Edward Theodore Gein, conocido como Ed Gein, ocupa un lugar particularmente oscuro en la historia criminal estadounidense. Su nombre quedó asociado a asesinatos, profanación de cadáveres y comportamientos macabros que posteriormente inspiraron personajes de ficción como Norman Bates de Psycho, Leatherface de The Texas Chain Saw Massacre y Buffalo Bill de The Silence of the Lambs.
Sin embargo, la realidad fue diferente de la ficción. Gein no fue un asesino en serie con decenas de víctimas conocidas. Fue condenado por dos asesinatos, aunque las autoridades sospecharon que pudo estar relacionado con otras desapariciones. Lo que hizo que su caso alcanzara una notoriedad extraordinaria fue lo que los investigadores encontraron en su granja de Plainfield, Wisconsin.
Una infancia marcada por el aislamiento
Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906 en La Crosse, Wisconsin. Sus padres fueron George y Augusta Gein. Tenía un hermano mayor, Henry.
La familia terminó estableciéndose en una granja cerca de Plainfield, una pequeña comunidad rural.
Augusta era una mujer extremadamente religiosa y dominante. Según los relatos posteriores, transmitió a sus hijos una visión profundamente negativa del mundo exterior y especialmente de las mujeres. Consideraba la sexualidad como algo pecaminoso y trataba de mantener a sus hijos alejados de otras personas.
Ed creció prácticamente aislado.
No tuvo una vida social normal y desarrolló una relación de dependencia extraordinaria hacia su madre.
Su padre, por el contrario, era descrito como alcohólico y menos dominante.
La combinación de aislamiento, conflictos familiares y dependencia materna tendría una importancia enorme en la vida posterior de Gein.
La muerte de su familia
El padre de Gein murió en 1940.
Posteriormente murió su hermano Henry, en 1944, en circunstancias que durante mucho tiempo generaron sospechas.
Henry había comenzado a cuestionar la influencia de Augusta sobre Ed y, según algunos investigadores, planeaba alejarse de la familia.
Durante un incendio en una zona cercana a la granja, Henry desapareció.
Ed llevó a los investigadores hasta el cuerpo.
Oficialmente se consideró que había muerto accidentalmente, pero posteriormente algunos investigadores sospecharon que Ed podía haberlo asesinado.
Nunca fue condenado por la muerte de Henry, por lo que cualquier afirmación de que lo asesinó debe considerarse una hipótesis, no un hecho judicialmente demostrado.
La pérdida más importante para Ed fue, sin embargo, la muerte de su madre.
Augusta sufrió varios problemas de salud y murió en 1945.
Después de su muerte, Gein quedó prácticamente solo.
Conservó intactas varias habitaciones de la casa y se encerró cada vez más en sí mismo.
La granja comenzó a deteriorarse.
Los vecinos lo veían ocasionalmente, pero era considerado un hombre extraño, solitario y aparentemente inofensivo.
La desaparición de Mary Hogan
En diciembre de 1954 desapareció Mary Hogan, propietaria de una taberna local.
La desaparición quedó sin resolver.
Años después, cuando la policía investigó a Gein, encontró indicios que lo relacionaban con Hogan.
Gein terminó confesando su asesinato.
Sin embargo, durante muchos años el caso permaneció sin una resolución judicial completa.
La policía comenzó a sospechar que el hombre aparentemente inofensivo de Plainfield podía estar ocultando algo mucho más oscuro.
Bernice Worden
El crimen que finalmente condujo a su captura ocurrió el 16 de noviembre de 1957.
Bernice Worden, de 58 años, era propietaria de una ferretería en Plainfield.
Ese día desapareció.
Su hijo, el sheriff del condado Frank Worden, comenzó inmediatamente a investigar.
El registro de la caja de la tienda mostraba que la última venta había sido realizada a Gein.
Además, faltaba un recibo correspondiente a una transacción importante.
Gein se convirtió inmediatamente en sospechoso.
Los investigadores registraron su granja.
Lo que encontraron allí superó todo lo que esperaban.
El descubrimiento de la granja
Los agentes encontraron el cuerpo de Bernice Worden en una construcción de la propiedad.
La escena permitió establecer que había sido asesinada.
Pero la investigación no terminó allí.
La casa de Gein contenía restos humanos y objetos fabricados con partes de cadáveres.
Los investigadores descubrieron evidencia de que Gein había profanado tumbas y había llevado restos humanos a su propiedad.
Algunos restos habían sido transformados en objetos domésticos o utilizados de maneras extremadamente perturbadoras.
La noticia provocó una conmoción nacional.
Plainfield era una pequeña comunidad rural.
Muchos vecinos conocían a Gein.
Algunos incluso habían hablado con él sin sospechar lo que ocurría en su propiedad.
De repente, aquella granja aislada se convirtió en una de las escenas criminales más famosas de Estados Unidos.
¿Por qué lo hacía?
Esta es una de las preguntas más difíciles.
Gein tenía una obsesión extraordinaria con su madre.
Después de su muerte, intentó conservarla simbólicamente y mantener intacto el ambiente en el que ella había vivido.
Los investigadores también descubrieron que Gein tenía una fascinación por las mujeres fallecidas.
En declaraciones posteriores, explicó que había exhumado cadáveres y llevado partes de ellos a su casa.
Algunas de sus actividades parecían relacionadas con un intento de construir una identidad femenina.
Sin entrar en detalles gráficos, Gein había utilizado restos humanos para fabricar prendas y objetos.
Los investigadores consideraron que parte de su comportamiento podía estar relacionado con su deseo de convertirse simbólicamente en su madre o de mantener una conexión con ella.
Pero es importante señalar que no existe una explicación psicológica única y definitiva que permita comprender completamente su conducta.
¿Cuántas personas asesinó?
Esta cuestión ha generado enormes exageraciones.
La historia popular convirtió a Gein en un supuesto asesino responsable de numerosas muertes.
Pero judicialmente sólo se establecieron dos asesinatos:
Mary Hogan, desaparecida en 1954.
Bernice Worden, asesinada en 1957.
Gein confesó ambos crímenes.
Las autoridades investigaron otras desapariciones, pero nunca consiguieron demostrar que él fuera responsable de ellas.
Por eso, llamarlo “asesino en serie” puede resultar técnicamente discutible dependiendo de la definición utilizada, aunque popularmente se lo incluye entre los asesinos seriales estadounidenses.
Lo extraordinario de su caso no fue la cantidad de víctimas confirmadas.
Fue la naturaleza de sus actividades posteriores a las muertes.
El interrogatorio
Después de ser detenido, Gein fue interrogado por las autoridades.
Los investigadores descubrieron que su personalidad aparentemente tímida escondía una conducta extremadamente perturbadora.
Gein colaboró en determinados aspectos de la investigación y proporcionó información sobre las exhumaciones y los asesinatos.
También llevó a los agentes a diferentes lugares relacionados con sus actividades.
La policía quedó horrorizada por el material encontrado.
La noticia se extendió rápidamente por Estados Unidos.
Los periódicos comenzaron a publicar historias cada vez más sensacionalistas.
El nombre de Plainfield quedó asociado para siempre con uno de los casos criminales más extraños de la historia estadounidense.
El juicio y la enfermedad mental
Gein fue declarado inicialmente no apto para ser juzgado debido a su estado mental.
Fue internado en instituciones psiquiátricas.
En 1968 finalmente fue considerado apto para enfrentar un juicio.
Fue juzgado por el asesinato de Bernice Worden.
El tribunal lo declaró culpable pero legalmente insano.
Fue condenado a permanecer internado en una institución psiquiátrica por el resto de su vida.
Gein pasó sus últimos años bajo custodia estatal.
Nunca volvió a vivir en libertad.
Una figura convertida en mito
Con el tiempo, Ed Gein pasó de ser un criminal real a convertirse en una figura de la cultura popular.
El caso tuvo una influencia enorme sobre el cine de terror.
Norman Bates
Alfred Hitchcock dirigió Psycho en 1960, basada en la novela de Robert Bloch.
El personaje de Norman Bates no es una reproducción exacta de Gein, pero Bloch se inspiró parcialmente en el caso.
La obsesión de Bates con su madre recuerda ciertos aspectos de la relación entre Gein y Augusta.
Leatherface
The Texas Chain Saw Massacre presentó a Leatherface, un personaje que utiliza una máscara hecha de piel humana.
Aunque la película no representa literalmente los crímenes de Gein, tomó inspiración de los elementos macabros encontrados en su granja.
Buffalo Bill
En The Silence of the Lambs, Buffalo Bill tiene una obsesión con la piel humana y con construir una identidad diferente.
El personaje también incorpora elementos inspirados en varios criminales reales, entre ellos Gein.
Por eso, Gein tuvo una influencia indirecta enorme sobre el cine moderno de terror.
El verdadero horror
La historia de Ed Gein suele ser contada mediante los detalles más espantosos encontrados en su granja.
Pero el aspecto verdaderamente importante del caso es otro.
Gein vivió durante años prácticamente invisible.
No parecía un monstruo.
Era un hombre aislado de una pequeña comunidad rural.
Trabajaba ocasionalmente, hacía tareas agrícolas y conversaba con vecinos.
El horror estaba oculto detrás de una apariencia aparentemente insignificante.
Ese contraste convirtió su historia en una de las más perturbadoras de Estados Unidos.
Sus últimos años
Gein permaneció internado durante décadas.
Murió el 26 de julio de 1984, a los 77 años, en el Mendota Mental Health Institute de Madison, Wisconsin.
Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Plainfield, junto a miembros de su familia.
Pero incluso después de su muerte continuó la fascinación por su historia.
Su tumba fue vandalizada y finalmente la lápida desapareció.
El legado de Ed Gein
Ed Gein dejó un legado profundamente oscuro.
No fue el asesino de decenas de personas que algunas versiones populares presentan.
Fue responsable judicialmente de dos asesinatos y de una serie de actos de profanación de cadáveres que estremecieron a Estados Unidos.
Su historia también plantea preguntas sobre el aislamiento extremo, la enfermedad mental, la violencia y la manera en que los medios de comunicación convierten a determinados criminales en figuras legendarias.
Quizás lo más inquietante sea precisamente la distancia entre la realidad y el mito.
Ed Gein no necesitó cometer decenas de asesinatos para convertirse en uno de los nombres más perturbadores de la historia criminal estadounidense.
La combinación de dos asesinatos, la profanación de tumbas, su obsesión con su madre y los objetos encontrados en su granja fueron suficientes para crear una leyenda que sobrevivió durante generaciones.
Y, paradójicamente, los monstruos que aparecieron posteriormente en el cine —Norman Bates, Leatherface y Buffalo Bill— terminaron siendo mucho más famosos que el hombre real que ayudó a inspirarlos.
La historia verdadera de Ed Gein es menos cinematográfica que esas películas, pero precisamente por eso resulta tan inquietante: ocurrió en una comunidad real, involucró a personas reales y permaneció escondida durante años detrás de la puerta de una humilde granja de Wisconsin.
Pocas historias criminales en Estados Unidos han provocado tanto horror como la de Richard Trenton Chase, el asesino serial que aterrorizó la ciudad de Sacramento, California, a finales de la década de 1970. Sus crímenes fueron tan violentos y extraños que la prensa lo bautizó como “el Vampiro de Sacramento”. Sin embargo, detrás de ese apodo sensacionalista existía una historia todavía más perturbadora: la de un hombre con graves trastornos mentales, señales evidentes de deterioro y una conducta cada vez más peligrosa que culminó en una serie de asesinatos.
La historia de Chase sigue siendo objeto de análisis porque plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas señales fueron ignoradas antes de que ocurriera la tragedia?
Una infancia marcada por problemas
Richard Trenton Chase nació el 23 de mayo de 1950 en Santa Clara, California. Durante sus primeros años no parecía destinado a convertirse en uno de los asesinos más notorios de la historia criminal estadounidense. Pero, con el paso del tiempo, comenzaron a aparecer comportamientos profundamente preocupantes.
De niño y adolescente, Chase tuvo dificultades para relacionarse normalmente con otras personas. Personas que lo conocieron describieron problemas emocionales y una personalidad cada vez más aislada. Durante su juventud aparecieron conductas destructivas y una creciente obsesión con ideas extrañas.
