¿La Masacre? de Ituzaingó y Las Heras 

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  Por Orlando Gauna

Corría el año 1977. 

Fue un día miércoles 19 de enero. 
Las fuerzas gubernamentales habían detectado que en un edificio de departamentos ubicado en la esquina de Las Heras e Ituzaingó de la ciudad de Santa Fe se encontraban cabecillas de la organización terrorista Montoneros. 
Ya ante el ataque llevado a cabo en 1974 por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) contra la unidad militar de Azul, el presidente constitucional Juan Domingo Perón, en un discurso por cadena nacional el 20 de enero de 1974, expresó ‘El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar.» 
Y el 22 de enero de 1974 por carta a los Jefes, Oficiales, Suboficiales y Soldados de la guarnición de Azul, Perón expresa en uno de sus párrafos: “Teniendo en nuestras manos las grandes banderas o causas que hasta el 25 de mayo de 1973 pudieron esgrimir, la decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución de paz y el repudio unánime de la ciudadanía hará que el reducido número de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a uno para bien de la República.” 
Y por Decreto 2772/75 publicado en el Boletín Oficial, 4 de Noviembre de 1975 se dispone que las Fuerzas Armadas bajo el Comando Superior del Presidente de la Nación que será ejercido a través del Consejo de Defensa procederán a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país. Y firman este decreto, Italo Argentino Luder, Manuel Arauz Castex, Tomás Salvador Vottero, Carlos Alberto Emery, Carlos Federico Ruckauf, Antonio Cafiero y Angel Federico Robledo. El Decreto 2452/75 en su Artículo 1 reza: Prohíbese el proselitismo, adoctrinamiento, difusión, requerimiento de ayuda para su sostenimiento y cualquier otra actividad que efectúe para lograr sus fines el grupo subversivo auto-denominado “Montoneros”, ya sea que actúe bajo esa denominación e bajo cualquier otra que la sustituya. 

El 19 de enero de 1977 en horas de la siesta se decide detener a los delincuentes, conforme lo imponían las disposiciones legales vigentes, dictadas por un gobierno constitucional. 

Para evitar su fuga y desalentar cualquier atisbo de resistencia, se monta un operativo a cargo de personal del Ejército Argentino, con numerosos integrantes y se ordena al personal policial acordonar la zona, para evitar víctimas colaterales en caso de un enfrentamiento. 
Llaman por el timbre al departamento del primer piso, ocupado por los terroristas. Se asoma la “Negra” Ileana Gómez, pareja del “Zapa”, “el Pelado Mario”, cuyo nombre real era Jorge Luis Piotti. Desde la vereda le dicen que querían hablar con su marido. Ella se introduce al departamento e inmediatamente desde la puerta del departamento arrojan una granada de guerra por la escalera. 
Con su experiencia en estás lides, el personal actuante se arroja al suelo para evitar la onda expansiva del explosivo, que sólo le afecta el sentido de la audición. 
Con la detonación de la granada detonó el enfrentamiento armado. 
Los delincuentes no están dispuestos a entregarse 
 Quieren morir matando. 
Son asesinos profesionales. 
Pero acorralados y sin posibilidades de escapatoria, caen bajo las balas, la *Negra”, Osvaldo Ziccardi y Carlos Frigerio.
El “Pelado” Piotti, herido, trata de escapar por Ituzaingó hacia el Oeste. Allí se encontraba apostado un soldado con orden expresa de impedir el paso de cualquier fugitivo. El soldado cumple la orden y ultima al terrorista.
Durante el enfrentamiento la “Negra” trata de salvar la vida de sus pequeños hijos y quiere esconderlos en un departamento vecino. Al negarle el ingreso la ocupante de ese departamento, la “Negra” la asesina y oculta a los niños en el interior de un placard.
Cómo no existía ningún PLAN SISTEMATICO DE APROPIAMIENTO DE BEBÉS, los niños fueron entregados a los familiares de los occisos.
Los medios de comunicación informaron ampliamente del enfrentamiento que duró unas tres horas. 
Uno de los departamentos del edificio estaba ocupado por el flamante contador Jorge Giorgetti, quien luego llegaría a ser un importante dirigente peronista. 

Con la llegada de Kirchner a la presidencia se inicia el CURRO DE LOS DERECHOS HUMANOS y de ser un enfrentamiento, el hecho se convirtió en “LA MASACRE DE ITUZAINGÓ Y LAS HERAS” donde fueron “asesinados cuatro jóvenes idealistas desarmados e indefensos” 

Al declarar, Giorgetti, parece que no recordaba haber escuchado los disparos que efectuaron desde el interior del edificio ni las granadas que explotaban en la calle, arrojadas desde el interior los delincuentes. 
La vecina asesinada por la “Negra”, pasó a ser asesinada por los “represores”, así, los deudos pudieron beneficiarse con una jugosa indemnización por qué la occisa fue ‘víctima del terrorismo de Estado”.
El juez federal Reinaldo Rodríguez que velozmente resolvía favorablemente los amparos presentados por el famoso “corralito”, y con la misma celeridad resolvía favorablemente la libertad de narcotraficantes, o eximía de responsabilidad penal a secuestradores de mujeres para la explotación sexual y dejaba prescribir otras causas emblemáticas, disponía detenciones por la “Masacre de Ituzaingó y Las Heras”.
Y los jueces Luciano Lauría, Mario Gambacorta y Omar Paulucci dirigieron la función estelar del circo judicial, seleccionando a quienes iban a condenar. Condenaron al Coronel Ramón Recio que no tuvo ninguna participación en el enfrentamiento ni estuvo en el lugar. (Esos jueces son responsables de la muerte de Recio en cautiverio por Covic). 
Esos mismos jueces condenaron al personal policial que cumpliendo órdenes cercó la zona para evitar que inocentes fueran alcanzados por las balas y granadas disparadas y arrojadas por los terroristas. 
Pero por ser políticamente incorrecto, no juzgaron ni condenaron a los soldados conscriptos que tuvieron una activa participación en el enfrentamiento, dónde incluso, fue un soldado quien mató a Piotti. 
Los soldados conscriptos, testigos calificados, totalmente imparciales, no fueron llamados a declarar. 
Pero llamaron a declarar a un testigo muy importante, Oscar Alberto Ramayo, un humilde gomero (reparador de neumáticos de vehículos), el que desde unos cincuenta metros de distancia vio ‘asesinar”a Piotti y luego se traslada unos doscientos metros, para desde otra esquina, “ver” desde unos cien metros, como “asesinan” a la “Negra”. Un error que los jueces no vieron, primero es abatida la “Negra” y por último el “Pelado” .
Pero todo cambia, y también la fortuna de las personas, cambia. A veces para mal y otras para bien. Y la fortuna de Óscar Alberto Tamayo, aquel humilde gomero, también cambió para bien. Después de declarar que “vio” asesinar a la “Negra” y al “Pelado”, pudo vacacionar con su pareja, allende los mares. En Europa, Asia y África.
Y en una explícita apología del terrorismo, con la autorización, expresa o tacita de las autoridades municipales, en la vereda del edificio que fuera el último refugio de estos criminales terroristas, se colocó una de lo que dieron en llamar “baldosas para la memoria ‘, con el nombre de los cuatro delincuentes abatidos.
Orlando Agustín Gauna

PrisioneroEnArgentina.com

Enero 17, 2025

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