El panorama político contemporáneo se caracteriza por una profunda sensación de desilusión y fricción sistémica. Si bien la frustración pública suele centrarse en líderes individuales, los académicos argumentan que el estado actual de disfunción es el resultado de cambios estructurales a largo plazo, la evolución de los medios de comunicación y profundas divisiones psicológicas morales.
Los diez pilares de la polarización El psicólogo social Jonathan Haidt y el jurista Rick Pildes identifican varias “conmociones” históricas que han desmantelado las normas de cooperación de mediados del siglo XX. Entre ellas, destaca la realineación partidista (1964-1992), que purificó a los partidos en bandos ideológicos distintos, seguida de una selección masiva, donde los votantes se movían hacia partidos que se alineaban perfectamente con sus identidades liberales o conservadoras. Esto se vio agravado por el cambio generacional de guardia, ya que la “Gran Generación”, forjada por el sacrificio compartido de la Segunda Guerra Mundial, fue reemplazada por los Baby Boomers, quienes alcanzaron la mayoría de edad durante épocas culturales más divisivas.
Los cambios estructurales en el Congreso de los Estados Unidos también influyeron. La “muerte de las amistades” en Washington, impulsada por los cambios en la década de 1990 que alentaron a los miembros a pasar menos tiempo en Washington D. C. y más tiempo recaudando fondos, erosionó el capital social necesario para el compromiso bipartidista. Además, la pérdida de un enemigo común tras el fin de la Guerra Fría eliminó un incentivo fundamental para la unidad nacional, permitiendo que las divisiones internas cobraran protagonismo.
La influencia del dinero y los intereses especiales Una de las principales quejas del público estadounidense es la percepción de que los donantes adinerados y los grupos de presión controlan el sistema político. Aproximadamente el 84 % de los estadounidenses cree que los grupos de intereses especiales tienen demasiada influencia. Este sentimiento es compartido por teóricos políticos que argumentan que la política se ha convertido en un mecanismo al servicio de los ricos, creando una “fachada democrática” donde los ciudadanos comunes sienten que sus voces son secundarias al capital. El alto costo de las campañas políticas actúa como una barrera de entrada, impidiendo que las “buenas personas” se postulen a cargos públicos y asegurando que quienes lo hacen permanezcan en deuda con sus patrocinadores financieros.
Psicología Moral y la “Mente Recta” La disfunción no es meramente institucional, sino profundamente psicológica. Las investigaciones sobre los fundamentos morales sugieren que liberales y conservadores operan en diferentes “frecuencias morales”. Mientras que los liberales priorizan la Atención y la Justicia, los conservadores a menudo las equilibran con la Lealtad, la Autoridad y la Santidad. Esto crea una “ceguera” donde cada bando ve al otro no solo como equivocado, sino como inmoral. Esta “polarización afectiva” —el grado en que los partidarios sienten antipatía y desconfianza hacia el equipo contrario— ha aumentado de forma constante desde la década de 1990, impulsada por el fraccionamiento de los medios y los algoritmos de las redes sociales que premian la indignación.
Medios, desinformación y discurso La transición de unas pocas fuentes de noticias centralizadas a un entorno digital fragmentado ha dificultado que los ciudadanos encuentren información imparcial. El discurso político se ha vuelto cada vez más virulento, y las metáforas de guerra se han convertido en amenazas literales. De 2017 a 2021, las amenazas contra miembros del Congreso se dispararon de 3900 a más de 9600 al año. Este “discurso incendiario” crea un círculo vicioso donde el miedo impulsa la participación electoral, pero también profundiza el agotamiento y la ira del electorado.
Ansiedad económica y divisiones políticas A pesar de las profundas divisiones, la economía sigue siendo una preocupación unificadora. La inflación y el coste de la vida se citan constantemente como los “problemas más importantes” en todos los partidos.[11] Sin embargo, las soluciones a estos problemas siguen estando profundamente divididas. Los republicanos priorizan la seguridad fronteriza y la corrupción gubernamental, mientras que los demócratas se centran en el cambio climático, la atención médica y la preservación de las instituciones democráticas.
