En la arquitectura de la sociedad moderna, el trabajo no es solo un factor de producción o una mercancía más; es la actividad mediante la cual el hombre transforma el mundo y se realiza a sí mismo. Sin embargo, históricamente, el concepto de “trabajo” ha sido el campo de batalla de dos ideologías que, bajo distintas fachadas, terminaron por despojar al trabajador de su dignidad humana: el liberalismo y el marxismo.
EL TRABAJO COMO MANDATO Y FUENTE DE VALOR
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo no es un accidente económico ni una carga inevitable, sino la manifestación concreta del mandato divino de “dominar la tierra” [Gn 1,28]. Es por el trabajo que el hombre transforma la materia prima en bien útil y genera riqueza real.
EL TRABAJO COMO FUENTE OBJETIVA DE VALOR
León XIII en Rerum Novarum y Pío XI en Quadragesimo Anno establecen que la riqueza no nace del capital por sí mismo, ni de la especulación, sino de la aplicación de la energía humana a la materia. El capital sin trabajo es estéril. El trabajo sin capital es impotente. Pero es el trabajo el elemento activo, creador y vivificador.
Esto implica que el trabajo es inexorablemente creador de riqueza: donde hay actividad humana ordenada y aplicada, hay producción de bienes. Negar esto es negar la naturaleza misma del hombre como ser racional y operativo.
EL LIBERALISMO: EL TRABAJO COMO GASTO Y VILIPENDIO
El liberalismo clásico, en su afán por la optimización del capital, redujo el trabajo a una variable de ajuste. En esta visión, el esfuerzo humano es un “insumo” que debe obtenerse al menor costo posible. Al desvincular el trabajo de la persona que lo realiza, el liberalismo vilipendió la labor humana, tratándola como un objeto de intercambio sujeto únicamente a las frías leyes de la oferta y la demanda, ignorando las necesidades espirituales y familiares del obrero.
CRÍTICA AL LIBERALISMO: LA RIQUEZA DESVINCULADA DEL TRABAJADOR
El liberalismo económico del siglo XIX cometió el error de separar la riqueza del trabajador. La redujo a acumulación de capital y dejó el salario al arbitrio del mercado. La Iglesia denuncia que esto es una inversión del orden natural: si el trabajo es quien crea la riqueza, es justo que el trabajador participe de su fruto mediante un salario que le permita sostener a su familia con dignidad.
En consonancia con la doctrina social y los principios del distributismo, este orden justo exige que la relación no se agote en el salario: el obrero debe participar en las ganancias de la empresa y, progresivamente, tener la posibilidad de participar en la propiedad del capital mediante acciones. Solo así se rompe la hegemonía del capital sobre la persona, convirtiendo al trabajador en un auténtico colaborador y copropietario de la riqueza que él mismo ayuda a generar.
EL MARXISMO: LA COSIFICACIÓN EN EL ESTATISMO
Como supuesta respuesta, el marxismo no rescató al hombre, sino que lo hundió en una nueva forma de esclavitud. Al proponer que el individuo es solo un engranaje de la maquinaria estatal y de la lucha de clases, el marxismo cosificó al trabajador. Bajo este régimen, el hombre dejó de ser dueño de su destino para convertirse en una herramienta del Partido o del Estado, eliminando la iniciativa privada y la libertad personal en nombre de un colectivismo materialista.
La Respuesta de la Iglesia: El Humanismo de la Rerum Novarum
Frente a estas dos ideologías que no son humanistas, la Doctrina Social de la Iglesia —iniciada formalmente con la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII— planteó una “Tercera Vía” profundamente humana. Históricamente la Iglesia a través de una serie de encíclicas establecieron principios claros para elevar la dignidad del trabajo:
-El Trabajo sobre el Capital: La Iglesia sostiene que el trabajo es la fuente principal de la riqueza, pero que esta riqueza debe servir al bien común. El trabajo no es una mercancía; es un acto personal.
-La Propiedad Privada con Función Social: Contra el marxismo, defendió el derecho a la propiedad como una extensión de la libertad humana (tal como promueve el distributismo al buscar la difusión de la propiedad), pero recordó que esta tiene una carga social.
