“Un ardor guerrero recorre el planeta; ya no es cosa sólo de los regímenes autoritarios”.
Giuliano da Empoli
Lo que está sucediendo en Irán no es más que la manifestación más reciente, y para ella más letal (más de 3.800 muertos y de 10.000 detenidos), de la reacción de la “Generación Z” – los nacidos entre 1995 y 2010 – por el hartazgo ante sociedades que son incapaces de dar respuesta a sus necesidades o apetencias cotidianas. Ya habíamos previsto su expansión global cuando estalló la revuelta en Laos que, motivada por la falta de derechos civiles impuesta por el régimen comunista, llevó al incendio de la residencia del Primer Ministro, que terminó arrojado al río. En otras latitudes, las causas fueron tan disímiles como el bloqueo del acceso a Internet, la corrupción generalizada, el deterioro de la situación económico-social, la violencia imperante, la pérdida de futuro o la edad para acceder a una muy lejana jubilación.
Aparentemente, ya no es posible sofrenar a estos jóvenes descontentos utilizando el miedo a la cárcel, al secuestro, a la tortura ni al asesinato, recursos habituales de quienes ejercen el poder, se trate de regímenes autoritarios de derecha o de izquierda. Y peor aún, éstos no encuentran siquiera con quién negociar medidas paliativas porque se trata, sin duda, de movimientos sin jefes, espontáneos, magnificados y organizados a través de las redes sociales y, cuando éstas faltan, del boca a boca.
Entre nosotros, los latinoamericanos, las claras excepciones – Cuba, Nicaragua y Venezuela – a esas manifestaciones que se dan en todo el globo, se deben exclusivamente a que, de esas tiranizadas naciones, los jóvenes han sido expulsados o han emigrado masivamente, jugándose la vida en las selvas de Darien, en el mar Caribe o en los pasos clandestinos de peligrosas fronteras. El propio Leonardo Padura, ya mayor, se lamentó recientemente desde La Habana: “No quiero ser como esos que también se fueron y les piden a los que se quedaron aquí que sean héroes o mártires”.
La pregunta que deberíamos hacernos es ¿cómo reaccionarán los “Z” cuando la creciente militarización y la asombrosa proliferación de conflictos bélicos que estamos viviendo actualmente los obliguen a combatir en guerras que no sienten suyas? y la respuesta más inmediata nos la está dando Rusia, a la cual le resulta cada día más difícil conseguir tropas propias y debe recurrir a soldados de Corea del Norte, Bielorrusia y hasta China, pero también Europa, donde Bruselas y gobiernos que van irremisiblemente a la insignificancia geopolítica están al borde de llamarlos a filas.
Porque, si bien es cierto que los enormes avances tecnológicos (en especial, con los drones) han hecho que los ataques y las batallas sean mucho menos costosas en vidas humanas civiles, como siempre se necesitará de la infantería para ocupar los territorios conquistados, y eso requiere de la presencia física de muchos hombres y mujeres. Por eso, tanto Moscú como Kiev se están desangrando al perder millones de jóvenes, sí millones, muertos o heridos en los campos de batalla de esa guerra infernal.
Trump
Por ejemplo, ¿es imaginable que quienes incendiaron Paris con sus chalecos amarillos para oponerse a una reforma previsional obedezcan mansamente una convocatoria a servir en la frontera, actual o futura, entre Ucrania y Rusia? ¿Qué harán los jóvenes estadounidenses si les ordenaran defender con sus armas a Taiwan? Después de las tan caras catástrofes de Vietnam, Irak y Afganistán, ¿cuántos se ofrecerían para servir en un Irán arrasado por guerras civiles? Tal vez allí esté el origen de la prudencia con que se está moviendo Donald Trump en Venezuela y frente a Cuba.
El pragmatismo del Presidente de EEUU se está comprobando en sus contradictorias posiciones frente a los criminales ayatollahs, en su comportamiento diplomático ante Delcy Rodríguez – Presidente interina – y, también, en el sutil destrato que ha prodigado a María Corina Machado. Después de la extracción de Nicolás Maduro, Trump ha centrado su interés en el petróleo venezolano pero, sin duda, también en cortar los fuertes lazos que vinculaban a Caracas con Moscú, Teherán y Beijin, con vistas a asegurar su esfera de influencia. Y el mismo razonamiento está motivando su beligerante conducta respecto a Groenlandia (invocando un presunto “espacio vital de defensa”), que lo enfrenta directamente con la OTAN, organización de la cual los mismos EEUU son el principal integrante.
Maduro
Retornando a la Argentina, y amén de festejar la inédita tranquilidad política y social que caracteriza a este verano y, sobre todo, celebrar la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea que se concretará hoy en Asunción, no puedo dejar de expresar mi alarma y mi preocupación ante el DNU de Javier Milei, firmado en diciembre entre gallos y medianoche, que otorga a los agentes de los servicios de inteligencia la inexplicable facultad para detener a cualquiera cuando se lo encuentre en flagrancia. Si bien es redundante, pues la legislación actual permite hacer lo mismo a cualquier ciudadano, los veinte años durante los cuales el kirchnerismo violó tanto la legalidad nos han dejado muy malos recuerdos y, como bien sostiene el dicho popular, “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”.