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El panorama político contemporáneo se caracteriza por una profunda sensación de desilusión y fricción sistémica. Si bien la frustración pública suele centrarse en líderes individuales, los académicos argumentan que el estado actual de disfunción es el resultado de cambios estructurales a largo plazo, la evolución de los medios de comunicación y profundas divisiones psicológicas morales.
Los diez pilares de la polarización
El psicólogo social Jonathan Haidt y el jurista Rick Pildes identifican varias “conmociones” históricas que han desmantelado las normas de cooperación de mediados del siglo XX. Entre ellas, destaca la realineación partidista (1964-1992), que purificó a los partidos en bandos ideológicos distintos, seguida de una selección masiva, donde los votantes se movían hacia partidos que se alineaban perfectamente con sus identidades liberales o conservadoras. Esto se vio agravado por el cambio generacional de guardia, ya que la “Gran Generación”, forjada por el sacrificio compartido de la Segunda Guerra Mundial, fue reemplazada por los Baby Boomers, quienes alcanzaron la mayoría de edad durante épocas culturales más divisivas.
Los cambios estructurales en el Congreso de los Estados Unidos también influyeron. La “muerte de las amistades” en Washington, impulsada por los cambios en la década de 1990 que alentaron a los miembros a pasar menos tiempo en Washington D. C. y más tiempo recaudando fondos, erosionó el capital social necesario para el compromiso bipartidista. Además, la pérdida de un enemigo común tras el fin de la Guerra Fría eliminó un incentivo fundamental para la unidad nacional, permitiendo que las divisiones internas cobraran protagonismo.
Una de las principales quejas del público estadounidense es la percepción de que los donantes adinerados y los grupos de presión controlan el sistema político. Aproximadamente el 84 % de los estadounidenses cree que los grupos de intereses especiales tienen demasiada influencia. Este sentimiento es compartido por teóricos políticos que argumentan que la política se ha convertido en un mecanismo al servicio de los ricos, creando una “fachada democrática” donde los ciudadanos comunes sienten que sus voces son secundarias al capital. El alto costo de las campañas políticas actúa como una barrera de entrada, impidiendo que las “buenas personas” se postulen a cargos públicos y asegurando que quienes lo hacen permanezcan en deuda con sus patrocinadores financieros.
Psicología Moral y la “Mente Recta”
La disfunción no es meramente institucional, sino profundamente psicológica. Las investigaciones sobre los fundamentos morales sugieren que liberales y conservadores operan en diferentes “frecuencias morales”. Mientras que los liberales priorizan la Atención y la Justicia, los conservadores a menudo las equilibran con la Lealtad, la Autoridad y la Santidad. Esto crea una “ceguera” donde cada bando ve al otro no solo como equivocado, sino como inmoral. Esta “polarización afectiva” —el grado en que los partidarios sienten antipatía y desconfianza hacia el equipo contrario— ha aumentado de forma constante desde la década de 1990, impulsada por el fraccionamiento de los medios y los algoritmos de las redes sociales que premian la indignación.
Medios, desinformación y discurso
La transición de unas pocas fuentes de noticias centralizadas a un entorno digital fragmentado ha dificultado que los ciudadanos encuentren información imparcial. El discurso político se ha vuelto cada vez más virulento, y las metáforas de guerra se han convertido en amenazas literales. De 2017 a 2021, las amenazas contra miembros del Congreso se dispararon de 3900 a más de 9600 al año. Este “discurso incendiario” crea un círculo vicioso donde el miedo impulsa la participación electoral, pero también profundiza el agotamiento y la ira del electorado.
Ansiedad económica y divisiones políticas
A pesar de las profundas divisiones, la economía sigue siendo una preocupación unificadora. La inflación y el coste de la vida se citan constantemente como los “problemas más importantes” en todos los partidos.[11] Sin embargo, las soluciones a estos problemas siguen estando profundamente divididas. Los republicanos priorizan la seguridad fronteriza y la corrupción gubernamental, mientras que los demócratas se centran en el cambio climático, la atención médica y la preservación de las instituciones democráticas.
PrisioneroEnArgentina.com
Febrero 11, 2026