Durante mucho tiempo, la imagen de una asesina a sueldo perteneció al territorio de las películas: una mujer misteriosa, cuidadosamente disfrazada, que recibe dinero para matar a una persona y desaparece sin dejar rastros. Pero en Birmingham, Inglaterra, ocurrió un caso real que parece escrito para una película policial.
La protagonista fue Aimee Betro, una estadounidense originaria de Wisconsin. En 2019 viajó desde Estados Unidos hasta el Reino Unido para participar en un plan de asesinato. Su objetivo era un hombre relacionado con una familia con la que sus contratantes mantenían una violenta disputa.
El plan estaba cuidadosamente preparado. Pero algo salió mal en el momento decisivo: el arma se trabó.
Ese pequeño accidente probablemente salvó una vida y cambió para siempre el destino de Betro. Años después, tras una fuga internacional, sería encontrada, extraditada y finalmente condenada a 30 años de prisión.
Un encargo nacido de una venganza
La historia comenzó mucho antes del viaje de Betro a Inglaterra. El caso estaba relacionado con una disputa entre dos familias vinculadas al ambiente comercial de Birmingham.
Según la investigación de las autoridades británicas, Mohammed Nabil Nazir y su padre, Mohammed Aslam, participaron en la conspiración para asesinar a miembros de una familia rival. Nazir había conocido a Betro a través de una aplicación de citas y posteriormente la incorporó al plan.
La Fiscalía británica sostuvo que Betro fue reclutada para actuar como la persona que llevaría a cabo físicamente el asesinato. Nazir recibió posteriormente una condena de 32 años y Aslam una de 10 años por su participación en la conspiración.
El objetivo estaba en Birmingham.
Betro llegó al Reino Unido en agosto de 2019. No parecía una turista convencional. De acuerdo con la investigación, utilizó nombres falsos en determinados momentos, consiguió alojamiento y un vehículo y realizó preparativos antes del ataque.
La policía descubriría posteriormente que aquella mujer estadounidense había viajado cientos de kilómetros para realizar algo muy concreto: matar.
La noche del 7 de septiembre
El 7 de septiembre de 2019, poco después de las ocho de la noche, Betro llegó a una zona residencial de South Yardley, Birmingham.
Intentó ocultar su identidad utilizando un niqab. El objetivo era evitar que las cámaras de seguridad pudieran identificarla.
La escena fue captada por cámaras de vigilancia.
Betro se aproximó al domicilio de Sikander Ali y, según la evidencia presentada en el juicio, intentó dispararle a corta distancia.
Entonces ocurrió lo inesperado.
La pistola falló.
Ali consiguió escapar en su vehículo. La oportunidad de matarlo había desaparecido.
Para Betro, sin embargo, la operación todavía no había terminado.
Horas después regresó a la zona. Esta vez disparó contra la vivienda familiar. Tres balas atravesaron las ventanas de la casa. Afortunadamente, nadie resultó herido.
Después abandonó el lugar.
Pero había dejado demasiadas huellas.
Las cámaras comenzaron a reconstruir el crimen
Uno de los grandes errores de Betro fue subestimar la cantidad de cámaras existentes en Birmingham.
Aunque había intentado cubrir su rostro, otros elementos de su apariencia permanecieron visibles. La policía pudo seguir sus movimientos mediante imágenes de vigilancia.
También aparecieron datos telefónicos y evidencia digital.
Pero uno de los elementos más importantes sería el ADN.
Cuando las autoridades recuperaron un Mercedes relacionado con la operación, encontraron un guante negro que contenía ADN de Betro. Los investigadores pudieron vincular además su ADN con objetos relacionados con otra operación criminal.
La investigación dejó de ser solamente una sospecha.
Comenzaba a formarse una cadena de pruebas que conectaba a una mujer estadounidense con un intento de asesinato cometido en Inglaterra.
La fuga
Después del ataque, Betro abandonó rápidamente el Reino Unido.
Regresó a Estados Unidos y posteriormente terminó viviendo en Armenia.
Durante años permaneció fuera del alcance de la justicia británica.
Pero el caso no había sido olvidado.
Las autoridades británicas continuaron investigando y, en junio de 2024, emitieron una solicitud internacional para detenerla. Poco después fue localizada en Armenia y arrestada.
El proceso de extradición comenzó entonces.
Finalmente, Betro fue trasladada al Reino Unido para responder ante un tribunal por los hechos ocurridos cinco años antes.