-Colaboración, no Lucha: Mientras el marxismo predicaba la lucha de clases, las encíclicas llamaban a la armonía entre capital y trabajo, reconociendo que ambos se necesitan mutuamente para generar verdadera prosperidad.
A manera de Conclusión:
Tanto el liberalismo como el marxismo fallaron al ver al hombre solo como un ente económico (homo economicus). El pensamiento social cristiano restauró la visión del hombre como centro de la economía. El trabajo es esencial para generar riqueza, pero solo es legítimo cuando sirve para elevar la dignidad de quien lo realiza, integrándolo plenamente en la vida y los frutos de la producción. Tanto el liberalismo como el marxismo fallaron al ver al hombre solo como un ente económico (homo economicus). El pensamiento social cristiano restauró la visión del hombre como centro de la economía. El trabajo es esencial para generar riqueza, pero solo es legítimo cuando sirve para elevar la dignidad de quien lo realiza, integrándolo plenamente en los frutos de la producción. En este sentido, cabe destacar que el peronismo en la Argentina tomó de estas encíclicas para fundar su doctrina, lo cual quedó establecido luego en la Constitución de 1949. Allí se plasmó jurídicamente la función social de la propiedad, los derechos del trabajador y la concepción del capital al servicio de la economía nacional y el bienestar social, siguiendo el mandato humanista de la Iglesia.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 8, 2026
6 thoughts on “EL TRABAJO COMO MOTOR DE RIQUEZA: EL HUMANISMO FRENTE A LA COSIFICACIÓN”
Lo primero es lo primero: Excelente nota Sr. Nito Sosa. Y para debatir.
La Revolución Francesa fue una lucha entre estamentos: Nobleza, Clero y Burguesía. Más económica y social que política. Muy diferente a la de Thomas Payne y Benjamin Franklin en los actuales Estados Unidos de Norteamérica que fue sobre política, es decir poder y quién lo tiene.
De la Revolución Francesa surgen liberalismo materialista y socialismo-marxismo-comunismo ateos también.
Expositores del Humanismo, básicamente materialista ateo racionalista, fueron Élie Halévy y su hermano Daniel Halévy (con similitudes pero diferentes entre sí en sus opiniones finalmente).
El Humanismo no coincide con la famosa frase de San Agustín sobre el amor: “Ama y haz lo que quieras” (Ama et fac quod vis). Esta máxima enseña que si el amor (entendido como caridad/amor a Dios y al prójimo) es la raíz de nuestras acciones, todas ellas serán buenas, ya sea callar, gritar, corregir o perdonar.
Complementada con esta otra: «Con el amor al prójimo, el pobre es rico; sin el amor al prójimo, el rico es pobre».
La dignidad del trabajo fue establecida por El Creador en las Sagradas Escrituras en la auto expulsión del Edén, por el mismo Hombre, en ejercicio de su libre albedrío: Ganarás tu pan con el sudor de tu frente. Que también implica e incluye que la propiedad es INDIVIDUAL, no social. Tanto San Juan Bautista como Jesús y la misma Virgen María, eran propietarios de su vida, su libre albedrío, su nombre, su dignidad individual, y en lo material, por ejemplo, San Juan Bautista era propietario de su manto de piel de camello, sus sandalias de cuero, su cayado, sus langostas y su miel. No necesitaba más para su misión de proclamar la Encarnación de Dios.
En resumen, San Agustín postuló que el amor verdadero es la fuente de toda virtud y la guía correcta para la conducta humana. Esta es la esfera espiritual de la dignidad del trabajo y la propiedad. Lo social es su consecuencia, no su principio.
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En la arquitectura de la sociedad moderna, el trabajo no es solo un factor de producción o una mercancía más; es la actividad mediante la cual el hombre transforma el mundo y se realiza a sí mismo. Sin embargo, históricamente, el concepto de “trabajo” ha sido el campo de batalla de dos ideologías que, bajo distintas fachadas, terminaron por despojar al trabajador de su dignidad humana: el liberalismo y el marxismo.