Años después, su estado psicológico se deterioraría de manera dramática. Chase comenzó a sufrir delirios y a creer que su cuerpo estaba siendo atacado desde dentro. En distintos momentos llegó a pensar que su sangre se estaba convirtiendo en otra sustancia y que necesitaba sangre para mantenerse con vida.
Aquellas ideas no eran simples excentricidades. Formaban parte de un grave deterioro de su contacto con la realidad.
También desarrolló una relación problemática con las drogas. El consumo de sustancias agravó su comportamiento y contribuyó a una vida cada vez más desordenada. Sus familiares y quienes lo rodeaban veían cómo Chase se alejaba progresivamente de una existencia normal.
Con el tiempo, fue internado y recibió atención psiquiátrica. Pero su paso por las instituciones de salud mental no impediría que, años más tarde, volviera a representar un peligro.
La obsesión con la sangre
Uno de los aspectos más conocidos de la historia de Richard Chase fue su obsesión enfermiza con la sangre. Según los informes sobre su conducta, llegó a realizar actos extraordinariamente perturbadores relacionados con animales.
Su comportamiento alarmó a quienes estaban cerca de él. En lugar de buscar ayuda de manera permanente, Chase continuó deteriorándose.
El problema central era que su visión del mundo estaba dominada por delirios. Para una persona que vive bajo una percepción completamente distorsionada de la realidad, una situación cotidiana puede adquirir un significado amenazante. En el caso de Chase, esas ideas se mezclaron con una conducta violenta y una creciente incapacidad para funcionar normalmente.
En 1976 fue internado en un hospital psiquiátrico después de haber mostrado un comportamiento extremadamente desorganizado. Allí se hizo evidente que padecía graves problemas mentales. Fue tratado y posteriormente liberado.
Esa decisión sería observada con enorme controversia después de los asesinatos.
Al salir, Chase regresó a la comunidad. Para quienes analizaban el caso después de los crímenes, resultaba inevitable preguntarse si el sistema había fallado en detectar el verdadero nivel de peligro que representaba.
Sin embargo, la enfermedad mental por sí sola no explica los asesinatos. Millones de personas padecen graves trastornos psicológicos y jamás cometen actos violentos. El caso de Chase fue el resultado de una combinación excepcionalmente peligrosa de deterioro mental, delirios, aislamiento, antecedentes de comportamiento perturbador y una posterior escalada criminal.
Sacramento bajo amenaza
A finales de 1977, Sacramento todavía no sabía que estaba a punto de convertirse en escenario de una de las persecuciones criminales más impactantes de su historia.
El 29 de diciembre de ese año, Chase cometió su primer asesinato conocido. La víctima fue Ambrose Griffin, un hombre de 51 años que recibió un disparo mientras descargaba compras de su automóvil.
El ataque desconcertó a los investigadores.
No existía, aparentemente, una relación personal entre Chase y Griffin. No parecía haber un motivo económico evidente. El crimen se presentaba como un ataque sin sentido contra una víctima elegida al azar.
Para la policía, aquel tipo de homicidio era especialmente difícil de investigar. Cuando existe un conflicto previo, una deuda, una relación familiar o una disputa conocida, los investigadores tienen puntos de partida. Pero un asesinato cometido contra un desconocido puede dejar muy pocas pistas sobre el responsable.
El crimen de Griffin fue, sin embargo, solamente el comienzo.
Durante las semanas siguientes, Chase continuó mostrando una conducta cada vez más peligrosa. Su método también revelaría una característica aterradora: entraba en viviendas y atacaba a personas que no necesariamente tenían relación alguna con él.
La puerta sin cerrar
Uno de los detalles más conocidos atribuidos a Richard Chase era su creencia de que una puerta cerrada significaba que no era bienvenido, mientras que una puerta sin seguro representaba, en su mente delirante, una especie de permiso para entrar.
Aquella idea puede parecer absurda, pero para los investigadores se convirtió en un elemento importante para comprender su comportamiento.
Chase recorría barrios y comprobaba puertas. Si una vivienda estaba cerrada, podía seguir adelante. Si encontraba una abierta o sin seguro, entraba.
Esto transformaba la seguridad doméstica en un elemento crucial. Después de sus crímenes, se popularizó una frase relacionada con el caso: “Las puertas cerradas son una señal de que no eres bienvenido”. La afirmación reflejaba la lógica distorsionada que, según las investigaciones, Chase utilizaba para justificar sus entradas en casas ajenas.
Para las víctimas, por supuesto, no existía ninguna lógica. Sus hogares eran lugares donde debían sentirse protegidas. Chase convirtió esa seguridad en una vulnerabilidad.
El asesinato de Teresa Wallin
El 23 de enero de 1978, Chase entró en la casa de Teresa Wallin, una joven embarazada de 22 años.
El ataque fue brutal.
Wallin se encontraba en su hogar cuando Chase irrumpió y la asesinó. La escena que dejó detrás fue extremadamente violenta y conmocionó a los investigadores. También mató al perro de la familia.
Para la policía, el crimen comenzaba a revelar que no se trataba de un homicidio común. El atacante mostraba una violencia extrema y una conducta que parecía carecer de un motivo convencional.
No había una disputa conocida entre la víctima y el asesino. No era un robo tradicional. Tampoco parecía un crimen pasional.
La investigación comenzó a enfrentarse a una posibilidad aterradora: Sacramento podía tener a un asesino que elegía víctimas sin una relación previa y que actuaba impulsado por una combinación de violencia y delirios.
Pero todavía faltaba el peor capítulo.
El día más oscuro
El 27 de enero de 1978, apenas cuatro días después del asesinato de Teresa Wallin, Richard Chase entró en la casa de Evelyn Miroth.
Lo que ocurrió dentro de aquella vivienda se convirtió en uno de los crímenes más horribles asociados con un asesino serial estadounidense.
Chase asesinó a Evelyn Miroth, de 38 años. También mató a su hijo Jason, de seis años; a su sobrino David Ferreira, de 22 meses; y a Daniel Meredith, un vecino que se encontraba en el lugar.
En cuestión de minutos, una casa se convirtió en el escenario de una masacre.
La violencia del ataque dejó una impresión profunda incluso entre investigadores acostumbrados a trabajar en escenas criminales. La policía encontró evidencias de una conducta extremadamente desorganizada y perturbadora.
El caso de Chase no se caracterizaba por la precisión de un criminal sofisticado que intentaba eliminar todas las pruebas. Al contrario, su comportamiento era caótico. Dejó pistas, huellas y elementos que permitieron a los investigadores avanzar rápidamente.
Pero esa misma desorganización revelaba otra cuestión inquietante: no parecía actuar siguiendo una estrategia criminal tradicional. Su conducta estaba profundamente ligada a su estado mental y a sus delirios.
La ciudad comenzó a vivir con miedo.
El asesino podía entrar en una casa. Las víctimas podían ser personas comunes. Familias enteras comenzaron a revisar cerraduras y puertas con mayor cuidado.
La sensación de seguridad había desaparecido.
La investigación se acelera
La policía de Sacramento enfrentaba una presión enorme. Había varios asesinatos graves y una posibilidad cada vez más clara de que un mismo individuo estuviera detrás de ellos.
Los investigadores comenzaron a comparar pruebas de las escenas.
La evidencia reunida tras la masacre en la casa de Evelyn Miroth resultó fundamental. Testigos habían visto a un hombre cerca de la vivienda. También existían huellas y otras pistas que ayudaron a orientar la investigación.
El nombre de Richard Chase comenzó a aparecer.
Las autoridades ya tenían información sobre su comportamiento anterior y sus antecedentes psiquiátricos. Personas que lo conocían también proporcionaron datos sobre sus extrañas conductas.
Uno de los elementos más importantes fue que Chase no parecía comprender la magnitud de la investigación que se estaba desarrollando a su alrededor. Su comportamiento posterior no mostró la sofisticación de alguien que hubiera planeado cuidadosamente escapar durante años.
El cerco se cerraba.
El 1 de febrero de 1978, pocos días después de la masacre, Richard Chase fue arrestado.
Tenía 27 años.
Su período de asesinatos había sido relativamente corto, pero había dejado seis personas muertas.
El juicio y la pregunta sobre la locura
La detención no puso fin a la controversia. Comenzaba entonces otra batalla: la judicial.
La defensa argumentó que Chase padecía una enfermedad mental grave. El debate se concentró en una de las preguntas más difíciles del derecho penal: ¿puede una persona ser considerada responsable de sus crímenes si sufría delirios y una grave pérdida de contacto con la realidad?
Los fiscales, por otro lado, sostuvieron que existían elementos suficientes para demostrar responsabilidad criminal.
El juicio generó enorme atención pública. Las familias de las víctimas querían justicia. La sociedad de Sacramento intentaba comprender cómo alguien con antecedentes tan graves había terminado nuevamente en libertad.
El jurado finalmente encontró a Chase culpable de los asesinatos. Fue condenado a muerte en la cámara de gas.
Sin embargo, nunca sería ejecutado.
Mientras permanecía en prisión, Chase continuó mostrando signos de graves problemas psicológicos. En diciembre de 1980 murió en su celda después de ingerir una sobredosis de medicamentos.
Tenía apenas 30 años.
Las víctimas detrás del asesino
Los grandes casos criminales suelen correr el riesgo de transformar al asesino en el protagonista absoluto. Los sobrenombres, los documentales y la fascinación por el horror pueden hacer que las víctimas queden en un segundo plano.
En el caso de Richard Chase, las víctimas fueron Ambrose Griffin, Teresa Wallin, Evelyn Miroth, Jason Miroth, David Ferreira y Daniel Meredith.
Seis personas perdieron la vida.
Entre ellas había adultos, una joven embarazada y niños.
Ese es el verdadero saldo del caso.
Detrás de cada nombre había familiares, amigos, proyectos y vidas que fueron destruidas. La historia de Chase no debería entenderse únicamente como la biografía de un asesino extraño. Es también la historia de seis víctimas y de familias que tuvieron que enfrentarse a una pérdida imposible de reparar.
El legado de un caso aterrador
Décadas después, Richard Chase sigue siendo recordado como uno de los asesinos seriales más perturbadores de Estados Unidos.
Su caso continúa siendo analizado por criminólogos, psicólogos e investigadores debido a varios factores: la extrema violencia de los crímenes, sus delirios, sus antecedentes psiquiátricos y la rapidez con la que pasó de una conducta gravemente perturbada al asesinato.
También generó un debate permanente sobre la relación entre enfermedad mental, responsabilidad criminal y seguridad pública.
Pero es importante evitar una conclusión simplista. La enfermedad mental no convierte automáticamente a una persona en violenta. La inmensa mayoría de las personas con trastornos mentales graves nunca comete asesinatos. Richard Chase fue un caso excepcional, marcado por circunstancias extremas y una escalada de violencia.
Su historia, sin embargo, dejó una advertencia.
Las señales de un comportamiento peligroso pueden aparecer antes de una tragedia. Reconocerlas, evaluar adecuadamente el riesgo y ofrecer tratamiento y supervisión cuando sean necesarios puede ser decisivo.
Richard Chase pasó a la historia con un apodo que evocaba terror: “el Vampiro de Sacramento”. Pero detrás del nombre existió una tragedia real, compuesta por violencia, fallas, enfermedad, miedo y seis vidas destruidas.
El horror de su caso no está solamente en la brutalidad de sus crímenes. Está también en la sensación de que, antes de que ocurrieran los asesinatos, había señales de que algo gravemente peligroso estaba sucediendo.
Belle Gunness, nacida como Brynhild Paulsdatter Størseth en Noruega en 1859, sigue siendo una de las figuras más enigmáticas y escalofriantes de la historia criminal estadounidense. Tras emigrar a Estados Unidos en 1881, se estableció en Chicago y posteriormente en La Porte, Indiana, donde su vida dio un giro siniestro. Se cree que Gunness asesinó a entre 14 y 40 personas, incluyendo esposos, hijos y pretendientes, lo que le valió el apodo de “La Bella del Infierno”.
Sus crímenes eran metódicos y tenían motivos económicos. Gunness se casó con Mads Sorenson en 1884; tanto su casa como su negocio se incendiaron misteriosamente, lo que generó indemnizaciones del seguro. El propio Sorenson murió en circunstancias sospechosas el mismo día en que dos de sus pólizas de seguro de vida coincidían. Gunness cobró ambas. Posteriormente se casó con Peter Gunness, quien falleció en un supuesto accidente con una picadora de carne. De nuevo, se benefició del seguro.
