El estudio de los “monstruos” en Estados Unidos abarca un amplio espectro de investigación, que abarca desde la búsqueda biológica de especies no catalogadas (criptozoología) hasta el análisis sociológico e histórico de cómo la cultura humana define la “monstruosidad”. Si bien la ciencia aún no ha confirmado la existencia de críptidos legendarios como Pie Grande o el monstruo del Lago Ness, los académicos argumentan que los monstruos son “reales” en el sentido de que representan memorias históricas tangibles, ansiedades sociales y verdades psicológicas que las sociedades a menudo intentan suprimir.
La realidad cultural e histórica de los monstruos En el discurso académico, los monstruos suelen considerarse “códigos virales” de la vida política y cultural. Según el historiador Scott Poole, los monstruos y las leyendas inquietantes son donde encontramos las memorias históricas que las sociedades humanas intentan enterrar. Por ejemplo, la evolución del mito del vampiro refleja las ansiedades cambiantes de diferentes épocas, desde el miedo al “otro” hasta las exploraciones modernas de la identidad y la empatía.
Académicos como David Schmid sugieren que los monstruos más “reales” son aquellos que existen en el tejido social, como asesinos en serie o terroristas, cuya aparente normalidad los hace más destructivos que sus contrapartes ficticias. En este contexto, el término “monstruo” es una construcción cultural utilizada para definir lo que una sociedad teme inconscientemente o se le enseña a odiar.
Criptozoología y la búsqueda de monstruos biológicos La criptozoología es el estudio de los “críptidos”: animales o seres cuya existencia no está corroborada por la ciencia convencional. Aunque a menudo se la descarta como pseudociencia por basarse en gran medida en evidencia anecdótica en lugar del método científico estricto, sigue siendo una parte importante del folclore estadounidense.
Pie Grande y los críptidos terrestres Pie Grande, o Pie Grande, es quizás el críptido estadounidense más emblemático. Descrito como un homínido grande, peludo y bípedo, sus avistamientos son más frecuentes en el noroeste del Pacífico. Las explicaciones científicas de los avistamientos de Pie Grande suelen apuntar a identificaciones erróneas de osos negros, que pueden caminar erguidos distancias cortas. Algunos investigadores, como Ryan Haupt, han señalado que los perezosos terrestres gigantes prehistóricos como el Megalonyx —que eran peludos, podían sostenerse sobre dos patas y convivieron con los primeros humanos— podrían haber sido la inspiración original de estas leyendas.
Monstruos Acuáticos: Sharlie y los “Dragones del Crepúsculo” En Idaho, los residentes cerca del lago Payette han reportado avistamientos de “Sharlie” desde la década de 1920. Descrita con una cabeza similar a la de un dinosaurio y jorobas similares a las de un camello, Sharlie forma parte de una tradición más amplia de monstruos de lago en Norteamérica. Los científicos suelen atribuir estos avistamientos a “esturiones” o troncos en movimiento, pero los folcloristas señalan que estas historias sirven como “cuentos de advertencia” para quienes viven en zonas apartadas. De manera similar, la leyenda del Monstruo del Lago Ness se ha vinculado con el plesiosaurio prehistórico, aunque el ADN ambiental (eDNA) y los barridos LIDAR no han encontrado evidencia de criaturas tan grandes en lagos modernos.
Leyendas Regionales: El Hombre Polilla y la Bestia de Bray Road El Hombre Polilla: Una figura oscura, similar a un hombre, con brillantes ojos rojos, reportada en Point Pleasant, Virginia Occidental, en la década de 1960. Desde entonces, se ha convertido en un elemento esencial de la identidad regional, con museo y festival. La Bestia de Bray Road: Una criatura similar a un hombre lobo reportada en Wisconsin, descrita como musculosa y peluda con ojos amarillos. El Diablo de Jersey: Una criatura legendaria que se dice habita en Pine Barrens, en el sur de Nueva Jersey, a menudo descrito como un animal bípedo con alas y aspecto de caballo.
Los Vampiros “Reales” de Nueva Orleans Más allá del folclore, existen subculturas contemporáneas que adoptan el manto de la monstruosidad. Una investigación etnográfica realizada por John Edgar Browning en Nueva Orleans ha identificado una comunidad de vampiros “reales”. Estos individuos no afirman ser sobrenaturales, sino que describen una necesidad física o psicológica de consumir sangre o “energía psíquica” para mantener su salud. Esta comunidad incluye “donantes” que participan voluntariamente, lo que ilustra cómo los mitos antiguos pueden manifestarse como identidades sociales modernas.
Monstruos como barómetros sociales La proliferación de narrativas de monstruos —como el auge de los medios de comunicación sobre zombis tras los atentados del 11-S— sirve como barómetro del trauma colectivo. Estas historias permiten al público procesar la “muerte antinatural” y el “apocalipsis moderno” en un entorno controlado. Ya sea a través de las “herramientas góticas” de Edgar Allan Poe o de los “horrores barrocos” de la literatura del siglo XVII, los humanos utilizan a los monstruos para expresar el dolor, la culpa y el miedo a lo desconocido.