Termino esta nota con mi inveterado reclamo al Estado para que ponga definitivo fin a la ignominia que significa mantener en la cárcel a más de mil ancianos (algunos superan los cien años) militares, policías y civiles, la mayoría de ellos sin sentencia firme, desde hace más de veinte años por hechos producidos, presuntamente, hace medio siglo; para vergüenza nacional, han muerto ya 959 en las mazmorras de esta sociedad hipócrita.
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“Un ardor guerrero recorre el planeta; ya no es cosa sólo de los regímenes autoritarios”.
Giuliano da Empoli
Lo que está sucediendo en Irán no es más que la manifestación más reciente, y para ella más letal (más de 3.800 muertos y de 10.000 detenidos), de la reacción de la “Generación Z” – los nacidos entre 1995 y 2010 – por el hartazgo ante sociedades que son incapaces de dar respuesta a sus necesidades o apetencias cotidianas. Ya habíamos previsto su expansión global cuando estalló la revuelta en Laos que, motivada por la falta de derechos civiles impuesta por el régimen comunista, llevó al incendio de la residencia del Primer Ministro, que terminó arrojado al río. En otras latitudes, las causas fueron tan disímiles como el bloqueo del acceso a Internet, la corrupción generalizada, el deterioro de la situación económico-social, la violencia imperante, la pérdida de futuro o la edad para acceder a una muy lejana jubilación.
Entre nosotros, los latinoamericanos, las claras excepciones – Cuba, Nicaragua y Venezuela – a esas manifestaciones que se dan en todo el globo, se deben exclusivamente a que, de esas tiranizadas naciones, los jóvenes han sido expulsados o han emigrado masivamente, jugándose la vida en las selvas de Darien, en el mar Caribe o en los pasos clandestinos de peligrosas fronteras. El propio Leonardo Padura, ya mayor, se lamentó recientemente desde La Habana: “No quiero ser como esos que también se fueron y les piden a los que se quedaron aquí que sean héroes o mártires”.
Porque, si bien es cierto que los enormes avances tecnológicos (en especial, con los drones) han hecho que los ataques y las batallas sean mucho menos costosas en vidas humanas civiles, como siempre se necesitará de la infantería para ocupar los territorios conquistados, y eso requiere de la presencia física de muchos hombres y mujeres. Por eso, tanto Moscú como Kiev se están desangrando al perder millones de jóvenes, sí millones, muertos o heridos en los campos de batalla de esa guerra infernal.
Por ejemplo, ¿es imaginable que quienes incendiaron Paris con sus chalecos amarillos para oponerse a una reforma previsional obedezcan mansamente una convocatoria a servir en la frontera, actual o futura, entre Ucrania y Rusia? ¿Qué harán los jóvenes estadounidenses si les ordenaran defender con sus armas a Taiwan? Después de las tan caras catástrofes de Vietnam, Irak y Afganistán, ¿cuántos se ofrecerían para servir en un Irán arrasado por guerras civiles? Tal vez allí esté el origen de la prudencia con que se está moviendo Donald Trump en Venezuela y frente a Cuba.
El pragmatismo del Presidente de EEUU se está comprobando en sus contradictorias posiciones frente a los criminales ayatollahs, en su comportamiento diplomático ante Delcy Rodríguez – Presidente interina – y, también, en el sutil destrato que ha prodigado a María Corina Machado. Después de la extracción de Nicolás Maduro, Trump ha centrado su interés en el petróleo venezolano pero, sin duda, también en cortar los fuertes lazos que vinculaban a Caracas con Moscú, Teherán y Beijin, con vistas a asegurar su esfera de influencia. Y el mismo razonamiento está motivando su beligerante conducta respecto a Groenlandia (invocando un presunto “espacio vital de defensa”), que lo enfrenta directamente con la OTAN, organización de la cual los mismos EEUU son el principal integrante.
Retornando a la Argentina, y amén de festejar la inédita tranquilidad política y social que caracteriza a este verano y, sobre todo, celebrar la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea que se concretará hoy en Asunción, no puedo dejar de expresar mi alarma y mi preocupación ante el DNU de Javier Milei, firmado en diciembre entre gallos y medianoche, que otorga a los agentes de los servicios de inteligencia la inexplicable facultad para detener a cualquiera cuando se lo encuentre en flagrancia. Si bien es redundante, pues la legislación actual permite hacer lo mismo a cualquier ciudadano, los veinte años durante los cuales el kirchnerismo violó tanto la legalidad nos han dejado muy malos recuerdos y, como bien sostiene el dicho popular, “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”.
Termino esta nota con mi inveterado reclamo al Estado para que ponga definitivo fin a la ignominia que significa mantener en la cárcel a más de mil ancianos (algunos superan los cien años) militares, policías y civiles, la mayoría de ellos sin sentencia firme, desde hace más de veinte años por hechos producidos, presuntamente, hace medio siglo; para vergüenza nacional, han muerto ya 959 en las mazmorras de esta sociedad hipócrita.
Bs.As., 17 Ene 26
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Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
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Enero 16; 2026