en ese momento.

Caminaron por el camino de tierra un rato, luego atravesaron un campo cubierto de hierbajos violetas y se adentraron en las sombras de un bosque donde la tierra estaba cubierta de gruesas agujas de pino. El niño nunca había estado antes en un bosque y caminaba con cuidado, mirando a un lado y a otro como si estuvieran entrando en un país extraño. Caminaron por un camino de herradura que se torcía cuesta abajo a través de hojas rojas que crujían, y una vez, cuando se agarró a una rama para no resbalarse, vio dos ojos helados de color verde dorado encerrados en la oscuridad del agujero de un árbol. Al pie de la colina, el bosque se abría de pronto y había un prado salpicado aquí y allí de vacas blancas y negras, y al final del prado, a un nivel un poco más bajo, había un río ancho y naranja, donde el reflejo del sol parecía un diamante.

Había mucha gente de pie en la orilla cantando. Detrás de ellos había mesas largas, y unos pocos coches y camiones estaban en el camino que llevaba al río. Cruzaron el prado rápidamente, porque la señora Connin, que usaba la mano para protegerse los ojos del sol, había visto al predicador en el agua. Dejó su cesta encima de una de las mesas y empujó a los tres chicos hacia delante, donde estaba la gente, para que no se quedaran cerca de la comida. Llevaba a Bevel de la mano y se fue abriendo paso.

El predicador estaba de pie, a unos tres metros de la orilla, donde el agua le llegaba por las rodillas. Era un joven alto y llevaba puestos unos pantalones color caqui, arremangados un poco por encima del nivel del agua. Vestía también una camisa azul y una bufanda roja alrededor del cuello, pero no llevaba sombrero, y tenía el pelo claro y cortado con patillas, que se curvaban sobre sus hundidas mejillas. Su cara era todo hueso y tenía un color rojizo del reflejo del río. Parecía tener diecinueve años. Cantaba con una voz alta y gangosa, que sobresalía de la de todos los que estaban en la orilla, y tenía las manos en la espalda y la cabeza echada hacia atrás.

Acabó el himno con una nota alta y permaneció en silencio, mirando el agua y moviendo los pies. Luego miró hacia la gente que estaba en la orilla. Ellos estaban muy juntos, esperando; sus caras tenían una expresión solemne, pero expectante, y todos los ojos estaban fijos en él. Volvió a mover los pies.

—Quizá sepa por qué han venido —dijo con su voz gangosa—, o quizá no. Si no han venido por Jesús, no vengan por mí. Si sólo vienen para ver si pueden dejar vuestro dolor en el río, no habéis venido por Jesús. No pueden dejar vuestro dolor en el río. Yo nunca le he dicho eso a nadie.

Paró un momento y se miró las rodillas.

—¡Yo le vi curar a una mujer una vez! —gritó de pronto una voz alta entre la gente—. ¡Vi a esa mujer levantarse y andar derecha por donde antes cojeaba!

El predicador levantó un pie y luego el otro. Dio la impresión de que iba a sonreír pero no llegó a hacerlo.

—¡Escuchen lo que tengo que decir! No hay nada más que un río, y ese es el Río de la Vida, hecho de la Sangre de Jesús. En ése es en el río que tienen que sumergir vuestro dolor, en el Río de la Fe, en el Río de la Vida, en el Río del Amor, en el rico y rojo río de la Sangre de Jesús.

Su voz se hizo dulce y musical.

—Todos los ríos vienen de aquel único Río y desembocan en él como si fuera el mar y, si creen, pueden sumergir vuestro dolor en ese Río y librarse de él, porque ése es el Río que fue hecho para llevarse el pecado. Es un Río lleno de dolor, dolor en sí mismo, que se mueve hacia el Reino de Cristo para ser lavado, lento, lentamente como este viejo río de aguas rojas de aquí se mueve alrededor de mis pies.

—Escuchen —cantó—, ¡leo en Marcos sobre un hombre impuro!, ¡leo en Lucas acerca de un hombre ciego!, ¡leo en Juan sobre un hombre muerto! ¡Escuchen! La misma sangre que hace a este Río rojo limpió al leproso, hizo que aquel hombre ciego viera y que aquel hombre muerto saltara. Ustedes los que tienen aflicción —gritó—, sumergidla en ese Río de Sangre, sumergidla en ese Río de Dolor, y vean cómo se mueve hacia el Reino de Cristo.

