DOS LOCOS UNIDOS VIAJANDO A MARTE EN BICICLETA

- NUESTRA BILOCACIÓN ETERNA -
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Amanece, es noviembre y hace frío. No hay gotas de rocío en los pétalos de los lirios para que corten la sed de la noche. La primavera y el invierno no quieren separarse. Van y vienen conversando por las calles a media luz, esperan que el sol ilumine las rojas flores del seíbo donde año tras año, el corazón de Anahí, la indiecita, le regala en racimos su sangre. De pronto un grito rompe el silencio: ¡dale Dios, dale Dios!, el loco de la bicicleta, en bilocación profunda pedalea y pedalea con todas sus fuerzas. Apura debemos llegar antes que el sol queme. Milagros sale a verlo, como siempre. Le encanta la velocidad con que rueda, es tanta que se levanta del suelo y comienza a volar sin alas por el espacio infinito. Siempre más allá. Antes de que se aleje demasiado Milagros le grita. ¿Loco adónde vas tan apurado? A Martes le contesta con su voz infinita.  ¡Llévame! No puedo retrasarme Milagros, – su voz sonaba agitada -. Le estoy corriendo una carrera a Dios, quiero ganarle, me prometió un premio si lo hago. Siguió pedaleando demencialmente. ¿Qué premio?- le preguntó. Pero el loco de  sus andanzas por el universo ya no  la escuchaba, iba gritando- ¡dale Dios, dale Dios! No lo veía pero el  hilo  rojo que lo unía eternamente en vuelos insuperables percibía que estaba muy cerca del planeta martes en su dualidad profunda. El Loco disfrutaba su triunfo de antemano mientras pensaba, – Pobre Dios, no podrá  alcanzarme su bici es muy vieja -. De pronto ese Alocado de sus sueños y compañero de letras escuchó un coro de risas. Eran estrellas que le gritaban- ¡dale que vas primero!- El loco mío, respondía con la mano levantada a modo de saludo. Marte ya se veía tan rojo como las flores del seíbo. Sus piernas no sentían cansancio. Pedalear en el cielo era totalmente liviano. Saboreaba su triunfo, el premio era importante. Llegó como siempre. Cansado sudoroso, feliz, pero el asombro lo detuvo. Sentado sobre una alfombra de raro polvo, estaba Dios mirándolo con picardía. No parecía cansado. Le preguntó ¿Qué tal el viaje, tranquilo? ¡Cómo no vi que me pasaras! – le interrogó mi Loco -. Dios sonrió. ¡Acaso no sabes que  estoy en todo lugar? Sí, pero arrancamos juntos le objetó.  No. Té dí el empujón para que llegaras, después me senté a esperarte. El loco de mis sueños, ocupó un lugar junto al Señor, y estaba a su lado. Sacudió su cabeza y la tristeza lo envolvió, había perdido el premio.  Dios, le dijo.  ¿Pareces preocupado? Lo estoy, ya no tendré mi premio. Mira, lo que deseas como premio, es un imposible. Pero tú Señor siempre haces Milagros, ¿O no? respondió. Sí, pero para eso debe ser pedido con fe y tú con Milagros  sabían que no sería fácil ganar esta carrera. Más, como  pusieron tanto empeño,  les concederé un regalo junto  a todos los locos cuerdos que escriben y existen en el mundo. Ustedes hicieron la maravillosa insensatez de llegar a martes en bicicleta y se sacrificaron por el hombre común que perdió el rumbo de la fe, el amor, la justicia, la decencia, la solidaridad, el perdón, el respeto y la alegría. Gracias Señor pero…con la guerra, cómo pararemos tanto dolor, destrucción, muerte, miseria hambre. Para eso locos míos, tendrás que correr muchas carreras, por todos los planetas que volaron en su sueño y el universo los escuchara. Quizás, algún día, cuando el hombre sane su conciencia logren el ansiado premio, por ahora regresen a su lugar en la tierra y sigan luchando con sus letras por la paz, yo  los acompañare. El loco montó en su destartalada bicicleta y comenzó a  pedalear el regreso. Le ganó el cansancio y se durmió sobre un cometa. Despertó en el patio de mi casa bajo la sombra del seíbo que él mismo había sembrado. Cuando éramos chicos con el Loco corríamos carreras. Al más  pequeño lo poníamos varios pasos adelante. Le dábamos cancha. Tantos más pasos cuando más chiquillo era el corredor. Así es la vida. Muchos como estos dos locos necesitan, tienen derecho a varios o muchos pasos adelante de los otros para correr en igualdad de condiciones. El lograr ese derecho No es caridad, es una obligación, como la de seguir velando por los niños, las madres necesitadas y los ancianos. No creemos que Tata Dios justifique a un  mundo que olvida a los débiles.

 

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

María Isabel Clausen (MIC) Escritora


PrisioneroEnArgentina.com

Noviembre 7, 2022


1 thought on “DOS LOCOS UNIDOS VIAJANDO A MARTE EN BICICLETA”

    • CARLOS del SEÑOR HIDALGO GARZON
    • posted on November 7, 2022

    ¡¡¡Genial, hermoso fruto poético del alma, me emociona cada vez que leo sus poemas. Gracias Carlos

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