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Por JORGE B. LOBO ARAGÓN.

 

Que más pueden las mujeres y los tiranos de la moda que los emperadores de la tierra.

 

Antes cada cual vestía la ropa que le correspondía a su condición, su oficio, su clase. Costumbre que han borrado la industria de fabricación en serie y la tiranía de las modas. De lejos se distinguía si uno era caballero, aldeano, menestral; blanco, indio, mestizo. Ahora hay que mirar muy de cerca para saber si es hombre o mujer. Unos pocos que aún con la ropa dan a conocer su oficio son los médicos con su camisola propia. Los curas también se distinguían, pero en algunos países leyes masónicas prohibieron usar sotana; luego la irían abandonando sin necesidad de veda. Buena costumbre que duró siglos. Buena por ser útil. La ropa cumplía una función práctica: Un gaucho, un orillero, un esclavo, no hubieran vestido levita; simplemente porque no correspondía. A veces los gobiernos se meten con la ropa.

Ya he dicho que en algunos países se prohibieron sotanas y hábitos. Y a veces quieren meterse y no pueden. Fue lo que le pasó al poderoso don Felipe II cuando con una pragmática ordenó “que ninguna mujer de cualquier estado y calidad que fuera pueda traer ni traiga guardainfante (polleras abultadas por medio de unos aros) por ser traje costoso y superfluo, feo y desproporcionado, lascivo y ocasionado a pecar así a las que los llevan como a los hombres por causa de ellas, excepto a las mujeres que públicamente son malas de su persona y ganan por ello. Y también se prohíbe que ninguna mujer pueda traer jubones (vestidura de los hombros hasta la cintura; ceñida) que llaman escotados, salvo las que de público ganan con su cuerpo”. A esta pragmática la trajo publicada el semanario “El Aviso”, venido con el correo. Y fue tal el motín que armaron las mujeres de Lima reunidas en la plaza el 10 de febrero de 1601, frente a la catedral, que el señor virrey, marqués de Salinas, creyó oportuno enviar un cuerpo de caballería, un tercio de infantes y cuatro morteros de artillería mientras frailes y cabildantes trataban de calmar al mujerío. La Real Audiencia de Lima solucionó el problema: dejó la pragmática con la categoría de “hostia sin consagrar”: al no promulgarla por bando no sería obligatorio su cumplimiento. Que más pueden las mujeres y los tiranos de la moda que los emperadores de la tierra.

 

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

 


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Enero 16, 2019