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El estudio de los “monstruos” en Estados Unidos abarca un amplio espectro de investigación, que abarca desde la búsqueda biológica de especies no catalogadas (criptozoología) hasta el análisis sociológico e histórico de cómo la cultura humana define la “monstruosidad”. Si bien la ciencia aún no ha confirmado la existencia de críptidos legendarios como Pie Grande o el monstruo del Lago Ness, los académicos argumentan que los monstruos son “reales” en el sentido de que representan memorias históricas tangibles, ansiedades sociales y verdades psicológicas que las sociedades a menudo intentan suprimir.
La realidad cultural e histórica de los monstruos
En el discurso académico, los monstruos suelen considerarse “códigos virales” de la vida política y cultural. Según el historiador Scott Poole, los monstruos y las leyendas inquietantes son donde encontramos las memorias históricas que las sociedades humanas intentan enterrar. Por ejemplo, la evolución del mito del vampiro refleja las ansiedades cambiantes de diferentes épocas, desde el miedo al “otro” hasta las exploraciones modernas de la identidad y la empatía.
Académicos como David Schmid sugieren que los monstruos más “reales” son aquellos que existen en el tejido social, como asesinos en serie o terroristas, cuya aparente normalidad los hace más destructivos que sus contrapartes ficticias. En este contexto, el término “monstruo” es una construcción cultural utilizada para definir lo que una sociedad teme inconscientemente o se le enseña a odiar.
Criptozoología y la búsqueda de monstruos biológicos
La criptozoología es el estudio de los “críptidos”: animales o seres cuya existencia no está corroborada por la ciencia convencional. Aunque a menudo se la descarta como pseudociencia por basarse en gran medida en evidencia anecdótica en lugar del método científico estricto, sigue siendo una parte importante del folclore estadounidense.
Pie Grande, o Pie Grande, es quizás el críptido estadounidense más emblemático. Descrito como un homínido grande, peludo y bípedo, sus avistamientos son más frecuentes en el noroeste del Pacífico. Las explicaciones científicas de los avistamientos de Pie Grande suelen apuntar a identificaciones erróneas de osos negros, que pueden caminar erguidos distancias cortas. Algunos investigadores, como Ryan Haupt, han señalado que los perezosos terrestres gigantes prehistóricos como el Megalonyx —que eran peludos, podían sostenerse sobre dos patas y convivieron con los primeros humanos— podrían haber sido la inspiración original de estas leyendas.
Monstruos Acuáticos: Sharlie y los “Dragones del Crepúsculo”
En Idaho, los residentes cerca del lago Payette han reportado avistamientos de “Sharlie” desde la década de 1920. Descrita con una cabeza similar a la de un dinosaurio y jorobas similares a las de un camello, Sharlie forma parte de una tradición más amplia de monstruos de lago en Norteamérica. Los científicos suelen atribuir estos avistamientos a “esturiones” o troncos en movimiento, pero los folcloristas señalan que estas historias sirven como “cuentos de advertencia” para quienes viven en zonas apartadas. De manera similar, la leyenda del Monstruo del Lago Ness se ha vinculado con el plesiosaurio prehistórico, aunque el ADN ambiental (eDNA) y los barridos LIDAR no han encontrado evidencia de criaturas tan grandes en lagos modernos.
Leyendas Regionales: El Hombre Polilla y la Bestia de Bray Road
El Hombre Polilla: Una figura oscura, similar a un hombre, con brillantes ojos rojos, reportada en Point Pleasant, Virginia Occidental, en la década de 1960. Desde entonces, se ha convertido en un elemento esencial de la identidad regional, con museo y festival. La Bestia de Bray Road: Una criatura similar a un hombre lobo reportada en Wisconsin, descrita como musculosa y peluda con ojos amarillos. El Diablo de Jersey: Una criatura legendaria que se dice habita en Pine Barrens, en el sur de Nueva Jersey, a menudo descrito como un animal bípedo con alas y aspecto de caballo.
Los Vampiros “Reales” de Nueva Orleans
Más allá del folclore, existen subculturas contemporáneas que adoptan el manto de la monstruosidad. Una investigación etnográfica realizada por John Edgar Browning en Nueva Orleans ha identificado una comunidad de vampiros “reales”. Estos individuos no afirman ser sobrenaturales, sino que describen una necesidad física o psicológica de consumir sangre o “energía psíquica” para mantener su salud. Esta comunidad incluye “donantes” que participan voluntariamente, lo que ilustra cómo los mitos antiguos pueden manifestarse como identidades sociales modernas.
Monstruos como barómetros sociales
La proliferación de narrativas de monstruos —como el auge de los medios de comunicación sobre zombis tras los atentados del 11-S— sirve como barómetro del trauma colectivo. Estas historias permiten al público procesar la “muerte antinatural” y el “apocalipsis moderno” en un entorno controlado. Ya sea a través de las “herramientas góticas” de Edgar Allan Poe o de los “horrores barrocos” de la literatura del siglo XVII, los humanos utilizan a los monstruos para expresar el dolor, la culpa y el miedo a lo desconocido.
PrisioneroEnArgentina.com
Febrero 9, 2026