Tuvo un final patético y cobarde. La mañana de su ejecución, se derrumbó por completo, llorando y gritando como un niño asustado.
Suplicó desesperadamente a las autoridades, repitiendo una y otra vez: “¡Les mostraré dónde están los cuerpos!”.
Una vez que lo ataron a la silla eléctrica, pronunció sus últimas palabras:
“Quiero darles mi amor a mi familia y amigos”.
Esto nos hace preguntarnos si lo decía en serio. En ese momento, ya no tenía nada que ganar mintiendo o manipulando a la gente. ¿Expresaba amor verdadero por su familia? ¿O seguía intentando moldear la imagen que la gente tendría de él? Nadie puede saberlo con certeza. En última instancia, probablemente no importe.
Lo que sí destaca es lo fascinante que sigue siendo su caso. Era mucho más cuidadoso, organizado y estratégico que la mayoría de las personas diagnosticadas con trastorno de personalidad antisocial o psicopatía. Actuaba con una impulsividad casi nula.
♣
Tuvo un final patético y cobarde. La mañana de su ejecución, se derrumbó por completo, llorando y gritando como un niño asustado.
Una vez que lo ataron a la silla eléctrica, pronunció sus últimas palabras:
“Quiero darles mi amor a mi familia y amigos”.
Esto nos hace preguntarnos si lo decía en serio. En ese momento, ya no tenía nada que ganar mintiendo o manipulando a la gente. ¿Expresaba amor verdadero por su familia? ¿O seguía intentando moldear la imagen que la gente tendría de él? Nadie puede saberlo con certeza. En última instancia, probablemente no importe.
Lo que sí destaca es lo fascinante que sigue siendo su caso. Era mucho más cuidadoso, organizado y estratégico que la mayoría de las personas diagnosticadas con trastorno de personalidad antisocial o psicopatía. Actuaba con una impulsividad casi nula.