Argentina ha desarrollado un ciclo repetitivo de crisis, estabilización, endeudamiento, inflación y nueva crisis. Ese patrón viene de mucho antes de los gobiernos actuales. Un estudio de la Reserva Federal de Minneapolis sobre 1960-2017 identifica múltiples crisis de balanza de pagos, tres episodios de hiperinflación, dos defaults de deuda y tres crisis bancarias, y señala al déficit fiscal persistente como un problema central.
¿Por qué se repite?
1. El Estado gasta más de lo que recauda. Cuando los ingresos fiscales no alcanzan para pagar jubilaciones, salarios, subsidios, obra pública, programas sociales y otros gastos, aparece el déficit. El problema es qué hacer con él: subir impuestos, reducir gastos, endeudarse o emitir dinero. Argentina ha utilizado las cuatro alternativas en distintos períodos.
2. Se recurre demasiado a la emisión. Cuando el déficit se financia mediante emisión monetaria y la cantidad de dinero crece mucho más rápido que la producción, aumenta la presión inflacionaria. La historia argentina muestra repetidos episodios de inflación extrema. El FMI señala que el gobierno de Javier Milei eliminó el financiamiento monetario del presupuesto como parte de su programa de estabilización.
3. El dólar se convierte en refugio. Cuando los argentinos pierden confianza en el peso, compran dólares. Eso aumenta la demanda de divisas, presiona al tipo de cambio y puede generar una nueva ronda de inflación. El problema se vuelve especialmente peligroso cuando el Banco Central tiene pocas reservas.
4. Se toma deuda para ganar tiempo. Un gobierno puede endeudarse para evitar un ajuste inmediato. Pero si la economía no genera suficientes dólares y crecimiento para pagar esa deuda, el problema simplemente reaparece más adelante. Argentina ha recurrido repetidamente al FMI; Reuters contabilizó 23 programas desde que el país ingresó al organismo en 1956.
5. Cada gobierno recibe parte del problema anterior. Este punto es fundamental. Un presidente puede recibir inflación, déficit, deuda, controles cambiarios y reservas agotadas y decidir continuar, corregir gradualmente o aplicar un ajuste rápido. Por eso no es correcto atribuir toda la situación al presidente que termina su mandato.
Un ejemplo reciente lo demuestra: Alberto Fernández terminó 2023 con un déficit primario de aproximadamente 2,9% del PIB y un déficit financiero de 6,1%, según datos recopilados por Chequeado. Milei asumió a fines de 2023 y aplicó una fuerte consolidación fiscal. El FMI registra que Argentina consiguió superávits primarios durante 2024 y 2025 y una importante reducción de la inflación, aunque también señala que persisten vulnerabilidades.
El problema más profundo
Hay además un problema de continuidad de las políticas. Un gobierno intenta estabilizar; el siguiente modifica el rumbo; después llega otra crisis y otro presidente intenta corregirla. Así se pierde previsibilidad para empresas, trabajadores e inversores.
Argentina tiene recursos enormes —agricultura, energía, minería, industria, conocimiento y un mercado interno considerable—, pero tener recursos no garantiza estabilidad macroeconómica.
Por eso la pregunta quizá no debería ser “¿por qué cada presidente funde Argentina?”, sino:
¿Por qué Argentina no consigue construir durante varias décadas las instituciones fiscales, monetarias y políticas necesarias para impedir que una crisis sea reemplazada por otra?
Ese es probablemente el corazón del problema argentino. La evidencia histórica sugiere que el ciclo fiscal, monetario, cambiario y de deuda es mucho más antiguo que cualquier presidente individual.
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Argentina ha desarrollado un ciclo repetitivo de crisis, estabilización, endeudamiento, inflación y nueva crisis. Ese patrón viene de mucho antes de los gobiernos actuales. Un estudio de la Reserva Federal de Minneapolis sobre 1960-2017 identifica múltiples crisis de balanza de pagos, tres episodios de hiperinflación, dos defaults de deuda y tres crisis bancarias, y señala al déficit fiscal persistente como un problema central.
¿Por qué se repite?
1. El Estado gasta más de lo que recauda.
Cuando los ingresos fiscales no alcanzan para pagar jubilaciones, salarios, subsidios, obra pública, programas sociales y otros gastos, aparece el déficit. El problema es qué hacer con él: subir impuestos, reducir gastos, endeudarse o emitir dinero. Argentina ha utilizado las cuatro alternativas en distintos períodos.
Cuando el déficit se financia mediante emisión monetaria y la cantidad de dinero crece mucho más rápido que la producción, aumenta la presión inflacionaria. La historia argentina muestra repetidos episodios de inflación extrema. El FMI señala que el gobierno de Javier Milei eliminó el financiamiento monetario del presupuesto como parte de su programa de estabilización.
3. El dólar se convierte en refugio.
Cuando los argentinos pierden confianza en el peso, compran dólares. Eso aumenta la demanda de divisas, presiona al tipo de cambio y puede generar una nueva ronda de inflación. El problema se vuelve especialmente peligroso cuando el Banco Central tiene pocas reservas.
4. Se toma deuda para ganar tiempo.
Un gobierno puede endeudarse para evitar un ajuste inmediato. Pero si la economía no genera suficientes dólares y crecimiento para pagar esa deuda, el problema simplemente reaparece más adelante. Argentina ha recurrido repetidamente al FMI; Reuters contabilizó 23 programas desde que el país ingresó al organismo en 1956.
5. Cada gobierno recibe parte del problema anterior.
Este punto es fundamental. Un presidente puede recibir inflación, déficit, deuda, controles cambiarios y reservas agotadas y decidir continuar, corregir gradualmente o aplicar un ajuste rápido. Por eso no es correcto atribuir toda la situación al presidente que termina su mandato.
Un ejemplo reciente lo demuestra: Alberto Fernández terminó 2023 con un déficit primario de aproximadamente 2,9% del PIB y un déficit financiero de 6,1%, según datos recopilados por Chequeado. Milei asumió a fines de 2023 y aplicó una fuerte consolidación fiscal. El FMI registra que Argentina consiguió superávits primarios durante 2024 y 2025 y una importante reducción de la inflación, aunque también señala que persisten vulnerabilidades.
El problema más profundo
Hay además un problema de continuidad de las políticas. Un gobierno intenta estabilizar; el siguiente modifica el rumbo; después llega otra crisis y otro presidente intenta corregirla. Así se pierde previsibilidad para empresas, trabajadores e inversores.
Argentina tiene recursos enormes —agricultura, energía, minería, industria, conocimiento y un mercado interno considerable—, pero tener recursos no garantiza estabilidad macroeconómica.
Por eso la pregunta quizá no debería ser “¿por qué cada presidente funde Argentina?”, sino:
Ese es probablemente el corazón del problema argentino. La evidencia histórica sugiere que el ciclo fiscal, monetario, cambiario y de deuda es mucho más antiguo que cualquier presidente individual.
1 thought on “Un ciclo que se repite sin fin”
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- Carolina Marlow
- posted on October 3, 2026
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