Pennsylvania está atravesando uno de los brotes de sarampión más importantes que ha experimentado Estados Unidos en décadas. A comienzos de septiembre de 2026, el Departamento de Salud de Pennsylvania informó 540 casos confirmados en 36 condados, 91 hospitalizaciones y dos muertes asociadas al sarampión. El brote se ha convertido además en el centro de una fuerte controversia política entre las autoridades sanitarias de Pennsylvania y el gobierno federal.
La situación resulta especialmente llamativa porque el sarampión es una enfermedad que Estados Unidos había conseguido controlar extraordinariamente bien mediante la vacunación. La reaparición de cientos de casos demuestra que, cuando disminuye la inmunización de una comunidad, un virus extremadamente contagioso puede regresar rápidamente.
Pero existe una segunda historia detrás del brote: la discusión sobre las dos personas fallecidas. Pennsylvania considera que ambas muertes estuvieron relacionadas con el sarampión. El gobierno federal, en cambio, ha cuestionado esa clasificación y el CDC decidió no incluirlas, por el momento, en sus estadísticas nacionales.
Así, una crisis sanitaria se transformó también en una disputa sobre ciencia, estadísticas y política.
¿Qué está ocurriendo en Pennsylvania?
El brote comenzó a adquirir importancia durante 2026 y se concentró inicialmente en comunidades de la región de Lancaster. Posteriormente el virus se extendió a otros sectores del estado.
Según las cifras publicadas por el Departamento de Salud de Pennsylvania el 3 de septiembre, ya había 540 casos en 36 condados. De esos pacientes, 91 habían requerido hospitalización. Las autoridades estatales registraban dos muertes asociadas al sarampión.
El crecimiento ha sido rápido. El 28 de agosto había 460 casos en 31 condados. Tres días después, el estado informaba 497 casos en 34 condados. Para el 3 de septiembre, el número había alcanzado 540 y la transmisión había sido identificada en 36 condados.
Es decir, no estamos hablando de algunos casos aislados.
El virus está circulando ampliamente.
¿Por qué el sarampión es tan peligroso?
El sarampión suele comenzar con fiebre, tos, secreción nasal y ojos rojos. Posteriormente aparece la característica erupción cutánea.
Pero el problema es que no siempre termina allí.
El sarampión puede producir neumonía, inflamación cerebral y otras complicaciones graves. Según el Departamento de Salud estatal, aproximadamente uno de cada cinco pacientes puede necesitar hospitalización y entre uno y tres de cada 1.000 pacientes pueden morir.
Además, el virus es extraordinariamente contagioso.
Una persona infectada puede transmitirlo al respirar, toser o estornudar. El virus puede permanecer infeccioso en el aire y sobre determinadas superficies durante un período de hasta dos horas.
Esto significa que una persona susceptible puede entrar en una habitación después de que el enfermo se haya marchado y todavía quedar expuesta.
Por eso el sarampión necesita niveles extraordinariamente altos de vacunación para impedir que circule.
La importancia del 95%
Uno de los datos más importantes para comprender la crisis es la cobertura de vacunación.
Durante el año escolar 2025-2026, solamente alrededor del 93,2% de los niños de kindergarten de Pennsylvania estaban vacunados contra sarampión, paperas y rubéola (MMR).
Puede parecer un porcentaje elevado.
Pero para una enfermedad tan contagiosa como el sarampión, una cobertura inferior al 95% puede permitir que el virus encuentre suficientes personas susceptibles para comenzar a propagarse.
La situación es todavía más preocupante en determinados lugares. En aproximadamente el 40% de las escuelas del área de Philadelphia, la cobertura estaba por debajo del 95%.
Por eso, la pregunta no es simplemente cuántas personas están vacunadas.
La pregunta es dónde están las personas no vacunadas.
Si están dispersas entre una población muy inmunizada, el virus encuentra dificultades para propagarse. Si están concentradas en una misma comunidad, una sola persona infectada puede desencadenar un brote.
La vacuna funciona
La vacuna MMR es una de las herramientas de salud pública más eficaces contra el sarampión.
