LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR

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 Por el Grl HERIBERTO JUSTO AUEL.

 

 

LA CIRCUNSTANCIA ACTUAL INVITA A REFLEXIONAR SOBRE ÉSTE TEMA.

LA NATURALEZA DE LAS COSAS.

¿PORQUÉ NECESITAMOS DETENERNOS HOY EN LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR?

 

LA CIRCUNSTANCIA ACTUAL INVITA A REFLEXIONAR SOBRE ÉSTE TEMA.

Preliminarmente pretendo plantear la importancia de dar tratamiento al tema enunciado. Es importante pues la crisis de arrastre que nos ha llevado a la actual decadencia, como Nación y Estado,  es de origen cultural y político y la circunstancia es oportuna, toda vez que estamos -según promesas oficiales- en las acciones preliminares de la recuperación del núcleo duro del Estado Nación: las FFAA. (1)

A las generaciones de Oficiales de las FFAA argentinas que egresamos en la década 1950/1960 nos tocó vivir, mientras revistábamos en actividad, las crisis socio-políticas más graves del siglo XX que culminaron con las guerras posnucleares -limitada y muy limitada- que hoy, en sus posguerras, retienen a nuestra querida Patria Argentina -mientras nos empeñamos en un nuevo y arduo intento de resurgimiento- en doble “estado de guerra”(2) (3) y en plena inseguridad pública y estratégica, que somatizamos diariamente a través de una fuerte ansiedad colectiva frente al futuro, aun en el de corto plazo.

Las guerras -en la Historia Universal-  son anteriores a la existencia de los ejércitos, que recién llegaron cuando lo permitieron los excedentes financieros de las comunidades organizadas. Estos -los ejércitos- siempre fueron medios disuasivos/defensivos frente al agresor eventual o bien, ante una situación crítica interior que conllevara un riesgo existencial y legitimara el empleo de la vía  institucional, para retener la sobrevivencia identitaria de la nación.

En manos del conquistador o del revolucionario, las FFAA fueron también empleadas para la perversidad en las relaciones políticas, internacionales o internas. Cuando se agota la comunicación política negociadora entre actores internacionales o internos, la alternativa es siempre la violencia organizada, impulsada por un agresor. En este caso estamos en presencia de una guerra ofensiva, ya fuere internacional o guerra civil -interna-. Ésta última es la peor especie de las guerras, pues su instrumento central es el odio social.

Expresadas estas generalidades conceptuales, volvamos a nuestra situación. Desde 1945, después de la Segunda Guerra Mundial -que finaliza con lanzamientos nucleares en Japón- se inicia la apertura de una nueva rama de la Ciencia Política: la Polemología y una nueva etapa de la Estrategia, la Contemporánea. Reaparecen -desde 1947- “actores agresores no estatales” en el marco interno y externo y la más primitiva modalidad de la acción violenta: el terrorismo. El espectro del conflicto se amplía así, bruscamente, es sus extremos: desde la hecatombe nuclear -en uno de ellos- a las primitivas guerras muy limitadas -en el opuesto- (4).

Al finalizar la Guerra Fría -1989/caída del muro de Berlín – 1991/implosión de la URSS- la disuasión se hace abstracta por carencia de responsabilidad política de los nuevos actores-agresores. Surgen las nuevas amenazas y riesgos estratégicos que la Argentina -aun hoy- legalmente no reconoce, como lo demuestra la legislación de Seguridad Nacional vigente.

 La Carta de la ONU y en particular la eficiencia del Consejo de Seguridad para preservar la Paz, ingresan progresivamente en un cono de sombras. El conflicto violento se difumina y generaliza en el orbe, abandona los teatros de operaciones militares y se posa sobre las sociedades, con un número cada vez mayor de “víctimas civiles inocentes” y también de dirigentes políticos y militares “confundidos” (4).

