NO A LA CENSURA, NO AL SILENCIO, NO A LA OBSECUENCIA

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 Escribe CLAUDIO KUSSMAN.

 

 

LA CENSURA

Cuando en febrero de 2015 con mi familia, dando la cara y cubriendo los costos iniciamos esta página, teníamos como premisa  no escondernos  diciendo la verdad y nunca aceptar rédito económico alguno, con la misma.  Tratándose de un tema tan delicado y doloroso como el martirio y la muerte de prisioneros adultos mayores, el dinero siempre estaría tan manchado de sangre como el de todos los que lucraron y lucran, con “los derechos humanos”. Era el primer paso e imaginamos que luego lograríamos ACCIONES DE CONJUNTO con el resto de prisioneros gritando ¡BASTA DE INIQUIDAD! Estas nunca llegaron a concretarse y así seguimos en el mismo lugar que al principio, PELOTUDEANDO, escribiendo y publicando sin ser escritores, completamente aislados de nuestras fuerzas cuyos miembros (salvo excepciones) en actividad o retirados, nos ignoran cobardemente. Mientras nuestros exterminadores siguen ganando terreno inexorablemente, día tras día, a través de los años. Al poco tiempo algunos camaradas con los que compartía espacio en la U 31 de Ezeiza, comenzaron a “aconsejarme” por diferentes causas,  que no publicara los escritos de tal o cual persona, que por no ser querida me iba a “quemar”.   Entonces decidimos que nunca censuraríamos a nadie que quisiera expresarse en nuestro sitio y mucho menos, nos censuraríamos nosotros mismos. Iba a ser siempre la verdad a cualquier precio, GUSTE O NO GUSTE.  Nos reafirmó más esta idea, cuando el propietario del diario LA NUEVA de la ciudad de Bahía Blanca (muy respetado en el ámbito de los PP) el 6 de Mayo de 2015 (1) nos censuró cuando se negó a publicar una solicitada PAGA.  En ella,  yo exponía una segunda parte de mi verdad ante la iniquidad a la que me sometían (una primer solicitada PAGA a página completa la habíamos publicado en ese matutino el 22/02/2015). Como todos sabemos nuestro tema es censurado por los grandes medios, según de qué lado se lo mire. Estos solo están abiertos a la apología de  los “demócratas idealistas” de los años sesenta y setenta, que asolaban el país asesinando a mansalva hombres, mujeres y niños, lo que parece haberse olvidado. Tanto es así, que  mutaron y ahora con la complicidad gubernamental, resultan ser las únicas  víctimas de uno de los tantos periodos trágicos de nuestra historia.

EL  SILENCIO

Volviendo a nosotros mismos, los prisioneros, que es lo que importa por representar el 50 % del problema a superar, recientemente comenzó a experimentar un fenómeno  lamentable.  Toda  autocrítica libremente expresada pasó a ser considerada por muchos casi un acto de TRAICIÓN A LA PATRIA llegándose a afirmar que “yo no estaba del mismo lado que los presos”. Por supuesto que no, si ese “lado” es callar, ser masivamente   pasivo ante el accionar ilegal de los jueces que actúan como vulgares sicarios, o políticos a los que hay que “dorarles la píldora” por sus mentirosas promesas de justicia para nosotros. Promesas tan falaces como las “del fin del curro de los derechos humanos”. Mucho menos respetar y encubrir a través del silencio  a los cobardes. Su existencia TODOS (amigos y enemigos)  la conocen, ya que trasciende no por lo que se exprese en este sitio,  sino por lo que ellos no hacen.  No estaría más próximo a la traición todo aquel ex uniformado que luego de estar varios años ilegalmente detenido, al recuperar su libertad guarda silencio ante el requerimiento periodístico sobre lo que ocurre en las prisiones con los que estamos en ellas, o los que quedaron en el camino? ¿Hay que guardar silencio cuando uno ve que quienes más enfrentan y se manifiestan contra la iniquidad, son un reducido grupo de mujeres y hombres que nunca usaron uniforme? Mientras que los que sí lo vistieron, no existen, ¿o en algunos casos en sus conservadores escritos hay que representarlos con siluetas en negro porque hasta eluden mostrar su foto? Hay que guardar silencio ante los BALZAS, los BENDINIS, ¿los MILANIS y tantos otros?  ¿Hay que censurar y guardar silencio ante un soldado que por el contrario se expresa en forma contundente como el Teniente Coronel ARIEL VALDIVIEZO, porque sus palabras duelen y entonces no gustan? ¿No sería más lógico y normal imitarlo en su proceder o rebatir inteligentemente sus duros conceptos, si no tuviera razón?

