Hay momentos en que el mundo parece avanzar hacia ninguna parte. Los acontecimientos se suceden con una velocidad tal que resulta difícil distinguir lo importante de lo accesorio, mientras las grandes potencias mueven sus piezas en un tablero cada vez más peligroso.
Ucrania continúa desangrándose, sin que Rusia consiga imponer definitivamente sus condiciones ni Occidente encuentre la fórmula para terminar con una guerra que ya lleva demasiado tiempo. Donald Trump intenta abrir una puerta hacia la negociación con Vladimir Putin, pero las distancias entre Moscú y Kiev son enormes. Y ésa es la característica más preocupante del mundo actual: nadie parece saber con certeza hacia dónde vamos.
Mientras Europa mira con preocupación hacia Moscú, EE.UU. tiene otro adversario mayor: China. La disputa ya no es simplemente comercial. Es una pelea por el siglo XXI. Tecnología, inteligencia artificial, energía, telecomunicaciones, minerales estratégicos, rutas marítimas y capacidad militar forman parte de la batalla. China produce, innova, invierte, compra empresas, construye infraestructura y desarrolla una formidable capacidad tecnológica y militar. EE.UU. intenta contener ese avance con aranceles, sanciones y restricciones tecnológicas. Beijing responde acelerando su autonomía y extendiendo sus vínculos por Asia, África, Medio Oriente y América Latina. Y aquí aparece una diferencia fundamental con la Guerra Fría: había dos bloques, hoy hay muchos jugadores.
India quiere comerciar con EE.UU. y comprar petróleo ruso. Arabia Saudita mantiene vínculos con Washington y Beijing. Turquía pertenece a la OTAN, pero conversa con Moscú. Brasil procura relacionarse con todos. Los países ya no quieren elegir. Quieren negociar. Los BRICS crecen, el llamado Sur Global reclama protagonismo y la hegemonía occidental encuentra límites que parecían inimaginables. Pero sería igualmente ingenuo creer que EE.UU. está en retirada. Continúa siendo la principal potencia militar del planeta, conserva una enorme capacidad financiera, tecnológica y diplomática y posee una red de alianzas que China todavía no puede igualar. Lo que está terminando no es la influencia norteamericana. Es su hegemonía indiscutida.
Y allí aparece Taiwán. China considera a la isla parte de su territorio y no ha renunciado a recuperarla, incluso por la fuerza. Taiwán, mientras tanto, mantiene su democracia y su autonomía de hecho. EE.UU. la respalda, aunque conserva cierta ambigüedad sobre qué haría ante una invasión. El equilibrio es delicado. Porque una guerra allí no sería otra guerra regional. Sería un enfrentamiento entre las dos principales potencias militares y económicas. Una guerra en ese estrecho podría paralizar industrias enteras, alterar el comercio mundial y provocar una crisis de dimensiones inimaginables. Pero existe algo todavía más grave: EE.UU. y China poseen armas nucleares. Y cuando dos potencias de esa magnitud comienzan a acercarse demasiado al abismo, ya no importa quién tiene razón sino quién conserva la cabeza fría.
En Medio Oriente, la guerra de EE.UU. contra Irán ha colocado al estrecho de Ormuz en el centro de la escena. Por allí circula una parte (20%) del petróleo que consume el planeta. Y eso significa que una guerra en el Golfo nunca es solamente eso. Una interrupción del transporte marítimo encarece alimentos, fertilizantes, seguros y fletes en países a miles de kilómetros. La globalización, que alguna vez fue presentada como garantía de paz, ha demostrado también su otra cara: nunca fuimos tan interdependientes y nunca fuimos tan vulnerables. Las guerras modernas se libran con petróleo, gas, aranceles, sanciones, chips, minerales, información y dinero. La geopolítica se ha convertido en geoeconomía.