Así llegamos al siglo XXI y a la situación que nos abarca. De las actuales sesenta guerras activas en el mundo, la totalidad de ellas son internas, es decir, guerras civiles que se caracterizan por su tipificación “asimétrica”,“híbrida” o de “séptima generación” como bien lo expresa el artículo de La Nación -“Sin fronteras entre la defensa y la Seguridad”– del 14 Feb 18.

Son las guerras que la Argentina no puede planificar -prever- para evitarlas, por imposición de la vigente legislación de Seguridad Nacional. Esta irracionalidad no es casual, sino consecuencia de las derrotas estratégicas que sufrimos en el siglo XX, aun no asumidas.

Constituye la tremenda paradoja de estas horas: quienes fuimos los primeros en enfrentar a este desconocido tipo de agresión asimétrica sorpresiva -a partir de los años ’60- nos encaminamos ahora a repetir los mismos errores, medio siglo después, como si no nos  hubiese ocurrido nada.

El “relato” ha superado a la verdad. La “narrativa” se impuso a través de los medios y de la escuela (5). El pre-juicio domina a la realidad presente y la cobardía permanece ante la pseudo-revolución en retirada, herida pero no vencida.

La mayoría de nuestros vecinos ha reaccionado positivamente ante la evolución acelerada -al ingresar al siglo XXI- del fenómeno “socio-político” guerra. Nuestro país -su dirigencia-, contrariamente, permanece paralizado, confundido y en altísimo riesgo estratégico, frente a una situación que carece de tratamiento público e idóneo por los medios y en particular por parte de los responsables de la comunicación social referida a la Seguridad Nacional. “De eso no se habla”.

Mientras en el mundo desarrollado se vive una constante transformación doctrinaria y orgánica, acompañada por la multiplicación  de los presupuestos de Seguridad Nacional, la Argentina permanece de espaldas a esa realidad y a necesidades indiscutibles que la condenan, irremediablemente, a nuevos fracasos (6), si no se recupera el Estado Institucional.

 

LA NATURALEZA DE LAS COSAS.

Los cambios sorpresivos de la naturaleza del fenómeno guerra, que han llegado con el avance del alto ritmo de evolución de la civilización humana y la creciente crisis cultural de Occidente, no han podido superar -entre nosotros- la explotación estratégica colusiva que nuestros enemigos triunfantes -en el plano político-estratégico- nos han impuesto -a través del Estado- de un elaborado “relato”. Es la homologación de la “purga” que los bolcheviques impusieron a los Oficiales del Zar en 1921, impulsada aquí por el Decreto 158/83, que continúa llevando a centenares de soldados y civiles argentinos a ser condenados ilegalmente con el Código Penal Ordinario, por haber combatido y triunfado en los combates de la guerra contrarrevolucionaria -1974/1989-.

Ambas maniobras -la jurídica y la comunicacional- han “trastocado” la victoria -en combate- de los argentinos e impidieron la creación de una nueva Política de Seguridad Nacional, fruto de la durísima experiencia reciente. Esta ha sido reemplazada por una perversa y falaz política de derechos humanos, unidireccionados.

Prueba de ésta paradójica situación -en las presentes circunstancias- es que a los Cadetes de los Institutos de Formación de nuestras FFAA, no se les puede citar la agresión terrorista-revolucionaria -1959/1989-, sino solamente al “terrorismo de Estado” -1976/1983- bajo supervisión de la UNDEF y por parte de profesores provenientes de “Franja Morada”. Y esto mientras en Azul el JEMGE, al rendir homenaje a los muertos en el ataque al cuartel, expresó todo lo contrario. ¿Puede edificarse sobre la ciénaga del “relato” la personalidad de los futuros oficiales de las FFAA argentinas? ¿Puede existir tanta incoherencia dentro de las Instituciones, en un momento en que se dice que se las recuperará?.

 Las guerras en acto -en el mundo entero- siguen siendo fenómenos “lúdicos y agonales” (7) (8)-como en el pasado- pero su naturaleza ha variado. Son de otra “especie”, diría Clausewitz y ellos -los noveles oficiales-inevitablemente -si el Estado no cambia el rumbo- deberán enfrentarlas a su egreso y a lo largo de muchos años, pues no las prevemos y por eso, llegan. Estas nuevas guerras no tienen fácil ni rápida resolución. Nuestra juventud militar ¿será lanzada a combatir -nuevamente- sin previsiones estratégicas y “formados” en las falacias de la política de los derechos humanos?

