El legado geopolítico y nacional de la presidencia de Trum

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  Por Mick Olsen.

La presidencia de Donald Trump dejó un legado profundo y controvertido tanto en la política interna de Estados Unidos como en el escenario geopolítico mundial. Su estilo disruptivo, su retórica confrontativa y su rechazo a muchas normas tradicionales alteraron el funcionamiento del poder estadounidense y redefinieron la forma en que el país se relaciona consigo mismo y con el mundo.

En el plano nacional, Trump transformó el sistema político más por el tono que por las instituciones formales. Rompió con el lenguaje clásico de la presidencia y gobernó como un outsider permanente, incluso desde la Casa Blanca. Esto reforzó una fuerte polarización social y política. Para millones de estadounidenses, Trump representó una voz contra las élites políticas, mediáticas y económicas; para otros, fue una amenaza a las normas democráticas y a la convivencia institucional. Su legado interno incluye una sociedad más dividida, una desconfianza creciente en los medios y en las elecciones, y un Partido Republicano profundamente marcado por su figura y su estilo.

Económicamente, Trump impulsó una agenda nacionalista: recortes impositivos, desregulación y un discurso centrado en la recuperación del empleo industrial. Si bien hubo crecimiento y baja del desempleo antes de la pandemia, el impacto estructural de estas políticas sigue siendo debatido. La crisis del COVID-19, hacia el final de su mandato, expuso debilidades en la gestión federal y dejó una huella duradera en la percepción de su presidencia.

En el plano geopolítico, el legado de Trump fue aún más disruptivo. Bajo el lema “America First”, Estados Unidos se retiró o debilitó su compromiso con acuerdos multilaterales clave, como el Acuerdo de París sobre el clima y el pacto nuclear con Irán. Trump cuestionó abiertamente alianzas históricas como la OTAN, presionando a sus socios pero también sembrando dudas sobre la fiabilidad estadounidense como líder global.

Al mismo tiempo, su presidencia reconfiguró la relación con China, marcando un giro decisivo hacia la competencia estratégica. La guerra comercial iniciada bajo Trump señaló el fin del consenso globalista que había dominado décadas anteriores y abrió una etapa de mayor confrontación económica y tecnológica. En Medio Oriente, su apoyo firme a Israel y los Acuerdos de Abraham redefinieron alianzas regionales, aunque sin resolver conflictos de fondo.

En conclusión, el legado geopolítico y nacional de Trump es ambivalente y duradero. Reforzó tendencias de nacionalismo, desconfianza institucional y competencia entre potencias, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Más que un paréntesis, su presidencia fue un punto de inflexión: incluso después de dejar el poder, las ideas, tensiones y estilos que introdujo continúan influyendo en la política estadounidense y en el orden internacional.


PrisioneroEnArgentina..com

Febrero 7, 2026


 

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