Mucho antes de que la Argentina conociera los nombres de Carlos Robledo Puch, Cayetano Santos Godino o Yiya Murano, Buenos Aires fue escenario de una serie de crímenes que estremecieron a la sociedad de finales del siglo XIX.
El protagonista fue Cayetano Domingo Grossi, un inmigrante italiano que pasó a la historia como uno de los primeros asesinos seriales identificados en la Argentina. Entre 1896 y 1898 asesinó a cinco de sus hijos recién nacidos, según la reconstrucción histórica del caso. Finalmente fue condenado a muerte y ejecutado por un pelotón de fusilamiento en 1900.
Su historia es particularmente siniestra porque los asesinatos ocurrieron dentro de su propio entorno familiar y permanecieron inicialmente ocultos.
Un inmigrante en Buenos Aires
Grossi había nacido en Italia en 1854 y emigró a la Argentina en 1878. Se instaló en Buenos Aires y trabajó inicialmente en distintos oficios hasta convertirse en carrero.
Con el tiempo formó una familia. Se casó con Rosa Ponce de Nicola, una viuda que tenía tres hijas. Posteriormente tuvo más hijos con ella.
Sin embargo, detrás de aquella estructura familiar se desarrollaba una historia de enorme violencia.
Las investigaciones posteriores determinaron que Grossi había mantenido relaciones sexuales con algunas de sus hijastras y que los bebés nacidos de esas relaciones fueron asesinados después de nacer.
El primer descubrimiento
El caso comenzó a salir a la luz en 1896, cuando se encontró en un basural de la zona de Retiro una bolsa que contenía partes del cuerpo de un recién nacido.
La policía investigó el hallazgo y descubrió restos adicionales. La autopsia estableció que el bebé había muerto como consecuencia de una fractura de cráneo.
Sin embargo, en aquel momento los investigadores no pudieron identificar al responsable.
El caso quedó prácticamente sin resolver.
Pero dos años después aparecería otro cadáver.
El patrón criminal
En 1898, nuevamente fueron encontrados restos de un recién nacido en una zona cercana.
Para los investigadores, la repetición de circunstancias comenzó a resultar sospechosa.
Ya no parecía tratarse de un episodio aislado.
La policía empezó a buscar conexiones entre los distintos hallazgos y terminó concentrando sus sospechas en Grossi.
El descubrimiento de otros restos permitió reconstruir una historia que había permanecido escondida durante años.
Según la acusación, Grossi había asesinado a varios bebés después de que nacieran de relaciones con sus hijastras.
La cifra finalmente establecida fue de cinco homicidios.
Un crimen diferente
El caso Grossi resulta particularmente importante para comprender la historia de la criminalidad argentina porque ocurrió en una época en la que el concepto moderno de “asesino serial” prácticamente no existía.
La policía todavía utilizaba métodos rudimentarios.
No existían huellas digitales como herramienta criminalística habitual, análisis de ADN, cámaras de seguridad ni modernas técnicas de perfilación criminal.
La investigación dependía principalmente de testimonios, documentos, inspecciones físicas y declaraciones de los sospechosos.
En ese contexto, reconstruir una serie de homicidios cometidos años atrás era extraordinariamente difícil.
La investigación
A medida que aparecieron nuevos elementos, las autoridades comenzaron a reconstruir el entorno familiar.
La esposa de Grossi y algunas de sus hijas fueron investigadas por su posible participación o encubrimiento.
Finalmente, la Justicia determinó que Grossi era responsable material de los asesinatos.
Su familia recibió penas mucho menores, al ser considerada responsable de encubrimiento según la reconstrucción histórica del proceso.
El caso produjo una enorme conmoción.
No se trataba de un delincuente que atacaba desconocidos en la calle. Las víctimas eran criaturas indefensas y el responsable pertenecía al mismo círculo familiar.
La condena a muerte
En una Argentina donde todavía estaba vigente la pena capital, Grossi fue condenado a muerte.
La sentencia estableció que debía ser ejecutado mediante fusilamiento.
El 6 de abril de 1900, en Buenos Aires, se llevó a cabo la ejecución.
Grossi fue colocado frente al pelotón y fusilado. Según las reconstrucciones históricas, recibió posteriormente el tiro de gracia.
Tenía aproximadamente 45 años.
Su ejecución convirtió el caso en uno de los episodios criminales más recordados de la Buenos Aires de comienzos del siglo XX.
El “primer asesino serial”
Grossi es frecuentemente presentado como el primer asesino serial de la historia argentina. Algunas fuentes históricas y recopilaciones criminológicas utilizan esa denominación porque fue responsable de múltiples homicidios separados en el tiempo y con un patrón común.