 

¿PORQUÉ NECESITAMOS DETENERNOS HOY EN LA ÉTICA PROFESIONAL MILITAR?

Nuestros enemigos -hoy en colusión- en las guerras que peleamos recientemente encontraron -en las posguerras- una “debilidad” en nuestra apertura de la guerra contrarrevolucionaria. El PEN lo hizo por Decreto -que no envió al Congreso- y en él no dictó el concepto “ético – jurídico” que correspondía  al empleo de las Fuerzas en el marco interno -la DENAC- (9) y la DEMIL (10). La Convención de Ginebra regula las guerras internacionales y en su Protocolo II, trata la forma de encarar los conflictos armados internos.

Estas normas debieron ser homologadas en el Derecho Nacional,  pero no se lo hizo. Esa fue la razón por la cual cada Cte. de Zona tuvo que reemplazar aquel vacío conceptual –de neta responsabilidad política– en la polvareda del combate y establecer sus propias reglas de empeñamiento táctico. Todos ellos se hicieron responsables, pública y oportunamente, de lo que ordenaron durante las operaciones. Éste aspecto ético-jurídico, que es central, ha sido desarrollado detalladamente por el Grl Jorge Apa Ferraro, en su libro “Al gran fraude argentino ¡Salud!” (11)

Aquella “debilidad”, convertida en “vulnerabilidad” por la aguda experiencia coludida de nuestros enemigos, fue explotada a través de una maniobra de pinzas, jurídica y comunicacional, que aun sigue en curso. Tuvo un punto de partida en el Decreto 158/83, complementado por la demonización de las FFAA a través de los medios de comunicación del Estado; desde el mismo Estado que abrió operaciones militares de “aniquilamiento” de modo “defectuoso”, desde el máximo nivel político.

Así las cosas y como consecuencia de éste “trastocamiento” de la victoria táctica frente al terrorismo-revolucionario, en derrota política y estratégica de los argentinos, el país ingresó en una acelerada decadencia que se encamina aun al “Estado fallido”. Sus graves consecuencias están a la vista y en lo que hace a las FFAA, además de su objetivo desarme unilateral y extrañamiento constitucional, se les quitó el fuero militar. Quedaron sin Código de Justicia Militar y de su correspondiente Reglamentación, como principal sustento de la disciplina y del mando militar. Sepamos que somos el único país de la región que sufre semejante despropósito, agravado por los dos “estados de guerra”, como fruto del trastocamiento.

El Jus in Bello -en la Argentina- ha quedado en manos absolutamente legas, como lo están demostrando, hasta el ridículo, los jueces y fiscales de los TTOOFF, en todo el país. Si se entrara en operaciones ¿qué actitud tomarán los futuros mandos operacionales? En sus cuarteles generales ¿estarán los jueces federales y fiscales que acompañen a las tropas de primera línea, para autorizar la apertura del fuego? Tengamos presente que estarán  operando según el articulado del Código Penal ordinario y según los principios de la “legítima defensa”. Estos despropósitos, únicos en el mundo, no son solo ignorancia.

En realidad se los ha sancionado -para lograr el “control civil de los militares”- un Jus ad Bellum que, en línea con la legislación de Seguridad Nacional vigentes, niegan por ley la probabilidad de una guerra híbrida, interna. En consecuencia, es muy probable que esa guerra llegue y nuestra derrota está así asegurada, porque está prohibido preverla, por Ley. Como lo expresara Séneca: “Peor que la guerra, es tenerle miedo a la guerra” (13).

No terminan allí las consecuencias del “trastocamiento”. A las FFAA también se les ha quitado el Código de Honor Sanmartiniano y los Tribunales de Honor. Es decir, no solo se han destruido a las FFAA como Instituciones Constitucionales, sino que se ha destruido al SER militar, aquel al que se lo identificaba por su “Honor y su Valor”, y esto también está directamente relacionado con el objetivo de eliminar a las FFAA.

