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Los tiempos actuales

  Por JORGE B. LOBO ARAGÓN

Desde hace mucho el magisterio vive en un conflicto casi permanente. Los maestros tienen razón: se les paga muy poco y no se llenan sus necesidades en cuanto a elementos de enseñanza, útiles, ilustraciones, computadoras, edificios escolares. Toda la gente los apoya; los políticos los defienden; los gobiernos reconocen sus razones. Pero seguimos igual no más. Van a la huelga y podría pensarse que los padres -y en especial las madres- harán una movilización clamorosa para que se solucione el conflicto, evitar el paro, que se reanuden las clases, que los hijos aprendan, se eduquen, se preparen para la vida. Pero no pasa nada. Sí: es verdad estamos en tiempo de pandemia y de encierro y muchas madres están atrás de sus hijos con el zoom prendido y la computadora que vuela de mano en mano. Pero sabemos sobre ¿La educación, la instrucción, la formación laboral? No; poco o nada. Se considera que hay cosas mucho más importantes de saber que el teorema de Pitágoras, que las cantidades fraccionarias, que las ecuaciones con dos incógnitas, que la superficie de la provincia, que la altura del Aconcagua, que las gimnospermas y las angiospermas, que los prolegómenos revolucionarios de 1810, que…En cambio, en otros tiempos, en tiempo de quien escribe, estos temas sí interesaban. No ha pasado mucho tiempo, apenas me acerco a los sesenta. Se consideraba que una persona debía estar enterada no sólo de las ciencias naturales y de las ciencias matemáticas sino también de la música, la literatura, por lo menos del dibujo a falta de otras artes plásticas. Se esperaba que un individuo “con sexto grado aprobado” (sexto que se hizo séptimo y ahora noveno, polimodal) supiera, por lo menos, darse a entender correctamente por escrito, no de manera inclusiva. Ahora eso no se pretende ni de los bachilleres. ¡Qué digo de los bachilleres!: Nadie espera que escriban correctamente ni los altos magistrados de los tres poderes del Estado, que dan lástima por las notas que subscriben –“la culpa es de los dactilógrafos”-, sin siquiera advertir los horrendos crímenes que perpetran contra la razón y la lengua, no hablemos del buen gusto. BuenoY si una madre ve que se desenvuelven satisfactoriamente en la sociedad y triunfan en la vida individuos semianalfabetos y que no tienen idea de lo que en algún tiempo se llamó “cultura general”, ¿por qué ha de pensarse que se preocupen por darles a sus hijos más escuela, más pulimento, mayores conocimientos? Por eso vemos que el magisterio va a la huelga y a la gente no se le mueve un pelo; pareciera una cuestión ajena, que nada tiene que ver con nuestras necesidades y con nuestras inquietudes concretas. Este es un aspecto. Hay otro más grave y más afligente. Antes en las escuelas se enseñaba religión, precisamente al lado de los templos surgían las escuelas y las universidades y por lo tanto las normas morales que aparecen como consecuencia de los dogmas religiosos. Luego se abandona la religión, pero se aspira a que se sigan impartiendo conceptos morales; en la escuela debe enseñarse, por lo menos, a “portarse bien”. Pero en los tiempos actuales, aciagos, conflictivos, febriles esta extendido el concepto de que la verdad no existe o, lo que es lo mismo, que hay multitud de verdades, que hay verdades para todo, ¿qué significado tiene eso de portarse bien? ¿Qué es lo bien, qué es lo mal, y quien es el maestro autorizado a determinarlo? ¿Se debe decir la verdad? ¿Por qué, si mentir es mucho más útil y casi siempre más divertido? No debe robarse, porque el robo perjudica a alguien, y en especial al conjunto de la sociedad cuando se roban dineros públicos. Perjudica moralmente, sí, pero ¿perjudica económicamente? Las coimas pagadas por grandes empresas que moverán enormes capitales, ¿no son acaso bien vistas por una sociedad ávida de negocios redituables? ¿cuánto más lucrativos mejor? ¿Los índices económicos no subsanan improlijidades? Puede decirse que no es asíEl maestro tiene la obligación de mostrar que es malo aquello que el Código Penal condena. Condena el código, pero los jueces no. Siendo la coima, el cohecho, el soborno, el delito más frecuente en la sociedad actual, tanto en el orden público como en el privado, ¿cuántos coimeros conocemos que hayan sido condenados por la justicia? Y también sucede al revésun alto funcionario en una lejana provincia -sorprendido in fraganti- fue condenado judicialmente por enriquecimiento ilícito; y a pesar de la condena de los jueces volvió a presentarse a elecciones y el pueblo le otorgó la mayoría. Quiere decir que el pueblo, la sociedad, los votantes, el soberano, aprueban conductas reñidas con normas morales, normas que al pasar de moda quedaron obsoletas, prácticamente derogadas. En otros tiempos los maestros enseñaban que había que huir de los vicios. Y que uno de los vicios más notables era el juego. Como no podía eliminárselo por lo menos se lo confinaba en ámbitos alejados de las poblaciones y reducido a ciertos círculos, por lo menos a los mayores de edad. ¿Podrán los maestros dar este nuevo rumbo a su enseñanza? Lo dudo, porque si uno conociera las técnicas para triunfar en el moderno mundo de la corrupción y del consumo¿para qué se va a conchabar en el magisterio? Bueno: que aprendan la teoría para enseñarla a los demás, aunque no conozcan la práctica. Feliz día Maestro digital.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón.

jorgeloboaragon@gmail.com

 


PrisioneroEnArgentina.com

Setiembre 11, 2020


 

1 thought on “Maestro”

    • FRANCISCO BENARD
    • posted on September 12, 2020

    Como siempre excelente la nota escrita por el Dr. Jorge Lobo Aragon. Mi hija Luisa es MAESTRA un recuerdo especial para ella y todos los MAESTROS DE LA ARGENTINA.

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