La mujer que había viajado desde Wisconsin para ejecutar un asesinato tenía ahora que enfrentarse a las pruebas acumuladas durante años de investigación.
El juicio
Betro inicialmente se declaró inocente de los cargos.
El juicio se desarrolló en Birmingham Crown Court en 2025. La acusación presentó imágenes de cámaras de seguridad, información telefónica, evidencia digital, pruebas forenses y elementos relacionados con su viaje y movimientos.
La Fiscalía describió el ataque como una conspiración internacional cuidadosamente organizada.
El punto central del caso era demostrar que Betro no había sido una simple participante pasiva.
Había viajado a otro país.
Había aceptado participar en un asesinato.
Había llevado un arma.
Y, según la acusación, había intentado utilizarla.
El tribunal terminó aceptando esa interpretación.
El 12 de agosto de 2025, un jurado la declaró culpable de conspiración para asesinar, posesión de un arma de fuego con intención de causar temor de violencia y un delito relacionado con la importación ilegal de munición.
Treinta años de prisión
El 21 de agosto de 2025 llegó la sentencia.
El juez Simon Drew KC fue contundente.
Consideró que Betro no se había limitado a aceptar verbalmente formar parte de una conspiración. En la práctica, había asumido el papel de la persona que dispararía el arma.
La condena principal fue de 30 años de prisión. Además recibió penas concurrentes de seis años por el delito relacionado con el arma y dos años por la importación de munición.
El juez señaló que solamente circunstancias fortuitas habían impedido que Ali muriera.
La frase resume la esencia del caso.
No fue una amenaza abstracta.
No fue una fantasía.
La persona contratada para matar había llegado hasta la puerta de su víctima.
Y había apretado el gatillo.
Una segunda operación
El caso todavía tenía otro capítulo sorprendente.
Después de regresar a Estados Unidos, Betro habría participado en otra operación relacionada con sus cómplices. Según la Fiscalía británica, se enviaron paquetes que contenían munición y componentes de armas desde Estados Unidos hacia el Reino Unido con la intención de incriminar a otra persona.
La investigación descubrió posteriormente la conexión entre Betro y esos paquetes.
Su ADN apareció en elementos relacionados con ellos, proporcionando otra pieza de evidencia para los investigadores.
La mujer detrás de la asesina
Uno de los aspectos más desconcertantes del caso es que Betro no encajaba necesariamente en el estereotipo de una asesina profesional.
No era una conocida integrante de una organización criminal internacional.
No era una figura legendaria del mundo del crimen.
Precisamente por eso el caso llamó tanto la atención.
Una mujer estadounidense relativamente desconocida terminó viajando miles de kilómetros para convertirse en la ejecutora de una venganza ajena.
La historia demuestra además que una conspiración criminal puede parecer sofisticada y, al mismo tiempo, estar llena de errores.
El disfraz no fue suficiente.
El arma falló.
Las cámaras registraron sus movimientos.
Los teléfonos dejaron rastros.
El vehículo dejó evidencia.
Y el ADN terminó conectando a la sospechosa con la operación.
Una asesina a sueldo que no llegó a matar
Aimee Betro puede ser llamada una asesina a sueldo frustrada o una sicaria contratada, pero existe una diferencia importante: no consiguió matar a su objetivo.
Eso no disminuyó la gravedad del delito.
Para el tribunal británico, su intención y sus acciones fueron suficientes para demostrar que estaba dispuesta a cometer el asesinato.
El caso también recuerda una realidad incómoda: los asesinos por encargo no siempre tienen el aspecto que imaginamos. Pueden ser personas aparentemente normales que, por dinero, venganza, relaciones personales o lealtad hacia otra persona, terminan aceptando convertirse en instrumentos de una muerte.
En septiembre de 2019, una pistola que se trabó cambió el destino de varias personas.
Para Sikander Ali significó sobrevivir.
Para la familia de los conspiradores significó el comienzo de una investigación internacional.
Y para Aimee Betro significó el principio de una fuga que duraría años.
En 2025, esa fuga terminó en un tribunal de Birmingham.
La mujer que había cruzado el Atlántico para matar recibió 30 años de prisión.
Y la historia que parecía pertenecer al cine terminó siendo un caso criminal real, documentado por cámaras, teléfonos, ADN y tribunales.
