En estos días, como ya ocurriera en otras oportunidades volvió a la palestra y al debate la baja de la edad de imputabilidad a menores delincuentes. Estos motorizados por la droga día a día son más precoces, violentos y peligrosos para una sociedad que quiere vivir dentro de lo que marca la ley …y en paz.
Eso me lleva a afirmar que no hay absolutamente ninguna duda ¡A delito de adulto, pena de adulto!
De otra forma entraremos en los vericuetos, vocinglería y dilatación indefinida de penas, de los “señorías” de turno y parásitos políticos funcionarios “zafaronianos ad hoc”, para justificar sus generosos emolumentos y por cierto, la aparición de “abogados vedetistas” de ocasión a fin de salir en la TV. y pretender justificar y defender lo inexplicable y por ese medio entretener a un público ávido de sensacionalismos y despropósitos.
Nuestra justicia debe ser simple, efectiva, coherente y oportuna, constituida por ciudadanos ejemplares y dignos, capaces, prácticos y convincentes, que no se vendan constantemente por treinta miserables dineros, para enriquecerse hasta en forma desmedida y por cierto indigna y despreciable.
No hay duda, que este sistema inconcebible en un país civilizado constituye un negocio de larga duración para parásitos parlanchines de ambos lados del mostrador y diversos ámbitos de gobierno y argumento para deformaciones e historias truculentas, en los medios de comunicación, envenenando a nuestros ciudadanos de todas las edades. Por lo tanto, nuestros valores culturales tradicionales pisoteados y despreciados.
Zaffaroni
No dejemos de mencionar de paso, el interminable show de ¿”juicios”? a los delincuentes de turno encaramados en la gestión política o cercana, por ejemplo,los casos Kretina y miles de secuaces a través de casi veinte años y ahora los personajes pintorescos “chiqui” T y Toviggino. Aparecen escaramuzas y subterfugios de todo tipo por parte de los “funcionarios judiciales” de turno, quienes tratan de pasarse la pelotita a fin de que transcurran, como siempre, décadas sin definiciones y o que el tema caiga en las fauces de alguien permeable a la lubricación elegante.
Como hemos expresado en otra oportunidad, éstos son los verdaderos genocidas que ha producido y sigue produciendo generosamente el gran pueblo argentino salud, especialmente después de 1983.
Estos personajes malditos, mientras gozan de sus privilegios inmundos, han precipitado a millones de argentinos a vivir en la miseria más absoluta y la muerte atroz.
Nuestro derrumbado país es un ejemplo meritorio al revés en ese ámbito, para todo el mundo. Debo confesar que siento una gran vergüenza y responsabilidad, por pertenecer a un pueblo que ha permitido y permite esas iniquidades.
Hemos sido colonizados por la delincuencia mefistofélica que aún hoy continúa su acción depredadora, adaptándose a las circunstancias, con la complicidad implícita de instituciones jurídicas, políticas y sociales afines, insisto, ¡especialmente a partir de 1983!
Pudimos haber sido con toda tranquilidad Cuba o Venezuela, y asistido con gran apoyo de borregos y mercenarios funcionales, a la toma del poder por parte del carnicero Guevara quien había prometido “fusilar a un millón de burócratas”, inmediatamente llegara a esa instancia.
No ocurrió de esa forma maldita porque soldados civiles, militares y de seguridad, pelearon por la preservación de nuestra soberanía contra el enemigo artero. Como agradecimiento a su gesta, el gran pueblo argentino salud los condenó a perder su libertad de por vida y la felicidad de sus familiares.
Una traición absoluta, que nos debe hacer sentir orgullosos al revés, pues es inédita en el mundo.
Además, y volviendo al tema de los menores delincuentes, se debe establecer un sistema sólido de reeducación social y espiritual, en institutos debidamente organizados para ello. Controlar debidamente esa acción trascendente para que sea profunda, convincente, impidiendo la penetración de la politiquería barata y destructiva, en los sistemas que se instrumenten para ello.
No nos pasemos por favor discurseando meses y hasta años con argumentos rebuscados para perder tiempo, sobre si la edad para sanción debe ser trece, doce o nueve.
Al finalizar el tiempo de su condena debe verificarse su reinserción positiva en la sociedad. No permitir su regreso al entorno habitual y las condiciones en las cuales fueron criados e instrumentados para el mal.
Por otra parte, es difícil que adolescentes y hasta niños penetren en el mundo del delito si no son impulsados y controlados para llevar a cabo sus fechorías, por sujetos delincuentes malditos, quienes deben ser identificados y pagar pesadamente sus siniestras acciones. Parecería que este tema definitorio está fuera de los planes de discursos elaborados con aquel fin.
En definitiva, en el estado actual de la “civilización argentina”, solo una revolución renovadora impulsada y ejecutada por la gente digna que aun supervive en nuestro país, puede cambiar la infra cultura que se ha apoderado y enseñoreado con nosotros.
Y esa acción profunda no se consigue con grititos de ocasión, consignas voluntaristas y hasta actitudes payasescas, mientras el cáncer que corroe las entrañas de nuestra sociedad, sigue subsistiendo.
