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Por Tate George

Stone no sabía porque se había unido a la banda delictiva aunque había obtenido el consentimiento de su padre, la bendición de su madre y los consejos de su tío. Stone, el menor de tres hermanos, no tenía la habilidad de Rock, el mayor, quién era un experto en guardar en su sobretodo objetos que pertenecían a otras personas. Pebbles, su hermana, era dueña de un enorme poder de seducción para vender negocios inexistentes. Stone, tal vez para armarse de coraje, se sumo a una pandilla que tenía como propósito principal “vender seguridad” a los comerciantes locales.

Como novato, Stone fue designado a cobrar la cuota semanal a corralones de materiales de construcción. Estos, en medio de una crisis económica, solo podían pagarle con cheques a futuro, que al momento de ser depositados se descubrían como documentos sin fondos. 

“No se puede confiar en nadie”, bramaba el jefe de la banda delictiva, mientras tiraba a la basura lo que hora eran kilos de papeles sin importancia. “Este es un mundo de forajidos, todos se quieren aprovechr del prójimo”.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 15, 2020


 

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