PrisioneroEnArgentina.com
Set 8, 2026
2 thoughts on “Aimee Betro: la asesina a sueldo que cruzó el Atlántico para matar”
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Durante mucho tiempo, la imagen de una asesina a sueldo perteneció al territorio de las películas: una mujer misteriosa, cuidadosamente disfrazada, que recibe dinero para matar a una persona y desaparece sin dejar rastros. Pero en Birmingham, Inglaterra, ocurrió un caso real que parece escrito para una película policial.
La protagonista fue Aimee Betro, una estadounidense originaria de Wisconsin. En 2019 viajó desde Estados Unidos hasta el Reino Unido para participar en un plan de asesinato. Su objetivo era un hombre relacionado con una familia con la que sus contratantes mantenían una violenta disputa.
El plan estaba cuidadosamente preparado. Pero algo salió mal en el momento decisivo: el arma se trabó.
Ese pequeño accidente probablemente salvó una vida y cambió para siempre el destino de Betro. Años después, tras una fuga internacional, sería encontrada, extraditada y finalmente condenada a 30 años de prisión.
Un encargo nacido de una venganza
Según la investigación de las autoridades británicas, Mohammed Nabil Nazir y su padre, Mohammed Aslam, participaron en la conspiración para asesinar a miembros de una familia rival. Nazir había conocido a Betro a través de una aplicación de citas y posteriormente la incorporó al plan.
La Fiscalía británica sostuvo que Betro fue reclutada para actuar como la persona que llevaría a cabo físicamente el asesinato. Nazir recibió posteriormente una condena de 32 años y Aslam una de 10 años por su participación en la conspiración.
El objetivo estaba en Birmingham.
Betro llegó al Reino Unido en agosto de 2019. No parecía una turista convencional. De acuerdo con la investigación, utilizó nombres falsos en determinados momentos, consiguió alojamiento y un vehículo y realizó preparativos antes del ataque.
La policía descubriría posteriormente que aquella mujer estadounidense había viajado cientos de kilómetros para realizar algo muy concreto: matar.
La noche del 7 de septiembre
El 7 de septiembre de 2019, poco después de las ocho de la noche, Betro llegó a una zona residencial de South Yardley, Birmingham.
Intentó ocultar su identidad utilizando un niqab. El objetivo era evitar que las cámaras de seguridad pudieran identificarla.
La escena fue captada por cámaras de vigilancia.
Betro se aproximó al domicilio de Sikander Ali y, según la evidencia presentada en el juicio, intentó dispararle a corta distancia.
Entonces ocurrió lo inesperado.
La pistola falló.
Ali consiguió escapar en su vehículo. La oportunidad de matarlo había desaparecido.
Para Betro, sin embargo, la operación todavía no había terminado.
Horas después regresó a la zona. Esta vez disparó contra la vivienda familiar. Tres balas atravesaron las ventanas de la casa. Afortunadamente, nadie resultó herido.
Después abandonó el lugar.
Pero había dejado demasiadas huellas.
Las cámaras comenzaron a reconstruir el crimen
Uno de los grandes errores de Betro fue subestimar la cantidad de cámaras existentes en Birmingham.
Aunque había intentado cubrir su rostro, otros elementos de su apariencia permanecieron visibles. La policía pudo seguir sus movimientos mediante imágenes de vigilancia.
También aparecieron datos telefónicos y evidencia digital.
Pero uno de los elementos más importantes sería el ADN.
Cuando las autoridades recuperaron un Mercedes relacionado con la operación, encontraron un guante negro que contenía ADN de Betro. Los investigadores pudieron vincular además su ADN con objetos relacionados con otra operación criminal.
La investigación dejó de ser solamente una sospecha.
Comenzaba a formarse una cadena de pruebas que conectaba a una mujer estadounidense con un intento de asesinato cometido en Inglaterra.
La fuga
Después del ataque, Betro abandonó rápidamente el Reino Unido.
Regresó a Estados Unidos y posteriormente terminó viviendo en Armenia.
Durante años permaneció fuera del alcance de la justicia británica.
Pero el caso no había sido olvidado.
Las autoridades británicas continuaron investigando y, en junio de 2024, emitieron una solicitud internacional para detenerla. Poco después fue localizada en Armenia y arrestada.
El proceso de extradición comenzó entonces.
Finalmente, Betro fue trasladada al Reino Unido para responder ante un tribunal por los hechos ocurridos cinco años antes.
La mujer que había viajado desde Wisconsin para ejecutar un asesinato tenía ahora que enfrentarse a las pruebas acumuladas durante años de investigación.
El juicio
Betro inicialmente se declaró inocente de los cargos.