Mientras predicaba, los ojos de Bevel siguieron soñolientos los lentos círculos que hacían dos pájaros silenciosos dando vueltas muy alto en el cielo. Al otro lado del río había un bosquecillo de salsifíes rojo y dorado, y detrás había colinas con árboles color azul oscuro donde, de vez en cuando, se veía algún pino sobresaliendo en el horizonte. Detrás, a lo lejos, la ciudad se alzaba como un conjunto de verrugas en la falda de la montaña. Los pájaros fueron bajando dando vueltas y se posaron en la cima del pino más alto, y se sentaron con la cabeza metida entre los hombros como si estuvieran sujetando el cielo.

—Si es en este Río de Vida donde quieren sumergir vuestro dolor, entonces acérquense —dijo el predicador— y sumerjan aquí sus dolores. Pero no piensen que éste es el final, porque este viejo río rojo no acaba aquí. Este viejo río rojo de sufrimiento continúa lentamente hasta el Reino de Cristo. Este viejo río rojo es bueno para bautizarse en él, bueno para sumergir en él vuestra fe, bueno para sumergir en él vuestro dolor. Pero lo que les salva no es esta agua turbia de aquí. He recorrido este río de arriba abajo esta semana. El martes estuve en el lago de la Fortuna, al día siguiente en Ideal, el viernes mi esposa y yo fuimos a Lulawillow, a ver allí a un hombre enfermo. Y esa gente no ha visto curaciones —dijo, y su cara se enrojeció por un momento—. Nunca dije que las verían.

Mientras hablaba, una figura agitada había empezado a avanzar hacia delante con un movimiento como de mariposa. Era una mujer anciana que agitaba los brazos y cuya cabeza se tambaleaba como si se fuera a caer en cualquier momento. Consiguió agacharse en la orilla del río, y dejó que los brazos se agitaran en el agua. Luego se inclinó más y metió también la cara en el agua. Finalmente se levantó mojada; y, todavía agitando los brazos, se dio la vuelta una o dos veces haciendo un círculo ciego hasta que alguien alargó la mano y la llevó de nuevo al grupo.

—Esta mujer está así desde hace trece años —gritó una voz bronca—. Pasen el sombrero y denle el dinero a ese chico. Para eso es para lo que ha venido.

El grito, dirigido al chico del río, venía de un enorme hombre anciano que, sentado sobre el parachoques de un antiguo y largo coche gris, parecía un montecillo de piedra. Llevaba puesto un sombrero gris, que estaba torcido cubriéndole una oreja y por encima de la otra, para mostrar una protuberancia de color morado en su sien izquierda. Estaba sentado inclinado hacia delante, con las manos colgándole entre las rodillas y con sus pequeños ojos medio cerrados.

Bevel lo miró una vez y luego se metió entre los pliegues del abrigo de la señora Connin y se escondió allí.

El chico del río echó una rápida ojeada al viejo y levantó el puño.

—¡Crean en Jesús o en el demonio! —gritó—. ¡Den testimonio de uno o de otro!

—Sé por experiencia propia —dijo una voz misteriosa de mujer—, que el predicador puede curar. ¡Ha abierto mis ojos! ¡Yo doy testimonio de Jesús!

El predicador levantó los brazos rápidamente y empezó a repetir todo lo que había dicho sobre el Río y el Reino de Cristo, y el viejo que estaba sentado sobre el parachoques lo miraba fijamente de reojo. De vez en cuando, Bevel miraba de nuevo al viejo desde detrás de la señora Connin.

Un hombre que llevaba puesto un mono de trabajo y un abrigo marrón se inclinó hacia delante, metió la mano en el agua rápidamente, la agitó y retrocedió. Una mujer llevó a un bebé a la orilla y le salpicó agua en los pies. Un hombre se alejó un poco, se sentó, se quitó los zapatos y se metió en el río; se quedó allí unos minutos con la cabeza inclinada hacia atrás todo lo que podía. Luego salió del agua y se volvió a poner los zapatos. Mientras tanto el predicador cantaba como si no se diera cuenta de lo que pasaba.

Tan pronto como dejó de cantar, la señora Connin cogió al niño en brazos y dijo:

—Escuche, predicador, tengo aquí un chico de la ciudad al que estoy cuidando. Su madre está enferma y quiere que rece por ella. Y, vaya casualidad, ¡se llama Bevel! ¡Bevel! —dijo volviéndose a mirar a la gente que tenía detrás de ella—. Lo mismo que él. ¿No es una casualidad?

