“Nada se edifica sobre la piedra; todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuese piedra la arena…”
Jorge Luis Borges.-
La reciente editorial de este diario y el eco doloroso de nuestras calles vuelven a recordarnos que la violencia contra la mujer no disminuye: se transforma, muta, se profundiza. Tucumán lleva nueve mujeres asesinadas en lo que va del año, nueve silencios que gritan, nueve vidas truncadas que nos interpelan con la urgencia de lo impostergable. La primera entrega de estas reflexiones en la editorial del “Diario La Gaceta” buscó iluminar el contexto. Hoy, en esta segunda parte, es necesario admitir algo más crudo: estamos frente a una tragedia estructural, a una maquinaria sostenida por estereotipos, omisiones y decisiones estatales insuficientes que perpetúan el daño. La violencia excede el golpe y el femicidio. Es un proceso, un cerco que se cierra paso a paso: En el control cotidiano, en la humillación velada, en el hostigamiento persistente, en el aislamiento emocional, y, sobre todo, en la violencia económica, esa forma sigilosa de sometimiento que despoja a la mujer de su autonomía, su patrimonio y hasta su dignidad. He sido testigo directo como abogado defensor, querellante y hombre formado en los pasillos del Poder Judicial de mujeres obligadas a pedir permiso para comprar un medicamento, impedidas de disponer de sus bienes, vigiladas, reducidas, anuladas. Esa violencia no deja moretones, pero destruye vidas enteras. La tragedia de Paola Tacacho, evocada nuevamente en la editorial, sigue siendo un espejo doloroso de nuestras fallas: un acosador denunciado 22 veces, un sistema que la escuchó tarde, y una indiferencia institucional que también mató. Como dijo Borges, “la indiferencia es más temible que la ira”. Y en materia de género, la indiferencia mata. En esta provincia – como en el país – aún se cuestiona la vida privada de la víctima, se relativiza el acoso, se normaliza el piropo agresivo, se desfinancian áreas estatales destinadas a la protección de la mujer y se demora en la capacitación obligatoria de la Ley Micaela. No son hechos aislados: son síntomas de una cultura que todavía justifica, excusa o minimiza la violencia. Por eso esta carta no es sólo un parecer: es un llamado. Un llamado a la Justicia para que actúe con verdadera perspectiva de género. Un llamado al Estado para que fortalezca y no desmonte las instituciones que protegen a las mujeres. Un llamado a la educación para que enseñe desde la infancia que la igualdad no es un discurso sino una práctica diaria. Un llamado a la sociedad, porque lo que ocurre en cada hogar, en cada barrio, en cada institución, nos concierne a todos. Borges escribió que “toda muerte es una violencia contra el tiempo”. Pero estas muertes, las de nuestras mujeres, son además una violencia contra la esperanza, contra el futuro, contra lo que podríamos ser si tuviéramos el coraje de cambiar de verdad. Ojalá llegue el día en que en Tucumán ninguna mujer tema por su vida, su libertad o sus bienes. Pero para que ese día exista, no podemos seguir callando. Porque en esta tierra, en este tiempo, cuando callamos, también somos parte del problema.
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“Nada se edifica sobre la piedra; todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuese piedra la arena…”
Jorge Luis Borges.-
La reciente editorial de este diario y el eco doloroso de nuestras calles vuelven a recordarnos que la violencia contra la mujer no disminuye: se transforma, muta, se profundiza. Tucumán lleva nueve mujeres asesinadas en lo que va del año, nueve silencios que gritan, nueve vidas truncadas que nos interpelan con la urgencia de lo impostergable. La primera entrega de estas reflexiones en la editorial del “Diario La Gaceta” buscó iluminar el contexto. Hoy, en esta segunda parte, es necesario admitir algo más crudo: estamos frente a una tragedia estructural, a una maquinaria sostenida por estereotipos, omisiones y decisiones estatales insuficientes que perpetúan el daño. La violencia excede el golpe y el femicidio. Es un proceso, un cerco que se cierra paso a paso: En el control cotidiano, en la humillación velada, en el hostigamiento persistente, en el aislamiento emocional, y, sobre todo, en la violencia económica, esa forma sigilosa de sometimiento que despoja a la mujer de su autonomía, su patrimonio y hasta su dignidad. He sido testigo directo como abogado defensor, querellante y hombre formado en los pasillos del Poder Judicial de mujeres obligadas a pedir permiso para comprar un medicamento, impedidas de disponer de sus bienes, vigiladas, reducidas, anuladas. Esa violencia no deja moretones, pero destruye vidas enteras. La tragedia de Paola Tacacho, evocada nuevamente en la editorial, sigue siendo un espejo doloroso de nuestras fallas: un acosador denunciado 22 veces, un sistema que la escuchó tarde, y una indiferencia institucional que también mató. Como dijo Borges, “la indiferencia es más temible que la ira”. Y en materia de género, la indiferencia mata. En esta provincia – como en el país – aún se cuestiona la vida privada de la víctima, se relativiza el acoso, se normaliza el piropo agresivo, se desfinancian áreas estatales destinadas a la protección de la mujer y se demora en la capacitación obligatoria de la Ley Micaela. No son hechos aislados: son síntomas de una cultura que todavía justifica, excusa o minimiza la violencia. Por eso esta carta no es sólo un parecer: es un llamado. Un llamado a la Justicia para que actúe con verdadera perspectiva de género. Un llamado al Estado para que fortalezca y no desmonte las instituciones que protegen a las mujeres. Un llamado a la educación para que enseñe desde la infancia que la igualdad no es un discurso sino una práctica diaria. Un llamado a la sociedad, porque lo que ocurre en cada hogar, en cada barrio, en cada institución, nos concierne a todos. Borges escribió que “toda muerte es una violencia contra el tiempo”. Pero estas muertes, las de nuestras mujeres, son además una violencia contra la esperanza, contra el futuro, contra lo que podríamos ser si tuviéramos el coraje de cambiar de verdad. Ojalá llegue el día en que en Tucumán ninguna mujer tema por su vida, su libertad o sus bienes. Pero para que ese día exista, no podemos seguir callando. Porque en esta tierra, en este tiempo, cuando callamos, también somos parte del problema.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com
San Miguel de Tucumán
PrisioneroEnArgentina.com
Nov 27, 2025