Pennsylvania informa que dos dosis proporcionan aproximadamente 97% de protección contra el sarampión.
Ante el brote, las autoridades estatales comenzaron campañas especiales de vacunación. Desde que comenzó la epidemia, se administraron más de 3.700 vacunas MMR en más de 100 clínicas temporales instaladas en comunidades afectadas. En agosto, los proveedores sanitarios administraron más de 46.000 dosis en Pennsylvania, frente a unas 25.000 en un mes típico.
Eso demuestra algo importante: cuando aparece el peligro, muchas personas que anteriormente no habían considerado urgente vacunarse cambian de opinión.
Las dos muertes
La parte más controvertida de la historia son las dos muertes que Pennsylvania considera asociadas al sarampión.
Ambas víctimas eran del condado de Lancaster y no estaban vacunadas, según los informes publicados por las autoridades.
Sin embargo, la naturaleza de las muertes ha provocado una fuerte discusión médica.
Uno de los casos involucró a un recién nacido cuya madre había padecido sarampión durante el embarazo. El bebé murió poco después de nacer.
El caso es complicado porque el certificado o registro inicial señaló una lesión grave del bazo como causa de muerte. La familia y las autoridades locales se encontraron posteriormente en el centro de una disputa sobre si el sarampión debía considerarse causa directa o factor contribuyente.
Esto explica parte de la discusión.
Decir que alguien “murió de sarampión” puede significar que el virus fue directamente responsable de la muerte.
Pero también puede significar que el sarampión provocó o contribuyó a una cadena de complicaciones que finalmente terminó causando la muerte.
Esa diferencia médica es importante.
Robert F. Kennedy Jr. entra en escena
La controversia adquirió una dimensión nacional cuando Robert F.Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, cuestionó públicamente las muertes que Pennsylvania había atribuido al sarampión.
Según Reuters, fuentes familiarizadas con el asunto indicaron que Kennedy pidió a la directora del CDC, Erica Schwartz, que retirara las dos muertes de las estadísticas oficiales del organismo. Posteriormente, el CDC modificó sus datos públicos y dejó de contabilizarlas mientras continúa la revisión.
El episodio provocó una reacción inmediata de funcionarios de Pennsylvania.
El gobernador Josh Shapiro defendió la evaluación de los especialistas estatales y acusó a Kennedy de politizar una emergencia de salud pública.
Kennedy, por su parte, cuestionó la clasificación realizada por Pennsylvania.
El resultado es una situación inusual: dos autoridades sanitarias están presentando al público interpretaciones diferentes sobre las mismas muertes.
¿Quién tiene razón?
Aquí es necesario separar los hechos comprobados de la controversia política.
Es un hecho que Pennsylvania informó dos muertes asociadas al sarampión.
Es también un hecho que el CDC actualmente no las incluye en su conteo nacional mientras revisa la evidencia.
Lo que continúa en discusión es si el sarampión fue la causa directa o contribuyente de ambas muertes.
Por lo tanto, sería incorrecto afirmar categóricamente que el CDC ha demostrado que Pennsylvania inventó las muertes.
Tampoco sería correcto decir que existe consenso federal absoluto en que ambas fueron causadas directamente por el sarampión.
Lo que existe es una disputa sobre la clasificación médica y epidemiológica de los fallecimientos.
Y esa disputa se volvió política.
Una batalla que llega a Washington
El enfrentamiento resulta especialmente delicado porque Kennedy tiene una larga historia de declaraciones controvertidas sobre las vacunas.
Sus críticos sostienen que la discusión sobre las muertes distrae de la cuestión principal: Estados Unidos está experimentando un resurgimiento del sarampión precisamente cuando las tasas de vacunación están disminuyendo.
Los datos nacionales son preocupantes.
Para septiembre de 2026, Estados Unidos había registrado 3.134 casos de sarampión, el nivel anual más alto en más de tres décadas.
El país había conseguido eliminar la transmisión endémica del sarampión en el año 2000, aunque posteriormente se produjeron brotes vinculados a personas que introdujeron el virus desde otros países.