Gunness
El plan más notorio de Gunness consistía en publicar anuncios matrimoniales en periódicos, atrayendo a hombres con promesas de compañía y prosperidad compartida. Muchos llegaban a su granja con dinero en efectivo y objetos de valor, para nunca ser vistos. En 1908, su casa de campo se incendió y las autoridades descubrieron los restos de múltiples víctimas enterradas en su propiedad. Entre ellos se encontraban sus hijos y una mujer adulta decapitada que inicialmente se creyó que era la propia Gunness. Sin embargo, persiste la especulación de que fingió su muerte y escapó a la justicia.
El legado de Gunness es a la vez aterrador y de gran importancia histórica. Desafió las expectativas de género de principios del siglo XX, no como una matrona protectora, sino como una depredadora calculadora. Su caso cuestionó las suposiciones sobre la criminalidad femenina y expuso las vulnerabilidades de los sistemas de seguros y de seguridad de la época. La magnitud de sus crímenes y el misterio que rodea su desaparición han consolidado su lugar en los anales del folclore estadounidense.
Más de un siglo después, Belle Gunness sigue fascinando a criminólogos, historiadores y narradores. Su vida invita a reflexionar sobre la intersección del género, el poder y el engaño, y sobre cómo los puntos ciegos de la sociedad pueden propiciar actos monstruosos. Ya sea considerada una asesina a sangre fría o un símbolo de un fracaso sistémico, la historia de Gunness sigue rondando la imaginación estadounidense.
Un tribunal del estado de Florida (Estados Unidos) el martes sentenció a muerte a Wade Wilson, conocido como el ‘asesino de Deadpool’ por los brutales asesinatos de dos mujeres en 2019.
El hombre, de 30 años, fue declarado culpable de estrangular hasta la muerte a Kristine Melton mientras dormía, la mañana después de conocerla en un bar. Posteriormente, ese mismo día, golpeó, estranguló y atropelló a Diane Ruiz cuando la vio en la calle.
El juez de circuito Nicholas Thompson calificó la evidencia de los hechos de “atroces y crueles”, especialmente el segundo asesinato fue “frío, calculado y premeditado”, mostrándose de acuerdo con la recomendación del jurado de dos penas de muerte, una por cada asesinato.
Wilson, que recibió su apodo por compartir el nombre con el famoso personaje de los cómics de Marvel, no mostró emoción alguna al escuchar su sentencia.
Durante el juicio, su defensa intentó argumentar que Wilson padecía de una “mente enferma”, debido a su adicción a las drogas, y presentó una moción para un nuevo juicio o absolución, que fue denegada.
“Este no es el final. El final es cuando el acusado exhale su ultimo aliento y yo estaré allí en la ejecución. Es una promesa”, aseguró Félix Ruiz, el padre de una de las víctimas.
Junto a su compañero Leonard Lake, el infame asesino en serie Charles Ng había matado y torturado a una docena o más de hombres, mujeres y niños en el lapso de un año. Todo este terrible asunto es una historia de destino y azar.
Nacido de un rico hombre de negocios de Hong Kong, sus primeros años de vida estuvieron marcados por una obsesión por las artes marciales, el incendio y el abuso físico a manos de su padre. En medio de todo esto surgió una inclinación hacia la cleptomanía. Saltó de una escuela a otra, siendo expulsado de cada una, señalado como un joven con problemas. Después de un incidente de robo cuando tenía 15 años, su padre lo envió a un internado inglés en un intento de corregirlo. Sin embargo, poco después de llegar, fue expulsado por robar a otros estudiantes.
NgLake
A los 18 años se mudó a los EE. UU. y se matriculó en NDNU, una universidad en el norte de California, pero abandonó después de un semestre. Poco después se vio involucrado en un accidente de atropello y fuga, y para evitar ser procesado se unió a la Infantería de Marina, ingresando falsificando sus documentos. Finalmente fue dado de baja, por robo, y se fugó. Sin embargo, lo capturaron y lo encarcelaron durante catorce meses. Mientras estaba allí, sucedió una única pero crucial casualidad. Cogió una revista de juegos de guerra.
Este acto aparentemente inocuo e intrascendente resultó ser el momento que conduciría a una ola de asesinatos que duraría un año. Miró esta revista y se topó con la sección de anuncios, donde vio uno colocado por su compañero Marine Leonard Lake. Él respondió, los dos se conocieron y lamentablemente harían las peores acciones imaginables.
Sin embargo, el destino puso un freno y, en 1985, se abriría una pista que los llevaría directamente al corazón de las atrocidades. La pista la proporcionaron nada menos que Ng y Lake: Charles Ng había sido sorprendido robando un tornillo de banco y huyó, lo que provocó que Lake fuera a la tienda más tarde e intentara pagarlo. Pero para entonces llegó la policía y se dio cuenta de que no se parecía a la foto del hombre que aparecía en su permiso de conducir robado. Registraron su coche, encontraron un arma y lo arrestaron. Una búsqueda de huellas dactilares reveló una coincidencia positiva y la policía identificó el vehículo que conducía como el de una de las víctimas desaparecidas. Lake se suicidó ingiriendo las pastillas de cianuro que había cosido en su ropa.
Sin embargo, la captura no fue tan rápida para Ng, quien había huido a Canadá. Mientras se escondía allí, el destino volvió a mover sus hilos mientras estaba de compras e intentó robar una lata de salmón. Sería su perdición porque lo pillaron haciéndolo y le disparó a un guardia de seguridad en la mano. Afortunadamente, el guardia de seguridad solo sufrió heridas leves y capturó a Ng de todos modos. Lo retuvo hasta que llegó la policía, que inmediatamente lo arrestó. Fue condenado a cuatro años y medio por robo y agresión. Una vez cumplida su sentencia por eso, quedó detenido a la espera de una solicitud de extradición de California. Luchó una batalla legal para tratar de evitarlo, porque Canadá no tiene pena de muerte. Perdió, fue extraditado y acusado de doce cargos de asesinato. Después de más años de batallas legales, finalmente fue declarado culpable de once cargos de asesinato: seis hombres, tres mujeres y dos niños varones. Hasta el día de hoy, permanece en prisión en el corredor de la muerte.
Robert Maudsley fue uno de los asesinos seriales más viciosos de Gran Bretaña. Nació el 26 de junio de 1953.
Maudsley creció en una familia de doce hijos con padres abusivos. En un momento, lo encerraron en un sótano durante seis meses y solo lo visitaba su padre, quien lo golpeaba varias veces al día.
Maudsley cometió su primer asesinato en 1974, estrangulando a un hombre llamado John Farrell después de enterarse de que Farrell era un abusador de menores. Se entregó a la policía y fue enviado a un hospital psiquiátrico.
En 1977, Maudsley y otro paciente torturaron brutalmente y mataron a un recluso acusado de abuso sexual infantil. Este incidente provocó el traslado de Maudsley a la prisión de Wakefield en West Yorkshire, Inglaterra.
En 1978, mientras estaba en Wakefield, Maudsley cometió dos asesinatos en un día. No mostró ningún remordimiento por estos actos, lo que avivó el miedo entre sus compañeros de prisión y lo llevó a su confinamiento solitario.
Maudsley ha superado el récord mundial de tiempo pasado en aislamiento. Ha pasado más de 45 años en es tipo de régimen. Maudsley ha estado encerrado en una jaula de vidrio especialmente construida en el sótano de Wakefield durante décadas.
Se informa que la salud de Maudsley ha empeorado en los últimos años y también hay sugerencias de que su salud mental se ha deteriorado y está viviendo sus días esperando morir tras las rejas.
Fue considerado el asesino en serie más prolífico de Estados Unidos. Pero en realidad era un mentiroso en serie. La verdadera historia del hombre que dijo haber matado a casi 600 personas.
Henry Lee Lucas parecía el sospechoso. Era un vagabundo con un historial de violencia, dientes sueltos y un ojo caído y lloroso, y cuando confesó ser el asesino en serie más prolífico de la historia de Estados Unidos, la policía y el público le creyeron en gran medida. Lucas proporcionó relatos que cerraron 197 casos de asesinato, pero una serie de cinco partes de Netflix de 2019 explora la creciente evidencia de que casi todas estas confesiones eran mentiras, y que cientos de asesinos reales han quedado libres.
Parte de lo que hace que The Confession Killer Serie de TV) sea uno de los productos más fascinantes de la ola mediática de crímenes reales es el hecho de que, si bien es casi seguro que Lucas no cometió la gran mayoría de los asesinatos que se le atribuyen, no fue una víctima inocente. Si bien no se puede confiar en nada del relato del mentiroso patológico, es probable que haya matado al menos a tres personas, lo que significa que, técnicamente, el manto de asesino en serie era bien merecido. En 1960, Lucas, que entonces tenía 24 años, asesinó a su madre y cumplió diez años de prisión por asesinato en segundo grado. En 1983, confesó los asesinatos de su “novia” de 15 años y una anciana para la que habían trabajado, y llevó a la policía a dos conjuntos de restos. Las confesiones comenzaron a fluir después de que, durante su comparecencia por el asesinato de la anciana, Lucas sorprendió a la corte al preguntar: “¿Qué vamos a hacer con estas otras 100 mujeres que maté?”
De acuerdo con las confesiones de Lucas, de las que finalmente se retractó, había matado a víctimas de todos los grupos demográficos y en todo el país, desplegando todos los métodos de asesinato, desde atropellarlos con su automóvil hasta apuñalarlos con un bolígrafo, y participar en depravaciones que incluyen necrofilia y canibalismo. El número de presuntas víctimas se disparó a 350 y luego a 600.
Los legendarios Texas Rangers formaron un grupo de trabajo para manejar las confesiones, y Lucas recibió visitas de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de todo el país ansiosos por cerrar casos sin resolver. Algunos le proporcionaron fotografías de la escena del crimen y otros detalles relacionados con casos abiertos de asesinato, que luego Lucas amablemente regurgitó en sus confesiones. Y mientras mantuvo el flujo de admisiones, Lucas fue tratado como un prisionero estrella, navegando en la cárcel sin esposas, con un suministro constante de cigarrillos y sus batidos de fresa favoritos, y el tema de la frenética atención de la prensa.
“Henry nunca vivió tan bien”, dice el periodista Hugh Aynesworth en la serie. Pero había escépticos, y Aynesworth estaba entre ellos. Después de seguir el rastro de papel de Lucas, el reportero encontró registros que prueban que él estaba fuera cuando se estaban cometiendo algunos de los crímenes que confesó. Un examen a gran escala de las historias de Lucas descubrió que habría tenido que conducir cientos de millas por día solo para llegar a todos los supuestos lugares de asesinato remotos.
Vic Feazell era un fiscal de distrito recién nombrado en el condado de McLennan, Texas, cuando comenzó a ver a Lucas en la televisión, flanqueado por Texas Rangers y señalando las supuestas escenas de los crímenes.
“Y luego el locutor diría: ‘Henry Lucas ha resuelto otro asesinato'”, me dice Feazell en una entrevista. “Estaba pensando: ‘Guau. Son muchos asesinatos”.
Feazell se enredó en la saga de Lucas después de que el asesino en serie confesara crímenes en su condado, incluida la violación y asesinato de Rita Salazar en 1978 y el asesinato de su cita, Frank “Kevin” Key. Feazell tenía tanta motivación como cualquier oficial de la ley para aceptar la confesión de Lucas, lo que podría haber cerrado un caso horrible y proporcionado al joven y ambicioso fiscal del distrito una victoria muy pública. Pero la confesión de Lucas no parecía cierta. “Hubiera sido genial tener mi foto en el periódico con un Ranger parado junto a mí con la versión de la vida real de Hannibal Lecter”, dice. “Pero creo en hacer lo correcto. Esa es la forma en que me criaron”.
Feazell pronto se dio cuenta de que los esfuerzos de sus investigadores por corroborar las historias de Lucas estaban siendo frustrados. Cuando intentaron buscar digitalmente los archivos del asesino en la base de datos criminal estatal y nacional, fueron recibidos con mensajes de “acceso denegado”. “Eso nunca había sucedido antes”, me dice Feazell. Y el cierre de la base de datos nacional fue particularmente alarmante.
