La Argentina y el colapso del Sistema de Seguridad

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  Por Dr. Jorge Corrado*

Para las cosas grandes y arduas se necesitan: combinación sosegada, voluntad decidida, acción vigorosa, cabeza de hielo, corazón de fuego y mano de hierro”.

Jaime Balmes—Sacerdote, filósofo y periodista español

En estas últimas semanas se han producido hechos dramáticos en el campo de la seguridad estratégica y de la seguridad pública, tanto en el ámbito nacional cuanto en el internacional.

La escalada de la inseguridad interna es incontenible y el Estado juega su rol cada vez más alejado de la realidad circunstancial, refugiándose en forma suicida en concepciones ideológicas cuyas consecuencias agravan el baño de sangre, dolor y angustia en que vive la población. Una vez más nos apercibimos de cuán lejos está nuestra “corporación dirigencial” para asumir la realidad mundial y regional, en la que Argentina está inmersa.

El conflicto contemporáneo no es comprendido por nuestra actual dirigencia, ocupada en asuntos crematísticos, ideológicos o electorales. La seguridad, como “bien público”, es hoy un bien mostrenco. No solo está ausente la idoneidad estratégica, también lo está la “voluntad política” para enfrentar la realidad. Ello aumenta progresivamente la desconfianza del “soberano” y la falta de representatividad de los funcionarios.

Ninguno de ellos puede explicar razonablemente el “por qué” de la sangre que corre en nuestras calles, el dolor de ver a diario a nuestros hermanos muertos a mansalva y sin piedad. Han muerto casi cien agentes policiales en el último año, cifra récord y que denota un estadio de guerra civil. Pero, ¿quién puede calcular con exactitud la cifra de muertos civiles, en ocasión de robo u otros delitos violentos? La cifra real de muertos, entraderas, tomas de rehenes, zonas liberadas al narcotráfico, asaltos a mano armada, robo de ganado en el interior del país y un sinnúmero de hechos delictivos, sólo demuestran a las claras un hecho central: la carencia de Estado y por ende de las Instituciones Necesarias.

Desde hace 35 años, si leyó bien… 35 años…, el Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires ha expuesto, en cuanto ámbito académico le ha tocado participar, el riesgo que corría Latinoamérica ante el avance de la amenaza narco. Ha alertado sobre su modo de acción y sus consecuencias para el desarrollo de la Región. Su amenaza vehemente a todas las estructuras de los Estados, para feudalizarlos, como objetivo central de la maniobra.

Al mismo tiempo, con insistencia y autoridad académica, ha expresado la perversidad arcaica y disfuncional de nuestro sistema de Defensa y Seguridad (aún hoy divididos y fragmentados), para afrontar los nuevos riesgos estratégicos. Hoy, luego de 35 años de permanente exposición, descubrimos por fin la voz de un alto funcionario nacional, reconoce que nuestra legislación de Defensa debe ser modificada ante las nuevas formas de agresión”.

La falta de desarrollo cultural-político en nuestra corporación dirigencial provoca la creencia ilusoria de que los conflictos se comienzan a resolver cuando aparece la violencia. Este despropósito es la antítesis del concepto de Defensa. Defensa es previsión y disuasión. Esa es la paradoja de la guerra: se prevé y planifica para que no llegue. Nadie más peligroso para perder la administración de la Paz, que el pacifista ignorante o ideologizado. Es aún más peligroso que el “loco de la guerra”.

La actual legislación de Defensa está fundada en ese despropósito. La seguridad pública se orienta en los últimos años en el “garantismo”, en favorecer a la violencia en desmedro de la fuerza monopólica del Estado. Y ésta es la contundente prueba de lo afirmado. La situación que nos enluta es la validación de nuestra afirmación.

Es una lástima que tan encumbradas autoridades se aperciban de la realidad con tanta demora. Tenemos conciencia del significado de las derrotas y los colapsos de los ’70 y ’80, pero no percibir la realidad por ceguera ideológica y prejuicios “democratistas”, nos ponen al borde de la disolución. Un viejo proverbio oriental puede explicarnos tanta irrazonabilidad:

“Si miras que el viento ya no mueve tu barco, es tiempo de que ajustes las velas”. Pero ¿estamos en tiempo para ajustar nuestras velas? La situación es crítica. Tenemos contaminadas gran parte de las estructuras de los poderes del Estado. Hay un generalizado clamor por el relevo y el cambio. Las Fuerzas de Seguridad están contaminadas, paralizadas, manoseadas, sin Dirección Política. El Estado sin planeamiento estratégico. Las Fuerzas Armadas sin misiones y consecuentemente sin el despliegue, el equipamiento y el adiestramiento mínimos. Zonas territoriales con altísima densidad de población, totalmente inaccesibles al Estado, atestada de drogas y con gran cantidad de armas de todo tipo. Un poder judicial obsoleto. Un sistema carcelario desbordado y anarquizado. Altísimos niveles de desocupación, pobreza, hambre y condiciones miserables de vida, rozando con lo infrahumano. Desnutrición y mortalidad infantil.