La vacunación permitió mantener la enfermedad bajo control.
Ahora esa protección está debilitándose.
El problema no es solamente Pennsylvania
Pennsylvania es un ejemplo especialmente visible, pero el fenómeno es nacional.
La caída de las tasas de vacunación ha creado bolsas de población vulnerable en distintos lugares.
Esto afecta especialmente a los bebés demasiado pequeños para recibir todas sus vacunas, a algunas personas inmunodeprimidas y a quienes no pueden ser vacunados por razones médicas.
Cuando una comunidad pierde suficiente inmunidad, no solamente corren peligro quienes decidieron no vacunarse.
También pueden quedar expuestas personas que no tienen la posibilidad de protegerse mediante una vacuna.
Por eso la vacunación tiene una dimensión individual y otra colectiva.
El caso de las comunidades Amish
La región de Lancaster también tiene una importante población Amish.
La vacunación contra el sarampión ha sido históricamente más baja en algunas comunidades Amish, aunque no debe confundirse a toda la población Amish con personas no vacunadas.
Precisamente por eso las autoridades han realizado esfuerzos específicos de comunicación y vacunación.
El objetivo no es solamente convencer a quienes rechazan las vacunas.
También es llegar a personas que nunca recibieron la vacuna porque tuvieron dificultades de acceso, desconocimiento, problemas logísticos o simplemente no consideraron que fuera necesaria.
El brote ha provocado un aumento significativo de la demanda de vacunas.
¿Por qué está regresando una enfermedad que parecía derrotada?
La respuesta tiene varios componentes.
Primero, el sarampión nunca desapareció completamente del mundo.
Mientras exista circulación del virus internacionalmente, siempre existe la posibilidad de que llegue a Estados Unidos.
Segundo, la enfermedad necesita una población susceptible para propagarse.
Tercero, las dudas sobre las vacunas han aumentado.
Cuarto, las tasas de vacunación pueden esconder diferencias importantes entre comunidades.
Y quinto, cuando disminuye la inmunidad colectiva, el virus vuelve a encontrar oportunidades.
La situación de Pennsylvania demuestra que las enfermedades infecciosas no desaparecen simplemente porque una generación haya dejado de verlas.
Cuando una sociedad deja de recordar lo peligrosa que puede ser una enfermedad, puede comenzar a subestimar la herramienta que permitió controlarla.
El gran debate: ciencia contra política
Quizás el aspecto más preocupante de la crisis sea que la discusión científica se haya convertido en una batalla política.
El Departamento de Salud de Pennsylvania sostiene que está proporcionando datos epidemiológicos al gobierno federal y continúa trabajando con el CDC.
Pero la disputa pública entre Shapiro y Kennedy ha generado preguntas sobre la independencia de los datos sanitarios.
Reuters informó que funcionarios estatales señalaron que existen restricciones legales relacionadas con la privacidad que impiden compartir públicamente información médica personal de las víctimas.
Esto genera una situación complicada.
Los funcionarios deben proteger la privacidad de los pacientes.
Al mismo tiempo, el público necesita confiar en que los datos de salud pública son completos y no están siendo manipulados por razones políticas.
Una advertencia para Estados Unidos
El brote de Pennsylvania debería servir como una advertencia.
El sarampión no necesita una población completamente no vacunada.
Necesita solamente suficientes personas susceptibles para encontrar una cadena de transmisión.
Por eso el descenso del 95% al 93% puede parecer pequeño en términos estadísticos, pero puede ser importante epidemiológicamente.
En una enfermedad extremadamente contagiosa, unos pocos puntos porcentuales pueden representar miles de personas sin protección.
¿Qué puede ocurrir ahora?
Pennsylvania continuará realizando vigilancia epidemiológica y campañas de vacunación.
Los funcionarios sanitarios están recomendando que las personas comprueben si tienen las dos dosis de MMR y consulten a un profesional de salud si no conocen su estado de vacunación.
La situación de las dos muertes también puede continuar evolucionando.
Si nuevas investigaciones concluyen que el sarampión fue causa directa o contribuyente de los fallecimientos, el CDC podría modificar nuevamente sus estadísticas.