Hubo algunos murmullos y Bevel se dio la vuelta y sonrió sobre los hombros de la señora a las caras que lo estaban mirando.

—¡Bevel! —dijo el niño con una voz alta y desenvuelta.

—Escucha —dijo la señora Connin—, ¿te han bautizado, Bevel?

El niño sólo sonrió.

—Sospecho que no lo han bautizado —dijo la señora Connin levantándole las cejas al predicador.

—Tráigalo aquí —dijo el predicador.

Y dio un paso adelante y lo cogió. Lo sentó sobre su brazo y miró la cara sonriente del niño. Bevel puso los ojos en blanco de una forma muy cómica y echó la cara hacia delante, acercando su cara a la del predicador.

—Me llamo Bevvvuuuuul —dijo con una voz fuerte y profunda, y dejó que la punta de la lengua se deslizara por su boca.

El predicador no sonrió. Su cara huesuda era rígida, y en sus pequeños ojos grises se reflejaba el casi incoloro cielo. El viejo que estaba sentado en el parachoques del coche se rió ruidosamente y Bevel se agarró a la parte de atrás del cuello del predicador y lo sujetó con fuerza. La sonrisa había desaparecido ya de su cara. Tuvo la repentina sensación de que eso no era una broma. Donde él vivía todo era una broma. Dedujo inmediatamente de la cara del predicador que nada de lo que el predicador decía o hacía lo era.

—Mi madre me puso ese nombre —dijo rápidamente.

—¿Te han bautizado? —preguntó el predicador.

—¿Qué es eso? —murmuró el niño.

—Si yo te bautizo —dijo el predicador—, podrás ir al Reino de Cristo. Serás lavado en el río del sufrimiento, hijo, y podrás caminar por el profundo río de la vida. ¿Quieres eso?

—Sí —dijo el niño, y pensó que entonces no tendría que volver al apartamento y que iría por el río.

—Ya no volverás a ser el mismo —dijo el predicador—. Se te tendrá en cuenta.

Luego volvió la cara hacia la gente y empezó a rezar, y Bevel miraba sobre sus hombros los pedazos de sol blancos que estaban dispersos por el río. De repente, el predicador dijo:

—De acuerdo, te voy a bautizar ahora mismo.

Y sin más aviso lo agarró fuerte, le dio la vuelta y le metió la cabeza en el agua. Lo mantuvo bajo el agua mientras pronunciaba las palabras del bautismo y luego lo sacó y miró severamente al niño, que respiraba con dificultad. Los ojos de Bevel estaban oscuros y dilatados.

—Ahora ya cuentas —dijo el predicador—. Antes ni siquiera contabas.

El niño pequeño estaba demasiado asustado para llorar. Escupía el agua fangosa y se restregaba los ojos y la cara con la manga mojada.

—No se olvide de su madre —dijo la señora Connin—. El niño quiere que rece formal por su madre que está enferma.

—Señor —dijo el predicador—, te pedimos por alguien que está sufriendo que no está aquí para testimoniar. ¿Está tu madre en el hospital? —le preguntó—. ¿Tiene dolores?

El niño lo miró.

—Mi madre no se ha levantado todavía —dijo en voz alta y aturdida—. Tiene resaca.

El aire estaba tan silencioso que podían oírse los pedazos rotos del sol golpeando en el agua.

El predicador parecía asombrado y enfadado. El color se le había ido de la cara y el cielo parecía oscurecer sus ojos. Hubo una fuerte risotada en la orilla y el señor Paradise gritó:

—¡Vamos! ¡Cure a esa mujer que sufre de resaca!

Y empezó a golpearse la rodilla con el puño.

—Ha tenido un día muy largo —dijo la señora Connin.

Se quedó con el niño en la puerta del apartamento, mirando con severidad la habitación donde estaba teniendo lugar la fiesta, y añadió:

—Imagino que ya se habrá pasado su hora normal de irse a la cama.

Bevel tenía un ojo cerrado y el otro medio cerrado. La nariz le moqueaba y tenía la boca abierta y respiraba por ella. El abrigo de cuadros húmedo le colgaba de un lado.

Esa debe de ser ella, pensó la señora Connin. La que lleva puestos unos pantalones negros largos de raso, unas sandalias y las uñas de los pies pintadas de rojo. Estaba tumbada en la mitad del sofá con las rodillas cruzadas en el aire y la cabeza apoyada en el brazo. No se levantó.