EL TRABAJO COMO MANDATO Y FUENTE DE VALOR
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo no es un accidente económico ni una carga inevitable, sino la manifestación concreta del mandato divino de “dominar la tierra” [Gn 1,28]. Es por el trabajo que el hombre transforma la materia prima en bien útil y genera riqueza real.
León XIII en Rerum Novarum y Pío XI en Quadragesimo Anno establecen que la riqueza no nace del capital por sí mismo, ni de la especulación, sino de la aplicación de la energía humana a la materia. El capital sin trabajo es estéril. El trabajo sin capital es impotente. Pero es el trabajo el elemento activo, creador y vivificador.
Esto implica que el trabajo es inexorablemente creador de riqueza: donde hay actividad humana ordenada y aplicada, hay producción de bienes. Negar esto es negar la naturaleza misma del hombre como ser racional y operativo.
EL LIBERALISMO: EL TRABAJO COMO GASTO Y VILIPENDIO
El liberalismo clásico, en su afán por la optimización del capital, redujo el trabajo a una variable de ajuste. En esta visión, el esfuerzo humano es un “insumo” que debe obtenerse al menor costo posible. Al desvincular el trabajo de la persona que lo realiza, el liberalismo vilipendió la labor humana, tratándola como un objeto de intercambio sujeto únicamente a las frías leyes de la oferta y la demanda, ignorando las necesidades espirituales y familiares del obrero.
El liberalismo económico del siglo XIX cometió el error de separar la riqueza del trabajador. La redujo a acumulación de capital y dejó el salario al arbitrio del mercado. La Iglesia denuncia que esto es una inversión del orden natural: si el trabajo es quien crea la riqueza, es justo que el trabajador participe de su fruto mediante un salario que le permita sostener a su familia con dignidad.
En consonancia con la doctrina social y los principios del distributismo, este orden justo exige que la relación no se agote en el salario: el obrero debe participar en las ganancias de la empresa y, progresivamente, tener la posibilidad de participar en la propiedad del capital mediante acciones. Solo así se rompe la hegemonía del capital sobre la persona, convirtiendo al trabajador en un auténtico colaborador y copropietario de la riqueza que él mismo ayuda a generar.
EL MARXISMO: LA COSIFICACIÓN EN EL ESTATISMO
Como supuesta respuesta, el marxismo no rescató al hombre, sino que lo hundió en una nueva forma de esclavitud. Al proponer que el individuo es solo un engranaje de la maquinaria estatal y de la lucha de clases, el marxismo cosificó al trabajador. Bajo este régimen, el hombre dejó de ser dueño de su destino para convertirse en una herramienta del Partido o del Estado, eliminando la iniciativa privada y la libertad personal en nombre de un colectivismo materialista.
La Respuesta de la Iglesia: El Humanismo de la Rerum Novarum
Frente a estas dos ideologías que no son humanistas, la Doctrina Social de la Iglesia —iniciada formalmente con la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII— planteó una “Tercera Vía” profundamente humana. Históricamente la Iglesia a través de una serie de encíclicas establecieron principios claros para elevar la dignidad del trabajo:
-El Trabajo sobre el Capital: La Iglesia sostiene que el trabajo es la fuente principal de la riqueza, pero que esta riqueza debe servir al bien común. El trabajo no es una mercancía; es un acto personal.
-La Propiedad Privada con Función Social: Contra el marxismo, defendió el derecho a la propiedad como una extensión de la libertad humana (tal como promueve el distributismo al buscar la difusión de la propiedad), pero recordó que esta tiene una carga social.
-Colaboración, no Lucha: Mientras el marxismo predicaba la lucha de clases, las encíclicas llamaban a la armonía entre capital y trabajo, reconociendo que ambos se necesitan mutuamente para generar verdadera prosperidad.
