(Desde Tafí del Valle, donde el amor aprende a quedarse)
Yo tengo diez nietos.
Y a todos los amo con esa justicia serena que el corazón intenta respetar.
Pero hay un misterio – antiguo como la vida misma- que no se deja ordenar.
Borja…
Borja no llegó: me encontró.
Desde que nació algo en mí reconoció su presencia como se reconoce un recuerdo que nunca se olvida del todo.
Soy su Tatita.
Y en ese nombre cabe una forma de amor que no conocía.
Entre nosotros no hay esfuerzo, no hay distancia, no hay explicación.
Hay algo más simple… y más profundo: una intimidad sin límites.
Él es el dueño de mis muletas.
Las cuidas, las vigila, las busca con una seriedad que no es de niño, como si supiera que en ellas se apoya mi historia.
Y yo lo miro – en silencio-y entiendo que no me está cuidando solo el cuerpo… me está cuidando la vida.
A veces, cuando se aferra a mí con esa confianza absoluta, cuando apoya su cabecita como si ese lugar le perteneciera, siento un eco.
Un nombre que no digo pero que vive en mí: Jorgito.
No es él- porque nadie vuelve siendo el mismo-pero hay instantes- en que el alma no necesita pruebas y simplemente… reconoce.
Como si la vida, después de haberme quitado tanto, hubiera decidido- en secreto-
devolverme algo sin explicaciones.
Y entonces comprendo que el amor no se pierde: se transforma, se esconde, espera… y cuando encuentra un nuevo abrazo, regresa sin pedir permiso.
Hoy, en este instante sencillo que podría pasar desapercibido para el mundo, un hombre que ha vivido mucho, un niño que recién empieza se abrazan
como si el tiempo no existiera.
Y tal vez ahí -en ese gesto mínimo- esté la verdad más grande: que hay amores
que no se eligen…nos eligen.
♣
(Desde Tafí del Valle, donde el amor aprende a quedarse)
Yo tengo diez nietos.
Y a todos los amo con esa justicia serena que el corazón intenta respetar.
Pero hay un misterio – antiguo como la vida misma- que no se deja ordenar.
Borja…
Borja no llegó: me encontró.
Desde que nació algo en mí reconoció su presencia como se reconoce un recuerdo que nunca se olvida del todo.
Soy su Tatita.
Y en ese nombre cabe una forma de amor que no conocía.
Entre nosotros no hay esfuerzo, no hay distancia, no hay explicación.
Hay algo más simple… y más profundo: una intimidad sin límites.
Él es el dueño de mis muletas.
Las cuidas, las vigila, las busca con una seriedad que no es de niño, como si supiera que en ellas se apoya mi historia.
Y yo lo miro – en silencio-y entiendo que no me está cuidando solo el cuerpo… me está cuidando la vida.
A veces, cuando se aferra a mí con esa confianza absoluta, cuando apoya su cabecita como si ese lugar le perteneciera, siento un eco.
Un nombre que no digo pero que vive en mí: Jorgito.
No es él- porque nadie vuelve siendo el mismo-pero hay instantes- en que el alma no necesita pruebas y simplemente… reconoce.
Como si la vida, después de haberme quitado tanto, hubiera decidido- en secreto-
devolverme algo sin explicaciones.
Y entonces comprendo que el amor no se pierde: se transforma, se esconde, espera… y cuando encuentra un nuevo abrazo, regresa sin pedir permiso.
Hoy, en este instante sencillo que podría pasar desapercibido para el mundo, un hombre que ha vivido mucho, un niño que recién empieza se abrazan
como si el tiempo no existiera.
Y tal vez ahí -en ese gesto mínimo- esté la verdad más grande: que hay amores
que no se eligen…nos eligen.
Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com
1 thought on “EL TATITA Y BORJA”
-
- Kason1558
- posted on April 22, 2026
Commenthttps://shorturl.fm/AlrLD