—¡Hola, Harry! —dijo—. ¿Has tenido un buen día?

Tenía una cara pálida y larga, suave e inexpresiva, y el pelo lacio, de color boniato, peinado hacia atrás.

El padre se marchó a coger el dinero. Había dos parejas más. Uno de los hombres, rubio y con unos pequeños ojos azul violeta, se enderezó en su sillón y dijo:

—Bueno, Harry, ¿has tenido un buen día?

—No se llama Harry. Se llama Bevel —dijo la señora Connin.

—Se llama Harry —dijo ella desde el sofá—. ¿Quién podría llamarse Bevel?

El niño pequeño parecía que se iba a dormir de pie, la cabeza se le caía cada vez más hacia delante; de pronto la echó hacia atrás y abrió un ojo; el otro seguía cerrado.

—Me dijo esta mañana que se llamaba Bevel —dijo la señora Connin con voz sorprendida—. Lo mismo que nuestro predicador. Hemos estado todo el día en una predicación y curación en el río. Dijo que se llamaba Bevel, igual que el predicador. Eso es lo que me dijo.

—¡Bevel! —dijo la madre—. ¡Dios mío! ¡Qué nombre!

—Este predicador se llama Bevel y no hay otro predicador mejor que él —dijo la señora Connin—. Y, además —añadió en un tono desafiante—, ¡ha bautizado a este niño esta mañana!

La madre se sentó derecha.

—¡Qué descaro! —murmuró.

—Además —dijo la señora Connin—, es un curandero, y ha rezado para que usted se cure.

—¡Curarme! —casi gritó—. ¿Curarme de qué, por el amor de Dios?

—De su aflicción —dijo la señora Connin fríamente.

El padre había vuelto con el dinero y estaba de pie junto a la señora Connin esperando para dárselo. Tenía en los ojos muchas rayitas rojas.

—Continúe, continúe —dijo él—. Quiero oír más cosas sobre su aflicción. Su naturaleza exacta se me ha escapado…

Agitó un billete y su voz se apagó.

—Curar rezando es muy barato —murmuró él.

La señora Connin se quedó allí un momento, mirando el interior de la habitación con el aspecto de un esqueleto que ve todo. Luego, sin coger el dinero, se dio la vuelta y cerró la puerta. El padre se volvió, sonrió vagamente y se encogió de hombros. Los demás miraban a Harry. El niño pequeño empezó a andar arrastrando los pies hacia su dormitorio.

—Ven aquí, Harry —dijo la madre.

El niño se fue hacia ella cambiando de dirección automáticamente, sin abrir más el ojo.

—Cuéntame lo que ha pasado hoy —dijo cuando el niño llegó a su lado.

Ella empezó a quitarle el abrigo.

—No lo sé —murmuró el niño.

—Sí lo sabes —dijo ella dándose cuenta de que el abrigo pesaba más por un lado que por el otro.

Le bajó el cierre del forro y cogió el libro y un pañuelo sucio que se iban a caer al suelo.

—¿De dónde has sacado estas cosas?

—No lo sé —dijo, tratando de agarrarlas—. Son mías. La señora Connin me las ha dado.

Ella tiró el pañuelo al suelo, levantó el libro lo suficiente para que él no pudiera alcanzarlo y comenzó a leerlo. Al momento su cara adoptó una exagerada expresión cómica. Los otros la rodearon y miraron el libro por encima de sus hombros.

—¡Dios mío! —dijo alguien.

Uno de los hombres lo miraba fijamente tras sus anteojos.

—Esto es muy valioso —dijo—. Es una pieza de coleccionista. —Y lo cogió y se fue a la silla de al lado para poder examinarlo él solo.

—No dejen que George se lo lleve —dijo la chica.

—Les digo que es muy valioso —dijo George—. Es de 1832.

Bevel cambió otra vez de dirección y se dirigió a la habitación donde dormía. Cerró la puerta al entrar y se movió lentamente hacia la cama en la oscuridad. Se sentó, se quitó los zapatos y se metió en la cama.

Al momento, un rayo de luz iluminó la alta silueta de su madre. Atravesó la habitación andando de puntillas y se sentó en el borde de la cama.

—¿Qué dijo de mí ese tonto predicador? —susurró ella—. ¿Qué mentiras has estado contando hoy, cariño?