Sin embargo, existe una cuestión importante: las categorías criminológicas actuales no pueden aplicarse mecánicamente a todos los casos del siglo XIX.
El concepto contemporáneo de asesino serial se desarrolló mucho después. Por eso es más exacto decir que Grossi es considerado uno de los primeros asesinos seriales documentados de la Argentina, y no asumir que la clasificación moderna funciona exactamente igual para todos los casos históricos.
Un crimen que anticipó otros casos
Décadas después aparecerían otros asesinos seriales argentinos mucho más conocidos.
Cayetano Santos Godino, “El Petiso Orejudo”, asesinó a niños a comienzos del siglo XX y se convirtió en uno de los criminales más famosos del país. La Biblioteca Digital del Estado argentino conserva documentación sobre su caso y señala que confesó cuatro homicidios cometidos cuando todavía no había cumplido 15 años.
Mucho después, Carlos Robledo Puch sería condenado por 11 homicidios y se convertiría en el asesino múltiple más famoso de la Argentina.
Pero antes de todos ellos estuvo Grossi.
Una historia todavía inquietante
El caso de Cayetano Grossi permanece en la memoria criminal argentina por varias razones.
Primero, por la cantidad de víctimas.
Segundo, por el vínculo familiar entre el victimario y los niños.
Y tercero, porque demuestra que los crímenes seriales no son un fenómeno exclusivo de la sociedad moderna.
A finales del siglo XIX, cuando Buenos Aires todavía estaba transformándose en una gran ciudad, un hombre consiguió ocultar durante años una serie de asesinatos que finalmente fueron descubiertos por el hallazgo de restos humanos.
La historia también revela cuánto cambió la investigación criminal desde entonces. Lo que hoy podría analizarse mediante ADN, bases de datos y sofisticadas técnicas forenses dependía entonces de una investigación policial mucho más limitada.
Cayetano Grossi terminó frente a un pelotón de fusilamiento y su nombre quedó asociado para siempre con uno de los primeros grandes casos de homicidio serial de la Argentina.
Antes de Robledo Puch, antes de Godino y antes de Yiya Murano, ya había existido un asesino serial en Buenos Aires. Su nombre era Cayetano Domingo Grossi.
Y su historia comenzó con un hallazgo macabro en un basural y terminó con una ejecución que quedó registrada en la historia criminal argentina.
El primer asesino serial de la historia argentina
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Mucho antes de que la Argentina conociera los nombres de Carlos Robledo Puch, Cayetano Santos Godino o Yiya Murano, Buenos Aires fue escenario de una serie de crímenes que estremecieron a la sociedad de finales del siglo XIX.
El protagonista fue Cayetano Domingo Grossi, un inmigrante italiano que pasó a la historia como uno de los primeros asesinos seriales identificados en la Argentina. Entre 1896 y 1898 asesinó a cinco de sus hijos recién nacidos, según la reconstrucción histórica del caso. Finalmente fue condenado a muerte y ejecutado por un pelotón de fusilamiento en 1900.
Su historia es particularmente siniestra porque los asesinatos ocurrieron dentro de su propio entorno familiar y permanecieron inicialmente ocultos.
Un inmigrante en Buenos Aires
Grossi había nacido en Italia en 1854 y emigró a la Argentina en 1878. Se instaló en Buenos Aires y trabajó inicialmente en distintos oficios hasta convertirse en carrero.
Con el tiempo formó una familia. Se casó con Rosa Ponce de Nicola, una viuda que tenía tres hijas. Posteriormente tuvo más hijos con ella.
Sin embargo, detrás de aquella estructura familiar se desarrollaba una historia de enorme violencia.
Las investigaciones posteriores determinaron que Grossi había mantenido relaciones sexuales con algunas de sus hijastras y que los bebés nacidos de esas relaciones fueron asesinados después de nacer.
El primer descubrimiento
La policía investigó el hallazgo y descubrió restos adicionales. La autopsia estableció que el bebé había muerto como consecuencia de una fractura de cráneo.
Sin embargo, en aquel momento los investigadores no pudieron identificar al responsable.
El caso quedó prácticamente sin resolver.
Pero dos años después aparecería otro cadáver.
El patrón criminal
En 1898, nuevamente fueron encontrados restos de un recién nacido en una zona cercana.
Para los investigadores, la repetición de circunstancias comenzó a resultar sospechosa.
Ya no parecía tratarse de un episodio aislado.