LA OBSECUENCIA

Recientemente y a raíz de la vil maniobra con la apócrifa carta del General RIVEROS de la cual me hicieron parte, descubierta la misma y retirada de nuestra página Web, imperativamente se me dijo que la publicara como: “LA CARTA QUE ESPERAMOS PUBLIQUE UN GENERAL”. ¿Acaso se pretendió que pasara por autor de esta? La exigencia llega a que antes de nombrar a tal o cual persona en una nota, tengo que consultarla. Debo hacer saber que como hombre-policía, NUNCA FUI OBSECUENTE A NADIE Y ESO NO CAMBIÓ NI CAMBIARÁ NUNCA. Por ello entre otras cosas, sin importarme lo que me pase, califico sin tapujos de delincuentes a mucho de los miembros del poder judicial, que nos están asesinando en cautiverio. Resalto,   que aparte de identificarme con mi nombre de pila, AL IGUAL QUE TODOS  tengo   un número de L.U.P (Legajo Único Personal, del Servicio Penitenciario Federal). Que muy gustoso con mi familia aceptamos cualquier tipo de pedido, con el que podamos ayudar a quien lo requiera.  Inclusive sin que lo hagan, ni conocerlos, contamos dando la cara lo que sus camaradas y muchas familias callan. Nunca enmudecemos cuando un prisionero es injustamente  maltratado o llevado a la muerte, sin distinción, si el mismo es o no un preso emblemático. Lo que no aceptamos son órdenes como reiteradamente pretenden impartirnos, algunos  internos o algunos ex uniformados que gozan de libertad. Siempre tenemos presente que: LO CORTÉS NO QUITA LO VALIENTE.

 

Claudio Kussman

Interno L.U.P 345.349

Servicio Penitenciario Federal

Abril 02, 2018

 

 

 

1) https://prisioneroenargentina.com/index.php/2018/02/17/las-diferencias-brutales/

 


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LAS DIFERENCIAS BRUTALES

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PrisioneroEnArgentina.com

Abril 2, 2018


 

HONOR

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CARACTERÍSTICAS DEL MILITAR

 

 Escribe Carlos Españadero.

 

Ortega Gasset, sostenía que cada uno es su “yo y sus circunstancias”. Y es evidente que aún al fin de la vida, me persiguen las circunstancias, que se insertan imperativamente en mi vida.

A los 85 años, me encuentro apurado por avanzar en mi trabajo quizás final de mi vida, consistente en un estudio historiográfico de lo que llamo “La tragedia terrorista argentina”. Ambiciosamente preveo unos 6 tomos, pero estoy luchando para terminar los dos primeros. Y mi ciclo vegetativo se agota sin tener un amigo (este palo va dirigido a alguien que lo sabe) que decida continuarlo después de mi muerte.

Puesto en esa lucha, las circunstancias en forma de noticias alteran mis proyectos diarios, y me desvía hacia otros caminos que se abren sorpresivamente.

Desde hace unos días, las noticias sobre el general Milani, nos está perturbando más en nuestra ya difícil vida de presos políticos. Quizás si no fuera porque tengo buenos amigos que me pinchan e incitan, no daría mucha importancia a estas noticias. Y para mi tanto el general Bendini como el general Milani, no merecerían por sus personas perder un minuto más de nuestras vidas.

Pero resulta que el general Milani, nos conmueve con respecto a sus vicisitudes y conmociona las repercusiones que dolorosamente genera en los restos de lo que fue la familia militar.

A la vez, para exponer algunas observaciones sobre este señor y el primero mencionado, se hace imperioso en particular para las personas que son ajenas a lo militar, explicar lo que pienso y en donde me instalo.

Las características de “lo militar”, requiere señalar muchos aspectos que sea por alguna concepción “académica” pero más que todo por imperiosa imposición de la realidad que se vive históricamente debe ser considerado. Escribir sobre esto, impondría un nuevo libro, que Dios no me permitiría encarar, ni yo quisiera teniendo en cuenta mi proyecto, por la corta vida que me pueda quedar.

Una característica que necesito considerar es la “jerarquía militar” y otra que va apareada y es imprescindible tener en cuenta es la “ética militar”.

La “jerarquía militar” debe ser asociada a un proceso de profesionalización del militar, que en una selectiva y dura competencia, en especial en los grados superiores, permite llegar a unos pocos a las jerarquías abarcativas de facultades de comando y de mando, destacables y merecedoras de nuestro profundo respeto. En nuestro caso, acceder a la jerarquía de general.

Esta dura selección, se da entre muchos camaradas que legítimamente aspiraban a la misma situación y por la limitación de “vacantes” quedan como coroneles. Desde un punto de vista humano, se podría decir que la mayoría de estos coroneles, moralmente son “generales”. Pero no lo son. Las reglas de juego son esas, y muchas veces con abnegación muchos retornan al mundo civil, con un dejo de amargura.

Pero ser general no es meramente haber ganado un difícil y duro torneo. Al acceder a esta jerarquía se transforma en una esperanza, y en el cual los integrantes de la Fuerza depositan sus mejores expectativas para el bien de la institución.

Y es ahí donde los aspectos humanos negativos, desvirtúan las expectativas que da, este triunfador, que entre otras cosas llega a personalizar junto con sus pares, – generales también –  la “voluntad institucional”.

En una época se decía: “un ejército es lo que son sus oficiales”. Desde hace más de medio siglo, esta frase quedó desbordada. Hoy podemos decir que “un ejército es lo que son sus generales”.

Para peor, los aspectos negativos que señalo, ponen nuevamente en evidencia, la deficiente formación ética que se ha descuidado en la educación del militar.

Cuando ingresé al Colegio Militar, me hablaban entusiastamente del honor. Y se fundamentaba en un código de honor y en la vigencia de las comisiones y tribunales de honor. No era un tema baladí. Pero lo hacían inoperante, salvo cuando por política convenía aplicarlo. Después de esa etapa. En forma paulatina desapareció de la vida militar. No quiero decir que se perdió el honor de ninguna manera, pero no existió como una preocupación institucional.

Las comisiones y los tribunales de honor, sustituyeron a los duelos. En alguna medida cumplen la función de los padrinos y tratan de racionalizar e incluso trata de formular propuestas que tiendan a reparar el honor ofendido, producir conductas éticas y a la vez de armonización si hay motivo para ello.

En 1964, mientras cursaba la escuela de inteligencia, me anoté en un cursillo de relaciones humanas que se daba en el Círculo Militar. Se finalizaba el cursillo con un trabajo escrito. Yo presenté uno titulado “Las relaciones humanas y el arte de mandar” agiornando el trabajo de Adnre Gavet. Y en este destaqué la importancia que tiene en el ejercicio del mando una conducta ética.

Estas dos características se dan indisolublemente en la conducta militar. Por un lado el desarrollo profesional que proporciona entre otros objetivos, el avance en el ejercicio del mando y una conducta ética, para alcanzar la jerarquía buscada..

Lamentablemente las falencias de esta naturaleza, nos conmociona ante la conducta de un general, nada menos que comandante en jefe del ejército, que tuvo como escalón de ascenso, la obsecuencia al poder político, el servilismo que hizo del ejército un instrumento de poder de un gobierno que lo deslizaba despreciativamente en un dramático tobogán. Su antecesor olvido que ese gobierno, elegido por el voto ciudadano, como en un tobogán se deslizó hacia el totalitarismo de una tiranía.

Pero puestos en ese tobogán, su antecesor no trepidó servilmente y delante de los cadetes del Colegio Militar a bajar el cuadro de un general, que si bien puede estar también entre los detractores de una conducta ética como general, no era razonable que puntualmente fuera bajado personalmente por un Comandante en Jefe del Ejército, delante de tropa formada.

Tenía todos los efectivos del Ejército para cumplir la orden, y tenía el derecho de requerir una oportunidad más adecuada para bajar el cuadro. Su capacidad intelectual le tenía que permitir entender que el presidente que lo ordenaba quería con esa acción humillar a su institución en la persona del comandante en jefe. Era un momento brillante para decir, “no señor”, “y pido mi retiro”. Esto hubiera sido una conducta ética.

En el caso de Milani, vemos que se encontró en un tobogán interminable. La obsecuencia, la desviación de elementos del ejército poniéndolos al servicio del poder político ilegalmente, conmociona el sentimiento de los militares.

Hoy los mismos que le exigieron convertir al ejército en un instrumento para lo que no es, le suelta la mano y hasta permite que se lo procese por lo mismo que se hizo con los presos políticos, violando la constitución nacional y las leyes.

 Debemos tener claro que el tiempo avanza inexorablemente. Una sociedad que hace 30 años creyó en el “nunca más” no puede avanzar en la idea que se puede procesar por delitos prescriptos. Y esto es para que se respete el “nunca más”, para los presos políticos, para los terroristas e incluso para Milani.

Lamentablemente, en el caso de este último hay graves sospechas sobre su gestión como comandante en jefe, inadmisible en un ejército educado en el ejercicio del mando ético. Y aun aceptando lo doloroso de aceptar que esta Fuerza se formó con una ausencia de la ética, espero que la reacción de sus integrantes sea la de reconocer y ver cómo establecer la vigencia de la jerarquía que lucha profesionalmente para el desarrollo de su carrera, pero teniendo en cuenta que la ética militar debe regir su conducta. Y una medida concreta, sería solicitar un tribunal de honor.

 

 


Carlos Españadero

PrisioneroEnArgentina.com

Febrero 21, 2017