Se está hablando de “re-estructuración”, “reconversión”, “reconstrucción” de las FFAA. Hasta hoy no escuchamos una sola palabra dirigida a lo esencial: la recuperación de la autoestima militar, del espíritu militar, de las Instituciones Militares fundadas en su “Ética Profesional”. Napoleón lo decía en términos sencillos: “Una Fuerza no vale por el número de sus bayonetas, sino por el temple de sus corazones”.  Y las burocracias carecen de corazones. ¿Hay alguna “idoneidad” polemológica o estratégica en el ámbito de las decisiones políticas pertinentes? Yo no la observo. Debes ser mis sensores de dinosaurio.

El prostibulario Zaffaroni y la Cte Hebe no están buscando solo la ingobernabilidad. Están anunciando que la pseudo-revolución está activa y que pronto “puede haber un accidente violento”. ¿Así le llama ahora el garantismo-“un accidente”- a un asalto revolucionario violento, que probablemente prevén junto a las mafias de la corrupción, como aliados ocasionales?  Y qué hacen nuestros demócratas de cartón. Por lo menos deberían rasgarse las vestiduras, una vez más.

 

CITAS:

(1)   Auel H. J. “¿Cómo salimos de la actual emergencia político-estratégica?. FFAA y Estado Nacional”. Ago 14. www.ieeba.org

(2)   Auel H. J. “La larga guerra civil argentina y el actual estado de guerra civil revolucionaria”. Jul 13. www.ieeba.org

(3)   Auel H. J. “La Política de Derechos Humanos”. Jun 16. www.ieeba.org

(4)   Auel H. J. “La dirigencia argentina frente a los desafíos de la Seguridad Nacional en el Siglo XXI”. Ago 15. www.ieeba.org

(5)   Auel H. J. “El narcoterrorismo, el Estado Nacional, la democracia y las FFAA”. Abr 14. www.ieeba.org

(6)   Auel H. J. “El pensamiento estratégico militar en el siglo XXI”. Oct 14. www.ieeba.org

(7)   Lúdico: Azaroso. Impredecible, pues será consecuencia del choque de voluntades inteligentes.

(8)   Agonal: “Perteneciente a lo relativo a los certámenes, luchas y juegos públicos, así corporales como de ingenio”. Diccionario Enciclopédico Salvat. T. I. 8va, Ed. 1957. Aplicado al concepto guerra, el término indica que la Política -responsable de la apertura y el cierre de una guerra- es la que debe dictar a las FFAA “lo relativo” a las normas -éticas- a las que deben ajustarse. Estas, a su vez, emergen de la cultura de la Nación. De estos conceptos se derivarán las “reglas de empeñamiento” a nivel táctico inferior.

(9)   DENAC: Directiva Estratégica Nacional.

(10)      DEMIL: Directiva Estratégica Militar.

(11)      J. Apa Ferraro. “Al gran fraude argentino ¡Salud!”. Ed. Edivérn SRL. May 17.

(12)      Estado de Guerra: (O “estado de beligerancia”). “Situación que se plantea a una nación como eventual ruptura de hostilidades a través de un conflicto armado con otra nación o internamente, en el supuesto de una eventual guerra civil”. Diccionario Militar. T. II. Cabanellas de Torres y Alcalá Zamora. Bs. As. 1962. Argentina cumple con ambas situaciones: frente al RU, en razón de su permanente negativa de negociar la soberanía de las Is. del Atlántico Sur y frente al terrorismo revolucionario, pues éste retiene aun su actitud hostil, ratificada permanentemente por sus organizaciones y representantes actuales, con palabras y hechos.

(13)  H. J. Auel. “Relaciones Cívico Militares, la necesaria reconstrucción del Estado y de imprescindible Seguridad Nacional, Regional y Continental”. May 13. www.ieeba.org

 


PrisioneroEnArgentina.com

Febrero 14, 2018


 

Futuros Tsunamis

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 Por ENRIQUE GUILLERMO AVOGADRO.