Frente a este panorama, la Argentina no puede continuar comportándose como si el mundo fuera un asunto ajeno. Tenemos petróleo y gas, alimentos, litio y minerales estratégicos, una enorme plataforma marítima, el Atlántico Sur, la Antártida. Y tenemos, además, una ubicación geográfica que adquirirá creciente importancia a medida que el mundo vuelva a valorar los recursos naturales y las rutas de abastecimiento. Por eso resulta incomprensible que nuestra política exterior continúe tan atada a las simpatías o antipatías del gobierno de turno. No podemos ser fervorosos amigos de uno y enemigos del otro según quién ocupe la Casa Blanca o el Kremlin. Los países no tienen amigos permanentes, tienen intereses permanentes, y deberíamos aprenderlo.
Malvinas constituye, en ese sentido, una prueba de madurez. El petróleo descubierto alrededor de las islas y el creciente interés estratégico por el Atlántico Sur vuelven a colocar la soberanía en un escenario mucho más complejo que el de décadas atrás. Tenemos todo el derecho a defender nuestra reivindicación, pero hacerlo con inteligencia. No recuperaremos las Malvinas a fuerza de discursos, ni las empresas británicas abandonarán sus proyectos porque las amenacemos. Necesitamos diplomacia, paciencia, estrategia y una política de Estado que sobreviva a los gobiernos. Porque si algo ha demostrado la historia es que los países serios construyen sus objetivos durante décadas.
El mundo que conocimos después de la caída del Muro de Berlín está desapareciendo. Creímos que el comercio sustituiría a las guerras, que la globalización haría más costoso enfrentarse y que la democracia avanzaría. Nos equivocamos. La guerra regresó a Europa. Medio Oriente continúa siendo un polvorín. Estados Unidos y China disputan el liderazgo mundial. Rusia desafía a Occidente. Europa vuelve a armarse. Los BRICS intentan construir una arquitectura diferente. Y nuevas tecnologías permiten que un dron barato destruya un equipo militar que cuesta millones de dólares. El mundo es hoy más poderoso que nunca. Y, paradójicamente, también más frágil.
Las grandes guerras no siempre comienzan porque alguien decide provocarlas. A veces, porque alguien calcula mal: un avión derribado, un barco atacado, una respuesta que obliga a otra respuesta, y después nadie recuerda quién comenzó. Esa es mi mayor preocupación. Hay demasiados jugadores. Demasiados intereses. Demasiadas armas. Demasiados conflictos: Ucrania, Gaza, Irán, Taiwán, el Ártico, el Atlántico Sur. Demasiadas piezas moviéndose sobre un tablero cuyo final nadie conoce. La Argentina deberá decidir si quiere limitarse a observar la partida o comenzar, por una vez, a pensar cuál debe ser su propio movimiento. Porque esta vez no estamos mirando el tablero desde afuera, también somos una pieza. Sería imperdonable descubrirlo cuando ya sea demasiado tarde.
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Argentina tiene enormes posibilidades: recursos naturales, energía, alimentos y talento. Si mantiene la estabilidad, atrae inversiones y reduce la inflación, puede recuperar crecimiento y prosperidad. El desafío será sostener las reformas y convertir la recuperación económica en mejores salarios y oportunidades.
Argentina enfrenta su futuro con una mezcla de esperanza y preocupación. El país posee enormes recursos naturales, especialmente petróleo, gas, alimentos y minerales, y actualmente muestra señales de recuperación económica y una fuerte reducción de la inflación. El FMI también destaca mejoras fiscales, crecimiento y recuperación de reservas. Sin embargo, todavía existen grandes desafíos: salarios bajos, empleo, pobreza, inversión insuficiente y una inflación que continúa siendo elevada. Para muchos argentinos, el verdadero éxito llegará cuando la estabilidad económica se traduzca en mejores oportunidades para las familias. Argentina tiene potencial para volver a crecer, pero necesitará estabilidad política, reglas claras, inversión y continuidad de las reformas. El futuro puede ser mucho mejor, pero dependerá de mantener el rumbo y evitar repetir los errores del pasado.
Argentina posee enormes recursos de petróleo y gas, especialmente gracias a Vaca Muerta, en la Cuenca Neuquina. De hecho, Estados Unidos considera que Argentina está entre los países con mayores recursos técnicamente recuperables de shale oil y shale gas del mundo.
Vaca Muerta es particularmente importante. Una estimación oficial difundida en agosto de 2026 calcula que la formación contiene unos 30.170 millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables durante su vida útil.