El niño cerró el ojo. Oía la voz de su madre como muy lejana, como si él estuviera bajo el agua en el río y ella fuera. Ella le cogió el hombro.

—Harry —dijo inclinándose hacia delante y poniendo la boca junto a la oreja del niño—, cuéntame qué le has dicho.

Incorporó al niño hasta dejarlo sentado y él sintió como si lo hubieran sacado del agua.

—Cuéntamelo —le susurró.

Y su aliento a alcohol cubrió la cara del niño.

Vio la pálida cara ovalada de su madre junto a la suya en la oscuridad.

—Dijo que yo no soy lo mismo ahora —murmuró—. Ya cuento.

Al momento, lo agarró de la camisa y lo dejó caer de nuevo en la almohada. Se inclinó sobre él un momento y rozó la frente del niño con sus labios. Luego se levantó y a través del rayo de luz se pudo ver el ligero balanceo de sus caderas al salir de la habitación.

El niño no se despertó temprano, pero el apartamento estaba todavía oscuro y cerrado cuando lo hizo. Se quedó allí acostado un rato, hurgándose la nariz y tocándose los ojos. Luego se sentó en la cama y miró por la ventana. El sol entraba pálidamente y se veía gris a través del cristal. Al otro lado de la calle, en el hotel Empire, una afanadora de color estaba mirando hacia abajo desde una ventana más alta, con la cabeza apoyada en sus brazos cruzados.

El niño se levantó y se puso los zapatos. Fue al cuarto de baño y luego a la sala. Se comió dos galletas untadas de pasta de anchoa que se encontró encima de la mesa y bebió un poco de ginger ale que quedaba en una botella. Miró a su alrededor buscando su libro, pero no estaba allí.

El apartamento estaba totalmente en silencio, sólo se oía el leve zumbido del refrigerador. El niño fue a la cocina, encontró unos pedazos de pan de pasas y les untó medio tarro de mantequilla de cacahuete. Se subió en un taburete alto de la cocina y se sentó, masticando tranquilamente el bocadillo y limpiándose la nariz de vez en cuando en la manga. Cuando acabó, encontró batido de chocolate y se lo bebió. Hubiera preferido beberse una botella de ginger ale, pero habían dejado los abridores donde él no podía alcanzarlos. Estudió durante un rato lo que quedaba en el frigorífico, algunas verduras marchitas que su madre había olvidado que estaban y muchas naranjas marrones que había comprado y que no había exprimido. Había tres o cuatro tipos de queso y algo de pescado en una bolsa de papel. El resto era hueso de cerdo. Dejó abierta la puerta del refrigerador, volvió a la oscura sala de estar y se sentó en el sofá.

Pensó que ellos no se iban a levantar hasta la una y que se irían todos a un restaurante a comer. Todavía no era lo suficientemente alto para llegar a la mesa: el camarero le traería una silla alta para niños, pero él era demasiado grande para esas sillas. Se sentó en mitad del sofá y empezó a darle patadas con los talones. Luego se levantó, vagó por la habitación y miró las colillas que había en los ceniceros, como si eso fuera un hábito suyo. En su habitación tenía libros con dibujos y piezas de construcción, pero estaban casi todas rotas. Había descubierto que la forma de conseguir unas nuevas era rompiendo las que tenía. Siempre tenía muy pocas cosas que hacer, excepto comer; sin embargo no era un niño gordo.

Decidió vaciar unos pocos ceniceros en el suelo. Si vaciaba sólo unos pocos, ella pensaría que se habían caído. Vació dos, frotando cuidadosamente con su dedo la ceniza sobre la alfombra. Luego se tumbó en el suelo un rato, estudiándose los pies mientras los mantenía en el aire. Sus zapatos estaban todavía húmedos y empezó a pensar en el río.

Su expresión fue cambiando muy lentamente, como si estuviera viendo aparecer gradualmente lo que sabía que había estado buscando. Luego de pronto supo lo que quería hacer.

Se levantó y entró de puntillas al dormitorio de sus padres. Se quedó allí casi a oscuras, buscando el bolso de su madre. Su mirada pasó por el largo brazo pálido de ella, que colgaba al borde de la cama y llegaba hasta el suelo, por el blanco montículo que formaba su padre y por la cómoda que estaba atestada de cosas, hasta que se detuvo en el bolso, que colgaba del respaldo de una silla. Sacó un billete de tranvía y medio paquete de Salvavidas. Luego salió del apartamento y cogió el tranvía en la esquina. No traía maleta porque allí no había nada que quisiera llevarse.