Si las autoridades federales concluyen que la evidencia no demuestra suficientemente una relación causal, las dos muertes podrían permanecer fuera del conteo nacional.
Pero independientemente de cómo termine esa disputa, existe un dato que no está en discusión: 540 personas en Pennsylvania han contraído sarampión en 2026 y 91 han sido hospitalizadas, según el Departamento de Salud estatal.
Conclusión
La crisis del sarampión en Pennsylvania es mucho más que una discusión sobre dos certificados de defunción.
Es una advertencia sobre lo rápidamente que una enfermedad prevenible puede regresar cuando disminuye la inmunidad de una población.
También es una prueba para las instituciones de salud pública.
La controversia entre Josh Shapiro y Robert F. Kennedy Jr. demuestra hasta qué punto las estadísticas sanitarias pueden convertirse en un campo de batalla político. Pero los virus no tienen partido político.
El sarampión no distingue entre demócratas y republicanos, entre comunidades rurales y urbanas, ni entre quienes confían o desconfían de Washington.
Ataca a las personas que no tienen inmunidad.
La vacuna MMR ofrece una protección extraordinariamente elevada y, según Pennsylvania, dos dosis protegen aproximadamente al 97% de las personas contra el sarampión.
La pregunta fundamental para Estados Unidos no debería ser únicamente quién tiene razón en la disputa entre Harrisburg y Washington.
La pregunta debería ser cómo evitar que el país vuelva a una época en la que una enfermedad que puede prevenirse mediante una vacuna vuelva a matar regularmente.
Pennsylvania está proporcionando una respuesta inquietante.
Cuando la inmunidad colectiva comienza a desaparecer, el pasado puede regresar con una velocidad sorprendente.
PrisioneroEnArgentina.com
Setiembre 24, 2026
6 thoughts on “El brote de sarampión en Pennsylvania: muertes, vacunas y una batalla política”
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La situación resulta especialmente llamativa porque el sarampión es una enfermedad que Estados Unidos había conseguido controlar extraordinariamente bien mediante la vacunación. La reaparición de cientos de casos demuestra que, cuando disminuye la inmunización de una comunidad, un virus extremadamente contagioso puede regresar rápidamente.
Pero existe una segunda historia detrás del brote: la discusión sobre las dos personas fallecidas. Pennsylvania considera que ambas muertes estuvieron relacionadas con el sarampión. El gobierno federal, en cambio, ha cuestionado esa clasificación y el CDC decidió no incluirlas, por el momento, en sus estadísticas nacionales.
Así, una crisis sanitaria se transformó también en una disputa sobre ciencia, estadísticas y política.
¿Qué está ocurriendo en Pennsylvania?
El brote comenzó a adquirir importancia durante 2026 y se concentró inicialmente en comunidades de la región de Lancaster. Posteriormente el virus se extendió a otros sectores del estado.
Según las cifras publicadas por el Departamento de Salud de Pennsylvania el 3 de septiembre, ya había 540 casos en 36 condados. De esos pacientes, 91 habían requerido hospitalización. Las autoridades estatales registraban dos muertes asociadas al sarampión.
El crecimiento ha sido rápido. El 28 de agosto había 460 casos en 31 condados. Tres días después, el estado informaba 497 casos en 34 condados. Para el 3 de septiembre, el número había alcanzado 540 y la transmisión había sido identificada en 36 condados.
Es decir, no estamos hablando de algunos casos aislados.
El virus está circulando ampliamente.
¿Por qué el sarampión es tan peligroso?
El sarampión suele comenzar con fiebre, tos, secreción nasal y ojos rojos. Posteriormente aparece la característica erupción cutánea.
Pero el problema es que no siempre termina allí.
El sarampión puede producir neumonía, inflamación cerebral y otras complicaciones graves. Según el Departamento de Salud estatal, aproximadamente uno de cada cinco pacientes puede necesitar hospitalización y entre uno y tres de cada 1.000 pacientes pueden morir.
Además, el virus es extraordinariamente contagioso.