“Ahora, eso nos asustó”, dice. “Entonces supimos que estábamos bastante metidos porque podíamos entender cómo podrían cortar nuestro acceso en Texas, pero ¿cómo lo hicieron a nivel nacional?”
Y aunque las familias de algunas víctimas encontraron alivio en los relatos de las autoridades de que Lucas había matado a sus seres queridos, la familia de Deborah Sue Agnew Williamson, quien fue asesinada en 1975, sospechó desde el principio que la confesión de Lucas era una invención. Llevaban décadas intentando presionar a las autoridades locales para que buscaran al verdadero asesino.
Lucas fue declarado culpable de un total de 11 asesinatos y condenado a muerte, aunque en 1998 el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, conmutó su sentencia. En promedio, el futuro presidente firmó una ejecución cada dos semanas y supervisó el asesinato de más prisioneros que cualquier gobernador antes que él. Lucas fue el único condenado a cuya pena de muerte conmutó, ya que las pruebas demostraron que se encontraba en un estado diferente en el momento del asesinato por el que fue condenado a muerte. Lucas murió en prisión de insuficiencia cardíaca congestiva en 2001.
Pero The Confession Killer es más apasionante cuando no se enfoca directamente en Lucas, sino en los agentes de la ley que parecían más preocupados por que él cerrara sus casos que por la posibilidad de que las confesiones falsas permitieran que los asesinatos quedaran libres. “Caso tras caso se fue cerrando”, dice el director de Food, Inc., Robert Kenner, quien codirigió The Confession Killer con Taki Oldham. ..”
Los disidentes describen vidas alteradas por las represalias, con Aynesworth relatando un allanamiento de morada en el que sus objetos de valor se quedaron atrás pero sus documentos profesionales fueron tomados, y Faezell finalmente fue acusado de cargos federales de extorsión y eso podría haberlo encontrado enfrentando 80 años en la cárcel, cargos que dice fueron una retribución por sus intentos de frustrar el manejo del caso Lucas por parte de los Rangers de Texas. Al momento de escribir esto en 2019, tiene práctica privada y presenta un podcast sobre el caso que cambió el curso de su vida y muchos otros.
Pero a pesar del hecho de que Lucas no estuvo cerca del asesinato en masa que afirmó haber cometido, el mito de sus docenas de asesinatos se ha mantenido. Incluso fue el tema de una película de culto, “Henry: Retrato de un asesino en serie”.
“Básicamente, en algún momento, los medios y el público en general se involucran en una historia y no necesariamente les gusta que los corrijan”, dice Oldham. “A la gente le gusta esa idea, a la gente le gusta atrapar monstruos”. Y si bien el espectro de un hombre que avanza silenciosamente por Estados Unidos y mata a cientos de personas es aterrador, la probable verdad de que cientos de asesinos todavía andan sueltos es aún más aterrador.
Los realizadores esperan que el lanzamiento de esta serie documental anime a la policía a reexaminar los supuestos asesinatos de Lucas. La tecnología del ADN ya ha demostrado que 20 de los asesinatos que se le atribuyen fueron cometidos por otros, y eso incluye los asesinatos de Salazar y Key. La sospecha de Feazell sobre la confesión resultó ser correcta: en 2010, la evidencia genética vinculó a un hombre llamado Benny Tijerina Jr. con los crímenes.
Es imposible, describir a cualquier asesino como “mejor” o “peor” que otro. Aun así, Marcel Petiot fue verdaderamente superlativo en su operación de horror, principalmente debido a las circunstancias y motivaciones detrás de sus actos: prometió seguridad y libertad a los que abandonaban la Francia ocupada por los nazis, sólo para despojarlos de sus posesiones… y sus vidas.
Al igual que con muchos asesinos en serie, la lucha interna marcó gran parte de la vida temprana de Marcel Petiot.
Nacido en Francia en 1897, varias escuelas de todo el país lo expulsaron por su comportamiento, aún así terminó sus estudios escolares a los 18 años, en 1915. Petiot entonces se alistó en el ejército, sin embargo el alcance de su servicio es discutible ya que pasó largos períodos de tiempo en el calabozo, probablemente (o seguramente) debido a su cleptomanía.
Los oficiales militares finalmente dieron de baja a Petiot con beneficios por discapacidad por recomendación de un psiquiatra que creía que Petiot tenía una especie de descomposición mental: De hecho, el oficial problemático se había disparado literalmente en el pie y requería una hospitalización.
Después de que su aventura en el ejército llegó a su fin, los psiquiatras recomendaron que Petiot fuera internado en un asilo. En su lugar, hizo una pasantía mientras asistía a la escuela de medicina. Petiot se graduó en ocho meses, y con su título de médico en la mano fue a trabajar en Villeneuve-sur-Yonne en 1921.
Allí, Petiot casi inmediatamente se volvió adicto a dos cosas que definirían el resto de su vida: narcóticos y asesinatos.
Muchos sospechan que la primera víctima de Petiot fue Louise Delaveau, su amante e hija de uno de sus pacientes en Villeneuve-sur-Yonn. La mujer desapareció en 1926, poco después de que los dos comenzaran a tener una aventura. Nadie volvió a saber de Delaveau. Aunque cuando las autoridades comenzaron a llevar a cabo una investigación sobre su desaparición, los vecinos informaron que habían visto a Petiot poner un gran baúl en su automóvil, tal vez, dijeron algunos, con su cuerpo dentro. La policía lo investigó, pero no encontró nada que lo vinculara con el crimen.
Poco después de la desaparición de Delaveau, Petiot decidió postularse para alcalde de Villeneuve-sur-Yonne, un asiento que ganó desde que contrató a alguien para causar conmoción durante un debate y confundir a su oponente. Sus maniobras continuaron con Petiot en el cargo: lo primero que hizo Petiot al convertirse en alcalde fue malversar el dinero de la ciudad.
Después de ese breve ciclo en la política, Petiot , su esposa, y su hijo pequeño se mudaron a París y comenzaron a construir una práctica médica exitosa.
Durante todo esto, Petiot fue brevemente a prisión por su persistente cleptomanía. Si bien el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Francia ante el régimen nazi probablemente eclipsaron cualquier preocupación que alguien haya tenido al respecto, no evadió la ley por completo. El médico fue multado con 2400 francos por su prescripción de narcóticos ilícitos, cargo por el cual habría ido a juicio si los dos adictos que declararon en su contra no hubieran desaparecido en circunstancias misteriosas poco antes de que comenzara la acción judicial.
Para Petiot, la Francia ocupada por los nazis fue el telón de fondo perfecto en el que podía cometer sus crímenes. De hecho, el país estaba dividido principalmente por simpatizantes nazis y aquellos que intentaban derrotar a la Gestapo. Petiot capitalizó el estado del miedo.
Empezó a concebir un plan que sería a la vez satisfactorio a su locura y lucrativo a sus bolsillos.
Petiot comenzó a invitar a residentes judíos a su clínica en el 66 de la Rue Caumartin, prometiéndoles un salvoconducto para salir de la Francia ocupada por los nazis. También ofreció su casa como una casa segura para combatientes de la resistencia, ladrones y criminales peligrosos que intentaban escapar de la ley. Aun así, lo que parecía una causa noble de su parte resultaría ser el comienzo de una de las más horribles matanzas de la historia.
Petiot, que trabajaba bajo el nombre de “Dr. Eugéne”, prometió un pasaje seguro fuera de Francia a cualquiera que pudiera pagar su tarifa de 25.000 francos, (medio millón de dólares en la actualidad). También contrató a varios “promotores” que ayudaron a reunir a la gente, quienes más tarde serían juzgados como cómplices.
Nadie ha oído de aquellos que pagaron a la “agencia de viajes” de Petiot, principalmente porque los mató a todos. Le decía a sus clientes que antes de que pudieran salir del país necesitaban inoculaciones requeridas por países a donde serían enviados como Argentina o Canadá, aunque de hecho les inyectó cianuro. Petiot entonces tomó todos los objetos de valor de sus víctimas y tiró sus cadáveres en el Sena.
Sólo la Gestapo obligaría a Petiot a cambiar esta práctica: a medida que crecía la presencia de la Gestapo en las calles de Francia, se volvió demasiado arriesgado sacar los cuerpos de la casa y deshacerse de ellos. Así que, después de sus primeras muertes, Petiot comenzó a poner los cuerpos en tanques con cal viva para desintegrarlos. Como las desapariciones continuaban en gran escala, la Gestapo -irónicamente- se transformaron en los buenos de la película y comenzaron una gran investigación. La Gestapo detuvo a los cómplices del “Dr, Eugene” y estos revelaron su verdadero nombre: Marcel Petiot. Para cuando la Gestapo fue a buscarlo, Petiot había huido a otra parte de París.
Ahora trabajando en el 21 de la Rue le Sueur, sin sus “asociados”, la tarea de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas se convirtió en abrumadora. Por razones que no están claras, Petiot dejó la ciudad por unos días en marzo de 1944. Mientras estaba fuera, sus vecinos comenzaron a notar un terrible olor que emanaba de su casa, y que el humo que irradiaba de su chimenea era inusualmente nocivo.
Cuando la policía llegó a investigar, pensando que tal vez había algún tipo de incendio, encontraron una nota en la puerta diciendo que el Dr. Petiot estaba fuera de la ciudad, pero volvería en unos días. Procedieron a ponerse en contacto con él y hacerle saber sobre la condición anormal de su casa. Petiot les dijo que no entraran en la casa hasta que llegara. La policía esperó casi una hora antes de entrar en el 21 de la Rue le Sueur junto con los bomberos. Lo que encontraron era diferente a cualquier cosa que hubieran visto: cuerpos, ni siquiera cuerpos enteros, sólo partes de cuerpos, estaban esparcidos por la casa. Algunos estaban en sacos de lona o maletas. El garaje tenía baldes de cal viva, un incinerador lleno de extremidades y huesos. Se encontraron al menos diez cadáveres en la casa, aunque ninguno de ellos estaba intacto.
Petiot llegó poco después, tratando de explicar que era miembro de la Resistencia y que los cuerpos eran los de los alemanes nazis y de traidores. La policía creyó en la historia de Petiot lo suficiente como para no arrestarlo entonces y allí, lo que, dado el tumulto en el que Francia se encontraba y lo venerada que era la Resistencia, Petiot ascendió al nível de héroe.
Aun así, la historia de Petiot no convenció a todos, y el comisario Georges-Victor Massu se hizo cargo de una investigación oficial sobre el hombre que creía que era un “lunático peligroso”. Una vez que entrevistó a la esposa y al hermano de Petiot, Maurice, junto con los hombres que habían ayudado a Petiot cuando vivía en el 66 de la Rue Caumartin, el verdadero rompecabezas comenzó a dibujar ciertas imágenes.
La policía arrestó a todos sus cómplices. Cuando llegaron a la casa de Petiot para arrestarlo y acusarlo de asesinato, por supuesto, se había ido.
Petiot, de pié, en su juicio
La invasión de Normandía puso en espera la búsqueda de Petiot. Usando la guerra a su favor una vez más, Petiot se escondió con amigos, explicando que la Gestapo lo persiguió porque había asesinado a algunos informantes. A lo largo de este período, Petiot tomó una serie de nombres diferentes, dejó crecer su cabello y barba, y logró evadir la captura durante cierto tiempo.
Mientras operaba bajo un nombre supuesto, Petiot ganó tanta notoriedad como luchador de la Resistencia que un periódico francés publicó un perfil del médico asesino. Cuando los periódicos llegaron a los lectores, varias personas lo reconocieron como Petiot y alertaron a la policía de que el asesino, de hecho, todavía estaba en París. Alguien reconoció a Petiot en una estación de tren en febrero de 1944, y dió parte a la policía que lo arrestó y lo imputó bajo cargos de asesinato.
Marcel Petiot fue juzgado en 1946 con 135 cargos criminales.
A lo largo de su juicio Petiot sostuvo que sólo mataba a los enemigos de Francia y que lo hacía simplemente para llevar a cabo sus deberes como luchador de la Resistencia. Al apoyar su caso, hizo el paso en falso de enumerar algunos grupos de la Resistencia por su nombre, grupos que los asistentes al juicio le dijeron a Petiot no existían.