Roguemos a DIOS y NUESTRA SANTA MADRE nos auxilien antes que sea tarde y nos impulsen ¡A RENACER! Recemos, recemos, recemos…
◘
En estos días, como ya ocurriera en otras oportunidades volvió a la palestra y al debate la baja de la edad de imputabilidad a menores delincuentes. Estos motorizados por la droga día a día son más precoces, violentos y peligrosos para una sociedad que quiere vivir dentro de lo que marca la ley …y en paz.
Eso me lleva a afirmar que no hay absolutamente ninguna duda ¡A delito de adulto, pena de adulto!
De otra forma entraremos en los vericuetos, vocinglería y dilatación indefinida de penas, de los “señorías” de turno y parásitos políticos funcionarios “zafaronianos ad hoc”, para justificar sus generosos emolumentos y por cierto, la aparición de “abogados vedetistas” de ocasión a fin de salir en la TV. y pretender justificar y defender lo inexplicable y por ese medio entretener a un público ávido de sensacionalismos y despropósitos.
Nuestra justicia debe ser simple, efectiva, coherente y oportuna, constituida por ciudadanos ejemplares y dignos, capaces, prácticos y convincentes, que no se vendan constantemente por treinta miserables dineros, para enriquecerse hasta en forma desmedida y por cierto indigna y despreciable.
No hay duda, que este sistema inconcebible en un país civilizado constituye un negocio de larga duración para parásitos parlanchines de ambos lados del mostrador y diversos ámbitos de gobierno y argumento para deformaciones e historias truculentas, en los medios de comunicación, envenenando a nuestros ciudadanos de todas las edades. Por lo tanto, nuestros valores culturales tradicionales pisoteados y despreciados.
No dejemos de mencionar de paso, el interminable show de ¿”juicios”? a los delincuentes de turno encaramados en la gestión política o cercana, por ejemplo,los casos Kretina y miles de secuaces a través de casi veinte años y ahora los personajes pintorescos “chiqui” T y Toviggino. Aparecen escaramuzas y subterfugios de todo tipo por parte de los “funcionarios judiciales” de turno, quienes tratan de pasarse la pelotita a fin de que transcurran, como siempre, décadas sin definiciones y o que el tema caiga en las fauces de alguien permeable a la lubricación elegante.
Como hemos expresado en otra oportunidad, éstos son los verdaderos genocidas que ha producido y sigue produciendo generosamente el gran pueblo argentino salud, especialmente después de 1983.
Estos personajes malditos, mientras gozan de sus privilegios inmundos, han precipitado a millones de argentinos a vivir en la miseria más absoluta y la muerte atroz.
Nuestro derrumbado país es un ejemplo meritorio al revés en ese ámbito, para todo el mundo. Debo confesar que siento una gran vergüenza y responsabilidad, por pertenecer a un pueblo que ha permitido y permite esas iniquidades.
Hemos sido colonizados por la delincuencia mefistofélica que aún hoy continúa su acción depredadora, adaptándose a las circunstancias, con la complicidad implícita de instituciones jurídicas, políticas y sociales afines, insisto, ¡especialmente a partir de 1983!
Pudimos haber sido con toda tranquilidad Cuba o Venezuela, y asistido con gran apoyo de borregos y mercenarios funcionales, a la toma del poder por parte del carnicero Guevara quien había prometido “fusilar a un millón de burócratas”, inmediatamente llegara a esa instancia.
No ocurrió de esa forma maldita porque soldados civiles, militares y de seguridad, pelearon por la preservación de nuestra soberanía contra el enemigo artero. Como agradecimiento a su gesta, el gran pueblo argentino salud los condenó a perder su libertad de por vida y la felicidad de sus familiares.
Una traición absoluta, que nos debe hacer sentir orgullosos al revés, pues es inédita en el mundo.
Además, y volviendo al tema de los menores delincuentes, se debe establecer un sistema sólido de reeducación social y espiritual, en institutos debidamente organizados para ello. Controlar debidamente esa acción trascendente para que sea profunda, convincente, impidiendo la penetración de la politiquería barata y destructiva, en los sistemas que se instrumenten para ello.
No nos pasemos por favor discurseando meses y hasta años con argumentos rebuscados para perder tiempo, sobre si la edad para sanción debe ser trece, doce o nueve.
Al finalizar el tiempo de su condena debe verificarse su reinserción positiva en la sociedad. No permitir su regreso al entorno habitual y las condiciones en las cuales fueron criados e instrumentados para el mal.
Por otra parte, es difícil que adolescentes y hasta niños penetren en el mundo del delito si no son impulsados y controlados para llevar a cabo sus fechorías, por sujetos delincuentes malditos, quienes deben ser identificados y pagar pesadamente sus siniestras acciones. Parecería que este tema definitorio está fuera de los planes de discursos elaborados con aquel fin.
En definitiva, en el estado actual de la “civilización argentina”, solo una revolución renovadora impulsada y ejecutada por la gente digna que aun supervive en nuestro país, puede cambiar la infra cultura que se ha apoderado y enseñoreado con nosotros.
Y esa acción profunda no se consigue con grititos de ocasión, consignas voluntaristas y hasta actitudes payasescas, mientras el cáncer que corroe las entrañas de nuestra sociedad, sigue subsistiendo.
Roguemos a DIOS y NUESTRA SANTA MADRE nos auxilien antes que sea tarde y nos impulsen ¡A RENACER! Recemos, recemos, recemos…
Por lo menos, así, lo veo yo.
Francisco Cervo.
PrisioneroEnArgentina.com
Enero 28, 2026