 

 

 

“Del triunfo al fracaso no hay más que un paso. Lo he visto en los asuntos más

importantes, un pequeño detalle siempre ha decidido los grandes acontecimientos”.

Napoleón Bonaparte

 

 

Como era previsible, al menos para quienes conocemos a los magistrados de Comodoro Py, el Juez Claudio Bonadío se desmarcó de sus pares para desatar una tormenta política cuyas consecuencias aún resultan difíciles de prever, toda vez que puede afectar las expectativas legislativas del Gobierno y, sobre todo, al interior del peronismo.
Mauricio Macri espera (¿esperaba?) contar con un gran paquete de leyes antes de fin de año, incluyendo el presupuesto 2018, la reforma fiscal, la modificación del sistema de cálculo de las actualizaciones previsionales, etc.; y el pedido de desafuero y detención de Cristina Elisabet Fernández, Senadora electa, por traición a la Patria, impactó directamente sobre el diseño parlamentario que había construido, como un verdadero orfebre, el Senador Miguel Piccheto para aislar al kirchnerismo, dejarlo en franca minoría y separarlo del bloque del PJ.
Los colegas de Bonadío, varios de los cuales hubieran podido adoptar idénticas medidas en varias causas por corrupción en las que está imputada, pusieron a trabajar sus narices para descubrir qué prefería la Casa Rosada y, prudentemente, se abstuvieron de ejecutarlas. Hoy, dada la necesidad de contar con el voto de dos tercios de los miembros presentes para lograr el desafuero solicitado, lo cierto es que no se producirá, al menos en el mediano plazo; si la causa adquiriera mayor consistencia cuando, dentro de mucho tiempo, llegue a la etapa oral, la exposición pública de los hechos podría hacer que muchos de los que hoy se amparan en posturas garantistas para proteger la libertad ambulatoria de la viuda se vieran obligados a modificar su postura para evitar pagar un alto costo político.
Pero, como decía Napoleón, el Juez Bonadío, ahora convertido en francotirador, podría producir en breve un pequeño hecho que generaría otro tsunami, éste sí difícil de defender con invocaciones persecutorias. Si las investigaciones hoteleras avanzan, bien podría suceder que en febrero ordenara similares medidas contra Máximo y Florencia Kirchner; el primero está protegido por fueros en su condición de Diputado en ejercicio, pero no sucede lo mismo con su hermana, dueña de incalculables fortunas y de pilas de dólares en efectivo. Herida así en su flanco más doloroso, es complicado imaginar qué hará entonces la leona destronada.
Por televisión, asistí a la conferencia de prensa que brindó la rea en la Cámara de Diputados. Imaginé cuánto hubiera ganado la nación si aparecía un celular de culata para trasladar muy amablemente a prisión a la mayoría de los asistentes; descollaban, por supuesto, Nilda Garré y Agustín Rossi (ex ministros de Defensa ahora investigados por la tragedia del “San Juan”), Martín Sabbatella (un prócer de la libertad de prensa), Daniel Scioli (un corrupto mayor), Fernando Espinosa y Verónica Magario (coautores recientes y sucesivos del verdadero genocidio cometido en La Matanza) y, ¿qué menos?, Andrés Larroque (imputado también por traición a la Patria). Ausentes con aviso: Luis D’Elía, Fernando Esteche, Ricardo Jaime, Julio de Vido, Carlos Zannini, Lázaro Báez, Milagro Salas, Amado Boudou, José López, Roberto Baratta, Omar Caballo Suárez, Pata Medina y César Milani.
Pero lo que más me llamó la atención fue el tenor de los argumentos utilizados para descalificar la resolución de Bonadío y para imputar, como autor intelectual de la misma, a Mauricio Macri. Sus críticas al fallo (desconocimiento de la presunción de inocencia, limitaciones a la prisión preventiva, prevaricato del juez, causas amañadas para condenar sin pruebas, violación de normas constitucionales, invención de tipos penales, obediencia del magistrado a la voluntad del Gobierno, etc.), corresponden con exactitud a los principios jurídicos que, al ser violados impunemente desde 2003 hasta ahora, mantienen en prisión a casi dos mil militares, muchos hace más de una década y sin condena.
