Errores y aciertos del presidente Javier Milei

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  Por Mick Olsen.

Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier Milei ha protagonizado uno de los cambios políticos y económicos más disruptivos de la historia reciente de la Argentina. Su estilo confrontativo, su discurso liberal radical y su promesa de “terminar con la casta” generaron fuertes expectativas en una sociedad cansada de la inflación crónica, el estancamiento económico y la desconfianza hacia la dirigencia tradicional. A más de un año de gestión, su presidencia muestra luces y sombras que merecen un análisis equilibrado.

Entre los principales aciertos de Milei se destaca su decisión de enfrentar de manera directa el déficit fiscal, un problema estructural del país. El ajuste del gasto público, la reducción de subsidios y la búsqueda del equilibrio fiscal enviaron una señal clara a los mercados y a los organismos internacionales. Por primera vez en años, el discurso oficial dejó de negar la gravedad de la crisis y puso el foco en la responsabilidad fiscal como condición básica para el crecimiento. Asimismo, su impulso a la desregulación económica y a la apertura de mercados apunta a devolver competitividad a sectores productivos asfixiados por décadas de controles.

Otro acierto ha sido su coherencia ideológica. A diferencia de otros presidentes que moderaron su discurso al llegar al poder, Milei ha intentado gobernar de acuerdo con sus ideas liberales, lo que le ha permitido conservar un núcleo duro de apoyo ciudadano. Para muchos argentinos, esa autenticidad representa una ruptura con el oportunismo político tradicional.

Sin embargo, los errores también han sido evidentes. El ajuste económico, aunque necesario para algunos analistas, tuvo un fuerte impacto social. La caída del consumo, el aumento de la pobreza en el corto plazo y la pérdida de poder adquisitivo generaron un costo social significativo, especialmente en los sectores más vulnerables. La falta de una red de contención más clara y mejor comunicada profundizó el malestar y alimentó la conflictividad social.

En el plano político, Milei ha mostrado dificultades para construir consensos. Su relación tensa con el Congreso, los gobernadores y sectores clave de la sociedad ha complicado la gobernabilidad. El uso constante de un lenguaje confrontativo, tanto hacia la oposición como hacia actores sociales y periodistas, ha contribuido a un clima de polarización que dificulta acuerdos duraderos. En un sistema democrático, la capacidad de negociar es tan importante como la convicción ideológica.

En conclusión, la presidencia de Javier Milei representa una apuesta audaz por un cambio profundo en la Argentina. Sus aciertos radican en haber enfrentado problemas estructurales largamente postergados y en haber sacudido un sistema político desacreditado. Sus errores, en cambio, se vinculan con el costo social del ajuste y la dificultad para articular diálogo político. El balance final de su gestión dependerá de si logra convertir el sacrificio presente en estabilidad y crecimiento sostenido en el futuro.


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 23, 2026


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