Una vez que la investigación reveló que Petiot había robado a los que mató, fue acusado de asesinato por ganancias.
En el transcurso del juicio, Petiot admitió haber matado a algunas, pero no todas, de las 27 víctimas encontradas en su casa. A lo largo de su vida había matado al menos a 60 personas, aunque fue declarado culpable de 26 asesinatos.
El tribunal condenó a Petiot a muerte por decapitación.
Aunque Marcel Petiot era un asesino prolífico, si no hubiera sido tan codicioso —su cuota del pasaje a la libertad era demasiado alta para la mayoría de la gente en ese momento— sin duda habría matado aún más personas.
La verdadera historia del asesino que horrorizó a Estados Unidos
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Edward Theodore Gein, conocido como Ed Gein, ocupa un lugar particularmente oscuro en la historia criminal estadounidense. Su nombre quedó asociado a asesinatos, profanación de cadáveres y comportamientos macabros que posteriormente inspiraron personajes de ficción como Norman Bates de Psycho, Leatherface de The Texas Chain Saw Massacre y Buffalo Bill de The Silence of the Lambs.
Sin embargo, la realidad fue diferente de la ficción. Gein no fue un asesino en serie con decenas de víctimas conocidas. Fue condenado por dos asesinatos, aunque las autoridades sospecharon que pudo estar relacionado con otras desapariciones. Lo que hizo que su caso alcanzara una notoriedad extraordinaria fue lo que los investigadores encontraron en su granja de Plainfield, Wisconsin.
Una infancia marcada por el aislamiento
Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906 en La Crosse, Wisconsin. Sus padres fueron George y Augusta Gein. Tenía un hermano mayor, Henry.
La familia terminó estableciéndose en una granja cerca de Plainfield, una pequeña comunidad rural.
Augusta era una mujer extremadamente religiosa y dominante. Según los relatos posteriores, transmitió a sus hijos una visión profundamente negativa del mundo exterior y especialmente de las mujeres. Consideraba la sexualidad como algo pecaminoso y trataba de mantener a sus hijos alejados de otras personas.
Ed creció prácticamente aislado.
No tuvo una vida social normal y desarrolló una relación de dependencia extraordinaria hacia su madre.
Su padre, por el contrario, era descrito como alcohólico y menos dominante.
La combinación de aislamiento, conflictos familiares y dependencia materna tendría una importancia enorme en la vida posterior de Gein.
La muerte de su familia
Posteriormente murió su hermano Henry, en 1944, en circunstancias que durante mucho tiempo generaron sospechas.
Henry había comenzado a cuestionar la influencia de Augusta sobre Ed y, según algunos investigadores, planeaba alejarse de la familia.
Durante un incendio en una zona cercana a la granja, Henry desapareció.
Ed llevó a los investigadores hasta el cuerpo.
Oficialmente se consideró que había muerto accidentalmente, pero posteriormente algunos investigadores sospecharon que Ed podía haberlo asesinado.
Nunca fue condenado por la muerte de Henry, por lo que cualquier afirmación de que lo asesinó debe considerarse una hipótesis, no un hecho judicialmente demostrado.
La pérdida más importante para Ed fue, sin embargo, la muerte de su madre.
Augusta sufrió varios problemas de salud y murió en 1945.
Después de su muerte, Gein quedó prácticamente solo.
Conservó intactas varias habitaciones de la casa y se encerró cada vez más en sí mismo.
La granja comenzó a deteriorarse.
Los vecinos lo veían ocasionalmente, pero era considerado un hombre extraño, solitario y aparentemente inofensivo.
La desaparición de Mary Hogan
En diciembre de 1954 desapareció Mary Hogan, propietaria de una taberna local.
La desaparición quedó sin resolver.
Años después, cuando la policía investigó a Gein, encontró indicios que lo relacionaban con Hogan.
Gein terminó confesando su asesinato.
Sin embargo, durante muchos años el caso permaneció sin una resolución judicial completa.
La policía comenzó a sospechar que el hombre aparentemente inofensivo de Plainfield podía estar ocultando algo mucho más oscuro.
Bernice Worden
El crimen que finalmente condujo a su captura ocurrió el 16 de noviembre de 1957.
Bernice Worden, de 58 años, era propietaria de una ferretería en Plainfield.
Ese día desapareció.
Su hijo, el sheriff del condado Frank Worden, comenzó inmediatamente a investigar.
El registro de la caja de la tienda mostraba que la última venta había sido realizada a Gein.
Además, faltaba un recibo correspondiente a una transacción importante.
Gein se convirtió inmediatamente en sospechoso.
Los investigadores registraron su granja.
Lo que encontraron allí superó todo lo que esperaban.
El descubrimiento de la granja
Los agentes encontraron el cuerpo de Bernice Worden en una construcción de la propiedad.
La escena permitió establecer que había sido asesinada.
Pero la investigación no terminó allí.
La casa de Gein contenía restos humanos y objetos fabricados con partes de cadáveres.
Los investigadores descubrieron evidencia de que Gein había profanado tumbas y había llevado restos humanos a su propiedad.
Algunos restos habían sido transformados en objetos domésticos o utilizados de maneras extremadamente perturbadoras.
La noticia provocó una conmoción nacional.
Plainfield era una pequeña comunidad rural.
Muchos vecinos conocían a Gein.
Algunos incluso habían hablado con él sin sospechar lo que ocurría en su propiedad.
De repente, aquella granja aislada se convirtió en una de las escenas criminales más famosas de Estados Unidos.
¿Por qué lo hacía?
Esta es una de las preguntas más difíciles.
Gein tenía una obsesión extraordinaria con su madre.
Después de su muerte, intentó conservarla simbólicamente y mantener intacto el ambiente en el que ella había vivido.
Los investigadores también descubrieron que Gein tenía una fascinación por las mujeres fallecidas.
En declaraciones posteriores, explicó que había exhumado cadáveres y llevado partes de ellos a su casa.
Algunas de sus actividades parecían relacionadas con un intento de construir una identidad femenina.
Sin entrar en detalles gráficos, Gein había utilizado restos humanos para fabricar prendas y objetos.
Los investigadores consideraron que parte de su comportamiento podía estar relacionado con su deseo de convertirse simbólicamente en su madre o de mantener una conexión con ella.
Pero es importante señalar que no existe una explicación psicológica única y definitiva que permita comprender completamente su conducta.
¿Cuántas personas asesinó?
La historia popular convirtió a Gein en un supuesto asesino responsable de numerosas muertes.
Pero judicialmente sólo se establecieron dos asesinatos:
Gein confesó ambos crímenes.
Las autoridades investigaron otras desapariciones, pero nunca consiguieron demostrar que él fuera responsable de ellas.
Por eso, llamarlo “asesino en serie” puede resultar técnicamente discutible dependiendo de la definición utilizada, aunque popularmente se lo incluye entre los asesinos seriales estadounidenses.
Lo extraordinario de su caso no fue la cantidad de víctimas confirmadas.
Fue la naturaleza de sus actividades posteriores a las muertes.
El interrogatorio
Después de ser detenido, Gein fue interrogado por las autoridades.
Los investigadores descubrieron que su personalidad aparentemente tímida escondía una conducta extremadamente perturbadora.
Gein colaboró en determinados aspectos de la investigación y proporcionó información sobre las exhumaciones y los asesinatos.
También llevó a los agentes a diferentes lugares relacionados con sus actividades.
La policía quedó horrorizada por el material encontrado.
La noticia se extendió rápidamente por Estados Unidos.
Los periódicos comenzaron a publicar historias cada vez más sensacionalistas.
El nombre de Plainfield quedó asociado para siempre con uno de los casos criminales más extraños de la historia estadounidense.
El juicio y la enfermedad mental
Gein fue declarado inicialmente no apto para ser juzgado debido a su estado mental.
Fue internado en instituciones psiquiátricas.
En 1968 finalmente fue considerado apto para enfrentar un juicio.
Fue juzgado por el asesinato de Bernice Worden.
El tribunal lo declaró culpable pero legalmente insano.
Fue condenado a permanecer internado en una institución psiquiátrica por el resto de su vida.
Gein pasó sus últimos años bajo custodia estatal.
Nunca volvió a vivir en libertad.
Una figura convertida en mito
Con el tiempo, Ed Gein pasó de ser un criminal real a convertirse en una figura de la cultura popular.
El caso tuvo una influencia enorme sobre el cine de terror.
Norman Bates
Alfred Hitchcock dirigió Psycho en 1960, basada en la novela de Robert Bloch.
El personaje de Norman Bates no es una reproducción exacta de Gein, pero Bloch se inspiró parcialmente en el caso.
La obsesión de Bates con su madre recuerda ciertos aspectos de la relación entre Gein y Augusta.
Leatherface
The Texas Chain Saw Massacre presentó a Leatherface, un personaje que utiliza una máscara hecha de piel humana.
Aunque la película no representa literalmente los crímenes de Gein, tomó inspiración de los elementos macabros encontrados en su granja.
Buffalo Bill
En The Silence of the Lambs, Buffalo Bill tiene una obsesión con la piel humana y con construir una identidad diferente.
El personaje también incorpora elementos inspirados en varios criminales reales, entre ellos Gein.
Por eso, Gein tuvo una influencia indirecta enorme sobre el cine moderno de terror.
El verdadero horror
Pero el aspecto verdaderamente importante del caso es otro.
Gein vivió durante años prácticamente invisible.
No parecía un monstruo.
Era un hombre aislado de una pequeña comunidad rural.
Trabajaba ocasionalmente, hacía tareas agrícolas y conversaba con vecinos.
El horror estaba oculto detrás de una apariencia aparentemente insignificante.
Ese contraste convirtió su historia en una de las más perturbadoras de Estados Unidos.
Sus últimos años
Gein permaneció internado durante décadas.
Murió el 26 de julio de 1984, a los 77 años, en el Mendota Mental Health Institute de Madison, Wisconsin.
Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Plainfield, junto a miembros de su familia.
Pero incluso después de su muerte continuó la fascinación por su historia.
Su tumba fue vandalizada y finalmente la lápida desapareció.
El legado de Ed Gein
Ed Gein dejó un legado profundamente oscuro.
No fue el asesino de decenas de personas que algunas versiones populares presentan.
Fue responsable judicialmente de dos asesinatos y de una serie de actos de profanación de cadáveres que estremecieron a Estados Unidos.
Su historia también plantea preguntas sobre el aislamiento extremo, la enfermedad mental, la violencia y la manera en que los medios de comunicación convierten a determinados criminales en figuras legendarias.
Quizás lo más inquietante sea precisamente la distancia entre la realidad y el mito.
Ed Gein no necesitó cometer decenas de asesinatos para convertirse en uno de los nombres más perturbadores de la historia criminal estadounidense.
La combinación de dos asesinatos, la profanación de tumbas, su obsesión con su madre y los objetos encontrados en su granja fueron suficientes para crear una leyenda que sobrevivió durante generaciones.
Y, paradójicamente, los monstruos que aparecieron posteriormente en el cine —Norman Bates, Leatherface y Buffalo Bill— terminaron siendo mucho más famosos que el hombre real que ayudó a inspirarlos.
La historia verdadera de Ed Gein es menos cinematográfica que esas películas, pero precisamente por eso resulta tan inquietante: ocurrió en una comunidad real, involucró a personas reales y permaneció escondida durante años detrás de la puerta de una humilde granja de Wisconsin.
La escalofriante historia del “Vampiro de Sacramento”
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Pocas historias criminales en Estados Unidos han provocado tanto horror como la de Richard Trenton Chase, el asesino serial que aterrorizó la ciudad de Sacramento, California, a finales de la década de 1970. Sus crímenes fueron tan violentos y extraños que la prensa lo bautizó como “el Vampiro de Sacramento”. Sin embargo, detrás de ese apodo sensacionalista existía una historia todavía más perturbadora: la de un hombre con graves trastornos mentales, señales evidentes de deterioro y una conducta cada vez más peligrosa que culminó en una serie de asesinatos.
La historia de Chase sigue siendo objeto de análisis porque plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas señales fueron ignoradas antes de que ocurriera la tragedia?