En otro orden de cosas, si bien es cierto que el 60% de la ciudadanía muestra en todas las encuestas su optimismo sobre la gestión del Gobierno y la figura de Mauricio Macri, y se siente confortada con el efecto reparador del accionar de los jueces sobre los funcionarios y pseudo empresarios kirchneristas, no lo es menos que espera ansiosa que avancen sobre quienes bailaron tantos tangos con ellos, pagando las coimas que después incluían como sobreprecios en las obras públicas; y se pregunta qué pasará cuando la ola se acerque al círculo de las actuales autoridades.
El escándalo Odebrecht (“Lava Jato”) está arrasando con ese mundo secreto y fétido en toda la región. En la Argentina, hay muchos nombres importantes, y de todos los colores políticos, que deben dar explicaciones a los jueces: Enrique y Sebastián Ezkenazi (YPF y Petersen), Jorge Brito (Banco Macro), Osvaldo Acosta y Gustavo Ferreyra (Electroingeniería), Ángelo Calcaterra (IECSA), Cristiano Ratazzi (Flight Express), Enrique Wagner (Constructora) y muchos más. Hasta tanto ocurra, y de modo transparente, el escepticismo que tanto nos caracteriza seguirá imperando.
Al tope de nuestras preocupaciones están la seguridad y la administración de justicia. Recuerdo que ya en 1130, el Rey Enrique I concedió a los londinenses el derecho a escoger como su propio sheriff y juez a quienes ellos quisieran. Y esa anécdota viene a cuento porque una de las causas de esas preocupaciones es la enorme desconfianza que tenemos sobre la conducta de nuestras policías, funcionarios, fiscales y jueces, muchas veces involucrados en el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de dinero o la exhibición de fortunas inexplicables; pero aún si adoptáramos ese sistema, no debemos olvidar la responsabilidad del Consejo de la Magistratura, que tiene a su cargo el deber constitucional de ejercer el control del Poder Judicial, y de nombrar y remover a los jueces.
Como sucede con la defensa nacional, tristemente vuelta a poner sobre el tapete a raíz de la inevitable tragedia del submarino “San Juan”, en el terreno de la Justicia también debemos darnos políticas de Estado, con una clara, consistente y, sobre todo, permanente planificación del objetivo al cual queremos llegar. Si no lo hacemos, no tendremos derecho a quejarnos, aunque sigan depredándose nuestros recursos naturales, continúen los movimientos subversivos secesionistas, imperen las más violentas bandas de narcotraficantes y toleremos la inmigración descontrolada.
Cambiando absolutamente de escenario, recuerdo que Karl Marx, citando a Hegel (“los grandes hechos y personajes de la historia se repiten”), agregó que la primera vez lo hacen como tragedia y, la segunda, como comedia. Nicolás Maduro que, imitando a los gerontes cubanos, sumió a su pueblo en el hambre, la miseria y la desesperanza, ahora obliga a los ciudadanos a obtener un “carnet de la Patria”; el nuevo documento resulta indispensable para realizar cualquier tipo de trámite, contar con libretas de racionamiento de comida, acceder a centros médicos y remedios, estudiar en todos los niveles y votar, en un siniestro sistema de control de la ciudadanía. Nada importó, para dictar tamaño disparate, que sus númenes hayan visto fracasar en la isla, uno tras otro, todos los programas económicos que inventaron a contramano del mundo. Así como nos duele en el alma el régimen de terror asesino que se implantó en Cuba a partir de 1956, hoy nos conmueve hasta la médula lo que sucede en Venezuela, que se acerca a una situación igual y muere cada día.

