SEMANA SANTA: EL ALMA Y LA GRATITUD

Share

Desde Tafí del Valle, donde las montañas parecen dialogar en silencio con Dios y donde el aire tiene a veces la antigua dignidad de una plegaria, quiero dejar una reflexión que no nace de la razón, sino del temblor íntimo del alma.

Se acercan esos días que para el calendario son feriados, para el turismo son descanso y para muchos apenas una pausa; pero para el cristiano son otra cosa: son el centro mismo del misterio, la herida luminosa sobre la que descansa nuestra esperanza.

En esos tres días santos, el tiempo deja de ser costumbre y vuelve a ser destino.

Y, sin embargo, cuántas veces nosotros – pobres habitantes de la prisa, distraídos servidores de lo inmediato-pensamos primero en la mesa, en el viaje, en la comodidad, en el pequeño júbilo de la pausa merecida, y sólo después, acaso demasiado tarde, recordamos lo esencial.

No escribo esto como mandato.

No lo digo con severidad.

No pretendo imponerle a nadie el peso de una verdad.

Lo digo como quien deja una lámpara encendida en medio de la noche.

Tal vez Semana Santa nos pide algo muy simple y, por eso mismo, muy difícil:
detenernos, callar, entrar en una iglesia, doblar el orgullo de la frente, arrodillar el corazón, y agradecer.

Agradecer no sólo lo que pedimos y llegó.

También lo que no entendimos.

También lo que dolió.

También aquello que, bajo apariencia de pérdida, fue una secreta forma de la gracia.

Porque hemos recibido más de lo que recordamos.

Y a veces vivimos reclamando al cielo nuevos milagros, sin advertir que ya caminamos sobre antiguos milagros concedidos.

Cristo no atravesó el dolor para que redujéramos estos días a una distracción elegante o a una simple tregua del trabajo.

Los atravesó por amor.

Por ese amor inexplicable, desmedido y sagrado que todavía sostiene al hombre cuando el hombre ya no puede sostenerse a sí mismo.

Por eso, desde este Tafí del Valle que en Semana Santa parece volverse un umbral entre la tierra y lo eterno, quisiera decirlo sin estridencias y con humildad:
no olvidemos agradecer.

No olvidemos que antes del pan está la gracia.

Que antes del descanso está la entrega.

Que antes de la celebración está la Cruz.

Y que antes de toda Cruz verdadera, hubo un Amor que aceptó quedarse solo para que nosotros no lo estuviéramos nunca.

Quizá baste un instante.
Una iglesia en penumbra.
Una oración torpe.
Una lágrima silenciosa.
Una señal de la cruz hecha con verdad.

A veces Dios no espera de nosotros grandezas.
A veces sólo espera memoria.

Y Semana Santa, acaso, sea eso: la sagrada memoria del Amor que nos salvó y la humilde gratitud de sabernos, todavía, inexplicablemente amados.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
2 Comments
Newest
Oldest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
2
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x