Una infancia marcada por problemas
Richard Trenton Chase nació el 23 de mayo de 1950 en Santa Clara, California. Durante sus primeros años no parecía destinado a convertirse en uno de los asesinos más notorios de la historia criminal estadounidense. Pero, con el paso del tiempo, comenzaron a aparecer comportamientos profundamente preocupantes.
De niño y adolescente, Chase tuvo dificultades para relacionarse normalmente con otras personas. Personas que lo conocieron describieron problemas emocionales y una personalidad cada vez más aislada. Durante su juventud aparecieron conductas destructivas y una creciente obsesión con ideas extrañas.
Años después, su estado psicológico se deterioraría de manera dramática. Chase comenzó a sufrir delirios y a creer que su cuerpo estaba siendo atacado desde dentro. En distintos momentos llegó a pensar que su sangre se estaba convirtiendo en otra sustancia y que necesitaba sangre para mantenerse con vida.
Aquellas ideas no eran simples excentricidades. Formaban parte de un grave deterioro de su contacto con la realidad.
También desarrolló una relación problemática con las drogas. El consumo de sustancias agravó su comportamiento y contribuyó a una vida cada vez más desordenada. Sus familiares y quienes lo rodeaban veían cómo Chase se alejaba progresivamente de una existencia normal.
Con el tiempo, fue internado y recibió atención psiquiátrica. Pero su paso por las instituciones de salud mental no impediría que, años más tarde, volviera a representar un peligro.
La obsesión con la sangre
Uno de los aspectos más conocidos de la historia de Richard Chase fue su obsesión enfermiza con la sangre. Según los informes sobre su conducta, llegó a realizar actos extraordinariamente perturbadores relacionados con animales.
Su comportamiento alarmó a quienes estaban cerca de él. En lugar de buscar ayuda de manera permanente, Chase continuó deteriorándose.
El problema central era que su visión del mundo estaba dominada por delirios. Para una persona que vive bajo una percepción completamente distorsionada de la realidad, una situación cotidiana puede adquirir un significado amenazante. En el caso de Chase, esas ideas se mezclaron con una conducta violenta y una creciente incapacidad para funcionar normalmente.
En 1976 fue internado en un hospital psiquiátrico después de haber mostrado un comportamiento extremadamente desorganizado. Allí se hizo evidente que padecía graves problemas mentales. Fue tratado y posteriormente liberado.
Esa decisión sería observada con enorme controversia después de los asesinatos.
Al salir, Chase regresó a la comunidad. Para quienes analizaban el caso después de los crímenes, resultaba inevitable preguntarse si el sistema había fallado en detectar el verdadero nivel de peligro que representaba.
Sin embargo, la enfermedad mental por sí sola no explica los asesinatos. Millones de personas padecen graves trastornos psicológicos y jamás cometen actos violentos. El caso de Chase fue el resultado de una combinación excepcionalmente peligrosa de deterioro mental, delirios, aislamiento, antecedentes de comportamiento perturbador y una posterior escalada criminal.
Sacramento bajo amenaza
A finales de 1977, Sacramento todavía no sabía que estaba a punto de convertirse en escenario de una de las persecuciones criminales más impactantes de su historia.
El 29 de diciembre de ese año, Chase cometió su primer asesinato conocido. La víctima fue Ambrose Griffin, un hombre de 51 años que recibió un disparo mientras descargaba compras de su automóvil.
El ataque desconcertó a los investigadores.
No existía, aparentemente, una relación personal entre Chase y Griffin. No parecía haber un motivo económico evidente. El crimen se presentaba como un ataque sin sentido contra una víctima elegida al azar.
Para la policía, aquel tipo de homicidio era especialmente difícil de investigar. Cuando existe un conflicto previo, una deuda, una relación familiar o una disputa conocida, los investigadores tienen puntos de partida. Pero un asesinato cometido contra un desconocido puede dejar muy pocas pistas sobre el responsable.
El crimen de Griffin fue, sin embargo, solamente el comienzo.
Durante las semanas siguientes, Chase continuó mostrando una conducta cada vez más peligrosa. Su método también revelaría una característica aterradora: entraba en viviendas y atacaba a personas que no necesariamente tenían relación alguna con él.
La puerta sin cerrar
Uno de los detalles más conocidos atribuidos a Richard Chase era su creencia de que una puerta cerrada significaba que no era bienvenido, mientras que una puerta sin seguro representaba, en su mente delirante, una especie de permiso para entrar.
Aquella idea puede parecer absurda, pero para los investigadores se convirtió en un elemento importante para comprender su comportamiento.
Chase recorría barrios y comprobaba puertas. Si una vivienda estaba cerrada, podía seguir adelante. Si encontraba una abierta o sin seguro, entraba.
Esto transformaba la seguridad doméstica en un elemento crucial. Después de sus crímenes, se popularizó una frase relacionada con el caso: “Las puertas cerradas son una señal de que no eres bienvenido”. La afirmación reflejaba la lógica distorsionada que, según las investigaciones, Chase utilizaba para justificar sus entradas en casas ajenas.
Para las víctimas, por supuesto, no existía ninguna lógica. Sus hogares eran lugares donde debían sentirse protegidas. Chase convirtió esa seguridad en una vulnerabilidad.
El asesinato de Teresa Wallin
El 23 de enero de 1978, Chase entró en la casa de Teresa Wallin, una joven embarazada de 22 años.
El ataque fue brutal.
Wallin se encontraba en su hogar cuando Chase irrumpió y la asesinó. La escena que dejó detrás fue extremadamente violenta y conmocionó a los investigadores. También mató al perro de la familia.
Para la policía, el crimen comenzaba a revelar que no se trataba de un homicidio común. El atacante mostraba una violencia extrema y una conducta que parecía carecer de un motivo convencional.
No había una disputa conocida entre la víctima y el asesino. No era un robo tradicional. Tampoco parecía un crimen pasional.
La investigación comenzó a enfrentarse a una posibilidad aterradora: Sacramento podía tener a un asesino que elegía víctimas sin una relación previa y que actuaba impulsado por una combinación de violencia y delirios.
Pero todavía faltaba el peor capítulo.
El 27 de enero de 1978, apenas cuatro días después del asesinato de Teresa Wallin, Richard Chase entró en la casa de Evelyn Miroth.
Lo que ocurrió dentro de aquella vivienda se convirtió en uno de los crímenes más horribles asociados con un asesino serial estadounidense.
Chase asesinó a Evelyn Miroth, de 38 años. También mató a su hijo Jason, de seis años; a su sobrino David Ferreira, de 22 meses; y a Daniel Meredith, un vecino que se encontraba en el lugar.
En cuestión de minutos, una casa se convirtió en el escenario de una masacre.
La violencia del ataque dejó una impresión profunda incluso entre investigadores acostumbrados a trabajar en escenas criminales. La policía encontró evidencias de una conducta extremadamente desorganizada y perturbadora.
El caso de Chase no se caracterizaba por la precisión de un criminal sofisticado que intentaba eliminar todas las pruebas. Al contrario, su comportamiento era caótico. Dejó pistas, huellas y elementos que permitieron a los investigadores avanzar rápidamente.
Pero esa misma desorganización revelaba otra cuestión inquietante: no parecía actuar siguiendo una estrategia criminal tradicional. Su conducta estaba profundamente ligada a su estado mental y a sus delirios.
La ciudad comenzó a vivir con miedo.
El asesino podía entrar en una casa. Las víctimas podían ser personas comunes. Familias enteras comenzaron a revisar cerraduras y puertas con mayor cuidado.
La sensación de seguridad había desaparecido.
La investigación se acelera
La policía de Sacramento enfrentaba una presión enorme. Había varios asesinatos graves y una posibilidad cada vez más clara de que un mismo individuo estuviera detrás de ellos.
Los investigadores comenzaron a comparar pruebas de las escenas.
La evidencia reunida tras la masacre en la casa de Evelyn Miroth resultó fundamental. Testigos habían visto a un hombre cerca de la vivienda. También existían huellas y otras pistas que ayudaron a orientar la investigación.
El nombre de Richard Chase comenzó a aparecer.
Las autoridades ya tenían información sobre su comportamiento anterior y sus antecedentes psiquiátricos. Personas que lo conocían también proporcionaron datos sobre sus extrañas conductas.
Uno de los elementos más importantes fue que Chase no parecía comprender la magnitud de la investigación que se estaba desarrollando a su alrededor. Su comportamiento posterior no mostró la sofisticación de alguien que hubiera planeado cuidadosamente escapar durante años.
El cerco se cerraba.
El 1 de febrero de 1978, pocos días después de la masacre, Richard Chase fue arrestado.
Tenía 27 años.
Su período de asesinatos había sido relativamente corto, pero había dejado seis personas muertas.
El juicio y la pregunta sobre la locura
La detención no puso fin a la controversia. Comenzaba entonces otra batalla: la judicial.
La defensa argumentó que Chase padecía una enfermedad mental grave. El debate se concentró en una de las preguntas más difíciles del derecho penal: ¿puede una persona ser considerada responsable de sus crímenes si sufría delirios y una grave pérdida de contacto con la realidad?
Los fiscales, por otro lado, sostuvieron que existían elementos suficientes para demostrar responsabilidad criminal.
El juicio generó enorme atención pública. Las familias de las víctimas querían justicia. La sociedad de Sacramento intentaba comprender cómo alguien con antecedentes tan graves había terminado nuevamente en libertad.
El jurado finalmente encontró a Chase culpable de los asesinatos. Fue condenado a muerte en la cámara de gas.
Sin embargo, nunca sería ejecutado.
Mientras permanecía en prisión, Chase continuó mostrando signos de graves problemas psicológicos. En diciembre de 1980 murió en su celda después de ingerir una sobredosis de medicamentos.
Tenía apenas 30 años.
Las víctimas detrás del asesino
Los grandes casos criminales suelen correr el riesgo de transformar al asesino en el protagonista absoluto. Los sobrenombres, los documentales y la fascinación por el horror pueden hacer que las víctimas queden en un segundo plano.
En el caso de Richard Chase, las víctimas fueron Ambrose Griffin, Teresa Wallin, Evelyn Miroth, Jason Miroth, David Ferreira y Daniel Meredith.
Seis personas perdieron la vida.
Entre ellas había adultos, una joven embarazada y niños.
Ese es el verdadero saldo del caso.
Detrás de cada nombre había familiares, amigos, proyectos y vidas que fueron destruidas. La historia de Chase no debería entenderse únicamente como la biografía de un asesino extraño. Es también la historia de seis víctimas y de familias que tuvieron que enfrentarse a una pérdida imposible de reparar.
El legado de un caso aterrador
Décadas después, Richard Chase sigue siendo recordado como uno de los asesinos seriales más perturbadores de Estados Unidos.
Su caso continúa siendo analizado por criminólogos, psicólogos e investigadores debido a varios factores: la extrema violencia de los crímenes, sus delirios, sus antecedentes psiquiátricos y la rapidez con la que pasó de una conducta gravemente perturbada al asesinato.
También generó un debate permanente sobre la relación entre enfermedad mental, responsabilidad criminal y seguridad pública.
Pero es importante evitar una conclusión simplista. La enfermedad mental no convierte automáticamente a una persona en violenta. La inmensa mayoría de las personas con trastornos mentales graves nunca comete asesinatos. Richard Chase fue un caso excepcional, marcado por circunstancias extremas y una escalada de violencia.
Su historia, sin embargo, dejó una advertencia.
Las señales de un comportamiento peligroso pueden aparecer antes de una tragedia. Reconocerlas, evaluar adecuadamente el riesgo y ofrecer tratamiento y supervisión cuando sean necesarios puede ser decisivo.
Richard Chase pasó a la historia con un apodo que evocaba terror: “el Vampiro de Sacramento”. Pero detrás del nombre existió una tragedia real, compuesta por violencia, fallas, enfermedad, miedo y seis vidas destruidas.
El horror de su caso no está solamente en la brutalidad de sus crímenes. Está también en la sensación de que, antes de que ocurrieran los asesinatos, había señales de que algo gravemente peligroso estaba sucediendo.
Sacramento descubrió esa amenaza demasiado tarde.
