“…La Música Funcional…

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 Por JORGE B. LOBO ARAGÓN

 

Las técnicas actuales han hecho tan fácil la difusión de la música, que se ha creado el vicio de su permanente machaqueo sobre indiferentes oídos y se ha perdido el hábito de escucharla. Se entra a un comercio y hay música sonando; se pretende platicar con un amigo mientras se camina por una peatonal, y no se puede oír la conversación por la música que sale de los negocios, y para peor -por sí uno se salvara de ella- el municipio suele poner otra más fuerte en plena calle. No se salva nadie, y a veces se oyen simultáneamente dos músicas distintas. Los viajes solían ser propicios para trabar amistades con circunstanciales compañeros, pero hasta dentro de algunos ómnibus se pone una música a la que se llama “funcional“, pues cumple la función de no dejar que se converse ni se piense tranquilamente. La técnica ha logrado suprimir los prójimos, porque entre usted y el que está a su lado se interpone la voz y la bulla de un lejano desconocido. Digo “vicio” porque en muchos ha creado hábito; se van del lugar en el que tienen el aparato sonando y lo dejan sonando nomás; a la música la reemplaza un partido de fútbol y ni cuenta se dan, porque la cuestión es tener los oídos ocupados. Antes de que se inventara grabar el sonido la música se escuchaba, se gustaba, se apreciaba, se admiraba; deleitaba el espíritu. Pero claro: se ponía toda la atención en ella. Su calidad había educado el gusto de modo que el público disponía de una base para estimarla. Y las exigencias de ese público estimulaban a los artistas. Uno de los genios descollantes en el arte musical  fue Luis van Beethoven, individuo atormentado por las desgracias que desquician su personalidad haciéndolo caprichoso, colérico, estrafalario, que se aparta de los amigos que lo quieren, pero lucha por superarse y crea bellezas nunca oídas. Produce cambios, pero no para impresionar escandalizando sino para mejorar una tradición que conoce, que acepta y que respeta. Se dirá que aquel arte excelso era apreciado sólo por los pocos que tenían acceso, como los que en la noche del 22 de diciembre de 1808 en la ciudad de Viena acudieron al estreno de la quinta sinfonía de Beethoven. Es cierto. Pero había una aristocracia musical que funcionaba como paradigma al que el arte popular trataba de acercarse. El que no tenía el privilegio de escuchar a Beethoven se conformaba con el músico de su lugar, de su vecindario, pero no tenía que aguantar las fealdades que se difunden con el criterio de que es natural que al pueblo le guste lo feo.

 

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

jorgeloboaragon@gmail.com

 


PrisioneroEnArgentina.com

Enero 15, 2019


 

Discapacitados

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 Escribe JORGE B. LOBO ARAGÓN.

 

Se ha convenido en celebrar los 3 de diciembre el “día del discapacitado”. Permítaseme que en mi condición de Ex-Presidente de la comisión de Menores, Familia y Discapacitados les rinda mi homenaje todos los días. No se asusten, no, suponiendo que voy a formular una larga perorata, sentimental y lacrimosa, buscando despertar la conmiseración de todos hacia un sector desprotegido, desfalleciente, endeble, desconsolado, sector que al exponer sus cuitas lo haría a la espera de prebendas, dádivas y ventajas. No. Rindo homenaje a los discapacitados en cuanto son en la sociedad un sector que, si bien necesita ser tratado con ciertas diferencias por el evidente hecho de ser diferente, también está dispuesto a ser socialmente útil y a dar de sí cuanto su condición humana -imagen y semejanza de Dios- le permita brindar a los demás. En este sentido me permito recordar a ilustres discapacitados que han merecido las honras y el respeto de todo el mundo civilizado. Me refiero a Esopo y Homero, a Aníbal, a Demóstenes, a Miguel de Cervantes, a Francisco de Quevedo y Villegas, a Juan Ruiz de Alarcón, a Luis de Camoens, a Beethoven, a lord Byron, a Toulousse Lautrec. Viniendo a días más actuales, vaya este homenaje de gratitud a los músicos Joaquín Turina, Boccelli, José Feliciano, Stevie Wonder, como a Roberto Carlos. Entre los argentinos recordemos al manco Paz, al presidente Sarmiento víctima de una sordera progresiva que naturalmente agriaba su carácter y al ciego, o casi ciego, Jorge Luis Borges que señalara un hito imperecedero en nuestras letras.
Si hemos de llegar hasta los días actuales y al ámbito de la política bien podremos recordar a políticos y deportistas, y al periodista Gerardo Sofóvich. Y viniéndonos a Tucumán no pueden quedar marginados de nuestra demostración los arpistas ciegos Roque Royna y Segundo Aredes, y cuantos músicos populares han hecho pervivir la música tradicional a pesar de sus limitaciones físicas. Como olvidar a mí amigo Carlos Fiori emblema de las personas con problemas en nuestra provincia. En este recuerdo de discapacitados que han dado a la sociedad brillantes frutos de sus talentos, de su arte, de sus altas capacidades a pesar de las limitaciones sufridas, una mención especial se merecen Helen Kéller, ciega, sorda y muda que gracias a su tesón superó sus limitaciones hasta llegar a ser una escritora que dejara a la humanidad el testimonio de lo que el esfuerzo puede, y Anthony Hopkins, físico, matemático, cosmógrafo, que ha llegado a los primeros planos de la ciencia del mundo a pesar de sufrir una parálisis que afecta a todos sus miembros, a todos sus miembros pero no a su cerebro ni a su voluntad de interpretar y ampliar las ciencias del cosmos. Pido pues un homenaje de todos los días y un constante acercamiento a los discapacitados. Pero no sólo a los ilustres discapacitados de los que sólo he hecho una ligera mención, sino a todos los discapacitados, que desde desconocidos rincones y superando mil inconvenientes se esfuerzan en superar sus males, en ser útiles a los suyos y en dar a la sociedad lo máximo que sus medios les permiten. A los discapacitados que no se quedan en actitud llorosa ni compungida sino que se yerguen demostrando todo el valer de su condición humana. Para ellos, para los que luchan desde las condiciones más adversas, vaya este homenaje.

 

 


PrisioneroEnArgentina.com

Diciembre 5, 2017