Una persona infectada puede transmitirlo al respirar, toser o estornudar. El virus puede permanecer infeccioso en el aire y sobre determinadas superficies durante un período de hasta dos horas.
Esto significa que una persona susceptible puede entrar en una habitación después de que el enfermo se haya marchado y todavía quedar expuesta.
Por eso el sarampión necesita niveles extraordinariamente altos de vacunación para impedir que circule.
La importancia del 95%
Durante el año escolar 2025-2026, solamente alrededor del 93,2% de los niños de kindergarten de Pennsylvania estaban vacunados contra sarampión, paperas y rubéola (MMR).
Puede parecer un porcentaje elevado.
Pero para una enfermedad tan contagiosa como el sarampión, una cobertura inferior al 95% puede permitir que el virus encuentre suficientes personas susceptibles para comenzar a propagarse.
La situación es todavía más preocupante en determinados lugares. En aproximadamente el 40% de las escuelas del área de Philadelphia, la cobertura estaba por debajo del 95%.
Por eso, la pregunta no es simplemente cuántas personas están vacunadas.
La pregunta es dónde están las personas no vacunadas.
Si están dispersas entre una población muy inmunizada, el virus encuentra dificultades para propagarse. Si están concentradas en una misma comunidad, una sola persona infectada puede desencadenar un brote.
La vacuna funciona
La vacuna MMR es una de las herramientas de salud pública más eficaces contra el sarampión.
Pennsylvania informa que dos dosis proporcionan aproximadamente 97% de protección contra el sarampión.
Ante el brote, las autoridades estatales comenzaron campañas especiales de vacunación. Desde que comenzó la epidemia, se administraron más de 3.700 vacunas MMR en más de 100 clínicas temporales instaladas en comunidades afectadas. En agosto, los proveedores sanitarios administraron más de 46.000 dosis en Pennsylvania, frente a unas 25.000 en un mes típico.
Eso demuestra algo importante: cuando aparece el peligro, muchas personas que anteriormente no habían considerado urgente vacunarse cambian de opinión.
Las dos muertes
La parte más controvertida de la historia son las dos muertes que Pennsylvania considera asociadas al sarampión.
Ambas víctimas eran del condado de Lancaster y no estaban vacunadas, según los informes publicados por las autoridades.
Sin embargo, la naturaleza de las muertes ha provocado una fuerte discusión médica.
Uno de los casos involucró a un recién nacido cuya madre había padecido sarampión durante el embarazo. El bebé murió poco después de nacer.
El caso es complicado porque el certificado o registro inicial señaló una lesión grave del bazo como causa de muerte. La familia y las autoridades locales se encontraron posteriormente en el centro de una disputa sobre si el sarampión debía considerarse causa directa o factor contribuyente.
Esto explica parte de la discusión.
Decir que alguien “murió de sarampión” puede significar que el virus fue directamente responsable de la muerte.
Pero también puede significar que el sarampión provocó o contribuyó a una cadena de complicaciones que finalmente terminó causando la muerte.
Esa diferencia médica es importante.
Robert F. Kennedy Jr. entra en escena
La controversia adquirió una dimensión nacional cuando Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, cuestionó públicamente las muertes que Pennsylvania había atribuido al sarampión.
Según Reuters, fuentes familiarizadas con el asunto indicaron que Kennedy pidió a la directora del CDC, Erica Schwartz, que retirara las dos muertes de las estadísticas oficiales del organismo. Posteriormente, el CDC modificó sus datos públicos y dejó de contabilizarlas mientras continúa la revisión.
El episodio provocó una reacción inmediata de funcionarios de Pennsylvania.
El gobernador Josh Shapiro defendió la evaluación de los especialistas estatales y acusó a Kennedy de politizar una emergencia de salud pública.
Kennedy, por su parte, cuestionó la clasificación realizada por Pennsylvania.
El resultado es una situación inusual: dos autoridades sanitarias están presentando al público interpretaciones diferentes sobre las mismas muertes.
¿Quién tiene razón?
Es un hecho que Pennsylvania informó dos muertes asociadas al sarampión.