La Viuda Negra de La Porte
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Belle Gunness, nacida como Brynhild Paulsdatter Størseth en Noruega en 1859, sigue siendo una de las figuras más enigmáticas y escalofriantes de la historia criminal estadounidense. Tras emigrar a Estados Unidos en 1881, se estableció en Chicago y posteriormente en La Porte, Indiana, donde su vida dio un giro siniestro. Se cree que Gunness asesinó a entre 14 y 40 personas, incluyendo esposos, hijos y pretendientes, lo que le valió el apodo de “La Bella del Infierno”.
Sus crímenes eran metódicos y tenían motivos económicos. Gunness se casó con Mads Sorenson en 1884; tanto su casa como su negocio se incendiaron misteriosamente, lo que generó indemnizaciones del seguro. El propio Sorenson murió en circunstancias sospechosas el mismo día en que dos de sus pólizas de seguro de vida coincidían. Gunness cobró ambas. Posteriormente se casó con Peter Gunness, quien falleció en un supuesto accidente con una picadora de carne. De nuevo, se benefició del seguro.
El plan más notorio de Gunness consistía en publicar anuncios matrimoniales en periódicos, atrayendo a hombres con promesas de compañía y prosperidad compartida. Muchos llegaban a su granja con dinero en efectivo y objetos de valor, para nunca ser vistos. En 1908, su casa de campo se incendió y las autoridades descubrieron los restos de múltiples víctimas enterradas en su propiedad. Entre ellos se encontraban sus hijos y una mujer adulta decapitada que inicialmente se creyó que era la propia Gunness. Sin embargo, persiste la especulación de que fingió su muerte y escapó a la justicia.
El legado de Gunness es a la vez aterrador y de gran importancia histórica. Desafió las expectativas de género de principios del siglo XX, no como una matrona protectora, sino como una depredadora calculadora. Su caso cuestionó las suposiciones sobre la criminalidad femenina y expuso las vulnerabilidades de los sistemas de seguros y de seguridad de la época. La magnitud de sus crímenes y el misterio que rodea su desaparición han consolidado su lugar en los anales del folclore estadounidense.
Más de un siglo después, Belle Gunness sigue fascinando a criminólogos, historiadores y narradores. Su vida invita a reflexionar sobre la intersección del género, el poder y el engaño, y sobre cómo los puntos ciegos de la sociedad pueden propiciar actos monstruosos. Ya sea considerada una asesina a sangre fría o un símbolo de un fracaso sistémico, la historia de Gunness sigue rondando la imaginación estadounidense.
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Agosto 5, 2025
El asesino de Deadpool
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El juez de circuito Nicholas Thompson calificó la evidencia de los hechos de “atroces y crueles”, especialmente el segundo asesinato fue “frío, calculado y premeditado”, mostrándose de acuerdo con la recomendación del jurado de dos penas de muerte, una por cada asesinato.
Wilson, que recibió su apodo por compartir el nombre con el famoso personaje de los cómics de Marvel, no mostró emoción alguna al escuchar su sentencia.
Durante el juicio, su defensa intentó argumentar que Wilson padecía de una “mente enferma”, debido a su adicción a las drogas, y presentó una moción para un nuevo juicio o absolución, que fue denegada.
“Este no es el final. El final es cuando el acusado exhale su ultimo aliento y yo estaré allí en la ejecución. Es una promesa”, aseguró Félix Ruiz, el padre de una de las víctimas.
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Setiembre 1, 2024
Por una lata de salmón
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Junto a su compañero Leonard Lake, el infame asesino en serie Charles Ng había matado y torturado a una docena o más de hombres, mujeres y niños en el lapso de un año. Todo este terrible asunto es una historia de destino y azar.
Nacido de un rico hombre de negocios de Hong Kong, sus primeros años de vida estuvieron marcados por una obsesión por las artes marciales, el incendio y el abuso físico a manos de su padre. En medio de todo esto surgió una inclinación hacia la cleptomanía. Saltó de una escuela a otra, siendo expulsado de cada una, señalado como un joven con problemas. Después de un incidente de robo cuando tenía 15 años, su padre lo envió a un internado inglés en un intento de corregirlo. Sin embargo, poco después de llegar, fue expulsado por robar a otros estudiantes.
A los 18 años se mudó a los EE. UU. y se matriculó en NDNU, una universidad en el norte de California, pero abandonó después de un semestre. Poco después se vio involucrado en un accidente de atropello y fuga, y para evitar ser procesado se unió a la Infantería de Marina, ingresando falsificando sus documentos. Finalmente fue dado de baja, por robo, y se fugó. Sin embargo, lo capturaron y lo encarcelaron durante catorce meses. Mientras estaba allí, sucedió una única pero crucial casualidad. Cogió una revista de juegos de guerra.
Este acto aparentemente inocuo e intrascendente resultó ser el momento que conduciría a una ola de asesinatos que duraría un año. Miró esta revista y se topó con la sección de anuncios, donde vio uno colocado por su compañero Marine Leonard Lake. Él respondió, los dos se conocieron y lamentablemente harían las peores acciones imaginables.
Sin embargo, el destino puso un freno y, en 1985, se abriría una pista que los llevaría directamente al corazón de las atrocidades. La pista la proporcionaron nada menos que Ng y Lake: Charles Ng había sido sorprendido robando un tornillo de banco y huyó, lo que provocó que Lake fuera a la tienda más tarde e intentara pagarlo. Pero para entonces llegó la policía y se dio cuenta de que no se parecía a la foto del hombre que aparecía en su permiso de conducir robado. Registraron su coche, encontraron un arma y lo arrestaron. Una búsqueda de huellas dactilares reveló una coincidencia positiva y la policía identificó el vehículo que conducía como el de una de las víctimas desaparecidas. Lake se suicidó ingiriendo las pastillas de cianuro que había cosido en su ropa.
Sin embargo, la captura no fue tan rápida para Ng, quien había huido a Canadá. Mientras se escondía allí, el destino volvió a mover sus hilos mientras estaba de compras e intentó robar una lata de salmón. Sería su perdición porque lo pillaron haciéndolo y le disparó a un guardia de seguridad en la mano. Afortunadamente, el guardia de seguridad solo sufrió heridas leves y capturó a Ng de todos modos. Lo retuvo hasta que llegó la policía, que inmediatamente lo arrestó. Fue condenado a cuatro años y medio por robo y agresión. Una vez cumplida su sentencia por eso, quedó detenido a la espera de una solicitud de extradición de California. Luchó una batalla legal para tratar de evitarlo, porque Canadá no tiene pena de muerte. Perdió, fue extraditado y acusado de doce cargos de asesinato. Después de más años de batallas legales, finalmente fue declarado culpable de once cargos de asesinato: seis hombres, tres mujeres y dos niños varones. Hasta el día de hoy, permanece en prisión en el corredor de la muerte.
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Febrero 22, 2024
El asesino más peligroso
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Robert Maudsley fue uno de los asesinos seriales más viciosos de Gran Bretaña. Nació el 26 de junio de 1953.
Maudsley creció en una familia de doce hijos con padres abusivos. En un momento, lo encerraron en un sótano durante seis meses y solo lo visitaba su padre, quien lo golpeaba varias veces al día.
Maudsley cometió su primer asesinato en 1974, estrangulando a un hombre llamado John Farrell después de enterarse de que Farrell era un abusador de menores. Se entregó a la policía y fue enviado a un hospital psiquiátrico.
En 1977, Maudsley y otro paciente torturaron brutalmente y mataron a un recluso acusado de abuso sexual infantil. Este incidente provocó el traslado de Maudsley a la prisión de Wakefield en West Yorkshire, Inglaterra.
En 1978, mientras estaba en Wakefield, Maudsley cometió dos asesinatos en un día. No mostró ningún remordimiento por estos actos, lo que avivó el miedo entre sus compañeros de prisión y lo llevó a su confinamiento solitario.
Maudsley ha superado el récord mundial de tiempo pasado en aislamiento. Ha pasado más de 45 años en es tipo de régimen. Maudsley ha estado encerrado en una jaula de vidrio especialmente construida en el sótano de Wakefield durante décadas.
Se informa que la salud de Maudsley ha empeorado en los últimos años y también hay sugerencias de que su salud mental se ha deteriorado y está viviendo sus días esperando morir tras las rejas.
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Febrero 17, 2024
Henry Lee Lucas
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Fue considerado el asesino en serie más prolífico de Estados Unidos. Pero en realidad era un mentiroso en serie. La verdadera historia del hombre que dijo haber matado a casi 600 personas.
Henry Lee Lucas parecía el sospechoso. Era un vagabundo con un historial de violencia, dientes sueltos y un ojo caído y lloroso, y cuando confesó ser el asesino en serie más prolífico de la historia de Estados Unidos, la policía y el público le creyeron en gran medida. Lucas proporcionó relatos que cerraron 197 casos de asesinato, pero una serie de cinco partes de Netflix de 2019 explora la creciente evidencia de que casi todas estas confesiones eran mentiras, y que cientos de asesinos reales han quedado libres.
Parte de lo que hace que The Confession Killer Serie de TV) sea uno de los productos más fascinantes de la ola mediática de crímenes reales es el hecho de que, si bien es casi seguro que Lucas no cometió la gran mayoría de los asesinatos que se le atribuyen, no fue una víctima inocente. Si bien no se puede confiar en nada del relato del mentiroso patológico, es probable que haya matado al menos a tres personas, lo que significa que, técnicamente, el manto de asesino en serie era bien merecido. En 1960, Lucas, que entonces tenía 24 años, asesinó a su madre y cumplió diez años de prisión por asesinato en segundo grado. En 1983, confesó los asesinatos de su “novia” de 15 años y una anciana para la que habían trabajado, y llevó a la policía a dos conjuntos de restos. Las confesiones comenzaron a fluir
después de que, durante su comparecencia por el asesinato de la anciana, Lucas sorprendió a la corte al preguntar: “¿Qué vamos a hacer con estas otras 100 mujeres que maté?”
De acuerdo con las confesiones de Lucas, de las que finalmente se retractó, había matado a víctimas de todos los grupos demográficos y en todo el país, desplegando todos los métodos de asesinato, desde atropellarlos con su automóvil hasta apuñalarlos con un bolígrafo, y participar en depravaciones que incluyen necrofilia y canibalismo. El número de presuntas víctimas se disparó a 350 y luego a 600.
Los legendarios Texas Rangers formaron un grupo de trabajo para manejar las confesiones, y Lucas recibió visitas de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley de todo el país ansiosos por cerrar casos sin resolver. Algunos le proporcionaron fotografías de la escena del crimen y otros detalles relacionados con casos abiertos de asesinato, que luego Lucas amablemente regurgitó en sus confesiones. Y mientras mantuvo el flujo de admisiones, Lucas fue tratado como un prisionero estrella, navegando en la cárcel sin esposas, con un suministro constante de cigarrillos y sus batidos de fresa favoritos, y el tema de la frenética atención de la prensa.
“Henry nunca vivió tan bien”, dice el periodista Hugh Aynesworth en la serie. Pero había escépticos, y Aynesworth estaba entre ellos. Después de seguir el rastro de papel de Lucas, el reportero encontró registros que prueban que él estaba fuera cuando se estaban cometiendo algunos de los crímenes que confesó. Un examen a gran escala de las historias de Lucas descubrió que habría tenido que conducir cientos de millas por día solo para llegar a todos los supuestos lugares de asesinato remotos.
Vic Feazell era un fiscal de distrito recién nombrado en el condado de McLennan, Texas, cuando comenzó a ver a Lucas en la televisión, flanqueado por Texas Rangers y señalando las supuestas escenas de los crímenes.
“Y luego el locutor diría: ‘Henry Lucas ha resuelto otro asesinato'”, me dice Feazell en una entrevista. “Estaba pensando: ‘Guau. Son muchos asesinatos”.
Feazell se enredó en la saga de Lucas después de que el asesino en serie confesara crímenes en su condado, incluida la violación y asesinato de Rita Salazar en 1978 y el asesinato de su cita, Frank “Kevin” Key. Feazell tenía tanta motivación como cualquier oficial de la ley para aceptar la confesión de Lucas, lo que podría haber cerrado un caso horrible y proporcionado al joven y ambicioso fiscal del distrito una victoria muy pública. Pero la confesión de Lucas no parecía cierta. “Hubiera sido genial tener mi foto en el periódico con un Ranger parado junto a mí con la versión de la vida real de Hannibal Lecter”, dice. “Pero creo en hacer lo correcto. Esa es la forma en que me criaron”.
