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  Por Michael Rossovich.

El maestro de ceremonias alemán Adolf Althoff y su circo continuaron actuando por toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial. En el verano de 1941, la empresa se detuvo cerca de [sic] Hesse, Alemania. Fue allí donde Althoff y su equipo de circo se enfrentaron a una decisión arriesgada.

Irene Danner, una joven judía y descendiente de una familia de circo, se acercó a Adolf en busca de ayuda.

“El Señor Althoff, el director, sabía de mi origen judío, pero aun así aceptó que actuaría en su circo”, recuerda Irene.

Danner
Althoff

Durante toda la guerra, Adolf y otros miembros del circo, incluida su esposa María, guardaron el secreto. Además de cuidar a Irene, los Althoff dieron la bienvenida al circo a la hermana, la madre y el padre de Irene.

“Adolf Althoff nos dejó trabajar a todos sin papeles. Sabía bien cuál era el peligro de aceptar una familia judía, además de alimentarla y protegerla… Adolf nos permitió vivir en el circo básicamente sin ser molestados”.

A pesar de los riesgos, Adolf, su esposa y otros miembros del circo sabían lo que tenían que hacer.

“No teníamos ninguna duda de que les dejaríamos quedarse…”, explicó Adolf después de la guerra. “No podía simplemente permitir que cayeran en manos de los asesinos. Esto me habría convertido en un asesino”.

Irene, sobrevivió a la guerra actuaba en el circo como acróbata. Se enamoró de otro artista que actuaba en el Althoff Circus en ese momento y tuvo dos hijos con él escondidos.

Los Althoff fueron reconocidos por Yad Vashem como Justos de las Naciones en 1995.

 


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Febrero 18, 2024