La policía empezó a buscar conexiones entre los distintos hallazgos y terminó concentrando sus sospechas en Grossi.
El descubrimiento de otros restos permitió reconstruir una historia que había permanecido escondida durante años.
Según la acusación, Grossi había asesinado a varios bebés después de que nacieran de relaciones con sus hijastras.
La cifra finalmente establecida fue de cinco homicidios.
Un crimen diferente
El caso Grossi resulta particularmente importante para comprender la historia de la criminalidad argentina porque ocurrió en una época en la que el concepto moderno de “asesino serial” prácticamente no existía.
La policía todavía utilizaba métodos rudimentarios.
No existían huellas digitales como herramienta criminalística habitual, análisis de ADN, cámaras de seguridad ni modernas técnicas de perfilación criminal.
La investigación dependía principalmente de testimonios, documentos, inspecciones físicas y declaraciones de los sospechosos.
En ese contexto, reconstruir una serie de homicidios cometidos años atrás era extraordinariamente difícil.
La investigación
A medida que aparecieron nuevos elementos, las autoridades comenzaron a reconstruir el entorno familiar.
La esposa de Grossi y algunas de sus hijas fueron investigadas por su posible participación o encubrimiento.
Finalmente, la Justicia determinó que Grossi era responsable material de los asesinatos.
Su familia recibió penas mucho menores, al ser considerada responsable de encubrimiento según la reconstrucción histórica del proceso.
El caso produjo una enorme conmoción.
No se trataba de un delincuente que atacaba desconocidos en la calle. Las víctimas eran criaturas indefensas y el responsable pertenecía al mismo círculo familiar.
La condena a muerte
En una Argentina donde todavía estaba vigente la pena capital, Grossi fue condenado a muerte.
La sentencia estableció que debía ser ejecutado mediante fusilamiento.
El 6 de abril de 1900, en Buenos Aires, se llevó a cabo la ejecución.
Grossi fue colocado frente al pelotón y fusilado. Según las reconstrucciones históricas, recibió posteriormente el tiro de gracia.
Tenía aproximadamente 45 años.
Su ejecución convirtió el caso en uno de los episodios criminales más recordados de la Buenos Aires de comienzos del siglo XX.
El “primer asesino serial”
Sin embargo, existe una cuestión importante: las categorías criminológicas actuales no pueden aplicarse mecánicamente a todos los casos del siglo XIX.
El concepto contemporáneo de asesino serial se desarrolló mucho después. Por eso es más exacto decir que Grossi es considerado uno de los primeros asesinos seriales documentados de la Argentina, y no asumir que la clasificación moderna funciona exactamente igual para todos los casos históricos.
Un crimen que anticipó otros casos
Décadas después aparecerían otros asesinos seriales argentinos mucho más conocidos.
Cayetano Santos Godino, “El Petiso Orejudo”, asesinó a niños a comienzos del siglo XX y se convirtió en uno de los criminales más famosos del país. La Biblioteca Digital del Estado argentino conserva documentación sobre su caso y señala que confesó cuatro homicidios cometidos cuando todavía no había cumplido 15 años.
Mucho después, Carlos Robledo Puch sería condenado por 11 homicidios y se convertiría en el asesino múltiple más famoso de la Argentina.
Pero antes de todos ellos estuvo Grossi.
Una historia todavía inquietante
El caso de Cayetano Grossi permanece en la memoria criminal argentina por varias razones.
Primero, por la cantidad de víctimas.
Segundo, por el vínculo familiar entre el victimario y los niños.
Y tercero, porque demuestra que los crímenes seriales no son un fenómeno exclusivo de la sociedad moderna.
A finales del siglo XIX, cuando Buenos Aires todavía estaba transformándose en una gran ciudad, un hombre consiguió ocultar durante años una serie de asesinatos que finalmente fueron descubiertos por el hallazgo de restos humanos.
La historia también revela cuánto cambió la investigación criminal desde entonces. Lo que hoy podría analizarse mediante ADN, bases de datos y sofisticadas técnicas forenses dependía entonces de una investigación policial mucho más limitada.
Cayetano Grossi terminó frente a un pelotón de fusilamiento y su nombre quedó asociado para siempre con uno de los primeros grandes casos de homicidio serial de la Argentina.
Antes de Robledo Puch, antes de Godino y antes de Yiya Murano, ya había existido un asesino serial en Buenos Aires. Su nombre era Cayetano Domingo Grossi.
Y su historia comenzó con un hallazgo macabro en un basural y terminó con una ejecución que quedó registrada en la historia criminal argentina.