Feazell pronto se dio cuenta de que los esfuerzos de sus investigadores por corroborar las historias de Lucas estaban siendo frustrados. Cuando intentaron buscar digitalmente los archivos del asesino en la base de datos criminal estatal y nacional, fueron recibidos con mensajes de “acceso denegado”. “Eso nunca había sucedido antes”, me dice Feazell. Y el cierre de la base de datos nacional fue particularmente alarmante.
“Ahora, eso nos asustó”, dice. “Entonces supimos que estábamos bastante metidos porque podíamos entender cómo podrían cortar nuestro acceso en Texas, pero ¿cómo lo hicieron a nivel nacional?”
Y aunque las familias de algunas víctimas encontraron alivio en los relatos de las autoridades de que Lucas había matado a sus seres queridos, la familia de Deborah Sue Agnew Williamson, quien fue asesinada en 1975, sospechó desde el principio que la confesión de Lucas era una invención. Llevaban décadas intentando presionar a las autoridades locales para que buscaran al verdadero asesino.
Lucas fue declarado culpable de un total de 11 asesinatos y condenado a muerte, aunque en 1998 el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, conmutó su
sentencia. En promedio, el futuro presidente firmó una ejecución cada dos semanas y supervisó el asesinato de más prisioneros que cualquier gobernador antes que él. Lucas fue el único condenado a cuya pena de muerte conmutó, ya que las pruebas demostraron que se encontraba en un estado diferente en el momento del asesinato por el que fue condenado a muerte. Lucas murió en prisión de insuficiencia cardíaca congestiva en 2001.
Pero The Confession Killer es más apasionante cuando no se enfoca directamente en Lucas, sino en los agentes de la ley que parecían más preocupados por que él cerrara sus casos que por la posibilidad de que las confesiones falsas permitieran que los asesinatos quedaran libres. “Caso tras caso se fue cerrando”, dice el director de Food, Inc., Robert Kenner, quien codirigió The Confession Killer con Taki Oldham. ..”
Los disidentes describen vidas alteradas por las represalias, con Aynesworth relatando un allanamiento de morada en el que sus objetos de valor se quedaron atrás pero sus documentos profesionales fueron tomados, y Faezell finalmente fue acusado de cargos federales de extorsión y eso podría haberlo encontrado enfrentando 80 años en la cárcel, cargos que dice fueron una retribución por sus intentos de frustrar el manejo del caso Lucas por parte de los Rangers de Texas. Al momento de escribir esto en 2019, tiene práctica privada y presenta un podcast sobre el caso que cambió el curso de su vida y muchos otros.
Pero a pesar del hecho de que Lucas no estuvo cerca del asesinato en masa que afirmó haber cometido, el mito de sus docenas de asesinatos se ha mantenido. Incluso fue el tema de una película de culto, “Henry: Retrato de un asesino en serie”.
“Básicamente, en algún momento, los medios y el público en general se involucran en una historia y no necesariamente les gusta que los corrijan”, dice Oldham. “A la gente le gusta esa idea, a la gente le gusta atrapar monstruos”. Y si bien el espectro de un hombre que avanza silenciosamente por Estados Unidos y mata a cientos de personas es aterrador, la probable verdad de que cientos de asesinos todavía andan sueltos es aún más aterrador.
Los realizadores esperan que el lanzamiento de esta serie documental anime a la policía a reexaminar los supuestos asesinatos de Lucas. La tecnología del ADN ya ha demostrado que 20 de los asesinatos que se le atribuyen fueron cometidos por otros, y eso incluye los asesinatos de Salazar y Key. La sospecha de Feazell sobre la confesión resultó ser correcta: en 2010, la evidencia genética vinculó a un hombre llamado Benny Tijerina Jr. con los crímenes.
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Febrero 8, 2023
MARCEL PETIOT, ¿Asesino Serial o Genio Estafador?
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Es imposible, describir a cualquier asesino como “mejor” o “peor” que otro. Aun así, Marcel Petiot fue verdaderamente superlativo en su operación de horror, principalmente debido a las circunstancias y motivaciones detrás de sus actos: prometió seguridad y libertad a los que abandonaban la Francia ocupada por los nazis, sólo para despojarlos de sus posesiones… y sus vidas.
Al igual que con muchos asesinos en serie, la lucha interna marcó gran parte de la vida temprana de Marcel Petiot.
Nacido en Francia en 1897, varias escuelas de todo el país lo expulsaron por su comportamiento, aún así terminó sus estudios escolares a los 18 años, en 1915. Petiot entonces se alistó en el ejército, sin embargo el alcance de su servicio es discutible ya que pasó largos períodos de tiempo en el calabozo, probablemente (o seguramente) debido a su cleptomanía.
Después de que su aventura en el ejército llegó a su fin, los psiquiatras recomendaron que Petiot fuera internado en un asilo. En su lugar, hizo una pasantía mientras asistía a la escuela de medicina. Petiot se graduó en ocho meses, y con su título de médico en la mano fue a trabajar en Villeneuve-sur-Yonne en 1921.
Allí, Petiot casi inmediatamente se volvió adicto a dos cosas que definirían el resto de su vida: narcóticos y asesinatos.
Muchos sospechan que la primera víctima de Petiot fue Louise Delaveau, su amante e hija de uno de sus pacientes en Villeneuve-sur-Yonn. La mujer desapareció en 1926, poco después de que los dos comenzaran a tener una aventura. Nadie volvió a saber de Delaveau. Aunque cuando las autoridades comenzaron a llevar a cabo una investigación sobre su desaparición, los vecinos informaron que habían visto a Petiot poner un gran baúl en su automóvil, tal vez, dijeron algunos, con su cuerpo dentro. La policía lo investigó, pero no encontró nada que lo vinculara con el crimen.
Poco después de la desaparición de Delaveau, Petiot decidió postularse para alcalde de Villeneuve-sur-Yonne, un asiento que ganó desde que contrató a alguien para causar conmoción durante un debate y confundir a su oponente. Sus maniobras continuaron con Petiot en el cargo: lo primero que hizo Petiot al convertirse en alcalde fue malversar el dinero de la ciudad.
Después de ese breve ciclo en la política, Petiot , su esposa, y su hijo pequeño se mudaron a París y comenzaron a construir una práctica médica exitosa.
Durante todo esto, Petiot fue brevemente a prisión por su persistente cleptomanía. Si bien el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Francia ante el régimen nazi probablemente eclipsaron cualquier preocupación que alguien haya tenido al
respecto, no evadió la ley por completo. El médico fue multado con 2400 francos por su prescripción de narcóticos ilícitos, cargo por el cual habría ido a juicio si los dos adictos que declararon en su contra no hubieran desaparecido en circunstancias misteriosas poco antes de que comenzara la acción judicial.
Para Petiot, la Francia ocupada por los nazis fue el telón de fondo perfecto en el que podía cometer sus crímenes. De hecho, el país estaba dividido principalmente por simpatizantes nazis y aquellos que intentaban derrotar a la Gestapo. Petiot capitalizó el estado del miedo.
Empezó a concebir un plan que sería a la vez satisfactorio a su locura y lucrativo a sus bolsillos.
Petiot comenzó a invitar a residentes judíos a su clínica en el 66 de la Rue Caumartin, prometiéndoles un salvoconducto para salir de la Francia ocupada por los nazis. También ofreció su casa como una casa segura para combatientes de la resistencia, ladrones y criminales peligrosos que intentaban escapar de la ley. Aun así, lo que parecía una causa noble de su parte resultaría ser el comienzo de una de las más horribles matanzas de la historia.
Petiot, que trabajaba bajo el nombre de “Dr. Eugéne”, prometió un pasaje seguro fuera de Francia a cualquiera que pudiera pagar su tarifa de 25.000 francos, (medio millón de dólares en la actualidad). También contrató a varios “promotores” que ayudaron a reunir a la gente, quienes más tarde serían juzgados como cómplices.
Nadie ha oído de aquellos que pagaron a la “agencia de viajes” de Petiot, principalmente porque los mató a todos. Le decía a sus clientes que antes de que pudieran salir del país necesitaban inoculaciones requeridas por países a donde serían enviados como Argentina o Canadá, aunque de hecho les inyectó cianuro. Petiot entonces tomó todos los objetos de valor de sus víctimas y tiró sus cadáveres en el Sena.
Sólo la Gestapo obligaría a Petiot a cambiar esta práctica: a medida que crecía la presencia de la Gestapo en las calles de Francia, se volvió demasiado arriesgado sacar los cuerpos de la casa y deshacerse de ellos. Así que, después de sus primeras muertes, Petiot comenzó a poner los cuerpos en tanques con cal viva para desintegrarlos. Como las desapariciones continuaban en gran escala, la Gestapo -irónicamente- se transformaron en los buenos de la película y comenzaron una gran investigación. La Gestapo detuvo a los cómplices del “Dr, Eugene” y estos revelaron su verdadero nombre: Marcel Petiot. Para cuando la Gestapo fue a buscarlo, Petiot había huido a otra parte de París.
Ahora trabajando en el 21 de la Rue le Sueur, sin sus “asociados”, la tarea de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas se convirtió en abrumadora. Por razones que no están claras, Petiot dejó la ciudad por unos días en marzo de 1944. Mientras estaba fuera, sus vecinos comenzaron a notar un terrible olor que emanaba de su casa, y que el humo que irradiaba de su chimenea era inusualmente nocivo.
Petiot llegó poco después, tratando de explicar que era miembro de la Resistencia y que los cuerpos eran los de los alemanes nazis y de traidores. La policía creyó en la historia de Petiot lo suficiente como para no arrestarlo entonces y allí, lo que, dado el tumulto en el que Francia se encontraba y lo venerada que era la Resistencia, Petiot ascendió al nível de héroe.
Aun así, la historia de Petiot no convenció a todos, y el comisario Georges-Victor Massu se hizo cargo de una investigación oficial sobre el hombre que creía que era un “lunático peligroso”. Una vez que entrevistó a la esposa y al hermano de Petiot, Maurice, junto con los hombres que habían ayudado a Petiot cuando vivía en el 66 de la Rue Caumartin, el verdadero rompecabezas comenzó a dibujar ciertas imágenes.
La policía arrestó a todos sus cómplices. Cuando llegaron a la casa de Petiot para arrestarlo y acusarlo de asesinato, por supuesto, se había ido.
La invasión de Normandía puso en espera la búsqueda de Petiot. Usando la guerra a su favor una vez más, Petiot se escondió con amigos, explicando que la Gestapo lo persiguió porque había asesinado a algunos informantes. A lo largo de este período, Petiot tomó una serie de nombres diferentes, dejó crecer su cabello y barba, y logró evadir la captura durante cierto tiempo.
Mientras operaba bajo un nombre supuesto, Petiot ganó tanta notoriedad como luchador de la Resistencia que un periódico francés publicó un perfil del médico asesino. Cuando los periódicos llegaron a los lectores, varias personas lo reconocieron como Petiot y alertaron a la policía de que el asesino, de hecho, todavía estaba en París. Alguien reconoció a Petiot en una estación de tren en febrero de 1944, y dió parte a la policía que lo arrestó y lo imputó bajo cargos de asesinato.
Marcel Petiot fue juzgado en 1946 con 135 cargos criminales.
A lo largo de su juicio Petiot sostuvo que sólo mataba a los enemigos de Francia y que lo hacía simplemente para llevar a cabo sus deberes como luchador de la Resistencia. Al apoyar su caso, hizo el paso en falso de enumerar algunos grupos de la Resistencia por su nombre, grupos que los asistentes al juicio le dijeron a Petiot no existían.
Una vez que la investigación reveló que Petiot había robado a los que mató, fue acusado de asesinato por ganancias.
En el transcurso del juicio, Petiot admitió haber matado a algunas, pero no todas, de las 27 víctimas encontradas en su casa. A lo largo de su vida había matado al menos a 60 personas, aunque fue declarado culpable de 26 asesinatos.
El tribunal condenó a Petiot a muerte por decapitación.
Aunque Marcel Petiot era un asesino prolífico, si no hubiera sido tan codicioso —su cuota del pasaje a la libertad era demasiado alta para la mayoría de la gente en ese momento— sin duda habría matado aún más personas.
PrisioneroEnArgentina.com
Octubre 23, 2019