En gas, las estimaciones también son extraordinarias. La EIA estadounidense había calculado unos 308 billones de pies cúbicos de gas técnicamente recuperable en Vaca Muerta.
Lo más importante es que Argentina ya está transformando esos recursos en producción. En 2025 produjo aproximadamente 794.000 barriles diarios de petróleo, el nivel más alto desde 1999, y la producción continúa creciendo impulsada por Vaca Muerta.
El gas también está creciendo rápidamente. En abril de 2025, la producción argentina alcanzó unos 136,7 millones de metros cúbicos diarios, mientras Vaca Muerta aportaba 69,3 millones.
La gran oportunidad para Argentina es convertir esa abundancia en exportaciones, dólares, empleo e inversiones. Para conseguirlo necesita oleoductos, gasoductos, plantas de GNL y estabilidad regulatoria.
En resumen: Argentina no solamente tiene petróleo y gas; tiene potencial para convertirse en una gran potencia energética mundial. El desafío ya no es encontrar los hidrocarburos, sino extraerlos, transportarlos y venderlos competitivamente al mundo.
Creio que o dólar derrotará a si mesmo, isso é inevitável, a impressão descontrolada de dólares para cobrir um rombo no defit anual de 2 trilhões elevando a dívida a 45 trilhões até 2030, 150 % do PIB, gerando um processo inflacionado sem precedentes. E não há saída no horizonte, pois a hegemonia só será mantida as custas disso, pressionando cada vez mais os gastos estadunidenses
No se. El plan no s destruir al dólar, es crear un alternativa para el comercio internacional. Donde EUA no pueda usar su moneda como arma de destrucción. De hecho, justo su propio comportamiento está haciendo que el dolor pierda confianza a nivel internacional, lo que le da valor.
Solo por dar un dato ‘ el Euro demoró casi medio siglo en crearse por los paises mas innovadores y ricos del mundo y aún no sobrepasan el 20 porciento en transacciones mundiales frente al dólar con un 60 porciento….entonces que esperan de los Brics qué casi ninguno te produce un vehículo., o un celular …fármaco, chip etc…
Yo recuerdo cuando salió el termino Bric, que era para designar las economías que llamaban emergentes, que supuestamente en pocos años serían potencia económica. Desde entonces, hace como 20 años nada a pasado. El que promueve actualmente a los Brics es Putin, sobre todo por hacerle contra a EU dado su apoyo a Ucrania, entonces, yo me pregunto, como serán las decisiones económicas de los Brics? Lógicamente todas teñidas de geopolítica, donde en vez de favorecer a las economías, se buscará afectar a cualquier peso a EU.
Los Brics se mantendrán, pues lo pagan los gobiernos, pero no creo que produzca beneficias a sus pueblos.
Los BRICS no son una estafa en el sentido literal o legal, sino una alianza geopolítica y económica real, pero muchos analistas coinciden en que sus promesas suelen estar sumamente exageradas
Los BRICS nunca derrotaran al dolar…pero desde ya les avisamos que vamos a sancionar terriblemente a cualquier país que se atreva a intentar desdolarizarse porque si…
Imposible, salvo que de un golpe de es estado y eso es descabellado allí. La Constitución además, que se respeta, no lo permite y la ciudadanía no lo quiere por más que acá los medios digan otra cosa.
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Hay momentos en que el mundo parece avanzar hacia ninguna parte. Los acontecimientos se suceden con una velocidad tal que resulta difícil distinguir lo importante de lo accesorio, mientras las grandes potencias mueven sus piezas en un tablero cada vez más peligroso.
Ucrania continúa desangrándose, sin que Rusia consiga imponer definitivamente sus condiciones ni Occidente encuentre la fórmula para terminar con una guerra que ya lleva demasiado tiempo. Donald Trump intenta abrir una puerta hacia la negociación con Vladimir Putin, pero las distancias entre Moscú y Kiev son enormes. Y ésa es la característica más preocupante del mundo actual: nadie parece saber con certeza hacia dónde vamos.
