HAY PARTIDOS QUE NO DEBEN CONVERTIRSE EN GUERRAS

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Voces que Unen

Hay partidos que duran noventa minutos.

Y hay otros a los que la memoria les agrega años, muertos, heridas, banderas y silencios.

Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse frente a frente en una cancha de fútbol. Pero alrededor de la pelota ya comienzan a desfilar los fantasmas de la historia: las Malvinas, la guerra de 1982, el crucero General Belgrano hundido en las aguas heladas del Atlántico Sur, los jóvenes soldados que partieron casi niños y regresaron —los que regresaron— con una vejez prematura en los ojos.

Nada de eso debe olvidarse.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Y nuestros muertos merecen memoria, respeto y gratitud.

Pero acaso la verdadera fidelidad a quienes murieron no consista en convertir cada encuentro deportivo en una nueva batalla, sino en construir un mundo donde ningún muchacho vuelva a ser enviado a morir por decisiones tomadas lejos del frío, del miedo y de las trincheras.

Lionel Scaloni dijo algo sencillo y, precisamente por eso, enorme:

«Es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa».

Quizás tenga razón.

Porque una pelota no es un proyectil.

Un estadio no es un campo de batalla.

Un adversario no es necesariamente un enemigo.

Y una camiseta, por más profundamente que amemos sus colores, no debería convertirse jamás en un uniforme de guerra.

No ignoro la historia. Sería indigno hacerlo.

No olvido a los 649 argentinos que murieron en aquella guerra ni a los 323 hombres que perdieron la vida en el hundimiento del crucero General Belgrano.

No olvido el dolor de sus madres.

No olvido a los sobrevivientes.

No olvido el viento de nuestras islas.

Pero precisamente porque recuerdo, me niego a confundir memoria con odio.

La memoria honra.

El odio repite.

Tal vez el fútbol pueda regalarnos algo que la política y las guerras tantas veces nos negaron: la posibilidad de enfrentarnos sin destruirnos, de luchar sin matarnos, de ganar sin humillar y de perder sin dejar cadáveres.

El miércoles habrá dos arcos, una pelota y veintidós hombres persiguiendo un sueño.

Argentina querrá ganar.

Inglaterra también.

Y yo, argentino, tucumano, hombre de paz y enamorado de mi patria, alentaré con toda mi alma a nuestra Selección.

Pero no pediré una guerra.

Ya tuvimos una.

Y todavía nos duele.

Quiero una victoria argentina, sí.

Pero quiero algo todavía más difícil y quizá más importante: que, cuando termine el partido, comprendamos que el verdadero triunfo de la civilización comienza cuando somos capaces de mirar al adversario sin convertirlo en enemigo.

Porque las guerras dejan tumbas.

El fútbol debería dejarnos memoria, emoción y abrazos.

Y acaso, cuando la pelota deje de rodar y se apaguen las luces del estadio, descubramos que la mayor victoria no estaba escrita en el marcador.

Estaba en haber aprendido, por fin, que recordar no significa odiar.

Y que la paz no exige olvidar la historia.

Exige no repetirla.

Desde Tafí del Valle, Tucumán, República Argentina.

Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón
Escritor y abogado
Premio Mundial Nelson Mandela a la Libertad y Dignidad Humana
Embajador de la Paz – UPF
Embajador de la Paz y Amor Mundial
Embajador Cultural Internacional – CIESART
Deputy Ambassador for Culture and Peace – FEMALPC Global Network

Siempre se puede.

 

PrisioneroEnArgentina

Julio 20, 2026

2 thoughts on “HAY PARTIDOS QUE NO DEBEN CONVERTIRSE EN GUERRAS”

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    • Juan Carlos Bernal
    • posted on July 20, 2026

    Sr Lobo Aragon…no son todos asi?

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