A manera de Conclusión:
Tanto el liberalismo como el marxismo fallaron al ver al hombre solo como un ente económico (homo economicus). El pensamiento social cristiano restauró la visión del hombre como centro de la economía. El trabajo es esencial para generar riqueza, pero solo es legítimo cuando sirve para elevar la dignidad de quien lo realiza, integrándolo plenamente en la vida y los frutos de la producción. Tanto el liberalismo como el marxismo fallaron al ver al hombre solo como un ente económico (homo economicus). El pensamiento social cristiano restauró la visión del hombre como centro de la economía. El trabajo es esencial para generar riqueza, pero solo es legítimo cuando sirve para elevar la dignidad de quien lo realiza, integrándolo plenamente en los frutos de la producción. En este sentido, cabe destacar que el peronismo en la Argentina tomó de estas encíclicas para fundar su doctrina, lo cual quedó establecido luego en la Constitución de 1949. Allí se plasmó jurídicamente la función social de la propiedad, los derechos del trabajador y la concepción del capital al servicio de la economía nacional y el bienestar social, siguiendo el mandato humanista de la Iglesia.
PrisioneroEnArgentina.com
Mayo 8, 2026
6 thoughts on “EL TRABAJO COMO MOTOR DE RIQUEZA: EL HUMANISMO FRENTE A LA COSIFICACIÓN”
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- Bizancio
- posted on May 8, 2026
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- Patricio
- posted on May 8, 2026
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- Lucio M. Cassanto
- posted on May 8, 2026
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- Anonymous
- posted on May 8, 2026
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- ROCIO ANGÉLICA
- posted on May 8, 2026
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- Anonymous
- posted on May 8, 2026
CommentLo primero es lo primero: Excelente nota Sr. Nito Sosa. Y para debatir.
La Revolución Francesa fue una lucha entre estamentos: Nobleza, Clero y Burguesía. Más económica y social que política. Muy diferente a la de Thomas Payne y Benjamin Franklin en los actuales Estados Unidos de Norteamérica que fue sobre política, es decir poder y quién lo tiene.
De la Revolución Francesa surgen liberalismo materialista y socialismo-marxismo-comunismo ateos también.
Expositores del Humanismo, básicamente materialista ateo racionalista, fueron Élie Halévy y su hermano Daniel Halévy (con similitudes pero diferentes entre sí en sus opiniones finalmente).
El Humanismo no coincide con la famosa frase de San Agustín sobre el amor: “Ama y haz lo que quieras” (Ama et fac quod vis). Esta máxima enseña que si el amor (entendido como caridad/amor a Dios y al prójimo) es la raíz de nuestras acciones, todas ellas serán buenas, ya sea callar, gritar, corregir o perdonar.
Complementada con esta otra: «Con el amor al prójimo, el pobre es rico; sin el amor al prójimo, el rico es pobre».
La dignidad del trabajo fue establecida por El Creador en las Sagradas Escrituras en la auto expulsión del Edén, por el mismo Hombre, en ejercicio de su libre albedrío: Ganarás tu pan con el sudor de tu frente. Que también implica e incluye que la propiedad es INDIVIDUAL, no social. Tanto San Juan Bautista como Jesús y la misma Virgen María, eran propietarios de su vida, su libre albedrío, su nombre, su dignidad individual, y en lo material, por ejemplo, San Juan Bautista era propietario de su manto de piel de camello, sus sandalias de cuero, su cayado, sus langostas y su miel. No necesitaba más para su misión de proclamar la Encarnación de Dios.
En resumen, San Agustín postuló que el amor verdadero es la fuente de toda virtud y la guía correcta para la conducta humana. Esta es la esfera espiritual de la dignidad del trabajo y la propiedad. Lo social es su consecuencia, no su principio.
La palabra Trabajo y Desarrollo a partir de él, no esta en la AGENDA de los políticos de turno y menos la Doctrina Social de la Iglesia.
NO SIEMPRE EL TRABAJADOR DISFRUTA DE LAS RIQUEZAS QUE PRODUCE SU LABOR . ACÁ HAY SUELDOS DE HAMBRE
Lea el artículo, por favor!
Con tantos feriados largos que hay en Argentina el tema del trabajo me desconcierta un poco.
LLea el artículo,bpor favor!