Mientras Europa mira con preocupación hacia Moscú, EE.UU. tiene otro adversario mayor: China. La disputa ya no es simplemente comercial. Es una pelea por el siglo XXI. Tecnología, inteligencia artificial, energía, telecomunicaciones, minerales estratégicos, rutas marítimas y capacidad militar forman parte de la batalla. China produce, innova, invierte, compra empresas, construye infraestructura y desarrolla una formidable capacidad tecnológica y militar. EE.UU. intenta contener ese avance con aranceles, sanciones y restricciones tecnológicas. Beijing responde acelerando su autonomía y extendiendo sus vínculos por Asia, África, Medio Oriente y América Latina. Y aquí aparece una diferencia fundamental con la Guerra Fría: había dos bloques, hoy hay muchos jugadores.
Y allí aparece Taiwán. China considera a la isla parte de su territorio y no ha renunciado a recuperarla, incluso por la fuerza. Taiwán, mientras tanto, mantiene su democracia y su autonomía de hecho. EE.UU. la respalda, aunque conserva cierta ambigüedad sobre qué haría ante una invasión. El equilibrio es delicado. Porque una guerra allí no sería otra guerra regional. Sería un enfrentamiento entre las dos principales potencias militares y económicas. Una guerra en ese estrecho podría paralizar industrias enteras, alterar el comercio mundial y provocar una crisis de dimensiones inimaginables. Pero existe algo todavía más grave: EE.UU. y China poseen armas nucleares. Y cuando dos potencias de esa magnitud comienzan a acercarse demasiado al abismo, ya no importa quién tiene razón sino quién conserva la cabeza fría.
En Medio Oriente, la guerra de EE.UU. contra Irán ha colocado al estrecho de Ormuz en el centro de la escena. Por allí circula una parte (20%) del petróleo que consume el planeta. Y eso significa que una guerra en el Golfo nunca es solamente eso. Una interrupción del transporte marítimo encarece alimentos, fertilizantes, seguros y fletes en países a miles de kilómetros. La globalización, que alguna vez fue presentada como garantía de paz, ha demostrado también su otra cara: nunca fuimos tan interdependientes y nunca fuimos tan vulnerables. Las guerras modernas se libran con petróleo, gas, aranceles, sanciones, chips, minerales, información y dinero. La geopolítica se ha convertido en geoeconomía.
Frente a este panorama, la Argentina no puede continuar comportándose como si el mundo fuera un asunto ajeno. Tenemos petróleo y gas, alimentos, litio y minerales estratégicos, una enorme plataforma marítima, el Atlántico Sur, la Antártida. Y tenemos, además, una ubicación geográfica que adquirirá creciente importancia a medida que el mundo vuelva a valorar los recursos naturales y las rutas de abastecimiento. Por eso resulta incomprensible que nuestra política exterior continúe tan atada a las simpatías o antipatías del gobierno de turno. No podemos ser fervorosos amigos de uno y enemigos del otro según quién ocupe la Casa Blanca o el Kremlin. Los países no tienen amigos permanentes, tienen intereses permanentes, y deberíamos aprenderlo.
Malvinas constituye, en ese sentido, una prueba de madurez. El petróleo descubierto alrededor de las islas y el creciente interés estratégico por el Atlántico Sur vuelven a colocar la soberanía en un escenario mucho más complejo que el de décadas atrás. Tenemos todo el derecho a defender nuestra reivindicación, pero hacerlo con inteligencia. No recuperaremos las Malvinas a fuerza de discursos, ni las empresas británicas abandonarán sus proyectos porque las amenacemos. Necesitamos diplomacia, paciencia, estrategia y una política de Estado que sobreviva a los gobiernos. Porque si algo ha demostrado la historia es que los países serios construyen sus objetivos durante décadas.
El mundo que conocimos después de la caída del Muro de Berlín está desapareciendo. Creímos que el comercio sustituiría a las guerras, que la globalización haría más costoso enfrentarse y que la democracia avanzaría. Nos equivocamos. La guerra regresó a Europa. Medio Oriente continúa siendo un polvorín. Estados Unidos y China disputan el liderazgo mundial. Rusia desafía a Occidente. Europa vuelve a armarse. Los BRICS intentan construir una arquitectura diferente. Y nuevas tecnologías permiten que un dron barato destruya un equipo militar que cuesta millones de dólares. El mundo es hoy más poderoso que nunca. Y, paradójicamente, también más frágil.