Esto es lo que percibimos a diario y es lo que somatizan nuestros espíritus. ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Qué es lo da origen a tanta perversidad? Y la pregunta del millón: ¿Podremos estar peor? Para cambiar, ¿será necesaria más sangre? ¿Terminaremos en una guerra civil franca y abierta?, o ¿habrá capacidad de reacción ante tanta estupidez, egoísmo e ignorancia?

Los escenarios posibles y alternativos que se nos presentan no son muchos:

  • La revoluciónautodestructiva, montada sobre sofismas y utopías ideológicas. Es la regresión que nos lleva a la disgregación.
  • La restauraciónde la cultura originaria, de la ética de nuestra identidad; el rápido ingreso a la etapa de la civilización del conocimiento y la rehabilitación institucional Es la recuperación de la identidad, el progreso y la inserción internacional; y
  • La intervención externa, inducida por un incidente, provocado o no provocado, o bien la reacción por impotencia, como detonante de una escalada sangrienta. La guerra civil de la “tercera especie”, que ya hemos descripto en artículos anteriores, presente en varios países de la región.

Nuestro sistema de Defensa y Seguridad actual impide la previsión de los riesgos estratégicos en curso. Los mismos tienen la capacidad de mutar y cambiar su manifestación en la forma más abrupta y dinámica. A veces revisten la forma de enfrentamiento bélico frontal y a veces la forma de consumación asimilada al delito común. Por razones ideológicas o ignorancia, se le ha transferido a las policías la tarea de contener semejante agresión. ¿Pero, cómo combatir aquello que no se conoce? Nuestras fuerzas de seguridad, al borde del colapso y la anarquía, totalmente desmembradas, sin conducción ni apoyo político, ni material, ni espiritual, están orientadas e instruidas para combatir al delito común, pero el de hace treinta años.

El número de muertos en sus filas no hace más que demostrar este hecho patético. LA SEGURIDAD ESTRATÉGICA DEL ESTADO ESTÁ VACANTE, por eso explota la Seguridad Pública. En ningún sistema del mundo las policías tienen responsabilidades estratégicas, nosotros somos la excepción. En los 80’ con la legislación de Defensa “democrática” se sacaron a las FFAA del Estado, únicas capacitadas en planeamiento estratégico, y se les impuso a las policías esta responsabilidad, para las cuales no están capacitadas…los resultados están a la vista. Las amenazas estratégicas que agreden al Estado, ingresaron sin contención, se desarrollaron y hoy es una metástasis. Dónde están los responsables de tan absurdo despropósito? Seguramente disfrutando de un cargo político a costa del sacrificio del pueblo que está prisionero en sus propios hogares.

Dado la evolución en la Región del Crimen Organizado, debemos lograr cuanto antes un Acuerdo de Seguridad Colectiva Regional. Rehabilitar las instituciones y la ética política. Comenzar a recorrer el camino de la consolidación de la Paz, que será arduo y doloroso, pero insoslayable.

La confluencia de la agresión estratégica y el delito común será la nota distintiva del agravamiento del conflicto nacional. El manejo unificado de la maniobra estratégica agresora, a nivel internacional, es la clave para entender el proceso de descomposición de nuestros Estados.

Si nuestros dirigentes no advierten la realidad estratégica que nos abarca, estarán justificando las sospechas de ignorancia o complicidad que los inmovilizan. El drama de la guerra civil enlutará a nuestras comunidades. Sólo pedimos, en estas horas críticas, un mínimo de claridad conceptual y de patriotismo, dejando de lado las críticas estériles y el cuestionamiento sin propuestas. Recordemos una sentencia de un gran filósofo chino:

“No maldigas a la oscuridad, sólo prende una vela”.

 * El Dr. Jorge Corrado es Abogado, UBA, Director del Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires, profesor titular Estrategia y Geopolítica, UCALP. Profesor del Campus Internacional de Defensa y Seguridad, Sevilla, España.


PrisioneroEnArgentina.com

Febrero 15, 2025


 

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