El juicio se desarrolló en Birmingham Crown Court en 2025. La acusación presentó imágenes de cámaras de seguridad, información telefónica, evidencia digital, pruebas forenses y elementos relacionados con su viaje y movimientos.
La Fiscalía describió el ataque como una conspiración internacional cuidadosamente organizada.
El punto central del caso era demostrar que Betro no había sido una simple participante pasiva.
Había viajado a otro país.
Había aceptado participar en un asesinato.
Había llevado un arma.
Y, según la acusación, había intentado utilizarla.
El tribunal terminó aceptando esa interpretación.
El 12 de agosto de 2025, un jurado la declaró culpable de conspiración para asesinar, posesión de un arma de fuego con intención de causar temor de violencia y un delito relacionado con la importación ilegal de munición.
Treinta años de prisión
El juez Simon Drew KC fue contundente.
Consideró que Betro no se había limitado a aceptar verbalmente formar parte de una conspiración. En la práctica, había asumido el papel de la persona que dispararía el arma.
La condena principal fue de 30 años de prisión. Además recibió penas concurrentes de seis años por el delito relacionado con el arma y dos años por la importación de munición.
El juez señaló que solamente circunstancias fortuitas habían impedido que Ali muriera.
La frase resume la esencia del caso.
No fue una amenaza abstracta.
No fue una fantasía.
La persona contratada para matar había llegado hasta la puerta de su víctima.
Y había apretado el gatillo.
Una segunda operación
El caso todavía tenía otro capítulo sorprendente.
Después de regresar a Estados Unidos, Betro habría participado en otra operación relacionada con sus cómplices. Según la Fiscalía británica, se enviaron paquetes que contenían munición y componentes de armas desde Estados Unidos hacia el Reino Unido con la intención de incriminar a otra persona.
La investigación descubrió posteriormente la conexión entre Betro y esos paquetes.
Su ADN apareció en elementos relacionados con ellos, proporcionando otra pieza de evidencia para los investigadores.
La mujer detrás de la asesina
Uno de los aspectos más desconcertantes del caso es que Betro no encajaba necesariamente en el estereotipo de una asesina profesional.
No era una conocida integrante de una organización criminal internacional.
No era una figura legendaria del mundo del crimen.
Precisamente por eso el caso llamó tanto la atención.
Una mujer estadounidense relativamente desconocida terminó viajando miles de kilómetros para convertirse en la ejecutora de una venganza ajena.
La historia demuestra además que una conspiración criminal puede parecer sofisticada y, al mismo tiempo, estar llena de errores.
El disfraz no fue suficiente.
El arma falló.
Las cámaras registraron sus movimientos.
Los teléfonos dejaron rastros.
El vehículo dejó evidencia.
Y el ADN terminó conectando a la sospechosa con la operación.
Una asesina a sueldo que no llegó a matar
Aimee Betro puede ser llamada una asesina a sueldo frustrada o una sicaria contratada, pero existe una diferencia importante: no consiguió matar a su objetivo.
Eso no disminuyó la gravedad del delito.
Para el tribunal británico, su intención y sus acciones fueron suficientes para demostrar que estaba dispuesta a cometer el asesinato.
El caso también recuerda una realidad incómoda: los asesinos por encargo no siempre tienen el aspecto que imaginamos. Pueden ser personas aparentemente normales que, por dinero, venganza, relaciones personales o lealtad hacia otra persona, terminan aceptando convertirse en instrumentos de una muerte.
En septiembre de 2019, una pistola que se trabó cambió el destino de varias personas.
Para Sikander Ali significó sobrevivir.
Para la familia de los conspiradores significó el comienzo de una investigación internacional.
Y para Aimee Betro significó el principio de una fuga que duraría años.
En 2025, esa fuga terminó en un tribunal de Birmingham.
La mujer que había cruzado el Atlántico para matar recibió 30 años de prisión.
Y la historia que parecía pertenecer al cine terminó siendo un caso criminal real, documentado por cámaras, teléfonos, ADN y tribunales.
2 thoughts on “Aimee Betro: la asesina a sueldo que cruzó el Atlántico para matar”
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- Eve Sloan
- posted on October 2, 2026
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- Candida Hall
- posted on October 1, 2026
CommentI make over $220 an hour while working from home and looking after my two kids. I was hesitant at first, but when my friend, who earns more than $35,000 a month, encouraged me to try it, I went for it. It’s been amazing! I have more time and money than I ever thought possible. Want to see how?
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