La imagen de un niño suele estar asociada con inocencia, juegos y dependencia. Sin embargo, la historia criminal registra casos extraordinarios en los que menores de edad cometieron asesinatos que dejaron a comunidades enteras conmocionadas. Algunos tenían apenas 10 u 11 años; otros eran adolescentes. Las circunstancias fueron diferentes en cada caso, pero todos plantearon una pregunta difícil: ¿cómo debe responder una sociedad cuando el responsable de un homicidio todavía es un niño?
Uno de los casos más conocidos ocurrió en Inglaterra en 1993. Robert Thompson y Jon Venables, ambos de 10 años, secuestraron y asesinaron a James Bulger, un niño de apenas dos años. Los menores llevaron a Bulger desde un centro comercial en Bootle hasta una zona ferroviaria, donde lo golpearon y abandonaron. Ambos fueron condenados por asesinato y se convirtieron en los asesinos convictos más jóvenes de Inglaterra en la época moderna. El caso provocó un enorme debate nacional sobre la delincuencia juvenil, la responsabilidad penal y la protección de la identidad de los menores.
Otro caso estremecedor fue el de Mary Bell, también en Inglaterra. Bell tenía 10 años cuando participó en la muerte de dos niños en Newcastle upon Tyne en 1968. Sus víctimas fueron Martin Brown, de cuatro años, y Brian Howe, de tres. Bell fue declarada culpable de homicidio involuntario por razón de responsabilidad disminuida y pasó años bajo custodia. Su historia posteriormente generó intensas discusiones sobre el comportamiento infantil, los abusos y las condiciones sociales que rodean a algunos menores que cometen delitos graves.
En Estados Unidos, uno de los casos más conocidos es el de Jordan Brown. En 2009, cuando tenía 11 años, fue acusado de matar a la prometida embarazada de su padre, Kenzie Houk, en Pensilvania. El caso tuvo una enorme repercusión porque Brown fue inicialmente acusado como adulto. Después de años de procedimientos judiciales, su condena fue finalmente anulada en 2018. El caso se convirtió en un ejemplo de las dificultades que surgen cuando el sistema penal intenta juzgar a un niño acusado de un delito extremo.
También está el caso de Eric Smith, quien tenía 13 años cuando asesinó a Derrick Robie, un niño de cuatro años, en Nueva York en 1993. Smith fue condenado y pasó décadas encarcelado. Su caso volvió a generar atención pública muchos años después, cuando obtuvo la libertad condicional.
En Escocia, Thomas Hamilton no debe confundirse con un niño asesino: era un adulto cuando perpetró la masacre de Dunblane. La aclaración es importante porque las historias criminales frecuentemente mezclan casos de menores y adultos en listas de asesinos famosos.
Los casos de niños asesinos son excepcionales, pero tienen una enorme capacidad para conmocionar. También obligan a distinguir entre responsabilidad criminal y desarrollo infantil. Un menor puede comprender que una acción es incorrecta, pero su desarrollo psicológico y su capacidad para evaluar consecuencias todavía están en formación.
Por eso, estos casos han provocado cambios y debates sobre edades mínimas de responsabilidad penal, rehabilitación, tratamiento psicológico y duración de las condenas.
Detrás de cada expediente, sin embargo, existen víctimas y familias que sufrieron pérdidas irreparables. El interés por estos casos no debería convertir a los menores responsables en figuras de admiración o celebridad criminal. Lo verdaderamente inquietante es comprender cómo un niño puede llegar a cometer un acto tan extremo y qué pueden hacer las familias, las escuelas, los servicios sociales y la justicia para detectar situaciones de peligro antes de que ocurra una tragedia.
El “niño asesino” constituye, en definitiva, una de las figuras más perturbadoras de la criminología: no porque represente a la infancia en general, sino precisamente porque demuestra hasta qué punto determinados casos excepcionales pueden desafiar nuestras ideas sobre inocencia, responsabilidad y castigo.
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Uno de los casos más conocidos ocurrió en Inglaterra en 1993. Robert Thompson y Jon Venables, ambos de 10 años, secuestraron y asesinaron a James Bulger, un niño de apenas dos años. Los menores llevaron a Bulger desde un centro comercial en Bootle hasta una zona ferroviaria, donde lo golpearon y abandonaron. Ambos fueron condenados por asesinato y se convirtieron en los asesinos convictos más jóvenes de Inglaterra en la época moderna. El caso provocó un enorme debate nacional sobre la delincuencia juvenil, la responsabilidad penal y la protección de la identidad de los menores.
Otro caso estremecedor fue el de Mary Bell, también en Inglaterra. Bell tenía 10 años cuando participó en la muerte de dos niños en Newcastle upon Tyne en 1968. Sus víctimas fueron Martin Brown, de cuatro años, y Brian Howe, de tres. Bell fue declarada culpable de homicidio involuntario por razón de responsabilidad disminuida y pasó años bajo custodia. Su historia posteriormente generó intensas discusiones sobre el comportamiento infantil, los abusos y las condiciones sociales que rodean a algunos menores que cometen delitos graves.
En Estados Unidos, uno de los casos más conocidos es el de Jordan Brown. En 2009, cuando tenía 11 años, fue acusado de matar a la prometida embarazada de su padre, Kenzie Houk, en Pensilvania. El caso tuvo
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También está el caso de Eric Smith, quien tenía 13 años cuando asesinó a Derrick Robie, un niño de cuatro años, en Nueva York en 1993. Smith fue condenado y pasó décadas encarcelado. Su caso volvió a generar atención pública muchos años después, cuando obtuvo la libertad condicional.
En Escocia, Thomas Hamilton no debe confundirse con un niño asesino: era un adulto cuando perpetró la masacre de Dunblane. La aclaración es importante porque las historias criminales frecuentemente mezclan casos de menores y adultos en listas de asesinos famosos.
Los casos de niños asesinos son excepcionales, pero tienen una enorme capacidad para conmocionar. También obligan a distinguir entre responsabilidad criminal y desarrollo infantil. Un menor puede comprender que una acción es incorrecta, pero su desarrollo psicológico y su capacidad para evaluar consecuencias todavía están en formación.
Por eso, estos casos han provocado cambios y debates sobre edades mínimas de responsabilidad penal, rehabilitación, tratamiento psicológico y duración de las condenas.
Detrás de cada expediente, sin embargo, existen víctimas y familias que sufrieron pérdidas irreparables. El interés por estos casos no debería convertir a los menores responsables en figuras de admiración o celebridad criminal. Lo verdaderamente inquietante es comprender cómo un niño puede llegar a cometer un acto tan extremo y qué pueden hacer las familias, las escuelas, los servicios sociales y la justicia para detectar situaciones de peligro antes de que ocurra una tragedia.
El “niño asesino” constituye, en definitiva, una de las figuras más perturbadoras de la criminología: no porque represente a la infancia en general, sino precisamente porque demuestra hasta qué punto determinados casos excepcionales pueden desafiar nuestras ideas sobre inocencia, responsabilidad y castigo.
Tags: Eric Smith, Jon Venables, Mary Bell, Robert Thompson2 thoughts on “El niño asesino”
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- Eve Sloan
- posted on October 2, 2026
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- Candida Hall
- posted on October 1, 2026
CommentI make over $220 an hour while working from home and looking after my two kids. I was hesitant at first, but when my friend, who earns more than $35,000 a month, encouraged me to try it, I went for it. It’s been amazing! I have more time and money than I ever thought possible. Want to see how?
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