 

 

Enrique Guillermo Avogadro

 


PrisioneroEnArgentina.com

Diciembre 9, 2017


 

Trump y el peligro de su propio magnicidio

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Escribe Carlos Belgrano.

 

Como no suelo guardar archivos sobre mis entregas, no recuerdo certeramente si mencioné este tema

antes de ahora.

Pero como el desarrollo de los hechos internacionales cuenta con su propia dinámica, creo que nunca está de más, esbozar nuevas hipótesis.

Este “Pato Donald”, para algunos, tiene los días y/o meses contados, por su carácter indómito y egocentrismo desmedido para los tiempos que corren.

Se apresta a un enfrentamiento directo con China, por el refuerzo que promete de la Séptima Flota, con

más submarinos nucleares en todo el sudeste asiático.

Una guerra comercial en principio con su puerta trasera -México- será una constante en su inminente

administración.

El enfrentamiento con Hollywood, Wall Street, la Prensa Asociada y la propia Agencia Nacional de Seguridad, lo tornará inestable en cuanto a su integridad física.

Enfrenta demasiados intereses corporativos que hasta ahora eran “las vacas sagradas del sistema”.

Lo que trae a mi memoria, un tanto oxidada lo admito, una anécdota protagonizada entre “Joe” Kennedy

y su hijo “Jack” en el verano de 1961.

El caso fue que el Patriarca le comentó a su hijo mayor que los tipos de la Bolsa de New York, eran unos

canallas.

Era sábado y en la tertulia familiar Bostoniana, participaban muchos de sus miembros.

Pero se supo luego que el actor Peter Lawford, cuñado del Presidente lo filtró a los Medios.

El resultado fue que en la apertura de la rueda del lunes siguiente, todos los operadores en el recinto,

se colocaron una cocarda que decia “soy un hijo de puta”.

Fue todo un meta mensaje que dos años después, tendría su epicentro en Dallas.

Donald Trump, si bien es el emblema del “antisitema” de todo Washington DC y sus intrigas, es de la

opinión que se encuentra suficientemente cohonestado por el holgado respaldo de sus votantes, víctimas de la decadencia Norteamericana.

El y sus asesores son de la opinión que con ello bastara, pero si eso creen, no estudiaron la historia de su propia Nación.

Muchos siguen afirmando que John Wilkes Booth -el asesino de Lincoln-, era un Confederado resentido por la derrota de los Sudistas.

He reunido en estos últimos treinta años, la suficiente documentacion respaldatoria que el homicida actuó por ordenes directas del Secretario De Guerra Edwin Stanton, quien ordenó la ejecución del Presidente, porque se oponía ferreamente a la politica del viejo Abe, de tender un manto de olvido y perdón a los Estados Sureños.

Y porque las conspiraciones presidenciales siempre son ejecutadas por los mas cercanos a la víctima.

Sucedió con Julio César, con Robespierre, con el exiliado Bonaparte, con Stalin a manos del Mariscal Zukov, con JFK por parte de su Vice Lyndon Johnson, quien era partidario de una intervención directa y sin mas demoras en Vietnam,  Laos y Camboya, Juan Pablo I y con cientos de otros casos desde aquel afamado ateniense -Pisistrato-, a manos de sus dos hijos varones.

En otras palabras y yendo especificamente al caso Yankee, lo cierto es que ellos nunca apelaron a los Golpes de Estado, sino a la supresion de sus Presidentes si las cosas se salían de curso.

Trump puede y casi seguro será ese epifenómeno de recurrencia supresiva, si no opta por la moderación.

Pero todo indica que no recurrirá a dominar su altivo temperamento, porque planea reposicionar a USA

al status que tenía en los ochenta, cuando un mediocre actor como Reagan se apropió de Occidente y

los restos de la Union Soviética.

Y en esa Cruzada que esta vez acendrara el racismo de los ex Estados Secesionistas en perjuicio de los caras sucias afros, encontrará más enemigos en el camino que quizás en conjunto nos hagan presenciar

a…

TRUMP Y EL PELIGRO DE SU PROPIO MAGNICIDIO.


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 14, 2017