Es también un hecho que el CDC actualmente no las incluye en su conteo nacional mientras revisa la evidencia.
Lo que continúa en discusión es si el sarampión fue la causa directa o contribuyente de ambas muertes.
Por lo tanto, sería incorrecto afirmar categóricamente que el CDC ha demostrado que Pennsylvania inventó las muertes.
Tampoco sería correcto decir que existe consenso federal absoluto en que ambas fueron causadas directamente por el sarampión.
Lo que existe es una disputa sobre la clasificación médica y epidemiológica de los fallecimientos.
Y esa disputa se volvió política.
Una batalla que llega a Washington
El enfrentamiento resulta especialmente delicado porque Kennedy tiene una larga historia de declaraciones controvertidas sobre las vacunas.
Sus críticos sostienen que la discusión sobre las muertes distrae de la cuestión principal: Estados Unidos está experimentando un resurgimiento del sarampión precisamente cuando las tasas de vacunación están disminuyendo.
Los datos nacionales son preocupantes.
Para septiembre de 2026, Estados Unidos había registrado 3.134 casos de sarampión, el nivel anual más alto en más de tres décadas.
El país había conseguido eliminar la transmisión endémica del sarampión en el año 2000, aunque posteriormente se produjeron brotes vinculados a personas que introdujeron el virus desde otros países.
La vacunación permitió mantener la enfermedad bajo control.
Ahora esa protección está debilitándose.
El problema no es solamente Pennsylvania
Pennsylvania es un ejemplo especialmente visible, pero el fenómeno es nacional.
La caída de las tasas de vacunación ha creado bolsas de población vulnerable en distintos lugares.
Esto afecta especialmente a los bebés demasiado pequeños para recibir todas sus vacunas, a algunas personas inmunodeprimidas y a quienes no pueden ser vacunados por razones médicas.
Cuando una comunidad pierde suficiente inmunidad, no solamente corren peligro quienes decidieron no vacunarse.
También pueden quedar expuestas personas que no tienen la posibilidad de protegerse mediante una vacuna.
Por eso la vacunación tiene una dimensión individual y otra colectiva.
El caso de las comunidades Amish
La región de Lancaster también tiene una importante población Amish.
La vacunación contra el sarampión ha sido históricamente más baja en algunas comunidades Amish, aunque no debe confundirse a toda la población Amish con personas no vacunadas.
Precisamente por eso las autoridades han realizado esfuerzos específicos de comunicación y vacunación.
El objetivo no es solamente convencer a quienes rechazan las vacunas.
También es llegar a personas que nunca recibieron la vacuna porque tuvieron dificultades de acceso, desconocimiento, problemas logísticos o simplemente no consideraron que fuera necesaria.
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Primero, el sarampión nunca desapareció completamente del mundo.
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Cuarto, las tasas de vacunación pueden esconder diferencias importantes entre comunidades.
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Cuando una sociedad deja de recordar lo peligrosa que puede ser una enfermedad, puede comenzar a subestimar la herramienta que permitió controlarla.
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Quizás el aspecto más preocupante de la crisis sea que la discusión científica se haya convertido en una batalla política.
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Una advertencia para Estados Unidos
El sarampión no necesita una población completamente no vacunada.
Necesita solamente suficientes personas susceptibles para encontrar una cadena de transmisión.
Por eso el descenso del 95% al 93% puede parecer pequeño en términos estadísticos, pero puede ser importante epidemiológicamente.
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Si las autoridades federales concluyen que la evidencia no demuestra suficientemente una relación causal, las dos muertes podrían permanecer fuera del conteo nacional.
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6 thoughts on “El brote de sarampión en Pennsylvania: muertes, vacunas y una batalla política”
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- Ellington Harden
- posted on September 26, 2026
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- Tripp Dyer
- posted on September 25, 2026
-
- Kalani Levy
- posted on September 25, 2026
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- Sherlyn Stainthorpe
- posted on September 25, 2026
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- Larissa Beringer
- posted on September 24, 2026
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- Jaylee Pham
- posted on September 24, 2026
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