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Se veía que la creación es una obra esplendida, maravillosa, perfecta. Los Griegos lo llamaron Kosmos, palabra que los latinos transformaron en mundus y que da la idea de lo acabado, de lo absoluto, de lo “Mondo y lirondo”. Se veía en el universo al que ahora no le llevamos el apunte porque la ciudad y sus luces impiden apreciar las estrellas, la magnificencia de la obra de Dios.

Siendo perfecto y evidentemente  lo  es  pues el hombre no puede estropearlo por ahora. Es así que Platón y otros sabios a los que durante siglos consideramos y admiramos con respeto sostenían que las orbitas eran circulares. ¿Cómo no iban a serlo si el circulo es la más perfecta de las figuras? En ese sentido soy un privilegiado. Es que este raro fenómeno del desprendimiento espiritual que me ha sido concedido en la bilocación. No solo puedo recordar, vivir y detallar los lugares y personas a donde me desplazo – en mi viaje astral -, como un cordel luminoso y extraordinariamente elástico. Sino que puedo estar en las estrellas. Sí. En el cosmos. En los astros a las que todas las noches la vemos en su lugar con la sola variación debida al transcurso del año. En mi bilocación profunda presupongo que debe haber cambios en las cosas que se  procura mejorar. Pero ¿Cómo habría de cambiar lo que está supremamente consumado?  Y sin embargo puede avistar  nítidamente una estrella de la constelación de cetus (la ballena) que tenía variaciones en su brillo. Esta estrella a la que estoy mirando y tocando, en épocas anteriores al telescopio era percibida  únicamente por quienes debían fabricar sus propios instrumentos de observación. La miro. La contemplo anonadado.

Dr. Jorge B. Lobo Aragón

Maravillosa, admirable “Mirabilis”.  Es la cetus. La ballena. Y de mi lugar de avistamiento llego a la conclusión de que esta esfera luminosa es por demás variable. De una energía inigualable que la emite en forma de rayos infrarrojos. Es enormemente grande y se halla a unos 250 años luz de la tierra. “La ballena” mi estrella, como la luna, la mido a mi manera como si fuera el imponente cetáceo que surca los mares. Observo que  se encuentra al oeste del “Toro y de Erídano” sus pares. Al sur de los “Peces y del carnero” ya visibles. Me regocijo en imaginarme, cuando este afuera de mi doble etéreo, como desde mi “Tafí del Valle” la veré pasar majestuosamente casi por encima de mi cabeza, en el cielo esplendoroso. ¿Aparecerá? No sé. Porque adora el cambio como los políticos. De nuevo en  mi  desdoblamiento la vuelvo a mirar como  en una contemplación beatifica. Al igual que los griegos clásicos puedo atestiguar que el Kosmos es espléndido, maravilloso, perfecto. En su esplendor se aprecia el ajuste perfecto de las normas con que Dios rige su funcionamiento. Mi ser espiritual como un foco de energía luminosa, puede afirmar  y sostener   que este universo en el que vivimos, es creación colosal del Supremo.  En mi bilocación profunda  puedo acreditar sin ninguna duda que Dios Existe.

 


PrisioneroEnArgentina.com

Julio 25, 2017