Un análisis profundo de la historia argentina reciente revela que la violencia de los años 70 no fue solo un choque ideológico, sino el resultado de una compleja ingeniería financiera sostenida por el Poder Internacional del Dinero. Aunque se nos presenta al liberalismo capitalista y al comunismo como polos opuestos, ambos comparten una misma raíz materialista y han servido a los mismos intereses globales. El odio de ambas ideologías es al Occidente Cristiano, al helenismo y al romanismo, heredadas por la Hispanidad y traída a estas tierras por la evangelización Hispana.
El Capitalismo al servicio del Terrorismo
Es un error creer que organizaciones como Montoneros y el ERP se sustentaron solo con doctrina. Su operatividad dependió de un andamiaje construido por sectores del liberalismo financiero, como el grupo liderado por David Graiver. Esta estructura permitió que el dinero proveniente de secuestros y extorsiones circulara en los mercados internacionales, generando los intereses y la liquidez necesarios para la compra de armamento, municiones y sostén logístico. Sin este soporte del capital, la insurgencia no habría podido asolar al país.
De las Armas a la Revolución Gramsciana
La historia demuestra que, al llegar al poder, figuras vinculadas a estos sectores —desde la etapa de Alfonsín, abogado defensor de integrantes del ERP, hasta el kirchnerismo, cercano a la estructura montonera— no buscaron instaurar una “dictadura del proletariado” tradicional. En su lugar, ejecutaron un cambio de estrategia hacia la revolución gramsciana.
Siguiendo las tesis del filósofo Antonio Gramsci, estos grupos abandonaron la vía armada para iniciar la toma del poder cultural. A través de la infiltración en la educación, la justicia y las instituciones, buscaron transformar la sociedad desde sus cimientos, demostrando que el objetivo final era el control social bajo un nuevo formato.
Conclusión: Dos caras de una misma moneda
En definitiva, tanto el liberalismo como el comunismo son herramientas del orden materialista. Lo que en los 70 fue logística financiera para el terrorismo, mutó luego en una batalla cultural para desarticular los valores nacionales. Ambos sistemas, lejos de estar enfrentados, convergen en una estrategia común dirigida por el poder económico internacional.
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Comisario Inspector (RA)
Policía Provincia de Buenos Aires
Un análisis profundo de la historia argentina reciente revela que la violencia de los años 70 no fue solo un choque ideológico, sino el resultado de una compleja ingeniería financiera sostenida por el Poder Internacional del Dinero. Aunque se nos presenta al liberalismo capitalista y al comunismo como polos opuestos, ambos comparten una misma raíz materialista y han servido a los mismos intereses globales. El odio de ambas ideologías es al Occidente Cristiano, al helenismo y al romanismo, heredadas por la Hispanidad y traída a estas tierras por la evangelización Hispana.
Es un error creer que organizaciones como Montoneros y el ERP se sustentaron solo con doctrina. Su operatividad dependió de un andamiaje construido por sectores del liberalismo financiero, como el grupo liderado por David Graiver. Esta estructura permitió que el dinero proveniente de secuestros y extorsiones circulara en los mercados internacionales, generando los intereses y la liquidez necesarios para la compra de armamento, municiones y sostén logístico. Sin este soporte del capital, la insurgencia no habría podido asolar al país.
La historia demuestra que, al llegar al poder, figuras vinculadas a estos sectores —desde la etapa de Alfonsín, abogado defensor de integrantes del ERP, hasta el kirchnerismo, cercano a la estructura montonera— no buscaron instaurar una “dictadura del proletariado” tradicional. En su lugar, ejecutaron un cambio de estrategia hacia la revolución gramsciana.
Siguiendo las tesis del filósofo Antonio Gramsci, estos grupos abandonaron la vía armada para iniciar la toma del poder cultural. A través de la infiltración en la educación, la justicia y las instituciones, buscaron transformar la sociedad desde sus cimientos, demostrando que el objetivo final era el control social bajo un nuevo formato.
En definitiva, tanto el liberalismo como el comunismo son herramientas del orden materialista. Lo que en los 70 fue logística financiera para el terrorismo, mutó luego en una batalla cultural para desarticular los valores nacionales. Ambos sistemas, lejos de estar enfrentados, convergen en una estrategia común dirigida por el poder económico internacional.
PrisioneroEnArgentina.com
Marzo 28, 2026