Las grandes guerras no siempre comienzan porque alguien decide provocarlas. A veces, porque alguien calcula mal: un avión derribado, un barco atacado, una respuesta que obliga a otra respuesta, y después nadie recuerda quién comenzó. Esa es mi mayor preocupación. Hay demasiados jugadores. Demasiados intereses. Demasiadas armas. Demasiados conflictos: Ucrania, Gaza, Irán, Taiwán, el Ártico, el Atlántico Sur. Demasiadas piezas moviéndose sobre un tablero cuyo final nadie conoce. La Argentina deberá decidir si quiere limitarse a observar la partida o comenzar, por una vez, a pensar cuál debe ser su propio movimiento. Porque esta vez no estamos mirando el tablero desde afuera, también somos una pieza. Sería imperdonable descubrirlo cuando ya sea demasiado tarde.
Bs.As., 5 Sep. 2026
Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401
Cel. en Argentina (+54911) o (15) 4473 4003
Cel. en Brasil (+5521) 98128 7896
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33 thoughts on “DEMASIADAS PIEZAS EN EL TABLERO”
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- Chris Nye
- posted on September 5, 2026
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- Edgard Figueras
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- Fran Goycochea
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- Sergio Escurra
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- Male Fierro
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- Daniel Pergero
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- MARCELO FERNANDEZ
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- Dave Escarza
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- Andy
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- Carlos Repelo
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- uno
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- Kevin Cuchiero
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- Jorge Cornejo
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- Victor Beltramo
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- Raul Padilla
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- Vanina
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- Jorge Viela
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- Patricio
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- Jose Luis Gelida
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- Edu Guardado
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- Flavio Medardi
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- Bianca ValA
- posted on September 5, 2026
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- Carlos
- posted on September 5, 2026
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- Juan Lozcalzo
- posted on September 4, 2026
CommentI just got paid $8.4k working off my laptop this month!** And if you think that’s cool, my divorced friend has twin toddlers and made over $2700-$4700+Dollar per week .details on this website**Want the secret?** Copy this Website and choose HOME TECH OR MEDIA……..
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Si se quiere, Argentina es un pais grande y con mayusculos productos pero mucha corrupcion tanto tanto como en mi pais
Argentina tiene enormes posibilidades: recursos naturales, energía, alimentos y talento. Si mantiene la estabilidad, atrae inversiones y reduce la inflación, puede recuperar crecimiento y prosperidad. El desafío será sostener las reformas y convertir la recuperación económica en mejores salarios y oportunidades.
Argentina enfrenta su futuro con una mezcla de esperanza y preocupación. El país posee enormes recursos naturales, especialmente petróleo, gas, alimentos y minerales, y actualmente muestra señales de recuperación económica y una fuerte reducción de la inflación. El FMI también destaca mejoras fiscales, crecimiento y recuperación de reservas. Sin embargo, todavía existen grandes desafíos: salarios bajos, empleo, pobreza, inversión insuficiente y una inflación que continúa siendo elevada. Para muchos argentinos, el verdadero éxito llegará cuando la estabilidad económica se traduzca en mejores oportunidades para las familias. Argentina tiene potencial para volver a crecer, pero necesitará estabilidad política, reglas claras, inversión y continuidad de las reformas. El futuro puede ser mucho mejor, pero dependerá de mantener el rumbo y evitar repetir los errores del pasado.
Argentina posee enormes recursos de petróleo y gas, especialmente gracias a Vaca Muerta, en la Cuenca Neuquina. De hecho, Estados Unidos considera que Argentina está entre los países con mayores recursos técnicamente recuperables de shale oil y shale gas del mundo.
Vaca Muerta es particularmente importante. Una estimación oficial difundida en agosto de 2026 calcula que la formación contiene unos 30.170 millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables durante su vida útil.
En gas, las estimaciones también son extraordinarias. La EIA estadounidense había calculado unos 308 billones de pies cúbicos de gas técnicamente recuperable en Vaca Muerta.