Se bajó del tranvía en la última parada y empezó a andar por el camino que habían cogido el día anterior él y la señora Connin. Sabía que no habría nadie en su casa, porque los tres chicos y la chica iban al colegio y la señora Connin le había dicho que se iba hacer limpiezas. Pasó por su casa y continuó por el camino que les había llevado al río. Las casas de cartón alquitranado estaban alejadas, y después de un rato el camino de piedra se terminó y tuvo que andar por el borde de la carretera. El sol estaba alto y de color amarillo pálido.

Pasó por una cabaña con un surtidor de gasolina naranja delante, pero no vio al viejo que estaba en la puerta con la mirada perdida. El señor Paradise se estaba tomando una bebida anaranjada. La terminó tranquilamente, mirando por encima de la botella, de reojo, la pequeña figura con el abrigo de cuadros que desaparecía en el camino. Luego puso la botella vacía en un banco y, mirando todavía de reojo, se limpió la boca con la manga. Se metió en la chabola y cogió del lugar donde tenía los caramelos un palillo de menta de unos treinta centímetros de largo y cinco de ancho, y se lo metió en el bolsillo. Luego se metió en el coche y fue conduciendo lentamente por el camino detrás del chico.

Cuando Bevel llegó al campo cubierto de hierbajos violeta, estaba sudoroso y lleno de polvo. Lo atravesó rápidamente para llegar al bosque lo antes posible. Una vez en el bosque, vagó de un árbol a otro intentando encontrar el camino que habían seguido el día anterior. Finalmente, encontró una senda clara entre las agujas de pinos y la siguió hasta que vio el camino empinado que serpenteaba entre los árboles.

El señor Paradise había dejado su coche en el camino y había ido caminando al lugar donde solía sentarse casi todos los días sosteniendo una caña de pescar a la que no ponía cebo, mientras miraba pasar el agua del río delante de él. Cualquiera que lo hubiera mirado desde lejos hubiera visto un viejo canto rodado medio escondido entre los arbustos.

Bevel no lo vio. Sólo veía el río, brillando de un color amarillo rojizo, y se metió de un salto con los zapatos y el abrigo puestos y bebió un trago.

Se tragó un poco y escupió el resto, y luego se quedó allí, con el agua llegándole por el pecho y mirando a su alrededor. El cielo estaba de color azul claro pálido, formando una pieza única, a excepción del agujero que hacía el sol, y bordeado por debajo por las copas de los árboles. Su abrigo flotaba en la superficie y lo rodeaba como una extraña hoja de nenúfar gris.

Y se quedó allí sonriendo bajo el sol. No quería bromear más con predicadores, lo que quería era bautizarse a sí mismo y continuar esta vez hasta encontrar el Reino de Cristo en el río. No tenía intención de perder más tiempo. Metió la cabeza bajo el agua enseguida y avanzó hacia delante.

Al momento empezó a respirar con dificultad y a balbucear y su cabeza reapareció en la superficie; se sumergió de nuevo y volvió a ocurrir lo mismo. El río no quería quedárselo. Lo intentó de nuevo y volvió a salir a la superficie asfixiándose. Así es como se sintió cuando el predicador lo metió bajo el agua; había tenido que luchar con algo que le empujaba en la cara. De pronto se paró y pensó: ¡es otra broma! ¡Es sólo otra broma! Pensó lo lejos que había ido para nada y comenzó a golpear, a chapotear y a darle patadas al asqueroso río. Sus pies ya no rozaban con nada. Dio un pequeño grito de dolor y de indignación. Luego oyó un grito, volvió la cabeza y vio algo como un cerdo gigante avanzando detrás de él, agitando un palo rojo y blanco y gritando. Se sumergió una vez más y esta vez la corriente lo cogió como una larga y amable mano y lo empujó rápidamente hacia delante y hacia abajo. Por un instante se quedó muy sorprendido, pero como se movía rápidamente y sabía que iba a llegar a algún lugar, toda su furia y su miedo desaparecieron.

La cabeza del señor Paradise aparecía de vez en cuando en la superficie del agua. Finalmente, a bastante distancia río abajo, el viejo se levantó como un antiguo monstruo marino y, con las manos vacías, se quedó mirando con sus ojos tristes río abajo, tan lejos como su vista podía alcanzar.

 


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Agosto 12, 2020