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Elementos militares, hallados donde estuvo emplazado el Fuerte General Paz. (hebillas de correaje, de cinturón, puntera de vaina de arma blanca, brocal de vaina de bayoneta y botones de uniforme)

 En la cohesión que el grupo humano evidenció como estructura férrea de voluntad que debió imponerse en un medio tan hostil como el que los rodeaba, la mujer también cumplió en esas soledades del desierto, una labor importantísima. Fueron las “Cuarteleras”, las “Soldaderas” que, con “papeleta” o sin ella, acompañaban a los soldados. Eran consideradas Fuerza Efectiva de los cuerpos; se les daba racionamiento y a cambio, se le imponían también obligaciones: lavaban la ropa de los enfermos y cuando la división tenía que marchar de un punto a otro, arreaban las caballadas. Había algunas que rivalizaban con los milicos más diestros en el arte de amansar un potro o de bolear un avestruz. Eran todas las alegrías del campamento y el señuelo que contenía, en gran parte, las deserciones. Sin estas mujeres, la existencia hubiese sido imposible. Acaso las pobres, impedían el desbande de los cuerpos. Alguna vez, cuando las contingencias de las luchas civiles desguarnecían bruscamente los fortines, no faltó el episodio que dio exacta dimensión de estas mujeres.

En 1874, las tropas destacadas en el “Fuerte General Paz” partido de Carlos Casares, lo abandonaron precipitadamente para sofocar una revolución. En el fuerte permanecían dos soldados convalecientes, imposibilitados de moverse y las cuarteleras. El armamento en desuso, el polvorín bien provisto, las casuchas de los oficiales, las existencias de la pulpería del cuartel, todo quedó bajo las órdenes de la vieja Mamá Carmen, Sargento Primero del 2 de Caballería (hoy con asiento en Olavarría).

Aquella misma tarde, mamá Carmen vistió con uniforme de tropa a todas las mujeres que quedaron en el campamento para que, en un caso dado pudiera fingirse un piquete dejado de guarnición en él.

En el Mangrullo había dos cañoncitos de bronce, que mamá Carmen sabía manejar con bastante acierto. Allí, al Mangrullo, subían  adormir de noche las cuarteleras, estableciéndose de día las más estricta vigilancia. Los indios “amigos” creían ver a la distancia que en el campamento habían quedado soldados y no se atrevieron a despojarlo. Pero días después, cuando ya sanos los dos soldados, un grupo de indios de otra zona penetró en el fortín, acaso creyéndolo deshabitado; mamá Carmen, con los dos soldados y dos cuarteleras gatilló las cinco carabinas disponibles, sorprendiendo a los asaltantes y remató el espanto de ellos, disparando los cañones. Los intrusos huyeron y mamá Carmen con los dos soldados, después de perseguirlos, consiguió enlazar a tres de ellos y éstos, amarrados al Mangrullos, quedaron prisioneros.

 

Extractado de parte de “Guerra el Malón” del Comandante Manuel Prado.

Envío y colaboración: Sr. Patricio Anderson

 


PrisioneroEnArgentina.com

Mayo 3, 2021


 

4 thoughts on “OTRA ANÉCDOTA DE MAMÁ CARMEN, LA FORTINERA”

  1. Where this happened???

      • PrisioneroEnArgentina.com
      • posted on May 5, 2021

      Esto ocurrió en Argentina en la localidad de Carlos Casares a 202 millas (326 kilómetros) de Buenos Aires. Cordialmente. PRISIONEROENARGENTINA.COM

    • mar
    • posted on May 5, 2021

    interesante

    • Simpatia
    • posted on May 3, 2021

    Una mujer importante y yo reconozco que nunca habia leido sobre ella.

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