Lo más importante es que Argentina ya está transformando esos recursos en producción. En 2025 produjo aproximadamente 794.000 barriles diarios de petróleo, el nivel más alto desde 1999, y la producción continúa creciendo impulsada por Vaca Muerta.
El gas también está creciendo rápidamente. En abril de 2025, la producción argentina alcanzó unos 136,7 millones de metros cúbicos diarios, mientras Vaca Muerta aportaba 69,3 millones.
La gran oportunidad para Argentina es convertir esa abundancia en exportaciones, dólares, empleo e inversiones. Para conseguirlo necesita oleoductos, gasoductos, plantas de GNL y estabilidad regulatoria.
En resumen: Argentina no solamente tiene petróleo y gas; tiene potencial para convertirse en una gran potencia energética mundial. El desafío ya no es encontrar los hidrocarburos, sino extraerlos, transportarlos y venderlos competitivamente al mundo.
Pero somos un pais dificil
I think Trump is gonna go soon
China arrastra a Taiwan a ser esclavos de ellos
A TRUMP LE QUEDAN MILEI Y BUKELE DE AMIGOS
Any minute, he will betray them
Es un pais que se pervierte solo
No hay escape limpio
Creio que o dólar derrotará a si mesmo, isso é inevitável, a impressão descontrolada de dólares para cobrir um rombo no defit anual de 2 trilhões elevando a dívida a 45 trilhões até 2030, 150 % do PIB, gerando um processo inflacionado sem precedentes. E não há saída no horizonte, pois a hegemonia só será mantida as custas disso, pressionando cada vez mais os gastos estadunidenses
No se. El plan no s destruir al dólar, es crear un alternativa para el comercio internacional. Donde EUA no pueda usar su moneda como arma de destrucción. De hecho, justo su propio comportamiento está haciendo que el dolor pierda confianza a nivel internacional, lo que le da valor.
Es muy cierto
Solo por dar un dato ‘ el Euro demoró casi medio siglo en crearse por los paises mas innovadores y ricos del mundo y aún no sobrepasan el 20 porciento en transacciones mundiales frente al dólar con un 60 porciento….entonces que esperan de los Brics qué casi ninguno te produce un vehículo., o un celular …fármaco, chip etc…
1 en su momento, dijeron lo mismo del euro? 2. Por Trump amenaza con sancionar a todo el que se despolarice?
Cierto
Yo recuerdo cuando salió el termino Bric, que era para designar las economías que llamaban emergentes, que supuestamente en pocos años serían potencia económica. Desde entonces, hace como 20 años nada a pasado. El que promueve actualmente a los Brics es Putin, sobre todo por hacerle contra a EU dado su apoyo a Ucrania, entonces, yo me pregunto, como serán las decisiones económicas de los Brics? Lógicamente todas teñidas de geopolítica, donde en vez de favorecer a las economías, se buscará afectar a cualquier peso a EU.
Los Brics se mantendrán, pues lo pagan los gobiernos, pero no creo que produzca beneficias a sus pueblos.
Ninguno quisiera ahorrar en sus monedas, ni ellos mismos
Yo creon que si, porque en dos anos se va. Hay que aguatar un poquito no mas
Los BRICS no son una estafa en el sentido literal o legal, sino una alianza geopolítica y económica real, pero muchos analistas coinciden en que sus promesas suelen estar sumamente exageradas
Los BRICS nunca derrotaran al dolar…pero desde ya les avisamos que vamos a sancionar terriblemente a cualquier país que se atreva a intentar desdolarizarse porque si…
Si Trump esta 4 años mas… no se….
Si, Trump les va a hacer un favor a todos hundiedo a EEUU
Ni hablar
Imposible, salvo que de un golpe de es estado y eso es descabellado allí. La Constitución además, que se respeta, no lo permite y la ciudadanía no lo quiere por más que acá los medios digan otra cosa.
Los Chinos la Siguen con Taiwan a mas no poder.
Nunca me cayo bien lo de los brics
EEUU perdio la guerra ya
x Trumpetta
Increible, no?
Excelente lo dicho de Malvinas. Totalmente de acuerdo