El cura asesino

Padre Ryan Erickson, el sacerdote detrás de un doble crimen
Share

♣

En febrero de 2002, la tranquila ciudad de Hudson, Wisconsin, quedó conmocionada por un crimen que durante años parecía no tener explicación. En plena jornada laboral, dos hombres fueron asesinados a tiros dentro de una funeraria. Las víctimas eran Daniel “Dan” O’Connell, de 39 años, director de O’Connell Family Funeral Home, y James Ellison, de 22 años, un joven que trabajaba allí. El asesino no se llevó dinero ni objetos de valor. Simplemente disparó y desapareció.

Durante más de dos años, el caso permaneció sin resolver. La investigación involucró a la policía de Hudson, al FBI y a otras autoridades. Se entrevistó a numerosas personas y se investigaron diferentes hipótesis. Nadie imaginaba inicialmente que la respuesta terminaría conduciendo hasta un hombre que vestía sotana: el padre Ryan Erickson, sacerdote católico de la localidad.

El sacerdote

Ryan Gene Erickson nació en 1973 y fue ordenado sacerdote de la diócesis de Superior el 4 de junio de 2000. Poco después fue destinado a la parroquia de St. Patrick, en Hudson. Allí desarrolló una reputación de sacerdote conservador, rígido y profundamente comprometido con una visión tradicional de la Iglesia.

Pero detrás de esa imagen comenzaron a aparecer señales preocupantes. Con el tiempo surgieron denuncias relacionadas con su conducta, incluyendo acusaciones de abuso sexual de un menor y de proporcionar alcohol a adolescentes. También se sabía que poseía armas de fuego. Estas informaciones serían fundamentales para que la policía volviera a examinar su posible relación con el doble asesinato.

El doble asesinato

El 5 de febrero de 2002, Daniel O’Connell se encontraba trabajando en su oficina de la funeraria. James Ellison también estaba allí.

Según la reconstrucción presentada posteriormente, O’Connell fue asesinado primero. El atacante le disparó y luego Ellison, al advertir lo ocurrido, intentó escapar. También fue alcanzado por los disparos.

La escena indicaba que no se trataba de un robo convencional. No habían desaparecido objetos de valor y el ataque parecía dirigido específicamente contra O’Connell. Durante años, sin embargo, la policía no consiguió establecer quién había cometido el crimen.

La investigación cambia de dirección

El gran giro llegó en 2004.

La policía comenzó a investigar a Erickson por denuncias independientes relacionadas con un menor. Durante esa investigación aparecieron referencias a su comportamiento, su acceso a armas y otros aspectos de su vida personal.

En noviembre de 2004, detectives de Hudson viajaron hasta Hurley, donde Erickson ejercía entonces su ministerio, para interrogarlo sobre los asesinatos.

Durante aquella conversación ocurrió algo extraordinario: Erickson proporcionó información sobre la escena del crimen que, según los investigadores, no había sido difundida públicamente.

Cuando los detectives le preguntaron cómo conocía esos detalles, ofreció explicaciones sobre personas que supuestamente se los habían contado. Para los investigadores, aquellas respuestas resultaron cada vez menos convincentes.

La sospecha comenzó a concentrarse sobre el sacerdote.

¿Cuál habría sido el motivo?

La teoría de la fiscalía era particularmente perturbadora.

Daniel O’Connell habría descubierto información relacionada con el comportamiento sexual de Erickson y supuestamente estaba dispuesto a enfrentarlo o denunciarlo. Según la evidencia presentada posteriormente, el asesinato pudo haber sido un intento desesperado de silenciarlo.

James Ellison habría muerto porque estaba presente y podía convertirse en testigo.

Esta fue la teoría presentada ante el tribunal en 2005. El fiscal Eric Johnson sostuvo que existían pruebas que relacionaban el asesinato con las acusaciones de abuso y otros comportamientos de Erickson.

El final del sacerdote

El 17 de diciembre de 2004, investigadores informaron a la diócesis de Superior que estaban investigando acusaciones de conducta sexual inapropiada relacionadas con Erickson. Poco después, la policía registró su rectoría y confiscó su computadora.

Dos días después, el 19 de diciembre, Erickson apareció muerto. Se había ahorcado en la rectoría de St. Mary’s Church, en Hurley.

La muerte significó que jamás habría un juicio penal convencional.

Erickson dejó notas en las que negó haber matado a nadie. Una de ellas contenía una frase especialmente reveladora sobre sus propios conflictos personales: reconocía que su ego, orgullo, lujuria y envidia le habían impedido ser la persona que quería ser. Pero negó expresamente haber cometido los asesinatos.

El tribunal que llegó después

La historia, sin embargo, no terminó con su muerte.

En octubre de 2005 se celebró una audiencia especial conocida como un procedimiento John Doe. Como Erickson ya estaba muerto, no podía ser procesado. El objetivo era determinar si existían pruebas suficientes para establecer quién había cometido los asesinatos.

Quince testigos declararon y se presentó una importante cantidad de evidencia.

El juez Eric Lundell concluyó finalmente que Ryan Erickson probablemente había cometido los dos asesinatos. El magistrado fue contundente al evaluar la evidencia circunstancial y señaló que, en una escala de uno a diez, la consideraba un diez.

Aquella decisión no equivalía a una condena penal obtenida después de un juicio con jurado. Pero estableció oficialmente la conclusión judicial de que Erickson era probablemente responsable de las muertes de O’Connell y Ellison.

Una tragedia con muchas preguntas

El caso dejó heridas profundas en Hudson. Para la familia de James Ellison, la pregunta no era solamente quién había apretado el gatillo, sino cómo un hombre que había sido sacerdote podía haber llegado a convertirse en el principal sospechoso de un doble asesinato.

También surgieron interrogantes sobre qué sabía la Iglesia acerca de Erickson y cuándo lo supo. Las familias de las víctimas cuestionaron posteriormente la actuación de las autoridades eclesiásticas y reclamaron responsabilidades.

El caso de Ryan Erickson continúa siendo excepcional por una razón fundamental: la justicia nunca pudo llevar al acusado ante un jurado. El sacerdote murió antes de ser formalmente acusado por los asesinatos.

Sin embargo, las investigaciones posteriores construyeron una imagen extraordinariamente sólida para las autoridades: un sacerdote investigado por conducta sexual indebida, con acceso a armas, que conocía detalles aparentemente reservados del crimen y que se suicidó poco después de ser interrogado y de que la policía registrara su residencia.

Por eso Ryan Erickson quedó en la historia criminal de Wisconsin como el “cura asesino” de Hudson, aunque jurídicamente es más preciso decir que fue el hombre que un juez determinó que probablemente cometió el doble asesinato.

La historia de Daniel O’Connell y James Ellison permanece así como un caso sin juicio, sin condena penal y sin la posibilidad de escuchar al acusado responder ante un tribunal. Pero también como uno de esos misterios criminales en los que, aunque el sospechoso principal murió antes de enfrentar la justicia, una investigación posterior permitió reconstruir buena parte de lo que probablemente ocurrió aquel 5 de febrero de 2002.

PrisioneroEnArgentina.com

Octubre 2, 2026

1 thought on “El cura asesino”

    • Carolina Marlow
    • posted on October 3, 2026

    I just got paid $8.4k working off my laptop this month!** And if you think that’s cool, my divorced friend has twin toddlers and made over $2700-$4700+Dollar per week .details on this website**Want the secret?** Copy this Website and choose HOME TECH OR MEDIA……..

    Here is I started_______ http://Www.Payathome1.com

Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *